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jueves, 3 de enero de 2013

La Teoría de la Felicidad

Existen en el mundo millones de teorías, algunas son muy fáciles de entender y otras no tanto, pero a final de cuentas lo que hace la diferencia es el interés que le pongas a cada teoría.

Yo siempre he sido muy buena con la teoría. Me gustan los conceptos y me encanta la sensación maravillosa  de piel de gallina cuando me cae el veinte de alguno de ellos, sobre todo, de aquellos que no entendí a la primera.

Lo que debo admitir que me cuesta un poco de trabajo es la práctica. Roma no se hizo en un día y yo no sé de dónde saqué la idea de que si ya sabes la teoría y cuentas con las capacidades físicas y mentales para poner en práctica lo que has aprendido, tienes la vida resuelta.

Entiendo que este mundo es de presencia y ausencia.

Que el mal o el odio es en realidad el nombre que le damos a la falta de amor, así como llamamos frío a la falta de calor u oscuridad a la falta de luz.

Me queda claro que Dios, el Creador, el Origen o como sea que se le quiera llamar, permanece en un estado constante de felicidad y de aprecio.

Me queda claro que yo tengo esa misma capacidad en proporción a mi condición humana.

También me queda claro que yo decido en qué dirección me muevo en esa escala entre la ausencia y la presencia. 

¡Diablos! Me siento como aquel hombre que ante la inundación le llegaron diferentes personas con diferentes medios a rescatarlo y a todos les dijo: "¡No gracias! Dios va a venir a salvarme". Y cuando Dios lo recibió en el cielo (después de muerto) y le preguntó: "¿Por qué no me salvaste?", el Señor le contestó: "¿Por qué no aceptaste la ayuda de toda la gente que te mandé?".

Es absurdo que lo diga pero a veces me gustaría que mejor Dios viniera a vivir mi vida... al menos Él sabría qué hacer con ella en cada momento.

Sí, también sé que la vida no se trata de eso. Que el estado de perfección de Dios es una cosa y nosotros somos otra; que los conceptos son los que en realidad nos tienen separados y que no es tan complicado vivir en estrecha comunión con Él; que no es necesario que hagas tu transición para que sientas y vibres en esa dimensión de éxtasis eterno, con esas ganas de crear, con esas ganas de amar.


¡Oh sí! La teoría dice que la felicidad no es una meta, sino el camino. Que el gozo viene dentro de uno mismo, que la dicha está en el viaje y que todo lo que quiero en la vida lo quiero porque creo que en el tenerlo me sentiré feliz. En resumen, lo único que quiero es sentirme feliz.


También sé que aunque sé la teoría, si hoy fuera capaz de llegar al punto final de la felicidad total, (por obvias razones) no me quedaría nada más por ser ni hacer.

Un abrazo con aprecio.

¡Feliz 2013!

sábado, 21 de julio de 2012

En mi vida...

Hay un par de versos en la canción que escribieran John Lennon y Paul Mc'Cartney titulada "In my life" que rezan algo así: 

"Hay lugares que recordaré
Toda mi vida, aunque algunos hayan cambiado.
Algunos para siempre no para bien,
Algunos han pasado y algunos permanecen.

Todos estos lugares tienen sus momentos,
Con amores y amigos, que sigo recordando.
Algunos están muertos y algunos viven.
En mi vida, los he amado a todos."

En este momento estoy de camino a un lugar de esos que recuerdo y que recordaré toda mi vida. ¿Habrá cambiado? Seguramente sí. ¿Para bien? Sólo Dios sabe...

Y sí... ese lugar tuvo muchos momentos con amores y amigos que sin duda sigo recordando.

Algunos de ellos, como mi madre, han pasado de este mundo, pero todavía quedan algunos otros que por lo menos aparentan estar vivos.

Lo importante es que en mi vida... los he amado a todos.

Un abrazo con aprecio.

lunes, 23 de abril de 2012

Rocío...

Cuando era niña odiaba mi nombre. Las niñas del pueblo se llamaban Juana, María, Enriqueta, Gabriela, Silvia, Rosa, Josefina. Anabel era algo extraño, algo distinto, algo que sonaba como a caricatura, como a Sandybell o algo por el estilo. Anabel no estaba en el calendario de Galván que mi abuelita compraba religiosamente cada enero, en ese librito estaban escritos todos los nombres del santoral; así, cada niño que nacía debía llevar el nombre del santo que se festejaba ese día. Un año sí y otro también lo leía completo con la esperanza de que ocurriera una especie de milagro y de pronto mi nombre apareciera en alguna de sus páginas, otorgándome además de la sensación de que mi nombre no había salido de una caricatura, la bendición de tener "un día de mi santo". Todos tenían uno menos yo.
Mis papás me contaban que antes de decidir ponerme Anabel, les gustaba el nombre de Rocío. Rocío Cerón Cortés, repetía en un cuaderno viejo en el que jugaba a hacer planas (como en la escuela) con ese nombre que se festejaba el once de abril.
Los años me regalaron la reconciliación con mi nombre, no sin una buena dosis de frustración a lo largo del camino, sobre todo en la adolescencia. La adultez me enseñó que tener un nombre poco común no es tan malo como siempre creí, y que muchas más personas en el mundo se llaman Anabel además de mí, como siempre dudé. He tenido la oportunidad de conocer a varias tocayas, mujeres extraordinarias y bellas que llevan nuestro nombre con gran porte y dignidad. Hoy sé que Anabel proviene de Anna y Bella, del hebreo y del latín que fusionados consiguen un hermoso significado "La bella llena de gracia", o algo así.
Curiosamente hoy me volví a encontrar con Rocío, con Rocío Cerón. Con una Rocío Cerón escritora, poeta, artista. Con una Rocío Cerón que hace lo que, tarde descubrí, me habría gustado hacer. Me ha resultado dolorosa la coincidencia. Dice mi hermana Vianey que el universo es sabio, que pone a cada quien en el lugar que le corresponde. Tal vez tenga razón y por eso no me llamé Rocío. Tal vez dos Rocíos escritoras, poetizas y artistas habrían sido demasiadas. Tal vez por eso me llamé Anabel, porque no sería ni una ni la otra ni la otra, ni Rocío ni escritora ni poetiza ni artista.

jueves, 6 de octubre de 2011

Si amas lo que haces...

Esta es una entrada que desde hace mucho tiempo tengo metida en la cabeza, pero que por equis o zeta, no se concretó hasta este momento.
Estoy convencida de que todo tiene su momento, aunque nos parezca que hay cosas que suceden a destiempo, si fuéramos capaces de ver con los ojos de Dios, nos daríamos cuenta de que todo sucede en el momento perfecto y por la razón correcta.
Para quienes no lo saben, yo me dedico a los sistemas de computación desde hace ya muchos años. No soy tan mayor, pero no cuento a partir de que me gradué de la universidad, cuento los años desde que soñé con dedicarme a esto que hoy hago.
Empecé siendo muy niña, jugando en un rincón del cuarto de mis papás en donde tenía establecida mi oficina. Recuerdo que me gustaba poner cajetillas de cigarros a las que les dibujaba teclas para que parecieran calculadoras o máquinas de escribir. En aquel entonces desconocía que existía algo que se llamaba computadora, pero de un modo especial y muy dentro de mi corazón, ese aparato me llamaba y me llamaba con fuerte voz.
Algunos años más tarde mi oficina creció y ya contaba con una máquina de escribir mecánica con la que mis papás hacían su trabajo administrativo. Era yo toda una oficinista con mi teléfono multicolor y mis hojas de papel usado por un lado. Me gustaba escribir y como me gustaba lo formal, transcribía los ejemplos de cartas y oficios tomados de un libro de mecanografía para secretarias navales que mi abuelo había dejado abandonado en algún rincón.
Mis años de escuela secundaría fueron difíciles y por un momento decidí que no valía la pena seguir estudiando porque me consideraba pésima estudiante; y por extraño que parezca, ser pésima no entraba en mi catálogo de cosas por hacer.
Mi papá se enojó conmigo cuando le dije que no seguiría estudiando y me dejó de hablar por casi un mes. Mi mamá (QEPD), se preocupó y me dijo que solamente la gente preparada podía aspirar a un trabajo que le diera una calidad de vida digna. Resultado de eso decidí seguir estudiando y fue entonces que se me abrió el mundo: encontré un bachillerato que incluía una carrera técnica como programador analista y capturista de datos.
Los siguientes tres años fueron maravillosos. Aquellas computadoras de teclados enormes, gabinetes bromosos y monitores con letras verdes, fueron mi sueño hecho realidad. Ya no más cajetillas de cigarros pintadas con pluma, ya no más máquinas de escribir con cintas de dos colores, el futuro había llegado para hacerme vivir el sueño de mi infancia.
Después de la preparatoria me fui a estudiar sistemas computacionales en la Universidad del Valle de Atemajac y fue entonces que descubrí que aunque no todo fuera color de rosa, valía la pena vivirlo por aquello que era más fuerte en mi corazón: las computadoras y los sistemas.
Estudié sistemas computacionales porque los "fierros" no eran lo mío, sin embargo con el paso del tiempo, me dediqué a ensamblar computadoras personales y el proceso resultó fascinante para mí.
Desde entonces, he diseñado, programado e implementado muchos sistemas; he armado y desarmado equipos, he cambiado piezas, las he limpiado, les he dado mantenimiento, he dado cursos de programación y uso de herramientas de oficina y muchas cosas más. He visto como algunos de los aparatos que uso, pasan al closet porque son reemplazados por otros con tecnologías más nuevas y eficientes. También he visto "morir" a algunos de mis equipos por circunstancias distintas y júzguenme sentimental y tonta pero también los he llorado.
La vida me ha llevado por varios caminos. Pocos años después de haber salido de la universidad, trabajé como empleada subcontratada en las instalaciones de HP Guadalajara. Mucho de mi crecimiento y desarrollo se lo debo a esta empresa y por eso siempre le estaré agradecida y la tendré en un lugar especial en mi corazón.
Ver la historia detrás de mi sueño en las personas de Bill Hewllett, Dave Packard, Steve Jobs (QEPD todos ellos), Steve Wozniak, Bill Gates, Vinton Cerf y muchos otros, me ha dado muchas pautas a seguir sobre el proceso mismo de evolución de esto que llamamos tecnología.
Ahora mismo, no sería posible para mí escribir estas líneas para que fueran leídas por personas que no me conocen, ni yo tampoco conozco (en su mayoría). Sin la visión ni el amor por la tarea de estos hombres, mucho de lo que hoy disfrutamos para tener una vida más cómoda y más amplia, nunca hubiera visto la luz del día.
Pensando en una entrada más bonita y adecuada para recordar a Steve Jobs, se me vino a la mente este discurso que diera en Stanford, hace ya varios años. Escucharlo me hizo darme cuenta de que hay cosas más grandes que seguir el camino que todos siguen porque lo siguen.
Todos somos especiales, únicos y valiosos por lo que hacemos para que este mundo sea como es.
Hoy puedo decirles que gracias a que amo lo que hago, es que tengo una vida cada día más plena, con mejor entendimiento de lo que hay y de las razones por las que se dan las cosas.
Este hombre lo hizo posible aunque nunca me conoció ni supo de mi existencia ni de la existencia de mi sueño.
No diré nada más... al árbol se le conoce por sus frutos. Jesús tenía razón y aquí hay una prueba de ello.




Un abrazo con aprecio.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Arrullo

Imposible
inevitable
 ir por ahí queriéndote
en automático
como caminando
como mirando nubes
como bebiendo luz de lunas llenas.
Vas dejando de ser bestia
y te conviertes en arrullo
lejano
incierto
inerte a veces
pero arrullo
siempre lento y dulce.
Imposible
inevitable
ir por ahí sucumbiendo
meciéndome con gozo en tu cuarto menguante
aunque sea un segundo
con cien años de intermedio.

viernes, 1 de abril de 2011

Buscando un mejor sentimiento

Creo que desde siempre, pero especialmente desde la partida de mi mamá, he vivido en una montaña rusa de emociones positivas y negativas. A veces paso buen rato montada en las positivas, pero por lo general las negativas son las que más tiempo duran en mi sistema haciendo que mi vida se vea miserable, más que dichosa.

Es normal vivir los bajones, son parte de la vida como lo son las alegrías, pero creo que por su influencia negativa, no deberíamos permitirles que se queden tanto tiempo con nosotros y mucho menos que disminuyan nuestra capacidad de vibrar en positivo y de dar lo mejor de nosotros mismos en lugar de lo peor.

A mí, como seguramente a muchos, me molesta la gente que "hace mal las cosas" o que hacen cosas sin importarle si pasa por encima de los que le rodean. Los noto a cada paso que doy y me amargan la vida. ¿Y algún día se van a acabar los desconsiderados?

Supongamos que sí, pero digamos que tal vez mis ojos no lo lleguen a ver. ¿Y si mis ojos no lo alcanzan a ver, tendré que vivir amargada de por vida? ¡Eso es sólo si yo lo quiero!

Hoy he decidido que no voy a darle más importancia que la que tienen a esas cositas que por juzgona veo con malos ojos. No todo el mundo obra mala leche por ser mala leche. Simplemente actuamos de un modo porque vemos la oportunidad y la tomamos para vida de alcanzar lo que queremos en el momento. Si es o no considerado para con los demás es algo que no tenemos en primer plano aunque sería bueno que así fuera.


Por eso antes de enojarme con los desconsiderados, buscaré un mejor sentimiento, uno que me permita seguir siendo feliz a pesar de que en el mundo haya cosas con las que no comulgue. Que la satisfacción de hacer las cosas bien aunque tenga la oportunidad de pasar por encima de quien sea o sin consideraciones para con los demás, siga siendo lo más importante para mí.

¡Ahí hay un mejor sentimiento y no fue difícil encontrarlo!

Creo que la constante búsqueda en la vida es algo que lejos de desanimarnos (por pensar que nunca encontraremos el ideal), debería ser divertido. Después de todo, ¿tienes otra cosa mejor qué hacer?

Como dice mi novio Roger Waters en su rola Breath: "Run, rabbit run, dig that hole forget the sun. And when at last the work is done, don't sit down it's time to dig another one."

Que la vida sea un cúmulo de cosas hechas y no de tiempo desperdiciado.

Nos vemos en la próxima.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Como te ven, te tratan

Nunca me ha gustado darle más importancia a la apariencia de las personas que a cualquier otra característica de su personalidad. Por alguna razón siempre he estado muy consciente de que el aspecto exterior, por muy bonito que pueda ser a los ojos, con el paso del tiempo se marchita sin remedio (aun en aquellos que desafían al paso del tiempo con cirugías y tratamientos de diversos tipos).

Hace muchos años mi esposo tuvo un desafortunado accidente donde perdió el ojo izquierdo. Cuando yo lo conocí no usaba prótesis y aunque su aspecto llamaba la atención a primera vista, los lentes que siempre ha usado terminaban por desviarla la mayor parte del tiempo.

Después del accidente, el doctor que lo atendió le dijo que tenía que ponerse de inmediato una prótesis porque su aspecto era monstruoso. Él, como buen adolescente de 14 años se indignó ante semejante comentario y le dijo que ese aspecto no sería impedimento para que él siguiera con su vida y lograra todo lo que se le diera la gana.

Años más tarde decidió que era momento de hacer algo por él y su apariencia. Se preguntó si aquel aspecto no sería factor para no alcanzar algunos propósitos (sobre todo profesionales) y llegó a la conclusión de que como te ven, te tratan.

"¿Que pensarías de un cuate que trae su carro chocado por mucho tiempo?" Me decía. "Da la impresión de que no le importa, de que es descuidado o desidioso."

Y advertí que tenía razón y que el aspecto exterior cuenta mucho para el mundo porque es la puerta de entrada a todo lo demás.

Después de que nacieron mis hijos me quedé con diez kilos de más que no hice nada por bajar. El comentario de toda la gente que por alguna razón veía mis fotos de antes de que nacieran mis hijos era el mismo: "¡Ay, qué delgadita que eras!"

Hace poco más de dos años me hicieron una histerectomía y un año más tarde me encontré con otros quince kilos de sobre peso, producto quizá de un desbalance hormonal, o tal vez porque en lugar de limitarme con la comida, comí y comí de más.

Con tantos kilos de más me sentía muy mal física y emocionalmente, así que me determiné a bajarlos antes de que se me desatara una diabetes o algún otro mal relacionado con el sobre peso.

Me costó mucho trabajo pero al cabo de ocho meses ya había perdido veinte de los veinticinco kilos que traía de más y el cambio fue bastante notorio. Al principio me sentí muy bien porque todo el esfuerzo y sacrificio que había implicado cambiar de hábitos alimenticios pagaron su precio con los comentarios de la gente que me decía que me veía muy bien, así que no me detuve hasta bajar los otros cinco kilos que todavía me sobraban.

Noté también que el trato de la gente para conmigo cambió a partir de que me vieron sin toda esa bola de kilos que traía encima y aunque por un lado fue halagador, por otro fue decepcionante porque es triste ver que algo que se va a acabar eventualmente, tenga más peso que lo que nunca envejece.

Los que me conocieron gorda y que entonces no me hablaban, hoy me hablan y quieren pasar tiempo conmigo, me buscan y me invitan a sus eventos.

Y bueno, nada en este mundo pasa sin dejarte algo por aprender. Si bien es cierto que la apariencia no debe pesar más que otras características de las personas, tampoco debe relegarse a último plano por el simple hecho de que algún día se acabará.

Es como el portón de entrada a un jardín que reverdecerá todos los años. Si no lo pintas, le arreglas las farolas que iluminan el camino y le barres las hojas secas que el otoño dejó, nadie se acercará para admirar lo que tiene dentro.

Pues sí, como te ven te tratan y está en ti cómo quieres que te vean y por lo tanto, cómo quieras que te traten.

sábado, 30 de octubre de 2010

De Humanidades

Sin lugar a dudas, las bodas son de los eventos donde mejor se puede apreciar la vasta gama de peculiaridades que conforma nuestra humanidad. El ambiente festivo, la emotividad a la que nos conduce estar en la presencia del amor en una de sus más puras expresiones, en conjunto con cantidades industriales de alcohol corriendo por las venas, nos lleva irremediablemente a manifestar, con o sin intención, algunos de los más profundos sentimientos que guarda nuestra alma.
Hoy amanecí cruda pero no por el alcohol. Un par de semanas de mucha tensión que concluyeron en una noche de total vela tras asistir a dos bodas que coincidieron en día y hora, me dejaron en un estado extraño que se parece un poco a la cruda aunque pensándolo bien, creo que el término "indigestión del corazón" suena más apropiado.
Y es que es exactamente lo mismo que cuando te llenas la barriga de comida. Es probable que tengas tanta hambre (o antojo) que no distingues el momento en que ya has sobre pasado el límite con el que el cuerpo queda satisfecho.
Anoche por primera vez en mi vida estuve en presencia de los sentimientos más sinceros de un grupo de personas que yo siempre pensé que no los tenía porque no los conocía. ERROR... uno de los muchos que he cometido: asumir sin conocer.
Es que somos tan dados a esconder nuestra humanidad para que quienes nos rodean siempre vean la cara bonita de nuestra alma, que llega un punto del camino en el que los convencionalismos sociales te impiden mostrar quien realmente eres por temor a ser criticado, juzgado y condenado por todo aquello que no encaja con la manera de ser y de pensar de terceros.
Dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, así que daré por sentado que esos que estaban más "alegres" expresaron en medio de su felicidad, su verdadero yo; cosa que vale la pena reconocer.
Cuando te acostumbras a recibir tan poquitas muestras de cariño de parte de un grupo de personas, llegas a pensar que de ese mismo tamaño es el afecto que les inspiras. Por eso cuando aquello se desborda un buen día, te cuesta trabajo asimilar la dimensión y profundidad con la que tu presencia ha marcado sus vidas.
Han habido cosas buenas y cosas que podríamos considerar no tan buenas o incluso malas, pero el día de hoy las acepto como parte de nuestra humanidad porque después de todo, mi familia es tan humana como todas las familias en el mundo.

martes, 5 de octubre de 2010

Dejar ir

Muchas cosas me cuestan, pero creo que nada tanto como dejar ir. Dejar ir en general: lugares, momentos, personas, sensaciones, relaciones, recuerdos, etapas. Imagino mi interior como una bodega atiborrada, caótica, en la que hay de todo; con un apartado especial para los tesoros intocables, para las personas más amadas, para los recuerdos más queridos y, por lo mismo, para los dolores más intensos. Entiendo que no es sano ir por la vida con semejante cargamento, que debería soltar lo que no sirve para aligerarme el recorrido. Lo intento. En verdad que si, pero seguramente mis intentonas no son tan sinceras como para materializarse. A veces pienso que es cuestión de tiempo, basada en que ya me ha sucedido que cargamentos pesados y realmente dolorosos han dejado de serlo con el paso de los años; pero hay momentos en los que se hace realmente duro pensar en esa espera y conceptualizar la parte positiva de seguir mirando hacia ese adentro doloroso por años hasta que el hartazgo haga su trabajo. Mientras tanto ¿qué?, ¿cómo hago para dejar en el camino lo que no se ha jubilado?, ¿lo reciente?, ¿lo último? Pienso en la infancia de mis hijos que recién me abandona, en la lozanía que comienza a despedirse, en la juventud que se marcha con todo lo que no hice mientras estuvo conmigo, en los amigos queridos que se alejan sin decir una palabra dejando desolación donde antes hubo compañía. Contra algunos de esos males hay antídoto (ya empecé a tomar Imedeen jaja), pero para los de más adentro no lo hallo, no he podido dejar de extrañar, no he logrado asimilar las ausencias, sus causas y sus efectos.
Hace días que estoy tratando y sigo y seguiré. Seguro que en algún punto encontraré el interruptor que haga que la puerta se abra y comiencen uno a uno a quedarse en el camino los pesos muertos. Deseenme suerte :)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ocho de Septiembre


La maternidad me llegó por vez primera hace once años, un día como hoy.


Me tomó por sorpresa porque se suponía que mi hijo llegaría hasta noviembre y como en muchas otras ocasiones, no estaba preparada para que eso sucediera.


La noche de anoche de hace once años, mi hijo comenzó a tener sufrimiento fetal, indicativo inequívoco de que mi embarazo definitivamente tendría que ver el fin en ese momento. Cobarde como soy para el dolor, hice de tripas corazón y me aguanté los horrores de una cesárea para la cual tampoco estaba preparada.


Recuerdo que cuando niña pensaba en el momento en que sería mamá, pero aquello era tan lejano que nunca me preparé realmente para la llegada de una experiencia de ese tamaño.


No sufrí para cuidar a mi hijo porque tuve muuuchos años de entrenamiento con mis muñecos. Incluso mi mamá me dio un bebé que mi papá le había regalado cuando yo nací. Era un güerito de ojos azules que atrás tenía una perilla para darle cuerda. Él heredó mis pañales de tela y alguna otra ropa que yo guardaba en una maleta vieja que mi mamá me había dado para jugar.


Pero ser mamá no es saber cuidar bebés... esa es la parte más sencilla de todo el asunto. Lo complicado viene el día que tienes que moldearlos y hacer de ellos, personas de bien.


Con mi hijo mayor cometí muchos errores (como muchos los cometen con sus primogénitos), porque no fui capaz de hacer un lazo entre su inocencia infantil y la adultez que he vivido desde que tengo algo así como once años.


Hoy, esa etapa se ha terminado y no hay marcha atrás. Hoy empieza la etapa de la pre adolescencia, esa donde mi marido dice que seré una extraordinaria madre porque finalmente mi hijo y yo, nos podremos entender.


Ojalá que así sea...


¡FELIZ CUMPLEAÑOS HIJO MIO!


Con amor: Tu mamá.

martes, 31 de agosto de 2010

Otro agosto que se va


Algunas de las mejores cosas de mi vida han pasado en agosto así que puedo decir sin temor a equivocarme que agosto es mi mes favorito del año.

Este agosto, como muchos en otros años, ha sido sumamente enriquecedor. Me hubiera gustado tener más tiempo para llenar de letras estos maravillosos 31 días, pero la vida es así. A veces te da oportunidades para una cosa a manos llenas y a veces no.

Este mes fue de grandes vivencias, algunas muy difíciles y dolorosas. Aprendí mucho del dolor de mi abuela paterna en su enfermedad. Me acerqué a Dios para pedirle ayuda y consuelo y por supuesto que me los dio a manos llenas.

Las personas más queridas de mi vida me llenaron de cariño en mi cumpleaños y compartieron conmigo la dicha de mis once años de extraordinaria vida matrimonial.

Tuve unas maravillosas vacaciones de deberes materno-escolares que disfruté todo lo que fui capaz.

Tuve ocasión de reflexionar sobre lo que quiero hacer con mi vida en el futuro cercano.

Saboreé un delicioso café al lado de algunas de mis amigas más queridas.

Me reencontré con uno de mis más queridos amigos.

Y bueno, también tuve ocasión para sufrir un poco mis malestares de mujer que hace un par de años perdió su útero.

Hubo de todo sin duda. Creo que por eso me gusta Agosto y en especial este, y por eso nunca lo voy a olvidar.

sábado, 28 de agosto de 2010

Satisfacción

Así como me gusta llorar mis fracasos, me gusta celebrar mis triunfos.

Acabo de tener uno muy grande que significó un esfuerzo no tan grande.

Sí, suena raro pero la verdad es que todo fluyó. Me pregunto qué hay diferente en mí y sólo puedo decir que un poco más de madurez.

Y lo mejor de todo es que esta madurez me llegó en la juventud.

¿Verdad que vale la pena celebrar la madurez cuando aún eres joven?

miércoles, 19 de mayo de 2010

Oscar y Juan

Hay personas que me han dolido siempre, que aunque hace años que salieron de mi vida, no lo hicieron del todo en realidad y su recuerdo me sigue visitando con cierta regularidad para recordarme el daño que les hice sin querer en algún momento de nuestra historia en común. Oscar y Juan son dos de ellos.
Oscar fue mi compañero de clase en la prepa y un amigo entrañable durante esos tres años... bueno... casi. Aún puedo ver con claridad su cara de niño bueno y sentir esas tardes apacibles de hacer juntos las tareas y después salir a dar una vuelta por la colonia. Recuerdo que prentendí hacer que dejara de fumar; si me viera ahora, fumadora empedernida, seguro que no mostraría piedad en su burla por mi estúpida contradicción. Si pienso en él, lo primero que me viene a la oscuridad de mis ojos cerrados es su bondad, su calma, su calidez y el dolor de haberle causado dolor. Me amó en silencio durante esos tres años, puso su hombro para que mi cabeza se recargara en él, me limpió las lágrimas por un amor no correspondido sin que jamás yo intuyera que cada una de esas gotas saladas le lastimaba tanto o más que a mí misma, me acompañó en el camino tortuoso que me significaba una realidad dura por la inusualidad de mi corta edad (en una etapa en la que mis compañeros promediaban diecisiete años yo tenía sólo quince), por la enfermedad de mi padre, por el desamor que sufría, por la caótica vida en casa, por la dificultad de adaptarme a un mundo tan distinto a aquel del que provenía. Oscar fue una especie de ángel cuyo único pecado fue enamorarse de mí. La tarde que me lo confesó se hizo la primera grieta de lo que después sería la falla descomunal de un alejamiento que nunca pudimos superar. Como respuesta a mi rechazo comezó a alejarse, se consiguió una novia y cuando la prepa se acabó jamás volvimos a vernos. Hoy día no entiendo cómo pude dejar ir al amigo, por qué no le llamé, por qué no busqué un acercamiento cuando las cosas aún estaban tibias. Seguramente habría ganado mucho pero en ese entonces era demasiado estúpida como para comprenderlo. De cualquier manera le sigo guardando un cariño enorme y no pierdo la esperanza de que algún día nos sentaremos a charlar con un par de cervezas en la mesa para contarnos las vidas y sanar lo que haya que.
Juan era también un gran chico aunque en realidad nunca fuimos amigos. Desde que nos conocimos dejó en claro que lo que le interesaba conmigo era más un noviazgo que una amistad. La dolencia me viene cuando recuerdo que su cortejo fue lindo, respetuoso y sereno; y cuando veo en mi memoria el dolor en su cara al verme del brazo de quien sí logró colarse en mi entraña y ganarse el calificativo del "amor de mi vida" (seguramente con muchos menos méritos pero mi corazón ha sido siempre bastante pendejo). Después de rechazarlo para aventarme a los brazos de Luis y de partirme la madre por no haber tenido la precaución de meter las manitas en dicho lance suicida, Juan volvió a los antes acostumbrados rondines nocturnos, volvieron las invitaciones a las hamburguesas del estanquillo de la esquina (que por cierto ¡qué buenas eran!) y los paseos de tarde de sábado por las calles de Tulancingo, volvieron los ofrecimientos de un amor sincero y sin exigencias. "No me importa que aún lo ames, yo sé esperar y puedo lograr que lo olvides" me dijo una tarde de la que recuerdo hasta cómo íbamos vestidos ambos. Respondí que no y seguramente me quité otra oportunidad de haber tenido una relación con un buen chavo y todo el aprendizaje que eso conlleva.
Me duele haberles causado dolor a ambos, pero debo reconocer que mi egoísmo es más grande y por tanto me duele más el comprender hoy, a mis treinta y tantos, cuánto dejé de vivir en aras de la convicción estúpida de tener una relación sí y sólo sí estaba enamorada. A fin de cuentas, en dos de las tres veces que eso me sucedió, me sirvió para maldita la cosa.

martes, 27 de abril de 2010

Más de cinco mil días

Parece que no hace tanto, pero han pasado más de cinco mil días despertando a tu lado. Seguro que es por eso que cuando no estás el mundo se vuelve extraño. No todo ha sido sencillo, incluso ahora mismo hay muchas cosas que no lo son, pero quien crea que el matrimonio sólo se compone de buenos momentos vive una ilusión barata. Tampoco todo ha sido complicado, amarte es muy fácil, entre miles de razones, porque eres un hombre estupendo, leal, divertido y amoroso; porque me amas, me entiendes y me respetas. Con hombres como tú es sencillo enfrentar la vida. ¡Gracias por estos catorce años de amor!

martes, 6 de abril de 2010

Fracturas

Llevo mucho tiempo luchando contra un sentimiento que no sé donde ponerlo; y es que las fracturas no tienen remedio.

Es complicado decidir qué hacer sin pensar que la estás regando si te dejas llevar sólo por la razón o sólo por el sentimiento.

He tratado de darle un equilibrio y por momentos encuentro algo de paz pero el tiempo pasa, le pongo un curita y lo siguiente que veo es que la fractura se ha hecho más y más grande.

¿Tiene sentido seguirla parchando si se va a seguir corriendo?
¿Debo quedarme aquí de pie hasta que el piso finalmente se abra y me devore?

Si tan solo supiera cuál es el sentido de todo esto...

Paralelismos y divergencias

Me gusta Isabel Allende. Creo que si las mentes humanas se catalogaran como estilos literarios sin duda la mía sería, absolutamente, un libro de la chilena... sin complejidades intelectualoides. Vamos, que entiendo que de seguro mi mente no llega a tanto pero creo que la aproximación sería muy descriptiva de lo que me circula dentro del cráneo, aunque seguramente menos rica.

Durante las vacaciones leí Paula. Me había resistido por miedo al tema de la hija enferma y muerta. Me resulta complicado enfrentarme a temas que me hacen sentir vulnerable y nada podría lograrlo más que verme en el espejo de una madre que vive la agonía de una hija en lo que debería ser la plenitud de sus días. El caso es que finalmente vencí al miedo y me dispuse a enterarme de los pormenores de la muerte de Paula y de la vida de Isabel, de refilón. No haré una reseña. La finalidad de esta entrada es exponer la sensación de paralelismo con la que me topé al descubrir muchas de mis propias carencias y sueños y miedos en la parte de esa historia que corresponde justo a la etapa de vida por la que atravieso. De alguna manera me sentí comprendida, acompañada, cuerda; un sentimiento de solidaridad me acarició y por momentos dejé de visualizarme como el bicho raro y mezquino al que no le alcanzan las bendiciones que le caen del cielo día a día para sentirse plena. El lado oscuro del asunto es que también me encontré con una especie de certeza interna que me asegura que hasta ahí llegan las similitudes, que no habrá más, que no vendrá una temporada de luz en la que encuentre eso para lo que nací, a diferencia de Isabel que encontró su camino en la escritura de ficción aunque no estuviera ni remotamente en el esplendor de su juventud. Tengo miedo de que esa voz tenga razón, de que se me acaben de ir los treinta y los que me queden y nunca pueda decir con orgullo "estoy satisfecha" en esos aspectos en los que me gustaría brillar aunque fuera una sola vez. Sé que depende de mí, pero a últimas fechas me he sentido tan a la deriva que no veo por donde pueda encontrar eso que me falta y que ni yo misma sé con exactitud qué es. Tengo miedo, para variar, tengo miedo.

lunes, 5 de abril de 2010

El Puerto...


Anoche soñé con el Puerto. No puedo recordar el lugar exacto pero desperté llena de esa humedad (a veces fría) tan de aquellos años de mi vida, y de golpe se me vinieron las memorias de las cosas vividas frente a ese mar que recuerdo más gris que azul. Me vi escribiendo poemas frente al mar agitado, luchando contra el viento que me volvía palomas las hojas y garrapatas la caligrafía, pero que nunca pudo acomodarme los sentimientos (bueno, al final sí); me vi convertida en la princesa de los cuentos de hadas encerrada en una torre , tejiéndome el cabello en cientos de trenzas para destejerlas luego en la carretera de regreso a casa; recorriendo las calles en moto, sin casco y con miedo; gritando vestida de rojo en las gradas del Pirata Fuente un sábado sí y otro también (siempre que la localía coincidiera con mis vacaciones); topándome a cada paso con el amor inconcluso, con el dolor constante de mi pérdida. En el Puerto cambió mi vida, allí descubrí un diciembre que podía amar de nuevo o por lo menos intentarlo; también allí viví mi primer y único acostón post-antro de una sola noche, del que guardo un gratísimo recuerdo porque ahí supe lo que es que los anhelos más locos se te vuelvan realidad. Entre las notas de las marimbas en los portales viví de todo, encuentros inesperados, huídas espectaculares, tensión, ansiedad, pero la constante más constante eran las tripas encogidas, todo el tiempo. El Malecón me regaló uno de los recuerdos más queridos de mi papá, uno de los más graciosos de mi mamá, la más dulce de las revanchas que puedo recordar y las espectaculares noches de Año Nuevo envueltas en los aullidos de los barcos. Mi paladar no olvida los lecheros con canilla de La Parroquia, ni las "vacas voladoras" clandestinas que comprábamos Adriana y yo de noche para tomarlas de a poquito frente al mar antes de que los edificios nuevos lo llenaran todo, los Faros de Don Nachito, las papas fritas del KFC, las primeras cervezas micheladas con música de marimba.

Los recuerdos me visitan en marabunta y ya soy incapaz de seguir enumerando las experiencias vividas en el mágico Puerto de Veracruz, un lugar que me late dentro, que amo y que es parte inevitable de mis primeros años.

jueves, 1 de abril de 2010

Hay cosas que a pesar de los cambios, conservan su encanto

Es complicado no sentir algo de ansiedad cuando sabes que algo en tu vida será distinto a partir de equis momento.

En estos días mi vida ha dado más vueltas de lo que hubiera imaginado y aunque por momentos he dudado si el camino que he tomado me llevará al destino deseado, sé que quedarme en el mismo lugar por siempre me hará mucho daño.

Hay que moverse como las aguas del mar, como las estrellas en el cielo, como los días y las noches; y hay que dar las gracias porque somos bendecidos por esa maravillosa capacidad de movernos a voluntad.

lunes, 22 de marzo de 2010

De las cosas buenas de la vida

Hoy fue un día complicado pero como muchas cosas en la vida, también tuvo algo maravilloso y no quiero irme a la cama sin hablar de ello.

Muchas veces he pensado que Dios no debió haberme dado hijos porque no soy apta para ser madre, pero ¿Quién nace sabiendo? ¿Quién en realidad está capacitado para serlo?

En medio de todos los miedos, inseguridades, frustraciones y cuantas cosas puedan hacernos pensar que nuestro papel como padres está bastante mal desempeñado, caben también las alegrías y las satisfacciones de los muchos aciertos que seguramente también tenemos.

Hace un tiempo que decidí dejar de lado aquel título que me autoimpuse como madre bruja, porque soy la que regaña, la que grita; para ser simplemente una madre. Igual gritona tal vez, pero por lo menos no bruja porque lo que quiere es el bienestar de sus hijos.

La primera vez que fui a una escuela para padres escuché la canción que les voy a compartir. Me pegó y desde aquel día la tengo presente en la mente y en el corazón como una advertencia de lo que comúnmente hacemos y no debemos hacer como padres.

¿Por qué hoy? Porque un día como hoy, hace siete años, Dios me prestó a uno de sus hijos para que hiciera con él mi mayor y mejor esfuerzo para ayudarlo a convertirse en una persona de bien y que sea capaz de encontrar su camino de regreso al padre.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS HIJO MIO!

Esos locos bajitos - Joan Manuel Serrat cortesía de nicomatyjuano en youtube