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jueves, 3 de enero de 2013

La Teoría de la Felicidad

Existen en el mundo millones de teorías, algunas son muy fáciles de entender y otras no tanto, pero a final de cuentas lo que hace la diferencia es el interés que le pongas a cada teoría.

Yo siempre he sido muy buena con la teoría. Me gustan los conceptos y me encanta la sensación maravillosa  de piel de gallina cuando me cae el veinte de alguno de ellos, sobre todo, de aquellos que no entendí a la primera.

Lo que debo admitir que me cuesta un poco de trabajo es la práctica. Roma no se hizo en un día y yo no sé de dónde saqué la idea de que si ya sabes la teoría y cuentas con las capacidades físicas y mentales para poner en práctica lo que has aprendido, tienes la vida resuelta.

Entiendo que este mundo es de presencia y ausencia.

Que el mal o el odio es en realidad el nombre que le damos a la falta de amor, así como llamamos frío a la falta de calor u oscuridad a la falta de luz.

Me queda claro que Dios, el Creador, el Origen o como sea que se le quiera llamar, permanece en un estado constante de felicidad y de aprecio.

Me queda claro que yo tengo esa misma capacidad en proporción a mi condición humana.

También me queda claro que yo decido en qué dirección me muevo en esa escala entre la ausencia y la presencia. 

¡Diablos! Me siento como aquel hombre que ante la inundación le llegaron diferentes personas con diferentes medios a rescatarlo y a todos les dijo: "¡No gracias! Dios va a venir a salvarme". Y cuando Dios lo recibió en el cielo (después de muerto) y le preguntó: "¿Por qué no me salvaste?", el Señor le contestó: "¿Por qué no aceptaste la ayuda de toda la gente que te mandé?".

Es absurdo que lo diga pero a veces me gustaría que mejor Dios viniera a vivir mi vida... al menos Él sabría qué hacer con ella en cada momento.

Sí, también sé que la vida no se trata de eso. Que el estado de perfección de Dios es una cosa y nosotros somos otra; que los conceptos son los que en realidad nos tienen separados y que no es tan complicado vivir en estrecha comunión con Él; que no es necesario que hagas tu transición para que sientas y vibres en esa dimensión de éxtasis eterno, con esas ganas de crear, con esas ganas de amar.


¡Oh sí! La teoría dice que la felicidad no es una meta, sino el camino. Que el gozo viene dentro de uno mismo, que la dicha está en el viaje y que todo lo que quiero en la vida lo quiero porque creo que en el tenerlo me sentiré feliz. En resumen, lo único que quiero es sentirme feliz.


También sé que aunque sé la teoría, si hoy fuera capaz de llegar al punto final de la felicidad total, (por obvias razones) no me quedaría nada más por ser ni hacer.

Un abrazo con aprecio.

¡Feliz 2013!

lunes, 24 de octubre de 2011

Cambiando paradigmas

Hace poco más de diez años, tuve la enorme fortuna de toparme con un tipo que daba un curso que manejaba el concepto de romper paradigmas.

¿Por qué las cosas son de un modo determinado? Si me preguntan, existe mucho más de lo que vemos y seguramente en el futuro existirá mucho más de los que nuestros ojos alcanzarán a ver.

Hace cien años no había televisión y ahora ya existe una que transmite imágenes en 3ra. dimensión. Ya no sólo podemos ser testigos casi presenciales de hechos y sucesos que ocurren lejos de nuestro campo de acción físico, ahora podemos verlos como si estuviéramos ahí.

Confieso que cuando vi una televisión a colores, pensé que eso sería el final de la evolución del aparato. ¿Qué más se puede hacer con él? Hoy, algo así como treinta años después tengo la respuesta.

Nunca antes me había considerado una persona creativa porque yo creo que la gente creativa es la que innova y para innovar se necesita imaginación. Yo pertenezco más a los que colectan datos (buscan conocimiento) que a los que echan a volar la imaginación.

El paso del tiempo me ha hecho darme cuenta que mi creatividad está muy latente, lo único que debo hacer es dejarla fluir en aquello que me llama y me hace feliz.

Sin intentar señalar culpables, hoy me he topado con este video que compartiera un amigo en Facebook y que me ha dado un muy buen norte de por qué las cosas han sido como son y a dónde nos llevarán si seguimos en esa misma dirección.

Después de diez años de haber escuchado el concepto de romper paradigmas y pensar fuera de la caja, me ha caído el veinte y felizmente me veo en la posibilidad de explotar esta potencialidad antes de llegar a los cuarenta. ¿No es esto una maravilla?

Un abrazo con aprecio.

Ken Robinson - Cambiando Paradigmas.

sábado, 8 de octubre de 2011

Los prietitos en el arroz o los acuerdos que nunca llegaron

Comencé a escribir esta entrada sintiéndome bastante molesta. Los prietitos en el arroz son inevitables y sin embargo y a sabiendas de su existencia, han logrado a lo largo de los años sacarme de mis cabales.

Escribí lo que en el momento me palpitaba en las venas y en lugar de publicarlo decidí programar su publicación para otro día... quien sabe, tal vez el tiempo me daría la calma para escribir algo más sensato.

El viernes fue el día de los desacuerdos. Desde las primeras horas de la mañana, hasta algo así como las nueve de la noche, desacuerdos en pequeñas y grandes cosas fueron la constante que me empujó a cuestionarme si en algo ha valido la pena lo que he trabajado durante los pasados meses.

Sé bien que pensar siquiera en que siempre habrá acuerdos con toda la gente que nos rodea es no sólo iluso, sino tonto. 

Los desacuerdos son parte de las relaciones y son precisamente los que enriquecen el mundo, sin embargo hay desacuerdos que duelen y que marcan, más cuando has perdido la batalla al defender lo que crees.
Hace poco uno de mis maestros me dijo: ¿Qué prefieres: tener la razón o ser feliz?
Supongo que la respuesta correcta es la segunda, así que si es lo que prefieres, ¡qué diablos importa si otro no piensa lo mismo que tú!

Llevo un par de meses trabajando en un proyecto que me acaban de tirar. Era un proyecto grande que me llenaba de ilusión y al saber que se había cancelado me pregunté si fue porque no supe vender bien la idea.

Seguramente con el paso de los días sabré la verdad y esa verdad probablemente no tendrá nada que ver con mi poder de convencimiento o con una imposibilidad de alcanzar acuerdos en las cosas que son importantes para mí.
Ni modo... hoy me iré a dormir sabiendo que no siempre puedo lograr lo que quiero.

¿Cambiará esto en algún momento?

Un abrazo con aprecio.

jueves, 6 de octubre de 2011

Si amas lo que haces...

Esta es una entrada que desde hace mucho tiempo tengo metida en la cabeza, pero que por equis o zeta, no se concretó hasta este momento.
Estoy convencida de que todo tiene su momento, aunque nos parezca que hay cosas que suceden a destiempo, si fuéramos capaces de ver con los ojos de Dios, nos daríamos cuenta de que todo sucede en el momento perfecto y por la razón correcta.
Para quienes no lo saben, yo me dedico a los sistemas de computación desde hace ya muchos años. No soy tan mayor, pero no cuento a partir de que me gradué de la universidad, cuento los años desde que soñé con dedicarme a esto que hoy hago.
Empecé siendo muy niña, jugando en un rincón del cuarto de mis papás en donde tenía establecida mi oficina. Recuerdo que me gustaba poner cajetillas de cigarros a las que les dibujaba teclas para que parecieran calculadoras o máquinas de escribir. En aquel entonces desconocía que existía algo que se llamaba computadora, pero de un modo especial y muy dentro de mi corazón, ese aparato me llamaba y me llamaba con fuerte voz.
Algunos años más tarde mi oficina creció y ya contaba con una máquina de escribir mecánica con la que mis papás hacían su trabajo administrativo. Era yo toda una oficinista con mi teléfono multicolor y mis hojas de papel usado por un lado. Me gustaba escribir y como me gustaba lo formal, transcribía los ejemplos de cartas y oficios tomados de un libro de mecanografía para secretarias navales que mi abuelo había dejado abandonado en algún rincón.
Mis años de escuela secundaría fueron difíciles y por un momento decidí que no valía la pena seguir estudiando porque me consideraba pésima estudiante; y por extraño que parezca, ser pésima no entraba en mi catálogo de cosas por hacer.
Mi papá se enojó conmigo cuando le dije que no seguiría estudiando y me dejó de hablar por casi un mes. Mi mamá (QEPD), se preocupó y me dijo que solamente la gente preparada podía aspirar a un trabajo que le diera una calidad de vida digna. Resultado de eso decidí seguir estudiando y fue entonces que se me abrió el mundo: encontré un bachillerato que incluía una carrera técnica como programador analista y capturista de datos.
Los siguientes tres años fueron maravillosos. Aquellas computadoras de teclados enormes, gabinetes bromosos y monitores con letras verdes, fueron mi sueño hecho realidad. Ya no más cajetillas de cigarros pintadas con pluma, ya no más máquinas de escribir con cintas de dos colores, el futuro había llegado para hacerme vivir el sueño de mi infancia.
Después de la preparatoria me fui a estudiar sistemas computacionales en la Universidad del Valle de Atemajac y fue entonces que descubrí que aunque no todo fuera color de rosa, valía la pena vivirlo por aquello que era más fuerte en mi corazón: las computadoras y los sistemas.
Estudié sistemas computacionales porque los "fierros" no eran lo mío, sin embargo con el paso del tiempo, me dediqué a ensamblar computadoras personales y el proceso resultó fascinante para mí.
Desde entonces, he diseñado, programado e implementado muchos sistemas; he armado y desarmado equipos, he cambiado piezas, las he limpiado, les he dado mantenimiento, he dado cursos de programación y uso de herramientas de oficina y muchas cosas más. He visto como algunos de los aparatos que uso, pasan al closet porque son reemplazados por otros con tecnologías más nuevas y eficientes. También he visto "morir" a algunos de mis equipos por circunstancias distintas y júzguenme sentimental y tonta pero también los he llorado.
La vida me ha llevado por varios caminos. Pocos años después de haber salido de la universidad, trabajé como empleada subcontratada en las instalaciones de HP Guadalajara. Mucho de mi crecimiento y desarrollo se lo debo a esta empresa y por eso siempre le estaré agradecida y la tendré en un lugar especial en mi corazón.
Ver la historia detrás de mi sueño en las personas de Bill Hewllett, Dave Packard, Steve Jobs (QEPD todos ellos), Steve Wozniak, Bill Gates, Vinton Cerf y muchos otros, me ha dado muchas pautas a seguir sobre el proceso mismo de evolución de esto que llamamos tecnología.
Ahora mismo, no sería posible para mí escribir estas líneas para que fueran leídas por personas que no me conocen, ni yo tampoco conozco (en su mayoría). Sin la visión ni el amor por la tarea de estos hombres, mucho de lo que hoy disfrutamos para tener una vida más cómoda y más amplia, nunca hubiera visto la luz del día.
Pensando en una entrada más bonita y adecuada para recordar a Steve Jobs, se me vino a la mente este discurso que diera en Stanford, hace ya varios años. Escucharlo me hizo darme cuenta de que hay cosas más grandes que seguir el camino que todos siguen porque lo siguen.
Todos somos especiales, únicos y valiosos por lo que hacemos para que este mundo sea como es.
Hoy puedo decirles que gracias a que amo lo que hago, es que tengo una vida cada día más plena, con mejor entendimiento de lo que hay y de las razones por las que se dan las cosas.
Este hombre lo hizo posible aunque nunca me conoció ni supo de mi existencia ni de la existencia de mi sueño.
No diré nada más... al árbol se le conoce por sus frutos. Jesús tenía razón y aquí hay una prueba de ello.




Un abrazo con aprecio.

sábado, 1 de octubre de 2011

La opinión que importa

¿Será que uno practica lo que aprende, aunque eso signifique fastidiarse la vida?

Hace unos meses caí perfectamente en la cuenta de cuan importante es para mí la opinión de los demás. 

También me di cuenta de lo mucho que me ha afectado seguir esos estándares con los que los demás juzgan si soy buena o mala persona, si soy considerada o no, si soy buena en lo que hago o no.

¿Existen realmente esos estándares o siempre han estado en mi cabeza?

Bueno, debo admitir que la mayor parte de las veces esos estándares están sólo en mi cabeza. Conclusiones sobre su comportamiento, comparados con una lista en mi base de datos de comportamientos aceptados y no aceptados por parte de las personas.

No es mentira cuando decimos que somos nosotros mismos los peores jueces. La mayor parte de las veces a las que me refiero, todo sale de lo que yo misma fabrico en mis juicios y lo que creo que las personas piensan o pensarán de mí en equis o zeta caso; y al final, es solamente cuestión de achacarle ese juicio a alguien.

Cuando pequeñita, mi mamá tenía mucho cuidado con mi cabello, lo cepillaba todos los días y me peinaba de cientos de formas distintas. Sí, fui una preciosa muñeca de cabellos largos y rizados por mis primeros cinco o seis años. Me gustaba mucho mi cabello, pero soy consciente de que mantenerlo arreglado es todo un lío y teniendo que salir de casa a las 5:30 de la mañana, lo más práctico era optar por un cabello corto.  Lloré y sufrí mucho la pérdida de mi larga cabellera, pero eso fue sólo el principio, lo peor vino cuando los demás me vieron y me dijeron: "pelona".

El cabello crece, pero si lo tienes rizado como yo, existe un periodo de tiempo entre que es corto y quiere dar el brinco a mediano, en donde lo mejor es que traigas permanentemente un casco de motociclista. Durante ese tiempo, pasé de "pelona" a "hija de _________ (un futbolista colombiano de los setentas con cabello afro, cuyo nombre no puedo recordar)".

Para evitar los comentarios, siempre procuré tenerlo corto y cuando decidí tenerlo largo, hice lo posible por traerlo agarrado con broches y cientos de pasadores. Una vez que logré tenerlo largo de nuevo, no volví a dejar que me lo cortaran más que de las puntitas  para darle forma. Mi papá decía que ir a la estética era tirar el dinero a la basura.

Como el cabello, tuve cientos de otras cosas que cuidé sobre mi aspecto por no dar una imagen que no quería dar.

Ahora mi hijo mayor pasa por lo mismo y aunque lo entiendo perfectamente sus razones, la luz de los años me ha dicho que no vale la pena preocuparse por lo que dirán los demás. Cuando te preocupas por lo que los demás piensan (y también por lo que no piensan o lo que tú crees que piensan), estás en el camino correcto a una vida mayormente miserable.

Pero bueno, ¿qué puedo decirle si yo misma estoy en ese camino?


Supongo que lo mejor que puedo hacer es que, ahora que he visto la luz del otro lado del túnel, dejar que él descubra eventualmente lo que esto significa... con un poco de suerte, se dará cuenta antes de llegar a los cuarenta; tal como me pasó a mí.

Un abrazo con aprecio.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Disfrutar no resulta tan complicado después de todo

Adoro la idea del contacto con la naturaleza, pero siempre he sido enemiga de acampar por todas las incomodidades que conlleva dejar la electricidad, el agua entubada y los espacios especialmente diseñados para descansar.

Hace unos días, un amigo me compartió el enlace que hoy les traigo y me dije. "Así si baila mi hija con el señor". Que es una forma de decir que así sí me animo a acampar.

Independientemente de lo ingenioso del asunto, de este video me gustó la ambientación y la dicha que de la naturaleza emana. Rincones con mucha vegetación, riachuelos, lagos y estas cosas hay en casi todas partes y están muy al alcance de la mano. Ayer tuve la fortuna de estar en uno, en Chapala.

Deseando que quienes nos hacen en el honor de pasar por aquí tengan una extraordinaria semana llena de cosas que sean para su bien, me despido por el momento.

Un abrazo con aprecio.

Hasta la próxima.

sábado, 17 de septiembre de 2011

El Perdón

Este fue un buen día... hoy, como nunca antes, sé que puedo reconstruirme cuantas veces sea necesario.

Sé que siempre va a haber cosas de las cuales me puedo doler, pero también sé que hay algo adentro de mí que me permite seguir mi camino; es mi decisión  cargar o no, los lastres del rencor.

Como dice el proverbio chino: "Si buscas venganza, más vale que caves dos tumbas, porque una será para ti".

Lo siento pero soy demasiado joven para morir.

Estas palabras que voy a compartirles estaban destinadas a mis ojos en momentos de mucho pesar en mi corazón. Me llegaron por medios distintos: una presentación de power point, una estampa que le dieron a mi hijo mayor en la escuela y venían mencionadas en un libro que una amiga me regaló.

Es conocida con muchos nombres, aquí la llamaré: Da siempre lo mejor.

Y lo mejor vendrá...

A veces las personas son egoístas, ilógicas e insensatas...
Aun así perdónalas.

Si eres amable, las personas pueden acusarte de egoísta e interesado...
Aun así sé gentil.

Si eres un vencedor, tendrás algunos falsos amigos y 
algunos enemigos verdaderos...
Aun así vence.

Si eres honesto y franco las personas pueden engañarte...
Aun así sé honesto y franco.

Lo que tardaste años para construir, alguien puede destruirlo de una hora
para otra...
Aun así construye.

Si tienes paz y eres feliz, las personas pueden sentir envidia...
Aun así sé feliz.

El bien que hagas hoy, puede ser olvidado mañana...
Aun así haz el bien.

Da al mundo lo mejor de ti, aunque eso pueda nunca ser suficiente...
Aun así da lo mejor de ti mismo.

Y recuerda que, a fin de cuentas,
es entre tú y Dios...
NUNCA FUE ENTRE TÚ Y ELLOS.

Beata Teresa de Calcuta

¿Cuántas de estas cosas han sido en el pasado una cadena, un pesar y hasta una condena?

El mundo está lleno de personas que actuamos con insensatez y egoísmo en algún momento de la vida (o en muchos tal vez).
Cargar la pena de lo que me hayan hecho (y de lo que yo les he hecho, porque no me excluyo del grupo), más el rencor que me inspiran al recordar constantemente lo sucedido, es el mejor remedio para encontrar una temprana muerte. 

Ese veinte me cayó maravillosamente un día que un amigo puso en su muro de Facebook: "El resentimiento  es como tomar veneno y esperar que sea el otro el que se muera." Ilógico, ¿no? Desde ese día me esfuerzo por no guardarle rencores a nadie. Algunas veces tengo éxito, otras no... pero vaya, ¡que no quede en letra muerta!

¿Cuántas veces hemos sido vistos como lambiscones por ser amables? Admito haber dejado de ser amable con ciertas personas para que no me tacharan de interesada. ¿Qué me gané con eso? Creo que nada. Darle gusto a los demás para quedar bien es una tarea sumamente desgastante y que no reditúa el esfuerzo. No inviertas donde no obtendrás ganancias. Suena avaro, lo sé... pero en este concepto, cuidar lo que eres y más aún lo que das, es lo mejor que puedes hacer. No porque esperes algo a cambio por ser amable, sino por el simple hecho de hacerle la vida mejor a los demás.

Tontamente he dejado de lado algunos sueños por temor a que los demás no los entiendan. Algo similar a lo que pasa en lo dicho en el párrafo anterior. Hoy sé que mientras mis sueños y aspiraciones no vayan en contra de la integridad y dignidad de los demás, no tengo por qué dejar de perseguir mis aspiraciones más altas. Los falsos amigos y los verdaderos enemigos de todas maneras existen. 

Realmente la parte de la honestidad y la franqueza es algo que me causa mucha frustración. Tristemente en este México que hemos construido, hay un dicho que reza: "El que no es tranza, no avanza." Me da mucha pena ver que muchos lo creen y lo han convertido en un lema de vida que se practica sin vacilar. 

Pero eso sí, por mucho que no "avance", la tranquilidad de mi alma descansa en mi honestidad y franqueza, razón por la cual nunca las dejaré de lado.

Me consta que hay cosas que llevan mucho tiempo construir, y que se ven rotas de un momento a otro. Admito también que dejé de construir porque estaba convencida de que no valía la pena seguir trabajando en algo que alguien más, tarde o temprano, terminaría por derribar. Hoy construyo por el puro placer de disfrutar el proceso y ver de pie, aunque sea por unos segundos, lo que soy capaz de crear.
No lo sé, tal vez mi depresión se debió principalmente a un temor en despertar la envidia en los demás si era feliz. En un mundo en el que: asaltan, matan, secuestran, hay caídas en la economía, gente muriendo de hambre, gente sufriendo enfermedades terribles y pobreza, ser feliz no es popular. Puedes ser tachado de insensible ante las penas de los demás y también de egoísta porque sólo se puede ser feliz si no se interesa por nadie más fuera de ti.

He aprendido que no puedes ser lo suficientemente pobre como para sacar a alguien de su pobreza; que no puedes estar lo suficientemente enfermo como para aliviar a alguien más y no puedes estar lo suficientemente triste como para que alguien más deje de serlo.

Es difícil hacer el bien y no ser reconocido por ello, pero se puede. Basta saber que en nuestro corazón, no cabe la falta de misericordia. Aun cuando pensemos que el mundo está acabado y no hay razones para hacer el bien cuando a los que hacen el mal parece irles tan bien. Creo que el amor, la paz y la conciencia bien lo valen.

Admito que muchas veces dejé de dar lo mejor de mí porque estaba convencida de que nunca sería suficiente. Hoy eso no me importa. Lo que sea que haga tendrá un impacto en quienes me rodean. Más vale que sea un impacto positivo, que uno negativo.

Y lo más importante de todo... fui muchos años por el mundo pensando en que ser y hacer todo lo que la madre Teresa menciona en estas reflexiones, era algo entre la gente y yo. Hoy me queda claro que aunque así lo parezca, en realidad esto va mucho más allá de lo terrenal. Como dice la filosofía de Sting: "Somos ESPÍRITUS en un mundo material." (...Y no al revés).

Un abrazo con aprecio.

Nos vemos en la próxima.

viernes, 22 de julio de 2011

Luz de luciérnagas

Un día cualquiera te cae en las manos un libro que te toca, que puede moverte de una o mil maneras. No suele pasarme con frecuencia, pero hace poco sucedió. Luz de luciérnagas de Edson Lechuga.
Lo que pasó entre ese libro y yo es amplio y algo complejo de explicar.
Para empezar, se sitúa geográficamente en Ciudad de México. La misma que vivo, conozco y reconozco día a día. Pude situarme con exactitud en cada uno de los lugares que el autor menciona durante el desarrollo de la historia, oler los olores, entender las metáforas, y al mismo tiempo mirar con ojos nuevos esos sitios al pasar por ellos después de la afortunada lectura.
Para seguir, se sitúa temporalmente en los días previos y posteriores al terremoto del 19 de septiembre de 1985; evento que viví. Nadie puede contarme lo que se siente que la tierra se retuerza bajo tus pies con la violencia de 8.1 grados Richter, porque lo sé, porque es uno de los recuerdos más vívidos y aterradores que poseo. Sin embargo mi perspectiva del desastre es la de una niña de doce años protegida por la burbuja de realidad acolchonada que mis padres quisieron construir a mi alrededor en aras de evitarme el sufrimiento que una catástrofe de tales dimensiones puede causarle al alma de una niña sensible. Así que viví el terremoto y pero no sus consecuencias, por lo menos no las directas, no de primera mano. Recuerdo con claridad el color cenizo de la luz, el olor a muerte, la tristeza flotando en el aire; pero no tuve nunca contacto alguno con algún sobreviviente o algún deudo o alguien que hubiera perdido sus bienes materiales en el desastre. No vi de cerca el color de la tragedia humana ni la solidaridad de un pueblo que debió organizarse y acudir en auxilio de sus miembros a falta de un estado capaz de tomar en sus manos la tarea que le correspondía. Luz de luciérnagas me regaló esa perspectiva, me puso de frente con el dolor que antes sólo imaginaba, me hizo ver a los ojos de un niño que mira la ciudad destruida desde la ventana de un edificio que se derrumba y lo devora, me dio la perspectiva del que tuvo que buscar entre miles de cadáveres el de su familiar desaparecido, del que perdió un amor o varios o muchos en medio de aquella tragedia.
También la luz y las luciérnagas. Soy una mujer de campo que sabe de los ataredeceres en los que las luciérnagas se encienden mientras el sol se despide y pintan de sueño de una noche de verano cada rincón del paisaje cercano. Ha sido siempre mi parte favorita del día, ese momento mágico en el que la realidad parece dejar de serlo para adquirir tintes fantásticos. Así las cosas, el título en sí es ya una afinidad.
Me permitiré decir, guardando todas las proporciones posibles y asumiendo que el autor de tal libro es un escritor profesional y ofreciéndole todo mi respeto, que si yo pretendiera decir que tengo un estilo definido en mi calidad de aprendiz primitiva del arte de escribir, este sería similar al de Edson Lechuga. Encuentro similitudes en algunos rasgos de su estilo y el mío.
En fin, que Luz de luciérnagas se ha convertido en un espejo en el que me ha gustado mirar. Ya otro día hablaré de Llovizna, libro de cuentos del mismo autor y con el que también he tenido un crush significativo.

viernes, 15 de julio de 2011

Mentes Brillantes: Ghandi

Hoy tuve la buena fortuna de toparme con la biografía de Ghandi en el canal Bio, y disfruté mucho viendo su obra sanadora.

Muchos podemos quejarnos de lo que pasa en nuestras comunidades, podemos hacer marchas contra la violencia y vemos que el mundo sigue igual.

Puede ser que haya muchos que no crean en estos métodos de paz para alcanzar un objetivo de libertad y de plenitud cuando hay gente que se opone usando la fuerza, pero creo firmemente que el mundo sí cambia de forma significativa gracias a la presencia de los que prefieren manifestarse en favor de la paz.

Martin Luther King Jr. dijo alguna vez: "Cristo me dio las enseñanzas, Ghandi me dio el método".

Gracias a esta presencia y a la de muchas otras personas que llevan en su corazón la verdad manifiesta del Creador, el mundo sigue dando vueltas.

De todo corazón: ¡Gracias por trabajar por un mundo mejor!

Aquí les comparto algunas de las frases más maravillosas, expresadas por la mente brillante de Mahatma Ghandi.

Un abrazo con aprecio,


lunes, 11 de julio de 2011

Expectativas

Hace un rato que estoy entrenándome para no vivir de expectativas hacía los demás y de paso, desligarme también de las expectativas que otros pudieran tener de mí.

Hace unos meses viví un incidente desagradable que tiene que ver con esto y fue el punto de partida que me movió a tomar esta decisión.

Podríamos decir que es fácil no tener expectativas de los demás, y que es aún más fácil no vivir cumpliendo las expectativas de otros porque de entrada desconoces gran parte de ellas, pero mi experiencia en el ramo me ha dicho que ésta es la parte más difícil del trato.

Es parte de ser "buena persona", viene con el paquete. También podría decir que me vale sorbete ser una buena persona, pero la verdad de las cosas es que mi programación neuronal nació con éste como principio en el kernel (núcleo de un sistema operativo) y pues es no sólo difícil, sino imposible de sacar.

Está bien... las cosas son como son por una buena razón. Podría sacarle mejor provecho a esta circunstancia... el detalle está en encontrar la forma.

Ya no más justificaciones, ya no más explicaciones... esto es lo que soy, lo que ves es lo que tienes.

Es una buena forma de comenzar, ¿no?

Un abrazo con aprecio.

martes, 5 de julio de 2011

Postergando

Postergar cosas es algo tan natural en mí como respirar.

Sé que no soy la única persona que padece de éste mal, pero eso no es consuelo; tampoco una justificación.

Analizo las cosas que postergo y no todas son desagradables, simplemente pareciera que no tengo cabeza o la fuerza para tomar la acción.

Albert Einstein decía: "Nada sucede hasta que algo se mueve." ¡Y claro que tenía razón!

Pero luego viene la pregunta: ¿Y qué muevo? Y luego: ¿Cómo lo muevo? Y a todo esto puedo agregar:¿ Y quiero moverlo?

A veces quisiera que la vida hiciera un pequeño alto, uno en el que pudiera simplemente contemplar el universo.

Pero el tiempo no se detiene y sé que al final diría:¿Por qué no hice...?

En fin, supongo que esto es temporal, que es algo en lo que me conviene trabajar si al llegar al final de mi camino por este mundo, lo que quiero es decir: "¡Lo hice!"