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lunes, 12 de mayo de 2008

Ser madre

Hace casi once años que soy madre. La vida es una antes y otra después de serlo. La de antes es más despreocupada, descansada, relajada y libertina; la de después es más compleja, con mayores responsabilidades, más dura pero también más completa, más libre, con más amor, más milagrosa.



Cuando eres madre se te llena la vida de cientos de sonrisas y "te quieros", de garabatos y de besos mojaditos, de lágrimas y cachetes gordos, de sueños y cuentos antes de dormir, de canciones de Hanna Montana y pósters del galán juvenil de moda, de "¿porqués?" y de noches sin sueño, de ruegos a Dios para que los proteja cuando salgan a la vida y de una búsqueda constante del perfeccionamiento del propio ser para poderlo transmitir a ellos; entre otros millones de cosas.



Ser madre, prolongarse en un ser nuevo, mirarse en los ojos de alguien que estuvo en tu seno, que creció dentro de tu cuerpo, que se alimentó de tu sangre... y después seguir compartiendo la vida, el día a día, los sueños, las esperanzas, los libros, los estadios y juegos de fut... lo resumo en una palabra: Milagro.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Mojando la tierra :: Amor

Amor: pulso e impulso del mundo. Sentimiento universal, poderoso y eterno.

Pulso en cuanto a que es el "beat" que nos rige la existencia a pesar de que el materialismo se apodera cada vez más de nuestras vidas y motivos. Aun así, los hombres se sirven de las cosas materiales para demostrar su amor a sus amados; luego entonces, el amor sigue existiendo aunque parezca que no.

Impulso en cuanto a que nos lleva a todo, a desear vivir y morir, a construir grandes monumentos, a someternos a sacrificios, a suicidarnos, a sonreír de día y de noche, a llorar, a ser. Todos provenimos de un acto de amor, todos lo hemos sentido en alguna o muchas de sus aristas, todos lo hemos hecho, todos lo hemos sangrado.

El amor somos nosotros, lo que sentimos y lo que damos.

martes, 19 de febrero de 2008

Mojando la Tierra: Amor

Sublime sentimiento que invita a prodigar buena voluntad.

Por muchos años viví pensando que el amor era ese sentimiento maravilloso que se pinta con mariposas en el estómago y emociones colosales a flor de piel.

Claro está, la dosis que solía experimentar no era suficiente para durar eternamente, como se supone debe durar el amor, así que mi siguiente pensamiento era: "¿Realmente amo a alguien?".

Yo sabía que el amor no se limitaba a los confines de una relación entre hombre y mujer. Que se ama a los padres, hermanos, tíos, abuelos, sobrinos y en general al prójimo, solo que nunca supe de qué manera los amaba yo.

Siendo hija única siempre procuré primero mi bienestar antes que pensar en el ajeno, y eso es algo que hasta la fecha, me cuesta trabajo poner en el lugar que le corresponde, pues siempre pienso primero en como me afecta a mí lo que pasa con los demás.

Dado lo anterior, por muchos años fui por la vida sintiendo que el amor, ese sublime sentimiento que invita a tener buena voluntad para con los demás, era para todos menos para mí.

Un día conocí a alguien que me hizo ver mi error, que me hizo notar que a pesar del egoísmo que pudiera yo sentir en mi interior, a pesar de mis quejas y reniegos, era yo una persona capaz de dar y experimentar lo que el amor significa.

Hoy veo que el amor está por ejemplo: en la hechura del desayuno de mis hijos, en dejar que mi marido disfrute sus tiempos libres del modo que él prefiera, en dar presencia a un amigo, en cantarle al viento, en disfrutar cada momento venga como venga; y que el único modo de vivirlo es entregarlo sin pensar si será valorado o no, si será correspondido o no.

Esto es lo que significa para mí el amor.