Cuando era niña odiaba mi nombre. Las niñas del pueblo se llamaban Juana, María, Enriqueta, Gabriela, Silvia, Rosa, Josefina. Anabel era algo extraño, algo distinto, algo que sonaba como a caricatura, como a Sandybell o algo por el estilo. Anabel no estaba en el calendario de Galván que mi abuelita compraba religiosamente cada enero, en ese librito estaban escritos todos los nombres del santoral; así, cada niño que nacía debía llevar el nombre del santo que se festejaba ese día. Un año sí y otro también lo leía completo con la esperanza de que ocurriera una especie de milagro y de pronto mi nombre apareciera en alguna de sus páginas, otorgándome además de la sensación de que mi nombre no había salido de una caricatura, la bendición de tener "un día de mi santo". Todos tenían uno menos yo.
Mis papás me contaban que antes de decidir ponerme Anabel, les gustaba el nombre de Rocío. Rocío Cerón Cortés, repetía en un cuaderno viejo en el que jugaba a hacer planas (como en la escuela) con ese nombre que se festejaba el once de abril.
Los años me regalaron la reconciliación con mi nombre, no sin una buena dosis de frustración a lo largo del camino, sobre todo en la adolescencia. La adultez me enseñó que tener un nombre poco común no es tan malo como siempre creí, y que muchas más personas en el mundo se llaman Anabel además de mí, como siempre dudé. He tenido la oportunidad de conocer a varias tocayas, mujeres extraordinarias y bellas que llevan nuestro nombre con gran porte y dignidad. Hoy sé que Anabel proviene de Anna y Bella, del hebreo y del latín que fusionados consiguen un hermoso significado "La bella llena de gracia", o algo así.
Curiosamente hoy me volví a encontrar con Rocío, con Rocío Cerón. Con una Rocío Cerón escritora, poeta, artista. Con una Rocío Cerón que hace lo que, tarde descubrí, me habría gustado hacer. Me ha resultado dolorosa la coincidencia. Dice mi hermana Vianey que el universo es sabio, que pone a cada quien en el lugar que le corresponde. Tal vez tenga razón y por eso no me llamé Rocío. Tal vez dos Rocíos escritoras, poetizas y artistas habrían sido demasiadas. Tal vez por eso me llamé Anabel, porque no sería ni una ni la otra ni la otra, ni Rocío ni escritora ni poetiza ni artista.
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lunes, 23 de abril de 2012
sábado, 17 de septiembre de 2011
El Perdón
Este fue un buen día... hoy, como nunca antes, sé que puedo reconstruirme cuantas veces sea necesario.
Sé que siempre va a haber cosas de las cuales me puedo doler, pero también sé que hay algo adentro de mí que me permite seguir mi camino; es mi decisión cargar o no, los lastres del rencor.
Como dice el proverbio chino: "Si buscas venganza, más vale que caves dos tumbas, porque una será para ti".
Lo siento pero soy demasiado joven para morir.
Estas palabras que voy a compartirles estaban destinadas a mis ojos en momentos de mucho pesar en mi corazón. Me llegaron por medios distintos: una presentación de power point, una estampa que le dieron a mi hijo mayor en la escuela y venían mencionadas en un libro que una amiga me regaló.
Es conocida con muchos nombres, aquí la llamaré: Da siempre lo mejor.
Y lo mejor vendrá...
A veces las personas son egoístas, ilógicas e insensatas...
Aun así perdónalas.
Si eres amable, las personas pueden acusarte de egoísta e interesado...
Aun así sé gentil.
Si eres un vencedor, tendrás algunos falsos amigos y
algunos enemigos verdaderos...
Aun así vence.
Si eres honesto y franco las personas pueden engañarte...
Aun así sé honesto y franco.
Lo que tardaste años para construir, alguien puede destruirlo de una hora
para otra...
Aun así construye.
Si tienes paz y eres feliz, las personas pueden sentir envidia...
Aun así sé feliz.
El bien que hagas hoy, puede ser olvidado mañana...
Aun así haz el bien.
Da al mundo lo mejor de ti, aunque eso pueda nunca ser suficiente...
Aun así da lo mejor de ti mismo.
Y recuerda que, a fin de cuentas,
es entre tú y Dios...
NUNCA FUE ENTRE TÚ Y ELLOS.
Beata Teresa de Calcuta
¿Cuántas de estas cosas han sido en el pasado una cadena, un pesar y hasta una condena?
El mundo está lleno de personas que actuamos con insensatez y egoísmo en algún momento de la vida (o en muchos tal vez).
Cargar la pena de lo que me hayan hecho (y de lo que yo les he hecho, porque no me excluyo del grupo), más el rencor que me inspiran al recordar constantemente lo sucedido, es el mejor remedio para encontrar una temprana muerte.
Ese veinte me cayó maravillosamente un día que un amigo puso en su muro de Facebook: "El resentimiento es como tomar veneno y esperar que sea el otro el que se muera." Ilógico, ¿no? Desde ese día me esfuerzo por no guardarle rencores a nadie. Algunas veces tengo éxito, otras no... pero vaya, ¡que no quede en letra muerta!
¿Cuántas veces hemos sido vistos como lambiscones por ser amables? Admito haber dejado de ser amable con ciertas personas para que no me tacharan de interesada. ¿Qué me gané con eso? Creo que nada. Darle gusto a los demás para quedar bien es una tarea sumamente desgastante y que no reditúa el esfuerzo. No inviertas donde no obtendrás ganancias. Suena avaro, lo sé... pero en este concepto, cuidar lo que eres y más aún lo que das, es lo mejor que puedes hacer. No porque esperes algo a cambio por ser amable, sino por el simple hecho de hacerle la vida mejor a los demás.
Tontamente he dejado de lado algunos sueños por temor a que los demás no los entiendan. Algo similar a lo que pasa en lo dicho en el párrafo anterior. Hoy sé que mientras mis sueños y aspiraciones no vayan en contra de la integridad y dignidad de los demás, no tengo por qué dejar de perseguir mis aspiraciones más altas. Los falsos amigos y los verdaderos enemigos de todas maneras existen.
Realmente la parte de la honestidad y la franqueza es algo que me causa mucha frustración. Tristemente en este México que hemos construido, hay un dicho que reza: "El que no es tranza, no avanza." Me da mucha pena ver que muchos lo creen y lo han convertido en un lema de vida que se practica sin vacilar.
Pero eso sí, por mucho que no "avance", la tranquilidad de mi alma descansa en mi honestidad y franqueza, razón por la cual nunca las dejaré de lado.
Me consta que hay cosas que llevan mucho tiempo construir, y que se ven rotas de un momento a otro. Admito también que dejé de construir porque estaba convencida de que no valía la pena seguir trabajando en algo que alguien más, tarde o temprano, terminaría por derribar. Hoy construyo por el puro placer de disfrutar el proceso y ver de pie, aunque sea por unos segundos, lo que soy capaz de crear.
No lo sé, tal vez mi depresión se debió principalmente a un temor en despertar la envidia en los demás si era feliz. En un mundo en el que: asaltan, matan, secuestran, hay caídas en la economía, gente muriendo de hambre, gente sufriendo enfermedades terribles y pobreza, ser feliz no es popular. Puedes ser tachado de insensible ante las penas de los demás y también de egoísta porque sólo se puede ser feliz si no se interesa por nadie más fuera de ti.
He aprendido que no puedes ser lo suficientemente pobre como para sacar a alguien de su pobreza; que no puedes estar lo suficientemente enfermo como para aliviar a alguien más y no puedes estar lo suficientemente triste como para que alguien más deje de serlo.
Es difícil hacer el bien y no ser reconocido por ello, pero se puede. Basta saber que en nuestro corazón, no cabe la falta de misericordia. Aun cuando pensemos que el mundo está acabado y no hay razones para hacer el bien cuando a los que hacen el mal parece irles tan bien. Creo que el amor, la paz y la conciencia bien lo valen.
Admito que muchas veces dejé de dar lo mejor de mí porque estaba convencida de que nunca sería suficiente. Hoy eso no me importa. Lo que sea que haga tendrá un impacto en quienes me rodean. Más vale que sea un impacto positivo, que uno negativo.
Y lo más importante de todo... fui muchos años por el mundo pensando en que ser y hacer todo lo que la madre Teresa menciona en estas reflexiones, era algo entre la gente y yo. Hoy me queda claro que aunque así lo parezca, en realidad esto va mucho más allá de lo terrenal. Como dice la filosofía de Sting: "Somos ESPÍRITUS en un mundo material." (...Y no al revés).
Un abrazo con aprecio.
Nos vemos en la próxima.
miércoles, 15 de junio de 2011
Meditar
Durante muchos años pensé que la meditación era exclusiva para aquellos que se separan del mundo, después de todo, para meditar tienes que aquietar la mente y eso no es posible en un mundo en movimiento constante y a veces muuuuy ruidoso.
Personalmente disfruto mucho mis tiempos de soledad, pero porque los lleno de las cosas que me gustan, y escucharme a mí misma no era algo que me gustara así que por eso lo evitaba.
Hace un par de semanas estaba tan agobiada y tan necesitada de paz, que no prendí mi ipod de camino al trabajo, ni para escuchar música, ni para escuchar los podcast, conferencias o audiolibros que tengo a mi disposición.
Pensé que me desesperaría y terminaría por prender la radio (de la cual por cierto, siempre me quejo porque según mis preferencias, tiene baja calidad) pero no fue así.
Platiqué, no conmigo misma pero sí con Dios y el resultado fue maravilloso porque a partir de ese día, todo ha fluido maravillosamente.
Durante ese tiempo que me conecté con mi Fuente, no me pesó el tráfico, no me fijé si se me metieron indebidamente o si tuve que poner el pie en el freno y en el clutch ochenta veces.
No sentí el paso de los cincuenta minutos que me llevó llegar a mi trabajo y cuando me senté en mi escritorio, tuve la claridad y la calma para hacer todo aquello que era necesario que hiciera sin sentir el agobio porque era demasiado o porque el tiempo no me alcanzaría para todo.
Descubrí que estar sola conmigo misma es una oportunidad maravillosa para escuchar la voz de Dios.
Con el paso de los días, platicando con una amiga me comentó que para meditar no hacía falta más que un minuto y que la manera más efectiva de alcanzar el estado necesario para que la meditación diera el resultado que se espera, es que te concentres en tu respiración.
Como todo lo que he necesitado para vivir bajo el esquema de las cosas que quiero implementar en mi día a día me llega sin esfuerzos ni sufrimientos, dos amigas me compartieron el video que ahora yo se los comparto (con la única intención de que lo tomen si creen que les sirve y les ayudará sobre todo en esos momentos críticos de la vida y que tanto trabajo nos cuesta lidiar); y que también pueden encontrar en www.onemomentmeditation.com junto con otros temas interesantes sobre el control del estrés, la ansiedad y cosas que nos sacan de una vida balanceada y plena.
Hoy es un buen día para meditar... y mañana también.
Personalmente disfruto mucho mis tiempos de soledad, pero porque los lleno de las cosas que me gustan, y escucharme a mí misma no era algo que me gustara así que por eso lo evitaba.
Hace un par de semanas estaba tan agobiada y tan necesitada de paz, que no prendí mi ipod de camino al trabajo, ni para escuchar música, ni para escuchar los podcast, conferencias o audiolibros que tengo a mi disposición.
Pensé que me desesperaría y terminaría por prender la radio (de la cual por cierto, siempre me quejo porque según mis preferencias, tiene baja calidad) pero no fue así.
Platiqué, no conmigo misma pero sí con Dios y el resultado fue maravilloso porque a partir de ese día, todo ha fluido maravillosamente.
Durante ese tiempo que me conecté con mi Fuente, no me pesó el tráfico, no me fijé si se me metieron indebidamente o si tuve que poner el pie en el freno y en el clutch ochenta veces.
No sentí el paso de los cincuenta minutos que me llevó llegar a mi trabajo y cuando me senté en mi escritorio, tuve la claridad y la calma para hacer todo aquello que era necesario que hiciera sin sentir el agobio porque era demasiado o porque el tiempo no me alcanzaría para todo.
Descubrí que estar sola conmigo misma es una oportunidad maravillosa para escuchar la voz de Dios.
Con el paso de los días, platicando con una amiga me comentó que para meditar no hacía falta más que un minuto y que la manera más efectiva de alcanzar el estado necesario para que la meditación diera el resultado que se espera, es que te concentres en tu respiración.
Como todo lo que he necesitado para vivir bajo el esquema de las cosas que quiero implementar en mi día a día me llega sin esfuerzos ni sufrimientos, dos amigas me compartieron el video que ahora yo se los comparto (con la única intención de que lo tomen si creen que les sirve y les ayudará sobre todo en esos momentos críticos de la vida y que tanto trabajo nos cuesta lidiar); y que también pueden encontrar en www.onemomentmeditation.com junto con otros temas interesantes sobre el control del estrés, la ansiedad y cosas que nos sacan de una vida balanceada y plena.
Hoy es un buen día para meditar... y mañana también.
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