lunes, 26 de septiembre de 2011

Why should I cry for you... (again)

No lo pude evitar. Esta canción es una especie de gran amiga, de compañera de vida, de tierra conocida. Cada que la escucho algo dentro de mí se sacude, vibra, llora. Y lo mejor de todo es que, con el pasar de los años se va transformando, se va llenando de recuerdos nuevos, de significados antes inexistentes, de rostros, de voces, de silencios.
Otra vez, y seguramente no la última, dejo Why should I cry for you, esta vez interpretada en la gira Symphonicities, con arreglos para sinfónica, y con la hermosa voz de Jo Lawry como acompañamiento de mi siempre amado Sting.

Ana crece

Ana crece. Usa, a veces, un tacón pequeño y pinta a diario sus ojos con una rayita azul en el borde de sus párpados inferiores. Sonríe mucho y canta todo el tiempo. Usa jeans entalladitos y blusas de mucha moda. Escucha música siempre y de muchos tipos. Lee novelas de amor en varios idiomas.
Ana crece. Llora a veces. Pocas. Parece entender, a sus catorce, de lo que se trata la vida y va por ella ligera, sonriente, con luz en los ojos. Defiende sus ideas. Nunca se queda callada. Se levanta más temprano que todos y abre la puerta a Lucas para que salga a la pis. Lo regaña y lo consiente.
Ana crece y ama. Mucho. Se mira al espejo. Sabe de su hermosura y disfruta su reflejo, pero no se envanece de más. Sabe que ella no es sólo belleza física. Sabe que lo más grande que tiene está en su pecho y en su cabeza. Hace planes para el futuro. Se avienta al ruedo. Siempre.
Ana crece y comprende que ningún dolor es eterno, así que, cuando algo le duele llora poquito y después vuelve a sonreír. Corre a mis brazos aún, y me canta y me cuenta.
Ana crece y es mi alegría. Toda. Siempre. Cada día.

Disfrutar no resulta tan complicado después de todo

Adoro la idea del contacto con la naturaleza, pero siempre he sido enemiga de acampar por todas las incomodidades que conlleva dejar la electricidad, el agua entubada y los espacios especialmente diseñados para descansar.

Hace unos días, un amigo me compartió el enlace que hoy les traigo y me dije. "Así si baila mi hija con el señor". Que es una forma de decir que así sí me animo a acampar.

Independientemente de lo ingenioso del asunto, de este video me gustó la ambientación y la dicha que de la naturaleza emana. Rincones con mucha vegetación, riachuelos, lagos y estas cosas hay en casi todas partes y están muy al alcance de la mano. Ayer tuve la fortuna de estar en uno, en Chapala.

Deseando que quienes nos hacen en el honor de pasar por aquí tengan una extraordinaria semana llena de cosas que sean para su bien, me despido por el momento.

Un abrazo con aprecio.

Hasta la próxima.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Cuándo y por qué

Siguiendo pistas voy, busco
lo que antes de hoy había
porque hoy entender me gustaría
cuando mi corazón se volvió brusco.
Cuando y por qué
¿cuáles razones?
¿Por qué se rompieron los versos, las canciones?
¿Algún día volveré,
como la lluvia, a mis muy olvidadas oraciones?
Cuando y por qué,
sigo buscando
respuestas y mapas y caminos
que me lleven a buen puerto
a buen destino,
de regreso a mis adentros,
a mi origen,
a volver a escuchar el suave trino
del pájaro que fui,
de aquella virgen
que en puta del estrés se ha convertido.





miércoles, 21 de septiembre de 2011

Noche de Emmys

Noche de Emmys, el preámbulo perfecto para dar inicio a una nueva temporada de series de televisión.

Este año la producción del programa no me pareció la gran cosa, pero debo reconocer que Jane Lynch le echó ganas al asunto y tuvo dos que tres momentos buenos.

Es fenomenal pertenecer al grupo demográfico de las series ganadoras. Me encanta Modern Family y creo que los premios que ganó fueron muy merecidos. No había visto con anticipación las nominaciones pero me impacté de que fueran tantas.

Y hablando de impactos, no esperé que Charlie Sheen fuera invitado. Lo vi muy recuperado físicamente y pareciera que ha vuelto a la cordura, al menos por un tiempo más. Me gustó que "hiciera las paces" con la gente de "Two and a Half Men". Creo que eso lo pone en la posición de mejor persona respecto al productor, Chuck Lorre. No justifico para nada su conducta, pero veamos la historia, el tipo sabe lo que hace y ha sido mayormente exitoso en sus proyectos a pesar de cargar con sus demonios de alcohol y drogas. Chcuk Lorre le debe su lanzamiento a ese programa y si hoy,  programas como The Big Bang Theory y Mike and Molly tienen éxito, es porque Two and a Half Men les abrió la puerta. Tampoco quiero decir con esto que Chuck no sería nadie sin Charlie, pero creo que se deben poner las cosas en su lugar. 

Y hablando de poner las cosas en su lugar, vi el tan esperado inicio de temporada de Two and a Half Men y la verdad no me causó mayor impacto, pero no diré nada para no arruinarle la experiencia a quienes no lo hayan visto aún y lo estén esperando.

Continuando con los programas de Chuck, me encantó que Jim Parsons volviera a ganar en su categoría de mejor actor de comedia. Una pena para Johnny Galecki, pero qué le vamos a hacer si Sheldon es FENOMENAL. Me encanta Steve Carell, pero prefiero verlo en películas que en su serie de televisión The Office. Vi muy por encimita Episodes, y la verdad es que me parece muy falto de creatividad volver a usar a Matt Le Blanc para hacer un papel en donde se interpreta a él mismo como actor. En fin, parece que BBC les ha renovado para otra temporada con nueve capítulos. De Alec Baldwin no diré nada porque dicen por ahí que si no tienes nada bueno que decir de alguien, mejor no lo digas (es una opinión muy personal y nada tiene que ver con su trabajo ni con su calidad como actor, simplemente no me gusta a últimas fechas).

En la categoría de mejor actriz de comedia hubiera elegido a Edie Falco porque me parece fenomenal en Nurse Jackie. Reconozco que Tina Fey y Amy Poehler son grandes comediantes, lo mejor que ha dado SNL en los años recientes, pero sus programas no me han atrapado. He visto un par de veces Mike and Molly y aunque Melissa McCarthy no me parece para nada mala, tampoco me ha atrapado ni su personaje ni la serie.

Haría mal en no decir que lamenté profundamente que mis novios: Hugh Laurie y Michael C. Hall no se llevaran el premio a mejor actor de drama, pero pues no todo se puede tener en la vida, o son guapos o son ganadores de premios... ¡Mal chascarrillo! Poniendo de lado esta preferencia muy personal, hubiera preferido que el premio se lo llevara Jon Hamm o Steve Buscemi.
Para actriz de drama claro que me encantó la señora buena esposa Julianna Margulies, aunque no me hubiera caído mal que se lo llevara por ejemplo Mariska Hargitay o Kathy Bates. Harry's Law promete y espero que eventualmente le de algunos premios a Kathy Bates.

En serie de drama no ganaron mis dos favoritas: The Good Wife y Dexter, pero no estuvo nada mal que se lo llevara Mad Men. Eso sí, tendré que sentarme a ver Games of Thrones porque el corte y la ambientación prometen mucho a mis gustos.

Para mejor actor de miniserie me gustó que ganara Barry Pepper aunque reconozco que el trabajo de Greg Kinnear es fenomenal. En verdad te olvidas del actor y comediante para ver a John F. Kennedy.

No he visto la miniserie Mildred Pierce, pero en la primera oportunidad la veré porque Kate Winslet es de mis actrices favoritas. Sobra decir que su discurso de agradecimiento me pudo matar por lo bello de sus palabras a su mamá.

Siempre he sido fan del reality The Amazing Race, así que me encantó volver a verlo ganar en su categoría.
Me hubiera gustado que Conan ganara la categoría de programa de variedades, pero no me quejo en la elección de The Daily Show con Jon Stewart.

En actriz de soporte para serie dramática, tenía como favoritas a Archie Panjabi y a Christine Baranski de The Good Wife. Margo Martindale es una maravillosa actriz, pero no he visto aún su serie: Justified.

Otra cosa que me gustó de esta emisión de los premios Emmy, fue que en los cortos, mencionaran en general a todas las series e invitaran a participar del programa a muchos actores de las mismas. Romper con la exclusividad del club aunque sea por unos segundos, hace que la comunidad se vea más unida y a nosotros como espectadores, nos da la oportunidad de ver de reojo todo lo que hay disponible.

En fin, veremos qué nos ofrecen las nuevas temporadas de las series que se han ganado un lugar en nuestro gusto personal, y las nuevas series que se presentan a partir de este otoño de 2011.

Yo espero con ansias la llegada de octubre para el inicio de House en su octava temporada y Dexter en su sexta temporada.  Cambios interesantes es lo que vislumbro a lo lejos.

Nos vemos en la próxima.
Un abrazo con aprecio.

sábado, 17 de septiembre de 2011

El Perdón

Este fue un buen día... hoy, como nunca antes, sé que puedo reconstruirme cuantas veces sea necesario.

Sé que siempre va a haber cosas de las cuales me puedo doler, pero también sé que hay algo adentro de mí que me permite seguir mi camino; es mi decisión  cargar o no, los lastres del rencor.

Como dice el proverbio chino: "Si buscas venganza, más vale que caves dos tumbas, porque una será para ti".

Lo siento pero soy demasiado joven para morir.

Estas palabras que voy a compartirles estaban destinadas a mis ojos en momentos de mucho pesar en mi corazón. Me llegaron por medios distintos: una presentación de power point, una estampa que le dieron a mi hijo mayor en la escuela y venían mencionadas en un libro que una amiga me regaló.

Es conocida con muchos nombres, aquí la llamaré: Da siempre lo mejor.

Y lo mejor vendrá...

A veces las personas son egoístas, ilógicas e insensatas...
Aun así perdónalas.

Si eres amable, las personas pueden acusarte de egoísta e interesado...
Aun así sé gentil.

Si eres un vencedor, tendrás algunos falsos amigos y 
algunos enemigos verdaderos...
Aun así vence.

Si eres honesto y franco las personas pueden engañarte...
Aun así sé honesto y franco.

Lo que tardaste años para construir, alguien puede destruirlo de una hora
para otra...
Aun así construye.

Si tienes paz y eres feliz, las personas pueden sentir envidia...
Aun así sé feliz.

El bien que hagas hoy, puede ser olvidado mañana...
Aun así haz el bien.

Da al mundo lo mejor de ti, aunque eso pueda nunca ser suficiente...
Aun así da lo mejor de ti mismo.

Y recuerda que, a fin de cuentas,
es entre tú y Dios...
NUNCA FUE ENTRE TÚ Y ELLOS.

Beata Teresa de Calcuta

¿Cuántas de estas cosas han sido en el pasado una cadena, un pesar y hasta una condena?

El mundo está lleno de personas que actuamos con insensatez y egoísmo en algún momento de la vida (o en muchos tal vez).
Cargar la pena de lo que me hayan hecho (y de lo que yo les he hecho, porque no me excluyo del grupo), más el rencor que me inspiran al recordar constantemente lo sucedido, es el mejor remedio para encontrar una temprana muerte. 

Ese veinte me cayó maravillosamente un día que un amigo puso en su muro de Facebook: "El resentimiento  es como tomar veneno y esperar que sea el otro el que se muera." Ilógico, ¿no? Desde ese día me esfuerzo por no guardarle rencores a nadie. Algunas veces tengo éxito, otras no... pero vaya, ¡que no quede en letra muerta!

¿Cuántas veces hemos sido vistos como lambiscones por ser amables? Admito haber dejado de ser amable con ciertas personas para que no me tacharan de interesada. ¿Qué me gané con eso? Creo que nada. Darle gusto a los demás para quedar bien es una tarea sumamente desgastante y que no reditúa el esfuerzo. No inviertas donde no obtendrás ganancias. Suena avaro, lo sé... pero en este concepto, cuidar lo que eres y más aún lo que das, es lo mejor que puedes hacer. No porque esperes algo a cambio por ser amable, sino por el simple hecho de hacerle la vida mejor a los demás.

Tontamente he dejado de lado algunos sueños por temor a que los demás no los entiendan. Algo similar a lo que pasa en lo dicho en el párrafo anterior. Hoy sé que mientras mis sueños y aspiraciones no vayan en contra de la integridad y dignidad de los demás, no tengo por qué dejar de perseguir mis aspiraciones más altas. Los falsos amigos y los verdaderos enemigos de todas maneras existen. 

Realmente la parte de la honestidad y la franqueza es algo que me causa mucha frustración. Tristemente en este México que hemos construido, hay un dicho que reza: "El que no es tranza, no avanza." Me da mucha pena ver que muchos lo creen y lo han convertido en un lema de vida que se practica sin vacilar. 

Pero eso sí, por mucho que no "avance", la tranquilidad de mi alma descansa en mi honestidad y franqueza, razón por la cual nunca las dejaré de lado.

Me consta que hay cosas que llevan mucho tiempo construir, y que se ven rotas de un momento a otro. Admito también que dejé de construir porque estaba convencida de que no valía la pena seguir trabajando en algo que alguien más, tarde o temprano, terminaría por derribar. Hoy construyo por el puro placer de disfrutar el proceso y ver de pie, aunque sea por unos segundos, lo que soy capaz de crear.
No lo sé, tal vez mi depresión se debió principalmente a un temor en despertar la envidia en los demás si era feliz. En un mundo en el que: asaltan, matan, secuestran, hay caídas en la economía, gente muriendo de hambre, gente sufriendo enfermedades terribles y pobreza, ser feliz no es popular. Puedes ser tachado de insensible ante las penas de los demás y también de egoísta porque sólo se puede ser feliz si no se interesa por nadie más fuera de ti.

He aprendido que no puedes ser lo suficientemente pobre como para sacar a alguien de su pobreza; que no puedes estar lo suficientemente enfermo como para aliviar a alguien más y no puedes estar lo suficientemente triste como para que alguien más deje de serlo.

Es difícil hacer el bien y no ser reconocido por ello, pero se puede. Basta saber que en nuestro corazón, no cabe la falta de misericordia. Aun cuando pensemos que el mundo está acabado y no hay razones para hacer el bien cuando a los que hacen el mal parece irles tan bien. Creo que el amor, la paz y la conciencia bien lo valen.

Admito que muchas veces dejé de dar lo mejor de mí porque estaba convencida de que nunca sería suficiente. Hoy eso no me importa. Lo que sea que haga tendrá un impacto en quienes me rodean. Más vale que sea un impacto positivo, que uno negativo.

Y lo más importante de todo... fui muchos años por el mundo pensando en que ser y hacer todo lo que la madre Teresa menciona en estas reflexiones, era algo entre la gente y yo. Hoy me queda claro que aunque así lo parezca, en realidad esto va mucho más allá de lo terrenal. Como dice la filosofía de Sting: "Somos ESPÍRITUS en un mundo material." (...Y no al revés).

Un abrazo con aprecio.

Nos vemos en la próxima.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Arrullo

Imposible
inevitable
 ir por ahí queriéndote
en automático
como caminando
como mirando nubes
como bebiendo luz de lunas llenas.
Vas dejando de ser bestia
y te conviertes en arrullo
lejano
incierto
inerte a veces
pero arrullo
siempre lento y dulce.
Imposible
inevitable
ir por ahí sucumbiendo
meciéndome con gozo en tu cuarto menguante
aunque sea un segundo
con cien años de intermedio.

martes, 13 de septiembre de 2011

No más idealizaciones (o El horno no está para bollos)

Idealizar es un gran deporte. Consiste en atribuir características positivas a una persona al tiempo que minimizas sus defectos y le restas importancia a los malos momentos para, exultantemente, sólo recordar los buenos; y así poder entregarte con absoluta libertad al recuerdo de esa persona "que sí te comprendía", "que sí te hacía sentir maripositas", "que sí era mi amigo de verdad" y un largo etcétera de cursiladas. Durante mucho tiempo fui una atleta de élite en tal disciplina. Sin embargo, y como le pasa a todo deportista de alto rendimiento, la edad me ha ido derrotando, pero sobre todo, la experiencia. Hace poco dejé de entrenar. Me cansé de los extenuantes sacrificios, de los monótonos fartleks, de las abdominales y las lagartijas. Me cansé de dejar de vivir mi presente en pos de un ayer idealizado, de perder mi tiempo en recuerdos manipulados. Y es que fui comprendiendo a base de madrazos que en la mayoría de los casos la realidad no se apega en casi nada a esas fantasías. Justo ayer tuve la última experiencia al respecto. Te quedas con la idea de un gran amigo al que adorabas y te adoraba hace veinte años, lo buscas en Facebook por meses hasta que lo encuentras y crees que todo será igual que antes, que habrá gran química y las conversaciones fluirán con la misma facilidad de antes; sobre todo con los antecedentes muy cercanos de los reencuentros con viejos amigos de la prepa y que han resultado ser reuniones muy agradables. El caso es que no. Nada. El gran amigo en cuestión (sí, ese amigo, EL amigo, al único que recordabas con cariño entrañable y que jurabas que te recordaba igual) resulta un fulano al que parece darle igual haberte encontrado a ti que a los otros veinticinco. Resulta un tipo que hace una invitación para un evento familiar a todos menos a ti. Gracias. Nada especial. Me resulta curioso cómo, contrario a lo que siempre pensé, las personas de las que nunca esperé nada me sorprendieron gratamente. Caso opuesto al de aquellos a los que consideré amigos cercanos en aquellos días. Esta súbita madreada me ha hecho afianzar la decisión de retirarme de las canchas. No más idealizaciones. La leña del horno está ya demasiado pasada, sólo quedan brasas, no alcanza para hornear bollos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Por aquello de las malditas culpas

¿La culpa tiene cura? ¿Será una infección? ¿Un síndrome? ¿Una degeneración crónica de la autoestima y el autoconcepto? ¿Una bacteria? ¿Un virus emocional? ¿Un tipo de miedo? ¿Una indigestión permanente? No sé, pero a últimas fechas me he obsesionado con la idea de deshacerme de ella. Me siento cansada de cargarla por cada sendero, de llevarla a cuestas cada segundo de mi vida. Y es que en el proceso de descubrir que me ha habitado desde el día en que nací, he ido haciendo conciencia de muchos otros vicios emocionales que me inyectaron en las venas en mi infancia y que, para bien o para mal, han definido la forma en la que he vivido mis casi treinta y ocho. Este proceso ha resultado mucho más doloroso de lo que jamás imaginé. A veces hasta me arrepiento de haber iniciado este camino hacia mi yo interno, hacia la recuperación de mi propia vida. Me siento como si hubiera abierto la caja de Pandora y no supiera cómo hacer para que el caos termine, para que la paz regrese. De hecho no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Siento que no tengo control sobre nada. Lo único que quiero es ya no sentir las fiebres e inflamaciónes de la culpa. No quiero nunca más sentir ese bulto en la garganta y en el estómago, esa parálisis del ser y del pensar y del sentir y del decir. Necesito encontrar esa libertad que siempre creí poseer y que, recién descubrí, sólo era un espejismo, un falso reflejo creado por mis padres y la estúpida avalancha de prejuicios en la que me educaron. En verdad necesito hallar algo que me haga volver a creer que no soy un fraude, una mentira, un maniquí, un zombie, una constante, andante y parlante hipocresía. Entiendo que no hay crecimiento sin dolor, y me queda claro que quiero crecer, así que también asumo el costo de ese crecimiento, es sólo que a veces la oscuridad es casi absoluta y parece engullirme y me desespero y quiero escapar, salir corriendo, gritar, dormir y despertar sólo hasta que la luz lo inunde todo, hasta volver a creer en mí, hasta sentir que soy real. Nunca antes me había sentido identificada con Pink Floyd. Supongo que para ello debes internarte en ti mismo y nunca antes de ahora había cubierto el requisito. Hoy lo hago y, aunque sé que es muy trillada, puedo decir sin emocionarme mucho que he caído en las inevitables redes de "Comfortably numb".

viernes, 9 de septiembre de 2011

Once

Podría decirse que volver a la adolescencia es un tema reservado para el cine o para los libros de ciencia ficción, pero a mí me ha pasado y el proceso ha sido sin duda enriquecedor por las reflexiones a las que me ha dado ocasión, y divertido porque he aprendido a disfrutar la vida como viene sin cuestionarme tanto la forma.

Poco después de haber cumplido once años se dio la primera separación de mis papás, especialmente de mi mamá, con quien había pasado prácticamente las veinticuatro horas del día de los anteriores cinco años. Mi mamá en vida se desempeñó como maestra de primaria y maestra de dibujo técnico en secundaria. Su horario de trabajo era de 7:00 a.m. a 1:00 p.m. y de 2:00 a 6:30 p.m. Mientras estudié la primaria, la mejor opción fue que lo hiciera en las escuelas donde mi mamá trabajaba, porque en aquellos entonces no había esquemas de guarderías que pudieran atenderme durante el otro turno, así que los cinco años que cursé de primaria (son seis, pero yo pasé de tercero a quinto sin cursar cuarto año) los pasé con ella en tiempo completo.

Cuando me llegó el tiempo de estudiar la secundaria, las responsabilidades propias de los deberes de ese nivel educativo hicieron que termináramos con el esquema de ir todo el día a los dos tipos de escuela. Lo mejor para mi era acudir a una escuela en la ciudad (porque en esos años ella trabajaba en escuelas rurales) y dedicar el resto del día después de clases ocupándome de estudiar y hacer las muchas tareas que suelen dejar los muchos maestros que adquieres en este nivel. Todo era muy normal, natural y por supuesto, lo más lógico y conveniente para todos. Como mi mamá y yo entrábamos a la misma hora y estábamos en escuelas diferentes, nos íbamos a la misma hora pero cada quien por su lado. Mientras mi papá trabajó en la ciudad, me llevó a la escuela por las mañanas, pero llegado el momento en que él se fuera a trabajar a otra ciudad, yo tomaba mi patín, por decirlo de algún modo, para ir a la escuela.

El proceso no debió implicar mayor impacto en mi vida, después de todo yo seguía teniendo papás, no es que me hubiera quedado huérfana ni nada por el estilo, pero la realidad es que mi súbito contacto con el mundo de afuera donde no había mamá que me protegiera o que estuviera pendiente de mí y de lo que pasaba conmigo durante el día, se convirtió en un parte aguas que determinó la forma en la que vi el mundo durante los siguientes veinticinco años. Por principio de cuentas me convertí en la señora de la casa. Yo hacía las compras diarias (en aquellos años ni las carnicerías, ni las verdulerías o tortillerías funcionaban después de las 3:00 de la tarde y le ayudaba a mi mamá con la comida y la limpieza de la casa). Llegar a una casa sola donde no hay qué comer si no lo preparas, me pesó mucho durante el primer año del cambio. Esperar a que llegara mi mamá por la noche para decirle que tenía que salir corriendo antes de que cerraran la papelería para comprar las láminas y cosas extras que me pedían en la escuela para hacer mi tarea fue una experiencia hasta cierto punto desgastante y desmotivador. Mis vecinitos llegaban a su casa y le contaban a su mamá todo lo que les había pasado durante el día, se lavaban y se sentaban a comer sopa caliente que seguramente sabía muy buena porque no estaba quemada ni cruda, ni salada, ni insípida. Cuando mis amigos de la escuela me invitaban a sus casas a comer y a pasar la tarde para estudiar y hacer tareas, era un día de fiesta porque comería rico y pasaría la tarde en familia, con los papás y hermanos de mis amigos. La secundaria fue una época particularmente difícil porque mi ingenuidad me jugó malas pasadas con maestros y compañeros que tomaron ventaja de mi inocencia y falta de autoestima. 

Admito que durante años guardé mucho resentimiento hacía las personas y circunstancias que "me hicieron" sufrir en aquel tiempo. Los maestros que me exprimieron hasta que lograron que reventara, los compañeros que se burlaban de mí porque era flaquita y usaba zapatos ortopédicos, los niños que me gustaban y que nunca me hicieron en el mundo o cuando me notaban, lo hacían para maltratarme; la compañeríta que me cuestionaba el por qué yo leía libros de auto ayuda si había compañeras con desempeño brillante que no necesitaban hacer cosas raras como pedir ayuda de ningún tipo, los niños que físicamente me agredieron (oh sí, el bullying no es un asunto nuevo), las niñas que me invitaban a hacerme la pinta o a salirme de mi casa sin permiso, las que no podías contarles que te gustaba ver caricaturas cuando a ellas les gustaba ver telenovelas. 

Mi bajo desempeño académico minó mi ánimo al punto de decidir no esforzarme más por cosas que estaban más allá de mí; estaba claro que no importaba cuánto me esforzara, nunca volvería a ser la alumna brillante que fui en mis años de primaria (que fue una de las razones por las que me pasaron de tercero a quinto en la primaria). Fue un tiempo que viví con miedo, tristeza y en el que aunque traté de comunicarles a mis papás lo que sentía, ellos no pudieron hacer mucho por mí más que escucharme y tratar de darme un consejo, aunque generalmente no era el consejo que esperaba. Así es la vida cuando dejas de ser niño pero no eres todavía un adulto. Estás verde y tu visión del mundo no va más allá del día a día y de las paredes de tu casa o barrio y escuela. 

La parte buena de aquellos años fue que aunque tuve muchos compañeros que me agredieron, también tuve muy buenos amigos. Gente que quise mucho y que llenó esos dias de cariño, comprensión, diversión y apoyo. Fueron los primeros amigos estables que tuve (en mis años de primaria cambié de escuela varias veces), y con ellos viví las primeras experiencias de lo que significaba ser amigo y compañero. Con ellos compartí: risas, llantos, corajes, sustos (aquel temblor de 1985), travesuras, miedos, esperanzas, ilusiones y muchas otras cosas que por el momento se escapan de mi memoria.

Cuando mi mamá abandonó este mundo, yo volví a sentirme como cuando tenía once años. La diferencia ahora es que mi mamá no regresará a casa a las 8 de la noche. 

El proceso no debió implicar mayor impacto en mi vida, después de todo yo seguía teniendo a mi papá, era una mujer adulta con una vida propia e independiente y con una famila. La muerte es un proceso natural por el que todos tenemos que pasar y aunque fuera sopresivo que mi mamá partiera porque ocurrió de pronto y sin previo aviso, no hay razón que justifique no aceptar las cosas como son y seguir la vida de la mejor manera posible. Después de todo mi mamá y yo ya no teníamos cosas en común más allá del nombre y el hecho de que éramos familia y nos teníamos el amor propio de los padres a los hijos y viceversa. Y aunque el tiempo y las circunstancias me hicieron decidir que para no sufrir lo mejor era poner una barrera, hoy me queda claro que no importa cuan alto y extenso hayas construido el muro, el dolor de las separaciones es inevitable y más cuando el vínculo que se ha roto es el que tenías con quien te dio la vida. Extraño mucho a mi mamá pero en aras de "saber" vivir mi nueva condición, me tragué muchas cosas que terminaron por lastimarme más de lo que me hubiera lastimado decepcionar a quienes admiraban mi forma adulta y madura de tomar las cosas.

Viví ocho meses de depresión que culminaron el día de mi cumpleaños número treinta y nueve como el día más triste de mi vida. Sí, estaba muy agradecida por tener la maravillosa familia que tengo a mi lado, sí, estuve frente al mar en compañía de mi marido y mi hijo mayor, sintiendo la brisa fresca en mi rostro, pero también sufría el hecho de que mi mamá ya no me llamaría para felicitarme, ya no volería a recordar lo que significó mi presencia en su vida. Sí, estaba triste y no era capaz de decirme a mí misma: Estoy triste, acéptame, porque no tiene nada de malo estar triste, aun cuando en la vida tienes muchas cosas por las cuales estar feliz y agradecida. Regresé de Vallarta y caí en cama con una infección renal, producto de mi mal cuidado estado general de salud. En esos días, el perro que había sobrevivido a mi mamá y que mi papá cuidaba, se salió de casa y murió atropellado. Son cosas que pasan. Habrá gente que las pueda asimilar con mayor facilidad. Habrá gente que no tenga necesidad de llorar y pueda superar los momentos que implican tristeza o preocupación sin mayor aspaviento. No es mi caso y por primera vez lo acepto y hago la paz con ello.

Sí, todo esto sucedió para que yo pasara de tenerle miedo a la vida, a disfrutarla con todo lo que trae. Y bueno, no volví a los once años nada más por eso. Curiosamente unos días después de que regresé de Vallarta, me encontré rodeada por mis excompañeros de secundaria. Muchos han vuelto de golpe, alguna de ellas para acompañarme en mi duelo y otros más para hacerme recordar todo aquello que borré de mi mente porque consideré que no valía la pena; también me han servido para volver a mirar sin condenar, los métodos con los que fui instruida por parte de los que fueron nuestros  maestros. 

Ayer cumplí junto con mi hijo mayor, doce años. Mi duelo ha madurado y he dejado la depresión en el pasado. Curioso que todo esto haya pasado mientras él realmente tenía once años y vivía en carne propia, algunas de las experiencias que yo tuve a su edad.





martes, 6 de septiembre de 2011

Incendios

El viernes pasado fui al teatro. Incendios de Wajdi Mouawad. Hasta ese día mi experiencia como expectador de teatro había sido elemental, tradicional; reducida a sentarme en la butaca y observar el desarrollo de la obra, tal vez fijarme en la escenografía, en el vestuario, en algún otro detalle, pero nada más. Ni siquiera en aquella célebre Romeo y Julieta montada en el Claustro del Teatro Helénico hace veinte años, tuve una experiencia tan intensa. Incendios me enfrentó a una de las vivencias más fuertes de mi vida, me llevó de viaje por "la casa" que soy por dentro. "Somos casas habitadas por un inquilino del que no sabemos nada. Nuestras fachadas son muy bonitas pero, ¿quién es ese loco, presa del insomnio, que en el interior pasa las horas dando vueltas, apagando y prendiendo luces?", se lee en el programa de mano que te entregan a la entrada del teatro. Leer tal texto antes de ver la obra no dice mucho, pero después de embarcarte en el viaje al que te invita la puesta en escena en su conjunto, toma un sentido de absoluta relevancia. ¿Qué, quién soy en realidad? ¿Quién es ese inquilino que me habita y del que sé tan poco? He comenzado a creer en las coincidencias. No puedo dilucidar si somos nosotros quienes las buscamos para luego sorprendernos de que lo que más necesitas se te atraviese en el camino en el momento adecuado, o si son ellas las que te salen al paso para moverte la entraña. El caso es que esta obra se me puso en frente justo cuando había comenzado el camino hacia mis pasillos y sótanos y alacenas y recámaras... internos. La fuerza de la obra es avasalladora, el tema es potente, desgarrador a ratos, sublime, humano, cruel, incestuoso; pero creo que no entraría por cada poro del espectador sin la enorme capacidad de los actores de adentrarse en el personaje y hacerle sentir al espectador como si no estuviera presenciando una puesta en escena sino un episodio real en el entorno doloroso e inhumano de la injusta separación de una madre y su hijo en el inicio de una guerra, cruenta como todas. Karina Gidi logra llevarte y traerte, subirte y bajarte, llorar como un niño y sonreír con ternura, sumirte en la desesperación y llenarte de esperanza con su interpretación de Nawal Marwan, y todo al mismo tiempo. Nunca antes una actuación me había dejado tan desnuda, tan con los poros abiertos y la piel mojada. Los ojos de todos los que mirábamos permanecieron inundados durante las dos horas y media que duró la función. Mujeres y hombres, jóvenes y viejos, todos y cada uno sumidos en el obligado viaje interno de la mano de Nawal y Sauda (personaje secundario). Todos en un llanto común pero individual porque a cada uno se nos obligaba a ir hacia adentro, hacia nuestros propios pasillos y habitaciones. El final es el climax, el punto más conmovedor, el encuentro definitivo contigo mismo. La oscuridad y silencio absolutos que regala el director justo después de la última palabra de Nawal es como un oasis en el que puedes descargar el llanto entre sollozos, el estremecimiento de todo tu cuerpo soltando las emociones contenidas durante toda la obra. Puedes sentir cómo el de a lado llora igual que tú. Y te dejas ir. Cuando la luz regresa todo es aplausos, agradecimiento, catarsis. Miras a los actores y no puedes dejar de ovacionar, mientras te secas las lágrimas y te limpias la nariz. El aplauso dura varios minutos, y notas como los actores sonríen satisfechos, como poco a poco van dejando de ser los personajes para volver a ser las personas, cómo se recuperan del desgastante esfuerzo físico y emocional recién realizado. Nunca antes había sentido tal admiración por actor alguno. Incendios más que una obra de teatro resulta una experiencia de vida, de esos puntos de inflexión a los que llegas en el momento justo, cuando más lo necesitas.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Nacer en el entorno equivocado

Ayer terminó el mundial de atletismo en Daegu, Corea del Sur. No es que sea fan purista de esa rama del deporte (salvo de las disciplinas de fondo), pero ayer, en la final de los relevos 4x100 varonil, Usain Bolt llamó poderosamente mi atención. Entiendo que es un tipo que llamaría la atención de cualquiera con su sola presencia, pero lo que me movió ayer fue comprender un par de cosas. Uno. El tipo es un dotado, está fisiológicamente diseñado para las disciplinas atléticas que practica. Sus 1.98 metros de estatura y larguísimas piernas lo avalan. Dos. Evidentemente el tipo disfruta lo que hace, goza al ser el centro de atención de las multitudes, es un exhibicionista. Hace justamente aquello para lo que fue "diseñado". Mi punto al verlo festejar el triunfo junto con sus compañeros el día de ayer, era la pregunta de cómo habría hecho para descubrir ese talento y enfocar todos sus esfuerzos en eso que lo ha llevado a ser campeón del mundo y olímpico y todo lo demás. Entiendo que todos nacemos con algún don especial. Entiendo también que para algunos es sencillo, que se les presenta con absoluta claridad desde edades muy tempranas y que a los ocho o nueve años tienen ya definido el rumbo de sus vidas en cuanto al camino a seguir y van por ello contra viento y marea. Entiendo también que hay otro conjunto, el de aquellos que tienen la suerte de nacer con el don adecuado en el entorno adecuado. Ejemplos sobran: Isabella Rosellini, Sofía Coppola, Gael García Bernal, Diego Luna, Benny Ibarra y un largo etcétera. Está un cuarto grupo, el de aquellos que nacen y crecen sin idea de lo que son o quieren o aspiran, y en un entorno en el que tampoco se favorece el que en algún momento tales dones se hagan visibles o se definan. Un quinto bloque sería el de los que saben lo que quieren pero nacen en un entorno adverso. Aquí cabe el típico ejemplo del hijo-nieto-bisnieto de médico y que por ende no puede aspirar a ser más que lo mismo... médico, porque así lo marca la tradición familiar e independientemente de sus deseos o aptitudes. Después del tedioso recuento vuelvo a mi punto, a mi descubrimiento del sábado, previo a la final de los relevos 4x100 varonil en el mundial de atletismo de Daegu, Corea del Sur: Nací con aptitudes desconocidas y equivocadas en el entorno equivocado, y eso me ha generado un sentimiento de culpa exacerbado que me oprime el alma desde que era una niña. ¡Cuánto trabajo me ha costado comprenderlo! ¡Cuánto peso he debido cargar desde entonces! Y que conste que no me hago a víctima (ese proceso lo trabajo día con día, sin descanso), simplemente creo que al fin comprendo la raíz de todos esos miedos que me paralizan y me impiden apreciar con claridad lo que la vida me ofrece. Un ser sensible, con marcada tendencia a la introspección, a la lectura, a la escritura, estaba fuera de lugar en un mundo rural en el que sólo contaban el trabajo duro, lo práctico, lo tangible. ¿Por qué perdía tanto tiempo leyendo la Biblia o la colección de Selecciones del Readers Digest de mi abuela (que era lo único legible a cincuenta kilómetros a la redonda)? Me preguntaba papá con molestia, desilusionado por esa hija suya a la que tanto amaba pero a la que seguramente habría cambiado para convertirla en lo que él deseaba. El sábado entendí de súbito que sí era visible la naturaleza de mi espíritu, pero sólo a ojos que hubieran podido observar las señales que mi yo niña lanzaba al mundo con tanta energía. Lamentablemente mis padres no tuvieron esos ojos y no cumplieron con su parte del trato. No juzgo, sólo hago un recuento de hechos históricos, de verdades innegables. Ahora viene la parte más compleja. Ya descubrí la raíz del problema, ¿cómo diablos le hago para resolverlo? Al tiempo...