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lunes, 28 de octubre de 2013

Soy II

Soy una mezcla extraña 
mitad querer ser, mitad nunca serlo. 
Soy una medianía, 
una duda, 
una extranjera en cualquier mundo. 
No pertenezco a ningún sitio, 
a ningún entorno, 
no coincido con el orden de las cosas. 
Voy siempre a contra flujo, 
en sentido contrario, 
en todas las direcciones 
y en la dirección opuesta.
Sólo me encuentro en los atardeceres, 
en los campos de cebada, 
en medio de la llovizna, 
del bosque, 
de la niebla, 
en las páginas de un libro, 
en la música de Sting, 
en la Suite No.1 en sol mayor para violonchelo de Bach, 
en los interludios, 
en los puentes peatonales, 
en la brisa que me despeina, 
en la soledad de la contemplación de la milpa o de un campo de flores,
en los pueblos mágicos, comiendo quesadillas de comal y tomando café de olla, 
en las calles empedradas, 
en la playa sola con mis pies descalzos, 
detrás del lente de una cámara fotográfica, 
en los poemas de Benedetti, de Becerra, de Neruda, de Lechuga.

Soy llovizna. 
Soy una luciérnaga que no sabe que lo es, 
lo que es.

lunes, 2 de julio de 2012

Sinrazón I

Tardes de lluvia
sueños mojados
tiempo
saudades.
Hijos que van y vienen
que crecen,
miedo amenazante
cercano y lontano.
Vidas que crecen
en vientres queridos,
sueños que se han ido
años que sueño
y extraño.
Madres que envejecen
yo, de antemano
hijo adolescente
hija de jazmines
y duraznos.


domingo, 25 de julio de 2010

Charcos

Llueve afuera. Estás en casa o en la oficina. Generalmente buscas cubrirte si es que debes salir. Un paraguas, un impermeable, botas, el auto. El problema es cuando llueve afuera y estás afuera y no tienes paraguas ni botas ni impermeable ni auto. Si te mojas te da frío, se te deshace el peinado, se te corre el maquilllaje, la ropa se maltrata y qué decir de los zapatos que pueden terminar en el bote de la basura después del mojado suceso, amén de la alta probabilidad de pescar un buen resfriado. La mayoría de la gente corre, se resguarda bajo el toldo de lona de algún comercio, entra a una tienda o cafetería, toma un taxi, se sube al micro o al autobús. Hay una amplia gama de opciones pero la constante es tratar de evitar a toda costa que el agua del cielo haga de las suyas sobre nosotros. Sin embargo, existen momentos en los que es imposible abstraerse a pesar de todos los esfuerzos, en los que no queda más camino que la resignación. Sufres un poco al principio, las primeras gotas son siempre más frías que las siguientes, mientas madres y maldices tu suerte más de una vez, lamentas tu falta de previsión y juras por las once mil vírgenes que no volverás a salir de casa sin paraguas aunque te choque cargarlo por todas partes. Ya medio mojado dejas de sentir tan gacho. En algún punto te ríes de ti mismo pero al tiempo que odias a los afortunados que van dentro de sus coches, sobre todo a aquellos que en alguna esquina te miran con lástima. Una vez que te encuentras empapado es cuando la magia sucede. En medio del irremediable "ensopamiento" y de la comprensión de que no vale la pena resistirse, te llega la liberación y de un momento a otro dejan de importar todos los detalles banales que te hicieron buscar el resguardo inalcanzable, vuelves la cara al cielo para sentir la frialdad inicial de las gotas cayéndote encima. Te sientes niño de nuevo. Abres los brazos y deja de importar la lástima de los automovilistas desde su refugio seco y abrigado (finalmente son ellos los que se pierden la diversión). Una vez que te abandonas a la libertad del agua es complicadísimo reprimirte. Es una sensación maravillosa, como de transgresión positiva, como de volver al origen; cuyo climax es el momento justo en el que miras el primer charco y decides, con toda intención, brincar sobre él y sobre los cinco siguientes, arrastrar los pies en el sexto para "hacer olitas", buscarlos en lugar de evitarlos. Llegas a casa mojado hasta el alma pero extrañamente feliz y liberado, como después de un largo día de juegos en la infancia.

lunes, 9 de marzo de 2009

Dejando huella

Dicen por ahí que para dejar huella debes plantar un árbol, escribir un libro o tener un hijo. Yo sólo tengo lo último y en lo único que no pensé el día que nacieron mis hijos fue en que a través de ellos podría dejar una huella en este mundo. Después de todo, ¿quien diablos soy yo? Un ser humano como cualquier otro.

No es fácil abrir el corazón a un mundo que potencialmente es dañino. Cuando escribes o hablas para un público que no nada más son tus amigos o familia, te quedas con la carne expuesta, lista para recibir la flama consumidora de la burla, la envidia, la crítica mordaz o en el mejor de los casos la indiferencia.

Un día, después de descubrir que las personas que más han influido en mi vida ni siquiera me conocen, decidí que no podía seguir guardándome tantas y tantas cosas que pasan por mi mente y corazón. Viví mucho tiempo escondiendo mis gustos, ilusiones, miedos, añoranzas y emociones temiendo ser lastimada, sin darme cuenta que las monedas tienen dos caras y que si bien alguien puede hacerme daño al conocer lo que me mueve por dentro, también la vida de alguien puede ser tocada en silencio y eso, eso tiene mucho más peso que mil puñaladas en el corazón.

Empecé a escribir y a pesar de mis problemas de redacción fui capaz de transmitir un sentimiento, de cambiar una opinión, de dejar un conocimiento nuevo o simplemente fui motor para que otros soñaran.

Algún tiempo después extendí ese medio de comunicación a la creación de "slide shows" con mis rolas favoritas (no los puedo llamar videos porque no lo son), y a pesar de no tener muchas herramientas a la mano, estoy segura que logré tocar otras vidas mostrando a través de una interpretación propia, lo que una rola significa.

Esto es lo que he hecho para dejar huella más allá de mis seres amados, y no importa si al final no puedes recordar mi nombre porque yo seguiré adelante por este camino con la convicción de que lo que hago y digo, puede marcar la diferencia en otra vida además de la mía.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Mojando la tierra :: Amor

Amor: pulso e impulso del mundo. Sentimiento universal, poderoso y eterno.

Pulso en cuanto a que es el "beat" que nos rige la existencia a pesar de que el materialismo se apodera cada vez más de nuestras vidas y motivos. Aun así, los hombres se sirven de las cosas materiales para demostrar su amor a sus amados; luego entonces, el amor sigue existiendo aunque parezca que no.

Impulso en cuanto a que nos lleva a todo, a desear vivir y morir, a construir grandes monumentos, a someternos a sacrificios, a suicidarnos, a sonreír de día y de noche, a llorar, a ser. Todos provenimos de un acto de amor, todos lo hemos sentido en alguna o muchas de sus aristas, todos lo hemos hecho, todos lo hemos sangrado.

El amor somos nosotros, lo que sentimos y lo que damos.

martes, 19 de febrero de 2008

Mojando la Tierra: Amor

Sublime sentimiento que invita a prodigar buena voluntad.

Por muchos años viví pensando que el amor era ese sentimiento maravilloso que se pinta con mariposas en el estómago y emociones colosales a flor de piel.

Claro está, la dosis que solía experimentar no era suficiente para durar eternamente, como se supone debe durar el amor, así que mi siguiente pensamiento era: "¿Realmente amo a alguien?".

Yo sabía que el amor no se limitaba a los confines de una relación entre hombre y mujer. Que se ama a los padres, hermanos, tíos, abuelos, sobrinos y en general al prójimo, solo que nunca supe de qué manera los amaba yo.

Siendo hija única siempre procuré primero mi bienestar antes que pensar en el ajeno, y eso es algo que hasta la fecha, me cuesta trabajo poner en el lugar que le corresponde, pues siempre pienso primero en como me afecta a mí lo que pasa con los demás.

Dado lo anterior, por muchos años fui por la vida sintiendo que el amor, ese sublime sentimiento que invita a tener buena voluntad para con los demás, era para todos menos para mí.

Un día conocí a alguien que me hizo ver mi error, que me hizo notar que a pesar del egoísmo que pudiera yo sentir en mi interior, a pesar de mis quejas y reniegos, era yo una persona capaz de dar y experimentar lo que el amor significa.

Hoy veo que el amor está por ejemplo: en la hechura del desayuno de mis hijos, en dejar que mi marido disfrute sus tiempos libres del modo que él prefiera, en dar presencia a un amigo, en cantarle al viento, en disfrutar cada momento venga como venga; y que el único modo de vivirlo es entregarlo sin pensar si será valorado o no, si será correspondido o no.

Esto es lo que significa para mí el amor.