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jueves, 24 de octubre de 2013
Piel y mundo
Tu piel es partidaria del mar,
del mar que canta entre las manos del cielo,
del mar que sacude sus ramas en la playa
para aligerarse de espumas y adioses.
Tu piel es el mar que transparenta,
es el mundo que suena en los labios igual que la lluvia.
Tu piel es partidaria de la espuma
donde el amor encuentra demolida la tarde.
Tu piel es lo que se reúne para volar
cuando la luna es la piedra de toque del alba
y la caricia se oscurece por lo fatal del océano,
por la profundidad de las aguas besadas.
Tú eres la que se desnuda para que el verano tenga vientos propicios,
la que canta amartillando su corazón como el cielo que piensa la tormenta,
y en ti el trópico guarda lluvia y pantanos,
panteras que me acechan tras la liana de un gesto.
Eres el ademán de una selva con luna,
calor cuyos acordes de brillo me salpican,
soltura de una nube que casi dice al viento que la sueñe,
que le bese su forma de ángel que no nace.
Y yo he descubierto la espada que tu indolencia emplea,
esa mirada súbita que recuerda a los puertos,
esa sonrisa que de pronto se oscurece por el peso de un animal poderoso,
ese corazón arreglando sus nubes.
¿Qué locura detiene su estribillo de astros en la mirada triste?
Sólo tu cuerpo puede iluminar la noche,
sangrar por los cuatro costados de la oscuridad que pregunta,
sólo tu piel con intención de océano.
Eres la que se tiende en el mediodía silbante del bosque,
eres la que empuña los remos del poniente,
eres el corazón que devoran los puertos.
Es tu piel donde la noche viene a extender sus mapas,
es tu piel donde el mar brilla como unos labios.
-JOSÉ CARLOS BECERRA -
lunes, 29 de octubre de 2012
Sin razón III
Entrar y salir de un sueño al ritmo de Alina de Arvo Pärt.
Soñar que el sueño es sueño y no pesadilla.
Desear que los nudos en la garganta
y el estómago
y el corazón
y la fe
se deshagan al despertar.
Anhelar que la vigilia diga entre susurros que no es verdad, que el sueño mentía, que sólo hacía una broma de pésimo gusto.
Querer que la voz rastrera en el teléfono se convierta en canto de pájaros, en susurro de árboles a mitad del bosque.
Rogar a los cielos, al universo, al Dios Todopoderoso que la sangre de aquel de dónde vengo no se derrame, que su carne no se mancille, que su espíritu no se doblegue.
Soportar con alma estóica la pesadumbre de la decepción, del abandono de dos de los que debían ser pilares y se convirtieron en la más dolorosa soledad.
Contener el agua dentro de los ojos, luchar por no permitir ni una grieta más, sellar las existentes con tierra, sangre y saliva.
Limpiar el lodo que todo lo cubre.
Mantener a raya la ansiedad
y el miedo
y el temblor de manos y piernas.
Mentir.
Decir que todo está bien
y sonreír.
Necesitar que Pahuatlán sea de nuevo un lindo recuerdo de infancia, una reminiscencia de cuentos y novelas entrañables.
Pero, sobre todo
olvidar
recuperar
perder el miedo a soñar de nuevo.
Soñar que el sueño es sueño y no pesadilla.
Desear que los nudos en la garganta
y el estómago
y el corazón
y la fe
se deshagan al despertar.
Anhelar que la vigilia diga entre susurros que no es verdad, que el sueño mentía, que sólo hacía una broma de pésimo gusto.
Querer que la voz rastrera en el teléfono se convierta en canto de pájaros, en susurro de árboles a mitad del bosque.
Rogar a los cielos, al universo, al Dios Todopoderoso que la sangre de aquel de dónde vengo no se derrame, que su carne no se mancille, que su espíritu no se doblegue.
Soportar con alma estóica la pesadumbre de la decepción, del abandono de dos de los que debían ser pilares y se convirtieron en la más dolorosa soledad.
Contener el agua dentro de los ojos, luchar por no permitir ni una grieta más, sellar las existentes con tierra, sangre y saliva.
Limpiar el lodo que todo lo cubre.
Mantener a raya la ansiedad
y el miedo
y el temblor de manos y piernas.
Mentir.
Decir que todo está bien
y sonreír.
Necesitar que Pahuatlán sea de nuevo un lindo recuerdo de infancia, una reminiscencia de cuentos y novelas entrañables.
Pero, sobre todo
olvidar
recuperar
perder el miedo a soñar de nuevo.
lunes, 23 de abril de 2012
Rocío...
Cuando era niña odiaba mi nombre. Las niñas del pueblo se llamaban Juana, María, Enriqueta, Gabriela, Silvia, Rosa, Josefina. Anabel era algo extraño, algo distinto, algo que sonaba como a caricatura, como a Sandybell o algo por el estilo. Anabel no estaba en el calendario de Galván que mi abuelita compraba religiosamente cada enero, en ese librito estaban escritos todos los nombres del santoral; así, cada niño que nacía debía llevar el nombre del santo que se festejaba ese día. Un año sí y otro también lo leía completo con la esperanza de que ocurriera una especie de milagro y de pronto mi nombre apareciera en alguna de sus páginas, otorgándome además de la sensación de que mi nombre no había salido de una caricatura, la bendición de tener "un día de mi santo". Todos tenían uno menos yo.
Mis papás me contaban que antes de decidir ponerme Anabel, les gustaba el nombre de Rocío. Rocío Cerón Cortés, repetía en un cuaderno viejo en el que jugaba a hacer planas (como en la escuela) con ese nombre que se festejaba el once de abril.
Los años me regalaron la reconciliación con mi nombre, no sin una buena dosis de frustración a lo largo del camino, sobre todo en la adolescencia. La adultez me enseñó que tener un nombre poco común no es tan malo como siempre creí, y que muchas más personas en el mundo se llaman Anabel además de mí, como siempre dudé. He tenido la oportunidad de conocer a varias tocayas, mujeres extraordinarias y bellas que llevan nuestro nombre con gran porte y dignidad. Hoy sé que Anabel proviene de Anna y Bella, del hebreo y del latín que fusionados consiguen un hermoso significado "La bella llena de gracia", o algo así.
Curiosamente hoy me volví a encontrar con Rocío, con Rocío Cerón. Con una Rocío Cerón escritora, poeta, artista. Con una Rocío Cerón que hace lo que, tarde descubrí, me habría gustado hacer. Me ha resultado dolorosa la coincidencia. Dice mi hermana Vianey que el universo es sabio, que pone a cada quien en el lugar que le corresponde. Tal vez tenga razón y por eso no me llamé Rocío. Tal vez dos Rocíos escritoras, poetizas y artistas habrían sido demasiadas. Tal vez por eso me llamé Anabel, porque no sería ni una ni la otra ni la otra, ni Rocío ni escritora ni poetiza ni artista.
Mis papás me contaban que antes de decidir ponerme Anabel, les gustaba el nombre de Rocío. Rocío Cerón Cortés, repetía en un cuaderno viejo en el que jugaba a hacer planas (como en la escuela) con ese nombre que se festejaba el once de abril.
Los años me regalaron la reconciliación con mi nombre, no sin una buena dosis de frustración a lo largo del camino, sobre todo en la adolescencia. La adultez me enseñó que tener un nombre poco común no es tan malo como siempre creí, y que muchas más personas en el mundo se llaman Anabel además de mí, como siempre dudé. He tenido la oportunidad de conocer a varias tocayas, mujeres extraordinarias y bellas que llevan nuestro nombre con gran porte y dignidad. Hoy sé que Anabel proviene de Anna y Bella, del hebreo y del latín que fusionados consiguen un hermoso significado "La bella llena de gracia", o algo así.
Curiosamente hoy me volví a encontrar con Rocío, con Rocío Cerón. Con una Rocío Cerón escritora, poeta, artista. Con una Rocío Cerón que hace lo que, tarde descubrí, me habría gustado hacer. Me ha resultado dolorosa la coincidencia. Dice mi hermana Vianey que el universo es sabio, que pone a cada quien en el lugar que le corresponde. Tal vez tenga razón y por eso no me llamé Rocío. Tal vez dos Rocíos escritoras, poetizas y artistas habrían sido demasiadas. Tal vez por eso me llamé Anabel, porque no sería ni una ni la otra ni la otra, ni Rocío ni escritora ni poetiza ni artista.
lunes, 25 de julio de 2011
En el espejo
Dicen por ahí que hay que tener cuidado con lo que se desea, no vaya a ser que se nos haga realidad.
Este día en particular he deseado poderme ver en el espejo que refleja la imagen que los demás ven de mí. Y es que me vendría bien poder reconocer las virtudes que otros ven de mí pero que no soy capaz de encontrarme, y por otro lado quisiera ver que mis faltas no son tan graves como las veo.
Tal vez lo que quiero no es necesariamente verme como me ven los demás, sino aprender a verme con ojos de justicia.
jueves, 16 de septiembre de 2010
México lindo y querido
Personalmente me esperaría al 27 de septiembre del 2021 para celebrar el Bicentenario de la Independencia de México, pero dicen que todo viaje comienza por el primer paso y se supone que anoche, hace doscientos años los mexicanos lo dimos.
Y aquí estamos, doscientos años después gritando: "¡Viva México!", "¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!". Y después ¿Qué?
A seguir la vida, supongo. A vivir a todo pulmón en este México lindo y querido que ha estado rodeado por intereses individuales que nos han llevado a la desunión y a la falta de consideración para con el próximo.
Celebro que haya vuelto a nuestras escuelas la clase de "Civismo", esa que no debió desaparecer nunca porque gracias a ella aprendemos a verdaderamente amar a nuestra patria, dando lo mejor de nosotros mismos y anteponiendo los intereses de la comunidad por encima de los personales; esa clase donde aprendimos a ser respetuosos de las autoridades porque son autoridades para darnos una estructura civilizada en la cual podamos desenvolvernos mejor y podamos desarrollar nuestro potencial.
Veo con tristeza que después de doscientos años, los mexicanos no hemos aprendido a luchar por lo que verdaderamente representa un bien para todos; que preferimos la comodidad inmediata aunque no sea duradera, por encima de cualquier sacrificio que nos lleve a un verdadero crecimiento.
Y es una pena que siendo un país tan grande y con tantas ventajas que no se dan en otras partes del mundo, estemos luchando por salir de aquí a cualquier costo porque la calidad de vida puede ser tan miserable como lo era para aquellos que iniciaron el movimiento independentista o para aquellos que iniciaron la revolución.
Se que es complicado para los mexicanos que sí deseamos de corazón que este sea un país donde todos tengamos oportunidades de crecimiento y de trabajo honesto y bien remunerado, porque es nadar contra la corriente, es encontrarnos con muchos mexicanos flojos, aprovechados y trinqueteros que hacen lo que se les da la gana con tal de llevar al pie de la letra la ley del mínimo esfuerzo.
Y no, no estoy en contra de buscar formas que nos den más por menos, eso se llama optimizar recursos y creo que es muy positivo en todos los sentidos, en lo que estoy en total desacuerdo es cuando esa ley del mínimo esfuerzo sirve para pisotear los derechos de otros compatriotas que se parten el alma para darle de comer a su familia y una calidad de vida más o menos decente.
¿Hasta cuándo vamos a darnos cuenta de que el bien común es directamente proporcional a nuestro bien personal?
Recordemos lo que Ramón López Velarde escribió con mucho tino en su poema "Suave Patria": "la Patria es impecable y diamantina". Somos nosotros con nuestro proceder, los que la manchamos y la tiramos al suelo a rodar como si fuera un pedazo de carbón que no vale nada.
Quiero pensar que es cierto que el eterno destino de México, por el dedo de Dios se escribió, y que no es sólo una frase conmovedora dentro de las estrofas de un Himno Nacional que cantamos con mucho orgullo el día que un compatriota gana algo en algún evento internacional o cuando es 16 de septiembre, 20 de noviembre o 5 de mayo.
Porque si es cierto que el destino de México ha sido escrito por Dios mismo, entonces podremos guardar esperanzas de que algún día, esos soldados que en cada hijo el cielo le dio, se levantarán para luchar por su patria con sus mejores armas: la buena voluntad, el trabajo para todos, la honestidad y la rectitud.
Y ojalá que no pasen otros doscientos años para verlo...
Y aquí estamos, doscientos años después gritando: "¡Viva México!", "¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!". Y después ¿Qué?
A seguir la vida, supongo. A vivir a todo pulmón en este México lindo y querido que ha estado rodeado por intereses individuales que nos han llevado a la desunión y a la falta de consideración para con el próximo.
Celebro que haya vuelto a nuestras escuelas la clase de "Civismo", esa que no debió desaparecer nunca porque gracias a ella aprendemos a verdaderamente amar a nuestra patria, dando lo mejor de nosotros mismos y anteponiendo los intereses de la comunidad por encima de los personales; esa clase donde aprendimos a ser respetuosos de las autoridades porque son autoridades para darnos una estructura civilizada en la cual podamos desenvolvernos mejor y podamos desarrollar nuestro potencial.
Veo con tristeza que después de doscientos años, los mexicanos no hemos aprendido a luchar por lo que verdaderamente representa un bien para todos; que preferimos la comodidad inmediata aunque no sea duradera, por encima de cualquier sacrificio que nos lleve a un verdadero crecimiento.
Y es una pena que siendo un país tan grande y con tantas ventajas que no se dan en otras partes del mundo, estemos luchando por salir de aquí a cualquier costo porque la calidad de vida puede ser tan miserable como lo era para aquellos que iniciaron el movimiento independentista o para aquellos que iniciaron la revolución.
Se que es complicado para los mexicanos que sí deseamos de corazón que este sea un país donde todos tengamos oportunidades de crecimiento y de trabajo honesto y bien remunerado, porque es nadar contra la corriente, es encontrarnos con muchos mexicanos flojos, aprovechados y trinqueteros que hacen lo que se les da la gana con tal de llevar al pie de la letra la ley del mínimo esfuerzo.
Y no, no estoy en contra de buscar formas que nos den más por menos, eso se llama optimizar recursos y creo que es muy positivo en todos los sentidos, en lo que estoy en total desacuerdo es cuando esa ley del mínimo esfuerzo sirve para pisotear los derechos de otros compatriotas que se parten el alma para darle de comer a su familia y una calidad de vida más o menos decente.
¿Hasta cuándo vamos a darnos cuenta de que el bien común es directamente proporcional a nuestro bien personal?
Recordemos lo que Ramón López Velarde escribió con mucho tino en su poema "Suave Patria": "la Patria es impecable y diamantina". Somos nosotros con nuestro proceder, los que la manchamos y la tiramos al suelo a rodar como si fuera un pedazo de carbón que no vale nada.
Quiero pensar que es cierto que el eterno destino de México, por el dedo de Dios se escribió, y que no es sólo una frase conmovedora dentro de las estrofas de un Himno Nacional que cantamos con mucho orgullo el día que un compatriota gana algo en algún evento internacional o cuando es 16 de septiembre, 20 de noviembre o 5 de mayo.
Porque si es cierto que el destino de México ha sido escrito por Dios mismo, entonces podremos guardar esperanzas de que algún día, esos soldados que en cada hijo el cielo le dio, se levantarán para luchar por su patria con sus mejores armas: la buena voluntad, el trabajo para todos, la honestidad y la rectitud.
Y ojalá que no pasen otros doscientos años para verlo...
¡Que viva México! Y sus mexicanos también...
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Sueños
martes, 6 de julio de 2010
Alemania y los mundiales
Mucha gente me ha preguntado a lo largo de los años por qué le voy a Alemania en los mundiales de fútbol si soy mexicana.
Bueno, creo que mucho tiene que ver, en primera instancia, la influencia de mi papá, quien ha sido un fiel seguidor de Alemania en el fútbol desde que tengo uso de razón.
¿Por qué?
Porque la selección alemana de fútbol se ha caracterizado a través del tiempo por ser un equipo disciplinado, inteligente, organizado y con una estabilidad mental como pocos equipos pueden presumir.
Lo que más me gusta es su presencia constante en las líneas que luchan por los primeros lugares de los eventos en los que participan; prueba irrefutable de que la dedicación, la concentración y el trabajo en equipo (entre otras cosas) son elementos indispensables para alcanzar muchas metas en la vida. Pienso que son un buen ejemplo a seguir.
Por mi cuenta los empecé a seguir en el mundial del 86 y sufrí y lloré cuando perdieron aquella final contra Argentina y Diego A. Maradona.
En el 90 me regodeé en su triunfo contra Argentina y después del corajón que hice en el 86, este campeonato me supo a gloria.
En el 94 y 98 los seguí hasta los cuartos de final, con la esperanza de que para el siguiente mundial llegaran más lejos y lo hicieron en el 2002 cuando quedaron otra vez como subcampeones.
Recuerdo que en el 2006 llegaron hasta las semi pero no pudieron pasar sobre Italia así que se tuvieron que conformar con el nada despreciable 3er. puesto.
Hoy Alemania la tiene complicada porque va contra una España que ha venido de menos a más y si lograra ganarle, iría contra una "Naranja Mecánica" que lleva invicta 2 años.
Por mi parte, mis muchachitos (como les digo porque son chavos en su mayoría) ya hicieron su trabajo este mundial al echar fuera a Argentina con Diego A. Maradona ¡Y de qué manera! ¡Con 4 golecitos nada más!, así que me quedaré contenta pase lo que pase con ellos de aquí en adelante.
Desde mi perspectiva, la selección alemana es digna de reconocimiento porque ha venido de un país aniquilado (2 veces) y dividido por más de 45 años en el siglo que hace poco terminó. Creo que la situación económica, política y social de Alemania no ha sido muy favorecedora, sin embargo siempre ha procurado tener un equipo de primer nivel que se muere en la raya por defender la camiseta del país al que representa.
Algo digno de admiración sin duda.
Bueno, creo que mucho tiene que ver, en primera instancia, la influencia de mi papá, quien ha sido un fiel seguidor de Alemania en el fútbol desde que tengo uso de razón.
¿Por qué?
Porque la selección alemana de fútbol se ha caracterizado a través del tiempo por ser un equipo disciplinado, inteligente, organizado y con una estabilidad mental como pocos equipos pueden presumir.
Lo que más me gusta es su presencia constante en las líneas que luchan por los primeros lugares de los eventos en los que participan; prueba irrefutable de que la dedicación, la concentración y el trabajo en equipo (entre otras cosas) son elementos indispensables para alcanzar muchas metas en la vida. Pienso que son un buen ejemplo a seguir.
Por mi cuenta los empecé a seguir en el mundial del 86 y sufrí y lloré cuando perdieron aquella final contra Argentina y Diego A. Maradona.
En el 90 me regodeé en su triunfo contra Argentina y después del corajón que hice en el 86, este campeonato me supo a gloria.
En el 94 y 98 los seguí hasta los cuartos de final, con la esperanza de que para el siguiente mundial llegaran más lejos y lo hicieron en el 2002 cuando quedaron otra vez como subcampeones.
Recuerdo que en el 2006 llegaron hasta las semi pero no pudieron pasar sobre Italia así que se tuvieron que conformar con el nada despreciable 3er. puesto.
Hoy Alemania la tiene complicada porque va contra una España que ha venido de menos a más y si lograra ganarle, iría contra una "Naranja Mecánica" que lleva invicta 2 años.
Por mi parte, mis muchachitos (como les digo porque son chavos en su mayoría) ya hicieron su trabajo este mundial al echar fuera a Argentina con Diego A. Maradona ¡Y de qué manera! ¡Con 4 golecitos nada más!, así que me quedaré contenta pase lo que pase con ellos de aquí en adelante.
Desde mi perspectiva, la selección alemana es digna de reconocimiento porque ha venido de un país aniquilado (2 veces) y dividido por más de 45 años en el siglo que hace poco terminó. Creo que la situación económica, política y social de Alemania no ha sido muy favorecedora, sin embargo siempre ha procurado tener un equipo de primer nivel que se muere en la raya por defender la camiseta del país al que representa.
Algo digno de admiración sin duda.
¡Vamos mis muchachitos,
la copa Sudáfrica 2010
los espera! =D
la copa Sudáfrica 2010
los espera! =D
domingo, 9 de mayo de 2010
Sting y la noche de la magia
En mi vida hay, generalmente, pocos momentos de explosión, pocas oportunidades de que la adrenalina se me manifieste con esa intensidad estremecedora que hace falta, a veces, para ponerle sazón a la existencia. Ayer por la noche tuve un derrame de todo ello, ayer noche volví a ser testigo del milagro de las rolas de Sting en mi vida... ayer noche más que nunca.
El telón de fondo fue muy distinto a cualquiera anterior. He estado presente en cada uno de los conciertos de cada una de las giras que ha traido al músico de Newcastle a México: en 1991 con el Soul Cages, en 1994 con el Ten Summoner's Tales, en 2001 con el Brand New Day, en 2004 con el Sacred Love y en 2007 con el tour de reencuentro con The Police. Cada uno tuvo en su momento un impacto fuerte en mí, cada uno me trae recuerdos de momentos distintos de mi vida, de etapas dolorosas y felices, pero siempre en el clásico ambiente de fiesta de los conciertos masivos... en el Auditorio Nacional, en el Palacio de los Deportes, en el Foro Sol. Ayer noche todo fue distinto. El escenario fue un claustro maravillosamente engalanado, lleno de una extraña mezcla de individuos de la alta sociedad con fans de cepa con "artistas" de la farándula mexicana con gente que quién sabe por qué estaba ahí si no conocía más que una o dos de las maravillas musicales de Sting. Evidentemente para muchos fue una oportunidad de ver y dejarse ver, de caminar por la alfombra roja y aparecer luego en las revistas del corazón como personas altruistas y "comprometidas" con la causa de la educación en México. Mi naturaleza simple y la condición clasemediera de los últimos veinte años de mi vida me habían impedido verme en un ambiente similar en el pasado, digamos que fue la primera vez que estuve en un mismo lugar tanta "gente bonita", en un ambiente tan distinto y tan distante a lo que es mi vida cotidiana.
Siempre he dicho que las canciones de Sting y de The Police son como mi casa y ayer noche en eso consistió la magia: en corroborarlo, en darme cuenta de cómo en cuanto sonó el primer acorde de If I ever lose my faith in you todo lo distinto y lo distante se convirtió en territorio conocido, confortable y amado. La magia empezó a fluír, mi cuerpo a moverse, mi garganta a desgarrarse y mis pies, ampulados por los tacones necesarios para la ocasión y por las horas de espera en pie, a no sentir nada que no fuera una necesidad imperiosa de pegar de brincos. Una mezcla equilibrada de canciones de Police y de Sting en solitario me fue llevando de la mano por lugares, momentos y personas de mi vida, por euforias y felicidades, por mis amores y desamores. A diez metros de distancia pude ver que su rostro muestra las señales (que hace treinta meses no estaban ahí tan descaradamente) de unos sesenta años que se le acercan cada vez más y el bajo café descascarado que le acompaña desde hace tanta vida. El colofón de Roxanne me regaló el momento apoteósico de la noche, la piel de gallina y las ganas desesperadas de llorar mientras no podía parar de saltar con las manos en alto; Wrapped around your finger, Tea in the Sahara, The shape of my heart y Fields of gold me regalaron una deliciosa calma melódica y atiborrada de recuerdos; Every breath you take y King of pain, mis dos más grandes amores musicales "policiacos", fueron pura felicidad. Esos momentos hacen que valga la pena pagar el precio de cualquier boleto.
Cuando Fragile cerró la noche, las manos me dolieron de aplaudir, mis pies retomaron la conciencia de sus ampollas y del dolor por el atrevimiento de haber brincado dos horas con los zapatos inadecuados, mi garganta estaba seca, mis ojitos llenos de lágrimas felices y mi corazón eufórico. El camino al auto fue tortuoso, tanto que lo terminé descalsa. El regreso a casa fue en medio de ese silencio necesario para asimilar una experiencia musical que espero con toda el alma, se repita algún día.
El telón de fondo fue muy distinto a cualquiera anterior. He estado presente en cada uno de los conciertos de cada una de las giras que ha traido al músico de Newcastle a México: en 1991 con el Soul Cages, en 1994 con el Ten Summoner's Tales, en 2001 con el Brand New Day, en 2004 con el Sacred Love y en 2007 con el tour de reencuentro con The Police. Cada uno tuvo en su momento un impacto fuerte en mí, cada uno me trae recuerdos de momentos distintos de mi vida, de etapas dolorosas y felices, pero siempre en el clásico ambiente de fiesta de los conciertos masivos... en el Auditorio Nacional, en el Palacio de los Deportes, en el Foro Sol. Ayer noche todo fue distinto. El escenario fue un claustro maravillosamente engalanado, lleno de una extraña mezcla de individuos de la alta sociedad con fans de cepa con "artistas" de la farándula mexicana con gente que quién sabe por qué estaba ahí si no conocía más que una o dos de las maravillas musicales de Sting. Evidentemente para muchos fue una oportunidad de ver y dejarse ver, de caminar por la alfombra roja y aparecer luego en las revistas del corazón como personas altruistas y "comprometidas" con la causa de la educación en México. Mi naturaleza simple y la condición clasemediera de los últimos veinte años de mi vida me habían impedido verme en un ambiente similar en el pasado, digamos que fue la primera vez que estuve en un mismo lugar tanta "gente bonita", en un ambiente tan distinto y tan distante a lo que es mi vida cotidiana.
Siempre he dicho que las canciones de Sting y de The Police son como mi casa y ayer noche en eso consistió la magia: en corroborarlo, en darme cuenta de cómo en cuanto sonó el primer acorde de If I ever lose my faith in you todo lo distinto y lo distante se convirtió en territorio conocido, confortable y amado. La magia empezó a fluír, mi cuerpo a moverse, mi garganta a desgarrarse y mis pies, ampulados por los tacones necesarios para la ocasión y por las horas de espera en pie, a no sentir nada que no fuera una necesidad imperiosa de pegar de brincos. Una mezcla equilibrada de canciones de Police y de Sting en solitario me fue llevando de la mano por lugares, momentos y personas de mi vida, por euforias y felicidades, por mis amores y desamores. A diez metros de distancia pude ver que su rostro muestra las señales (que hace treinta meses no estaban ahí tan descaradamente) de unos sesenta años que se le acercan cada vez más y el bajo café descascarado que le acompaña desde hace tanta vida. El colofón de Roxanne me regaló el momento apoteósico de la noche, la piel de gallina y las ganas desesperadas de llorar mientras no podía parar de saltar con las manos en alto; Wrapped around your finger, Tea in the Sahara, The shape of my heart y Fields of gold me regalaron una deliciosa calma melódica y atiborrada de recuerdos; Every breath you take y King of pain, mis dos más grandes amores musicales "policiacos", fueron pura felicidad. Esos momentos hacen que valga la pena pagar el precio de cualquier boleto.
Cuando Fragile cerró la noche, las manos me dolieron de aplaudir, mis pies retomaron la conciencia de sus ampollas y del dolor por el atrevimiento de haber brincado dos horas con los zapatos inadecuados, mi garganta estaba seca, mis ojitos llenos de lágrimas felices y mi corazón eufórico. El camino al auto fue tortuoso, tanto que lo terminé descalsa. El regreso a casa fue en medio de ese silencio necesario para asimilar una experiencia musical que espero con toda el alma, se repita algún día.
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jueves, 31 de diciembre de 2009
Los abandonados
"¡Cómo me dan pena las abandonadas,
que amaron creyendo ser también amadas,
y van por la vida llorando un cariño,
recordando un hombre y arrastrando un niño!..."
Recuerdo que así rezaba el poema de Julio Sexto que mi madre solía escuchar en la voz de Manuel Bernal cuando yo era niña.
Mi marido dice que en mi familia somos tirados al drama porque nuestra vida ha sido material digno de una película de Emilio el Indio Fernández, protagonizada por una Dolores del Río, una Marga López o una Libertad Lamarque en compañía de alguno de los hermanos Soler o de Joaquín Pardavé.
Sí, seguramente por eso me dan pena las abandonadas... y los abandonados también.
Muchas veces me he sentado a pensar en cuál es la verdadera razón por la que vengo aquí a vaciar el sentimiento, la reflexión, el dolor, la alegría, el coraje, la desolación, la emoción y todas las cosas de las que suelo hablar.
Aquí casi nadie me conoce y por esa razón creo que no siempre tienen sentido mis palabras más que para mí misma, para la amiga con la que comparto este espacio y para una o dos amigas que sé que de vez en cuando vienen a leer.
¿Compartir? Durante algún tiempo pensé que este espacio servía para compartir pero, ¿realmente tengo algo qué compartir?
La verdad es que no lo sé. Hablo porque tengo algo qué decir y creo que a estas alturas de la vida no necesito justificación para hacerlo. Simplemente ahí está para el que quiera tomar algo si le sirve y lo que no, pues que lo pase de largo.
De repente miro mis propios proyectos y veo que en algún momento los he abandonado. Casi siempre porque siento que no tiene caso seguir adelante con sueños que a nadie le importan.
En el recuento de lo que hice durante el 2009 me encuentro con que dejé pasar mucho tiempo antes de venir a dejar alguna entrada en este espacio. Siempre tengo algo qué decir, pero a veces no tengo tiempo, a veces no tengo ánimo y en ocasiones no tengo seso para expresar correctamente las ideas.
En fin... ¡Qué importa si lo que digo son tonterías o cosas sin sentido! Para mí, expresar lo que siento es comolanzar al viento la voz de la persona que vive aquí adentro y que es más que una hija, una esposa, una madre, una amiga o una trabajadora.
Que no sea yo, la primera en abandonar mis sueños.
que amaron creyendo ser también amadas,
y van por la vida llorando un cariño,
recordando un hombre y arrastrando un niño!..."
Recuerdo que así rezaba el poema de Julio Sexto que mi madre solía escuchar en la voz de Manuel Bernal cuando yo era niña.
Mi marido dice que en mi familia somos tirados al drama porque nuestra vida ha sido material digno de una película de Emilio el Indio Fernández, protagonizada por una Dolores del Río, una Marga López o una Libertad Lamarque en compañía de alguno de los hermanos Soler o de Joaquín Pardavé.
Sí, seguramente por eso me dan pena las abandonadas... y los abandonados también.
Muchas veces me he sentado a pensar en cuál es la verdadera razón por la que vengo aquí a vaciar el sentimiento, la reflexión, el dolor, la alegría, el coraje, la desolación, la emoción y todas las cosas de las que suelo hablar.
Aquí casi nadie me conoce y por esa razón creo que no siempre tienen sentido mis palabras más que para mí misma, para la amiga con la que comparto este espacio y para una o dos amigas que sé que de vez en cuando vienen a leer.
¿Compartir? Durante algún tiempo pensé que este espacio servía para compartir pero, ¿realmente tengo algo qué compartir?
La verdad es que no lo sé. Hablo porque tengo algo qué decir y creo que a estas alturas de la vida no necesito justificación para hacerlo. Simplemente ahí está para el que quiera tomar algo si le sirve y lo que no, pues que lo pase de largo.
De repente miro mis propios proyectos y veo que en algún momento los he abandonado. Casi siempre porque siento que no tiene caso seguir adelante con sueños que a nadie le importan.
En el recuento de lo que hice durante el 2009 me encuentro con que dejé pasar mucho tiempo antes de venir a dejar alguna entrada en este espacio. Siempre tengo algo qué decir, pero a veces no tengo tiempo, a veces no tengo ánimo y en ocasiones no tengo seso para expresar correctamente las ideas.
En fin... ¡Qué importa si lo que digo son tonterías o cosas sin sentido! Para mí, expresar lo que siento es comolanzar al viento la voz de la persona que vive aquí adentro y que es más que una hija, una esposa, una madre, una amiga o una trabajadora.
Que no sea yo, la primera en abandonar mis sueños.
jueves, 30 de julio de 2009
Sueño húmedo
Me miras de frente, desde tu camisa roja, con tus ojos de niño que esconden los del hombre desalmado que el tiempo me enseñaría, eres en realidad; me hablas, sonríes, miro las arruguitas que se forman al rededor de tus ojos (esas que tanto me gustaron siempre). Mi corazón presiente su propia explosión si continúa latiendo a esa velocidad pero no sabe cómo revertir el efecto que causas en él. Finalmente sucede, me besas, y el vientre me explota junto con mis arterias y mis neuronas y mi entrepierna. Intensidad roja. Orgasmo inevitable.
Suena el despertador y todo se vuelve blanco. Hace decenas de meses que no soñaba contigo. ¿Por qué volviste?
Suena el despertador y todo se vuelve blanco. Hace decenas de meses que no soñaba contigo. ¿Por qué volviste?
viernes, 29 de mayo de 2009
La última y nos vamos
Como seguramente mucha gente en el mundo, yo conocí a mi hoy marido en el trabajo.
Recuerdo que fue hace casi 11 años cuando entré a la compañía a sustituir a una chica (mi mejor amiga) porque se iba a vivir a Italia por un tiempo.
Mi amiga no sólo me heredó el trabajo con sus responsabilidades y beneficios, también me heredó a su grupo de amigos entre los cuales estaba quien se convertiría en el hombre de mi vida.
Escribir sobre esa historia es largo así que me limitaré a decir que hoy se cierra un ciclo en nuestra vida sentimental porque ha llegado el momento de despedirnos del lugar que vio nacer nuestro amor.
Yo me fui de la empresa cuando nació nuestro segundo hijo hace poco más de 6 años, pero no me fui del todo porque estando él ahí, de alguna manera yo seguía presente. Asistía a todos los eventos de la compañía (pic nics, "open house", posadas, "halloween" y lo que se presentara) y de cuando en cuando lo acompañaba a comer después de recoger a los niños de la escuela.
Con el pasar de los años, mucha gente se fue y otra nueva llegó pero a pesar de los cambios, siempre encontré una cara amable y en algunos casos hasta una sonrisa, un apretón de manos o incluso un abrazo.
No puedo decir que nunca más recorreré esos rincones amados donde mi marido fumaba y yo lo acompañaba, pero sé que las probabilidades de estar ahí ya son muy escasas.
Por mucho que se amen las rutinas que nos dan seguridad, no podemos quedarnos anclados a nada ni a nadie. El amor por la camiseta existe y siempre existirá, además del agradecimiento porque todo lo que hemos hecho ha sido gracias al trabajo que ahí tuvimos.
Fuimos tocados por mucha gente a lo largo de todos estos años y eso es algo que por lo menos nosotros, no somos capaces de olvidar ni mucho menos de dejar de agradecer.
Hoy nos echamos la última antes de irnos a buscar nuevos horizontes y a vivir nuevos momentos en otra parte con otros retos, otras personas y otras ilusiones.
Hoy cerramos un ciclo que fue muy hermoso y al que recordaremos siempre con mucho cariño.
¡Gracias Bill H., gracias Dave P.!
viernes, 9 de enero de 2009
New York, New York
Hace exactamente un año volaba hacia mi encuentro contigo y tu magia, la que posees por ti misma y la que yo te regalé en mis fantasías y en mis ansias de muchos años por desentrañarte los secretos.
El cumplimiento de un sueño siempre deja huellas profundas. Caminarte, respirarte, sentir tu pulso y tu diversidad fue uno de los más añejos y profundos; el que ahora mismo escriba sobre ello, a un año de distancia, es prueba irrefutable; el que desee volverte a conocer con los árboles llenos de hojas verdes o amarillas, es la segunda parte del sueño y de la magia de tu huella en mí.
Quedan el recuerdo y la promesa. El primero, de lo vivido; la segunda, de volverlo a vivir.
El cumplimiento de un sueño siempre deja huellas profundas. Caminarte, respirarte, sentir tu pulso y tu diversidad fue uno de los más añejos y profundos; el que ahora mismo escriba sobre ello, a un año de distancia, es prueba irrefutable; el que desee volverte a conocer con los árboles llenos de hojas verdes o amarillas, es la segunda parte del sueño y de la magia de tu huella en mí.
Quedan el recuerdo y la promesa. El primero, de lo vivido; la segunda, de volverlo a vivir.
martes, 8 de enero de 2008
Uno a uno
Poco a poco, uno a uno se van cumpliendo los sueños, los de verdad, los de ojos abiertos. Mañana comienza uno más. Aún quedan cientos pero también, espero, cientos de días con sus noches para hacerlos realidad.
lunes, 5 de noviembre de 2007
... y otro que termina.
Si el sueño se termina… ¿qué queda? A veces los recuerdos, otras, las heridas; a veces los secretos de aquellos inconfesables de tan estúpidos o de tan prohibidos; a veces la retórica intentando convencerme de que no vale la pena soñar porque eso es de inmaduros e idealistas. En el mejor de los casos no queda nada.
Hace poco perdí un sueño, le di fin porque perdió el sustento que lo hacía alcanzable aunque en realidad jamás lo haya sido. Duele comprender cuando un sueño querido se vuelve una utopía que no hará más que causar dolor al intentar alcanzarle. Cuando duele se convierte en pesadilla y las pesadillas me causan terror, las de la noche pero más las del día, esas que no se acaban cuando abro los ojos y no quise que ese bello sueño tuviera tan trágico final, preferí despertar antes aunque el precio sea el mismo dolor del que intento alejarme.
Finalmente los sueños son como las esperanzas, unos mueren pero otros nacen al mismo tiempo. Mi sueño de hoy es más alcanzable, menos ilógico y no puedo asegurar que sea mejor pero por lo menos no supone lágrimas, y eso… eso a estas alturas de mi vida, es una renta enorme.
Hace poco perdí un sueño, le di fin porque perdió el sustento que lo hacía alcanzable aunque en realidad jamás lo haya sido. Duele comprender cuando un sueño querido se vuelve una utopía que no hará más que causar dolor al intentar alcanzarle. Cuando duele se convierte en pesadilla y las pesadillas me causan terror, las de la noche pero más las del día, esas que no se acaban cuando abro los ojos y no quise que ese bello sueño tuviera tan trágico final, preferí despertar antes aunque el precio sea el mismo dolor del que intento alejarme.
Finalmente los sueños son como las esperanzas, unos mueren pero otros nacen al mismo tiempo. Mi sueño de hoy es más alcanzable, menos ilógico y no puedo asegurar que sea mejor pero por lo menos no supone lágrimas, y eso… eso a estas alturas de mi vida, es una renta enorme.
Un sueño nuevo

La vida da a veces oportunidades espectaculares sin que uno se lo espere, a veces te pone en el camino seres especiales cuando todo parece indicar que los círculos más fraternos están cerrados y que en el corazón no queda sitio para nadie mas que para aquellos que comparten contigo el día a día, la sangre que te corre por las venas, la mesa y el aire que respiras. Sin embargo, existe siempre la posibilidad de encontrar a alguien que comparte tu visión del mundo, tus fantasías y sueños más descabellados, alguien con quien convivir a la distancia, alguien con quien compartir cada momento bueno o malo y, cosa rara en mi caso, el nombre.
Por ello es que estoy aquí, iniciando un sueño nuevo, un proceso de vaciar el alma a través de las letras en compañía de Anabell, una que no soy yo pero que me conoce, me acepta y me ha dado la oportunidad de caminar el sendero de la amistad a su lado.
Gracias tocaya y bienvenida... ¡comencemos a mojar la tierra!
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