miércoles, 5 de octubre de 2011

Adiós Steve



Después de una larga batalla contra el cáncer, hoy ha fallecido el co-fundador de Apple, Steve Jobs.

Muchas cosas se pueden decir de la vida y las decisiones tomadas por este hombre. 
Es curioso pero siempre me pregunto: ¿Por qué esperamos la perfección de la gente si sabemos que eso es algo imposible de alcanzar en nuestra condición humana?

Podré no estar de acuerdo con muchas de sus formas de trabajar ni de hacer negocios, pero reconozco por encima de eso, que gracias a su visión y a los aciertos que tuvo al rodearse de la gente indicada, es que ahora disfrutamos de productos innovadores, con diseños atractivos, ergonómicos y funcionales.

Pues bien, ahora le ha tocado a Steve entrar al rincón de los graduados junto con Bill Hewlett,  Dave Packard y seguramente muchas otras personas que han trabajado en pro del desarrollo de la computación y la tecnología que la rodea.

No diré nada más por el momento... dejaré que la noticia se asiente en mi cabeza. Seguramente para entonces, podré escribir una bella nota en recuerdo de Jobs.


"Being the richest man in the cemetery doesn’t matter to me … Going to bed at night saying we’ve done something wonderful… that’s what matters to me."
Steve Jobs, 4 de febrero de 1955 - 5 de octubre de 2011.

Un abrazo con aprecio.

sábado, 1 de octubre de 2011

La opinión que importa

¿Será que uno practica lo que aprende, aunque eso signifique fastidiarse la vida?

Hace unos meses caí perfectamente en la cuenta de cuan importante es para mí la opinión de los demás. 

También me di cuenta de lo mucho que me ha afectado seguir esos estándares con los que los demás juzgan si soy buena o mala persona, si soy considerada o no, si soy buena en lo que hago o no.

¿Existen realmente esos estándares o siempre han estado en mi cabeza?

Bueno, debo admitir que la mayor parte de las veces esos estándares están sólo en mi cabeza. Conclusiones sobre su comportamiento, comparados con una lista en mi base de datos de comportamientos aceptados y no aceptados por parte de las personas.

No es mentira cuando decimos que somos nosotros mismos los peores jueces. La mayor parte de las veces a las que me refiero, todo sale de lo que yo misma fabrico en mis juicios y lo que creo que las personas piensan o pensarán de mí en equis o zeta caso; y al final, es solamente cuestión de achacarle ese juicio a alguien.

Cuando pequeñita, mi mamá tenía mucho cuidado con mi cabello, lo cepillaba todos los días y me peinaba de cientos de formas distintas. Sí, fui una preciosa muñeca de cabellos largos y rizados por mis primeros cinco o seis años. Me gustaba mucho mi cabello, pero soy consciente de que mantenerlo arreglado es todo un lío y teniendo que salir de casa a las 5:30 de la mañana, lo más práctico era optar por un cabello corto.  Lloré y sufrí mucho la pérdida de mi larga cabellera, pero eso fue sólo el principio, lo peor vino cuando los demás me vieron y me dijeron: "pelona".

El cabello crece, pero si lo tienes rizado como yo, existe un periodo de tiempo entre que es corto y quiere dar el brinco a mediano, en donde lo mejor es que traigas permanentemente un casco de motociclista. Durante ese tiempo, pasé de "pelona" a "hija de _________ (un futbolista colombiano de los setentas con cabello afro, cuyo nombre no puedo recordar)".

Para evitar los comentarios, siempre procuré tenerlo corto y cuando decidí tenerlo largo, hice lo posible por traerlo agarrado con broches y cientos de pasadores. Una vez que logré tenerlo largo de nuevo, no volví a dejar que me lo cortaran más que de las puntitas  para darle forma. Mi papá decía que ir a la estética era tirar el dinero a la basura.

Como el cabello, tuve cientos de otras cosas que cuidé sobre mi aspecto por no dar una imagen que no quería dar.

Ahora mi hijo mayor pasa por lo mismo y aunque lo entiendo perfectamente sus razones, la luz de los años me ha dicho que no vale la pena preocuparse por lo que dirán los demás. Cuando te preocupas por lo que los demás piensan (y también por lo que no piensan o lo que tú crees que piensan), estás en el camino correcto a una vida mayormente miserable.

Pero bueno, ¿qué puedo decirle si yo misma estoy en ese camino?


Supongo que lo mejor que puedo hacer es que, ahora que he visto la luz del otro lado del túnel, dejar que él descubra eventualmente lo que esto significa... con un poco de suerte, se dará cuenta antes de llegar a los cuarenta; tal como me pasó a mí.

Un abrazo con aprecio.