
jueves, 3 de enero de 2013
La Teoría de la Felicidad

lunes, 24 de octubre de 2011
Cambiando paradigmas
sábado, 8 de octubre de 2011
Los prietitos en el arroz o los acuerdos que nunca llegaron
jueves, 6 de octubre de 2011
Si amas lo que haces...
Un abrazo con aprecio.
sábado, 1 de octubre de 2011
La opinión que importa
Para evitar los comentarios, siempre procuré tenerlo corto y cuando decidí tenerlo largo, hice lo posible por traerlo agarrado con broches y cientos de pasadores. Una vez que logré tenerlo largo de nuevo, no volví a dejar que me lo cortaran más que de las puntitas para darle forma. Mi papá decía que ir a la estética era tirar el dinero a la basura.
Supongo que lo mejor que puedo hacer es que, ahora que he visto la luz del otro lado del túnel, dejar que él descubra eventualmente lo que esto significa... con un poco de suerte, se dará cuenta antes de llegar a los cuarenta; tal como me pasó a mí.lunes, 26 de septiembre de 2011
Disfrutar no resulta tan complicado después de todo
sábado, 17 de septiembre de 2011
El Perdón
Es conocida con muchos nombres, aquí la llamaré: Da siempre lo mejor.
viernes, 22 de julio de 2011
Luz de luciérnagas
Lo que pasó entre ese libro y yo es amplio y algo complejo de explicar.
Para empezar, se sitúa geográficamente en Ciudad de México. La misma que vivo, conozco y reconozco día a día. Pude situarme con exactitud en cada uno de los lugares que el autor menciona durante el desarrollo de la historia, oler los olores, entender las metáforas, y al mismo tiempo mirar con ojos nuevos esos sitios al pasar por ellos después de la afortunada lectura.
Para seguir, se sitúa temporalmente en los días previos y posteriores al terremoto del 19 de septiembre de 1985; evento que viví. Nadie puede contarme lo que se siente que la tierra se retuerza bajo tus pies con la violencia de 8.1 grados Richter, porque lo sé, porque es uno de los recuerdos más vívidos y aterradores que poseo. Sin embargo mi perspectiva del desastre es la de una niña de doce años protegida por la burbuja de realidad acolchonada que mis padres quisieron construir a mi alrededor en aras de evitarme el sufrimiento que una catástrofe de tales dimensiones puede causarle al alma de una niña sensible. Así que viví el terremoto y pero no sus consecuencias, por lo menos no las directas, no de primera mano. Recuerdo con claridad el color cenizo de la luz, el olor a muerte, la tristeza flotando en el aire; pero no tuve nunca contacto alguno con algún sobreviviente o algún deudo o alguien que hubiera perdido sus bienes materiales en el desastre. No vi de cerca el color de la tragedia humana ni la solidaridad de un pueblo que debió organizarse y acudir en auxilio de sus miembros a falta de un estado capaz de tomar en sus manos la tarea que le correspondía. Luz de luciérnagas me regaló esa perspectiva, me puso de frente con el dolor que antes sólo imaginaba, me hizo ver a los ojos de un niño que mira la ciudad destruida desde la ventana de un edificio que se derrumba y lo devora, me dio la perspectiva del que tuvo que buscar entre miles de cadáveres el de su familiar desaparecido, del que perdió un amor o varios o muchos en medio de aquella tragedia.
También la luz y las luciérnagas. Soy una mujer de campo que sabe de los ataredeceres en los que las luciérnagas se encienden mientras el sol se despide y pintan de sueño de una noche de verano cada rincón del paisaje cercano. Ha sido siempre mi parte favorita del día, ese momento mágico en el que la realidad parece dejar de serlo para adquirir tintes fantásticos. Así las cosas, el título en sí es ya una afinidad.
Me permitiré decir, guardando todas las proporciones posibles y asumiendo que el autor de tal libro es un escritor profesional y ofreciéndole todo mi respeto, que si yo pretendiera decir que tengo un estilo definido en mi calidad de aprendiz primitiva del arte de escribir, este sería similar al de Edson Lechuga. Encuentro similitudes en algunos rasgos de su estilo y el mío.
En fin, que Luz de luciérnagas se ha convertido en un espejo en el que me ha gustado mirar. Ya otro día hablaré de Llovizna, libro de cuentos del mismo autor y con el que también he tenido un crush significativo.
viernes, 15 de julio de 2011
Mentes Brillantes: Ghandi
Muchos podemos quejarnos de lo que pasa en nuestras comunidades, podemos hacer marchas contra la violencia y vemos que el mundo sigue igual.
Puede ser que haya muchos que no crean en estos métodos de paz para alcanzar un objetivo de libertad y de plenitud cuando hay gente que se opone usando la fuerza, pero creo firmemente que el mundo sí cambia de forma significativa gracias a la presencia de los que prefieren manifestarse en favor de la paz.
Martin Luther King Jr. dijo alguna vez: "Cristo me dio las enseñanzas, Ghandi me dio el método".
Gracias a esta presencia y a la de muchas otras personas que llevan en su corazón la verdad manifiesta del Creador, el mundo sigue dando vueltas.
De todo corazón: ¡Gracias por trabajar por un mundo mejor!
Aquí les comparto algunas de las frases más maravillosas, expresadas por la mente brillante de Mahatma Ghandi.
Un abrazo con aprecio,
lunes, 11 de julio de 2011
Expectativas
Hace unos meses viví un incidente desagradable que tiene que ver con esto y fue el punto de partida que me movió a tomar esta decisión.
Podríamos decir que es fácil no tener expectativas de los demás, y que es aún más fácil no vivir cumpliendo las expectativas de otros porque de entrada desconoces gran parte de ellas, pero mi experiencia en el ramo me ha dicho que ésta es la parte más difícil del trato.
Es parte de ser "buena persona", viene con el paquete. También podría decir que me vale sorbete ser una buena persona, pero la verdad de las cosas es que mi programación neuronal nació con éste como principio en el kernel (núcleo de un sistema operativo) y pues es no sólo difícil, sino imposible de sacar.
Está bien... las cosas son como son por una buena razón. Podría sacarle mejor provecho a esta circunstancia... el detalle está en encontrar la forma.
Ya no más justificaciones, ya no más explicaciones... esto es lo que soy, lo que ves es lo que tienes.
Es una buena forma de comenzar, ¿no?
Un abrazo con aprecio.
martes, 5 de julio de 2011
Postergando
Postergar cosas es algo tan natural en mí como respirar.
Sé que no soy la única persona que padece de éste mal, pero eso no es consuelo; tampoco una justificación.
Analizo las cosas que postergo y no todas son desagradables, simplemente pareciera que no tengo cabeza o la fuerza para tomar la acción.
Albert Einstein decía: "Nada sucede hasta que algo se mueve." ¡Y claro que tenía razón!
Pero luego viene la pregunta: ¿Y qué muevo? Y luego: ¿Cómo lo muevo? Y a todo esto puedo agregar:¿ Y quiero moverlo?
A veces quisiera que la vida hiciera un pequeño alto, uno en el que pudiera simplemente contemplar el universo.
Pero el tiempo no se detiene y sé que al final diría:¿Por qué no hice...?
En fin, supongo que esto es temporal, que es algo en lo que me conviene trabajar si al llegar al final de mi camino por este mundo, lo que quiero es decir: "¡Lo hice!"