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jueves, 3 de enero de 2013

La Teoría de la Felicidad

Existen en el mundo millones de teorías, algunas son muy fáciles de entender y otras no tanto, pero a final de cuentas lo que hace la diferencia es el interés que le pongas a cada teoría.

Yo siempre he sido muy buena con la teoría. Me gustan los conceptos y me encanta la sensación maravillosa  de piel de gallina cuando me cae el veinte de alguno de ellos, sobre todo, de aquellos que no entendí a la primera.

Lo que debo admitir que me cuesta un poco de trabajo es la práctica. Roma no se hizo en un día y yo no sé de dónde saqué la idea de que si ya sabes la teoría y cuentas con las capacidades físicas y mentales para poner en práctica lo que has aprendido, tienes la vida resuelta.

Entiendo que este mundo es de presencia y ausencia.

Que el mal o el odio es en realidad el nombre que le damos a la falta de amor, así como llamamos frío a la falta de calor u oscuridad a la falta de luz.

Me queda claro que Dios, el Creador, el Origen o como sea que se le quiera llamar, permanece en un estado constante de felicidad y de aprecio.

Me queda claro que yo tengo esa misma capacidad en proporción a mi condición humana.

También me queda claro que yo decido en qué dirección me muevo en esa escala entre la ausencia y la presencia. 

¡Diablos! Me siento como aquel hombre que ante la inundación le llegaron diferentes personas con diferentes medios a rescatarlo y a todos les dijo: "¡No gracias! Dios va a venir a salvarme". Y cuando Dios lo recibió en el cielo (después de muerto) y le preguntó: "¿Por qué no me salvaste?", el Señor le contestó: "¿Por qué no aceptaste la ayuda de toda la gente que te mandé?".

Es absurdo que lo diga pero a veces me gustaría que mejor Dios viniera a vivir mi vida... al menos Él sabría qué hacer con ella en cada momento.

Sí, también sé que la vida no se trata de eso. Que el estado de perfección de Dios es una cosa y nosotros somos otra; que los conceptos son los que en realidad nos tienen separados y que no es tan complicado vivir en estrecha comunión con Él; que no es necesario que hagas tu transición para que sientas y vibres en esa dimensión de éxtasis eterno, con esas ganas de crear, con esas ganas de amar.


¡Oh sí! La teoría dice que la felicidad no es una meta, sino el camino. Que el gozo viene dentro de uno mismo, que la dicha está en el viaje y que todo lo que quiero en la vida lo quiero porque creo que en el tenerlo me sentiré feliz. En resumen, lo único que quiero es sentirme feliz.


También sé que aunque sé la teoría, si hoy fuera capaz de llegar al punto final de la felicidad total, (por obvias razones) no me quedaría nada más por ser ni hacer.

Un abrazo con aprecio.

¡Feliz 2013!

sábado, 21 de julio de 2012

En mi vida...

Hay un par de versos en la canción que escribieran John Lennon y Paul Mc'Cartney titulada "In my life" que rezan algo así: 

"Hay lugares que recordaré
Toda mi vida, aunque algunos hayan cambiado.
Algunos para siempre no para bien,
Algunos han pasado y algunos permanecen.

Todos estos lugares tienen sus momentos,
Con amores y amigos, que sigo recordando.
Algunos están muertos y algunos viven.
En mi vida, los he amado a todos."

En este momento estoy de camino a un lugar de esos que recuerdo y que recordaré toda mi vida. ¿Habrá cambiado? Seguramente sí. ¿Para bien? Sólo Dios sabe...

Y sí... ese lugar tuvo muchos momentos con amores y amigos que sin duda sigo recordando.

Algunos de ellos, como mi madre, han pasado de este mundo, pero todavía quedan algunos otros que por lo menos aparentan estar vivos.

Lo importante es que en mi vida... los he amado a todos.

Un abrazo con aprecio.

viernes, 13 de julio de 2012

En un mundo de percepciones

Hará cosa de un año recibí una de las críticas a mi persona que consideré más injustas.  La recibí sintiendo que un tren me había pasado por encima porque no lo vi venir y porque si algo he cuidado en la vida es mi conducta y siempre procuro comportarme a la altura y cuando no es así, generalmente soy yo misma la primera en sentirme mal por mi proceder.
Fue una época de muchos cuestionamientos y deseos de pelear por defender mi “buen nombre”, de aquellas personas que tan injustamente me trataron (según mi parecer), pero entre tener la razón y vivir en paz, opté por vivir en paz poniendo algo de distancia de por medio.

Hace unos días recibí una crítica, que igualmente pudo considerarse injusta, pero ésta tuvo un matiz diferente porque la persona que me la dijo, también expresó que lo que pensaba era producto de su percepción.

Cuando me explicó su punto de vista, lejos de sentirme mal me di cuenta de que en cierto sentido tenía razón porque así es como se veían las cosas desde donde él estaba.

Hay una historia de una pareja que a pesar de haber tenido malas experiencias con un hotel determinado, se hospedaron en él de nueva cuenta, ignoro si fue porque no había otras opciones disponibles o si lo hicieron en la espera de la reivindicación del lugar.

El caso fue que cuando se encontraron en la puerta de su habitación, las llaves electrónicas no funcionaban. Ninguna de las dos que les dieron. Al principio pensaron que tal vez que las habían puesto junto al celular y por eso se había desprogramado la banda magnética pero no fue así. Llamaron a la recepción pidiendo que alguien subiera a ayudarlos porque para acabarla de amolar, la dama necesitaba con urgencia hacer uso del baño. El tiempo pasó y nadie llegó a auxiliarlos, razón por la cual volvieron a hablar a la recepción y les dijeron que la persona ya había subido pero que no los encontró fuera de su puerta.

-Pero si estamos aquí y no nos hemos movido- fue lo que alegaron hasta que unos minutos más tarde, vieron venir a alguien por el pasillo.

-¿Por qué no funcionan las llaves?- fue el primer reclamo -. Necesito entrar con urgencia, por favor apresúrese a abrir la puerta- instó la señora.

-Con mucho gusto señora- respondió el botones- por favor acompáñenme- solicitó con amabilidad.

-¿A dónde?

-A su habitación, dos pisos arriba.

Puede ser que al momento de emitir juicios saltamos muy rápido a las conclusiones y generalmente las mismas se construyen con el material que se tiene a mano y que suele ser producto más de una percepción que de una realidad.

¿Será posible emitir juicios justos basados en realidades absolutas?

Ahora que miro atrás, las dos críticas que recibí fueron producto de una percepción pero yo tomé la primera como un ataque personal e injusto hacía mi persona.

¿Cuántas veces he hecho lo mismo con otras personas? Seguramente miles de veces… muy a mi pesar.

¿Y qué hay de los halagos?

Bueno, el halago es la cara opuesta de la crítica. El halago es el reconocimiento por lo que se hace bien.

Del mismo modo que las críticas, los halagos son los juicios emitidos en aprobación de un comportamiento determinado y por ello también se construyen de percepciones.

Vivir tratando de evitar los primeros y buscar los segundos es una tarea muy desgastante porque mientras unos no los ves venir antes de que se te estrellen en la cara, a veces los otros tardan mucho o de plano nunca llegan, por más que estires la mirada en el horizonte.

Los primeros te deprimen y te hacen dudar de tu bondad, de tus habilidades y hasta de si mereces vivir en este mundo, mientras que los segundos te llenan de vida, te dan ánimo para seguir el camino y generalmente te impulsan a buscar nuevos horizontes.

He tratado de no dejar que me afecten los primeros y también he procurado que los segundos no me despeguen los pies del suelo, pero no ha sido fácil y la mayor parte de las veces no lo he logrado… aunque esta última vez sí pude manejar mucho mejor la crítica, apartándola de un ataque personal y tomando su contenido como una muestra de las señales que estoy enviando y que tal vez no me conviene enviar. Mucho de esto tuvo que ver más con el hecho de que la persona que me la dio me dijo que era una percepción… no siempre será así, no siempre las personas me harán saber que su crítica o su halago proviene simple y sencillamente de su propia percepción de la vida; algo que puedo tomar con objetividad  para darme cuenta de que probablemente esa percepción no tiene mucho que ver conmigo.

Un abrazo con aprecio:
Anabell

miércoles, 11 de julio de 2012

Desde la muerte

Creo que el momento más terrible después de la muerte de un ser amado es retomar la vida diaria sin esa persona.

Cada vez que estoy en un funeral, veo al viudo o viuda y se me parte el corazón al pensar en lo que será para él o ella llegar a su habitación, a esa que compartió equis años con su pareja y donde se dieron los momentos más íntimos y personales de la vida que se acaba de terminar.

El dolor y la soledad deben pesar mucho en esa primera noche amarga.

A veces me pregunto cómo sería para mí el tener que vivir todo eso y cuando la cosa se torna más oscura y profunda, opto por pensar que yo me iré primero que él.

¿Me gustaría que él tuviera que vivir todo eso? ¡No! Por gusto no... pero sé que él sabría manejarlo... incluso sé que le tomaría menos tiempo que a mí,  recuperarse y aceptar su nueva condición hasta el día en que también entre en el rincón de los graduados.

Tengo un boleto y de pronto no sé qué tan proximamente pudiera hacer uso de él. No, no es que tenga pensamientos ni intenciones suicidas, simplemente hablo del boleto que me dieron el día que nací... el mismo boleto que les han dado a todos los seres vivos desde que este mundo es mundo y que eventualmente todos, queriéndolo o no, terminamos por usarlo.

Y bueno, no es que tenga miedo de morir... al menos no por mí. Lo que me da miedo de morir es saber que va a ser triste para mis amados y que no estaré en posibilidades de confortarlos.

No he conocido a alguien que al día de hoy sea capaz de decir un adiós a algo significativo en la vida sin derramar una lágrima.

Un abrazo con aprecio:
Anabell



lunes, 24 de octubre de 2011

Cambiando paradigmas

Hace poco más de diez años, tuve la enorme fortuna de toparme con un tipo que daba un curso que manejaba el concepto de romper paradigmas.

¿Por qué las cosas son de un modo determinado? Si me preguntan, existe mucho más de lo que vemos y seguramente en el futuro existirá mucho más de los que nuestros ojos alcanzarán a ver.

Hace cien años no había televisión y ahora ya existe una que transmite imágenes en 3ra. dimensión. Ya no sólo podemos ser testigos casi presenciales de hechos y sucesos que ocurren lejos de nuestro campo de acción físico, ahora podemos verlos como si estuviéramos ahí.

Confieso que cuando vi una televisión a colores, pensé que eso sería el final de la evolución del aparato. ¿Qué más se puede hacer con él? Hoy, algo así como treinta años después tengo la respuesta.

Nunca antes me había considerado una persona creativa porque yo creo que la gente creativa es la que innova y para innovar se necesita imaginación. Yo pertenezco más a los que colectan datos (buscan conocimiento) que a los que echan a volar la imaginación.

El paso del tiempo me ha hecho darme cuenta que mi creatividad está muy latente, lo único que debo hacer es dejarla fluir en aquello que me llama y me hace feliz.

Sin intentar señalar culpables, hoy me he topado con este video que compartiera un amigo en Facebook y que me ha dado un muy buen norte de por qué las cosas han sido como son y a dónde nos llevarán si seguimos en esa misma dirección.

Después de diez años de haber escuchado el concepto de romper paradigmas y pensar fuera de la caja, me ha caído el veinte y felizmente me veo en la posibilidad de explotar esta potencialidad antes de llegar a los cuarenta. ¿No es esto una maravilla?

Un abrazo con aprecio.

Ken Robinson - Cambiando Paradigmas.

viernes, 7 de octubre de 2011

Guadalajara: La Ciudad de los Panamericanos 2011

Si han tenido oportunidad de leer entradas anteriores se habrán dado cuenta de que soy tapatía, es decir, nací en la bellísima ciudad de Guadalajara, en el estado de Jalisco, en este México maravilloso y vibrante.

Y si por algo, mis entradas respecto a Guadalajara y a México les han transmitido en algún nivel, el orgullo y el amor que siento por mi patria y el suelo que me vio nacer, quiere decir que he hecho bien mi trabajo de vaciar mi vida en este espacio.

Sería muy injusto de mi parte decir que Guadalajara es la ciudad más bella del mundo. No porque al decirlo mienta, sino porque no hay dos ciudades o poblaciones iguales con las que puedas hacer una comparación justa.

Guadalajara es grande, en el sentido estricto de la zona conurbada, pero pequeña en su extensión original. Creo que estamos entre las 10 ciudades más grandes de América Latina en términos de población y eso se debe a que se han unido los municipios circunvecinos: Tlaquepaque, Tonalá, Zapopan y más recientemente Tlajomulco de Zúñiga, aunque éste no ha sido oficialmente anexado a la zona urbana de Guadalajara.

Guadalajara es conocida de muchas formas: La Perla Tapatía, La Perla de Occidente (por su ubicación geográfica), La Ciudad de las Rosas y algunas otras que por el momento se escapan de mi memoria.

Cientos de líneas en muchas entradas me llevaría contarles la historia de mi ciudad; tal vez con el paso del tiempo y hasta que me toque entrar al rincón de los graduados, logre el cometido de transmitirles algo de la historia, la belleza, las costumbres, las comidas, los eventos y la gente que hace de esta ciudad, un lugar maravilloso y digno de ser visitado por personas de cualquier parte del mundo.

 


Por el momento me limitaré a contarles sobre los eventos más relevantes que tendrán lugar aquí en los próximos días. Ha habido muchos más de los que les hablaré, pero la verdad es que no se me había ocurrido mencionarlos hasta ahora que me ha golpeado la llegada de los Juegos Panamericanos, evento que busca las calificaciones de los atletas americanos que desean competir en Juegos Olímpicos.

Jalisco ha sido ya por muchos años consecutivos, el estado campeón de México en el deporte. Guadalajara ha sido la cuna de: Javier Hernández Balcázar (El Chicharito), jugador del Manchester United en la liga Inglesa y de Lorena Ochoa, golfista profesional, la número 1 del mundo del golf femenil del 2007 al 2010; por mencionar sólo a un par de los deportistas que han trascendido en deportes muy populares y con reconocimiento internacional.

Guadalajara y el estado de Jalisco serán ahora los anfitriones de los XVI Juegos Panamericanos, evento que ha logrado hacerse realidad gracias al empeño y al esfuerzo de muchos buenos tapatíos de nacimiento o de adopción.

Para estar a la altura de las necesidades de infraestructura de un evento de este tamaño, Guadalajara, sus gobiernos estatales y municipales, en conjunto con el gobierno federal y empresas privadas, construyeron la Villa Panamericana y algunos de los complejos deportivos como: el Centro Acuático Scotiabank, Complejo Nissan de Gimnasia, Complejo Telcel de Tenis, Complejo Panamericano de Voleibol, por mencionar unos pocos;  y renovó centros existentes como: instalaciones del CODE, el Club Hípico, El Bolerama Tapatío, etc.

También se construyeron o adaptaron sedes en Puerto Vallarta Jalisco para los eventos de aguas abiertas, yates y voleibol de playa; en Chapala para esquí acuático; en Tapalpa para los eventos de ciclismo de montaña.

Para el fútbol soccer se usará el estado Omnilife, casa de las Chivas de Guadalajara, equipo de primera división de la liga mexicana de fútbol.

Algunos de los eventos de atletismo y ruta como: maratón, caminata y ciclismo, se darán en el complejo temporal ubicado en la Avenida Vallarta, teniendo como marco la Glorieta Minerva y los Arcos de Guadalajara.

Guadalajara ha sido anfitrión en muchas ocasiones de eventos internacionales de alto nivel como: mundiales de fútbol, (México 70 y 86), campeonatos mundiales en diversas disciplinas deportivas, eventos culturales como: la Feria Internacional del Libro Guadalajara, y el Festival de Cine Internacional de Guadalajara; y esto se debe a la calidez de su gente y a la forma en la que nos gusta consentir a quienes nos visitan de otras ciudades de México y de otros países del mundo.

Si eres fanático del deporte y tienes oportunidad de venir a Guadalajara a presenciar los Juegos Panamericanos, los tapatíos te esperamos con los brazos abiertos y la mejor disposición para que tengas unos días maravillosos que se conviertan en una razón para volver en el futuro.

Juegos Panamericanos Guadalajara 2011: La Fiesta de América.

XVI Juegos Panamericanos Guadalajara 2011

¡BIENVENIDOS TOD@S!

Un abrazo con aprecio.   

sábado, 1 de octubre de 2011

La opinión que importa

¿Será que uno practica lo que aprende, aunque eso signifique fastidiarse la vida?

Hace unos meses caí perfectamente en la cuenta de cuan importante es para mí la opinión de los demás. 

También me di cuenta de lo mucho que me ha afectado seguir esos estándares con los que los demás juzgan si soy buena o mala persona, si soy considerada o no, si soy buena en lo que hago o no.

¿Existen realmente esos estándares o siempre han estado en mi cabeza?

Bueno, debo admitir que la mayor parte de las veces esos estándares están sólo en mi cabeza. Conclusiones sobre su comportamiento, comparados con una lista en mi base de datos de comportamientos aceptados y no aceptados por parte de las personas.

No es mentira cuando decimos que somos nosotros mismos los peores jueces. La mayor parte de las veces a las que me refiero, todo sale de lo que yo misma fabrico en mis juicios y lo que creo que las personas piensan o pensarán de mí en equis o zeta caso; y al final, es solamente cuestión de achacarle ese juicio a alguien.

Cuando pequeñita, mi mamá tenía mucho cuidado con mi cabello, lo cepillaba todos los días y me peinaba de cientos de formas distintas. Sí, fui una preciosa muñeca de cabellos largos y rizados por mis primeros cinco o seis años. Me gustaba mucho mi cabello, pero soy consciente de que mantenerlo arreglado es todo un lío y teniendo que salir de casa a las 5:30 de la mañana, lo más práctico era optar por un cabello corto.  Lloré y sufrí mucho la pérdida de mi larga cabellera, pero eso fue sólo el principio, lo peor vino cuando los demás me vieron y me dijeron: "pelona".

El cabello crece, pero si lo tienes rizado como yo, existe un periodo de tiempo entre que es corto y quiere dar el brinco a mediano, en donde lo mejor es que traigas permanentemente un casco de motociclista. Durante ese tiempo, pasé de "pelona" a "hija de _________ (un futbolista colombiano de los setentas con cabello afro, cuyo nombre no puedo recordar)".

Para evitar los comentarios, siempre procuré tenerlo corto y cuando decidí tenerlo largo, hice lo posible por traerlo agarrado con broches y cientos de pasadores. Una vez que logré tenerlo largo de nuevo, no volví a dejar que me lo cortaran más que de las puntitas  para darle forma. Mi papá decía que ir a la estética era tirar el dinero a la basura.

Como el cabello, tuve cientos de otras cosas que cuidé sobre mi aspecto por no dar una imagen que no quería dar.

Ahora mi hijo mayor pasa por lo mismo y aunque lo entiendo perfectamente sus razones, la luz de los años me ha dicho que no vale la pena preocuparse por lo que dirán los demás. Cuando te preocupas por lo que los demás piensan (y también por lo que no piensan o lo que tú crees que piensan), estás en el camino correcto a una vida mayormente miserable.

Pero bueno, ¿qué puedo decirle si yo misma estoy en ese camino?


Supongo que lo mejor que puedo hacer es que, ahora que he visto la luz del otro lado del túnel, dejar que él descubra eventualmente lo que esto significa... con un poco de suerte, se dará cuenta antes de llegar a los cuarenta; tal como me pasó a mí.

Un abrazo con aprecio.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Disfrutar no resulta tan complicado después de todo

Adoro la idea del contacto con la naturaleza, pero siempre he sido enemiga de acampar por todas las incomodidades que conlleva dejar la electricidad, el agua entubada y los espacios especialmente diseñados para descansar.

Hace unos días, un amigo me compartió el enlace que hoy les traigo y me dije. "Así si baila mi hija con el señor". Que es una forma de decir que así sí me animo a acampar.

Independientemente de lo ingenioso del asunto, de este video me gustó la ambientación y la dicha que de la naturaleza emana. Rincones con mucha vegetación, riachuelos, lagos y estas cosas hay en casi todas partes y están muy al alcance de la mano. Ayer tuve la fortuna de estar en uno, en Chapala.

Deseando que quienes nos hacen en el honor de pasar por aquí tengan una extraordinaria semana llena de cosas que sean para su bien, me despido por el momento.

Un abrazo con aprecio.

Hasta la próxima.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Once

Podría decirse que volver a la adolescencia es un tema reservado para el cine o para los libros de ciencia ficción, pero a mí me ha pasado y el proceso ha sido sin duda enriquecedor por las reflexiones a las que me ha dado ocasión, y divertido porque he aprendido a disfrutar la vida como viene sin cuestionarme tanto la forma.

Poco después de haber cumplido once años se dio la primera separación de mis papás, especialmente de mi mamá, con quien había pasado prácticamente las veinticuatro horas del día de los anteriores cinco años. Mi mamá en vida se desempeñó como maestra de primaria y maestra de dibujo técnico en secundaria. Su horario de trabajo era de 7:00 a.m. a 1:00 p.m. y de 2:00 a 6:30 p.m. Mientras estudié la primaria, la mejor opción fue que lo hiciera en las escuelas donde mi mamá trabajaba, porque en aquellos entonces no había esquemas de guarderías que pudieran atenderme durante el otro turno, así que los cinco años que cursé de primaria (son seis, pero yo pasé de tercero a quinto sin cursar cuarto año) los pasé con ella en tiempo completo.

Cuando me llegó el tiempo de estudiar la secundaria, las responsabilidades propias de los deberes de ese nivel educativo hicieron que termináramos con el esquema de ir todo el día a los dos tipos de escuela. Lo mejor para mi era acudir a una escuela en la ciudad (porque en esos años ella trabajaba en escuelas rurales) y dedicar el resto del día después de clases ocupándome de estudiar y hacer las muchas tareas que suelen dejar los muchos maestros que adquieres en este nivel. Todo era muy normal, natural y por supuesto, lo más lógico y conveniente para todos. Como mi mamá y yo entrábamos a la misma hora y estábamos en escuelas diferentes, nos íbamos a la misma hora pero cada quien por su lado. Mientras mi papá trabajó en la ciudad, me llevó a la escuela por las mañanas, pero llegado el momento en que él se fuera a trabajar a otra ciudad, yo tomaba mi patín, por decirlo de algún modo, para ir a la escuela.

El proceso no debió implicar mayor impacto en mi vida, después de todo yo seguía teniendo papás, no es que me hubiera quedado huérfana ni nada por el estilo, pero la realidad es que mi súbito contacto con el mundo de afuera donde no había mamá que me protegiera o que estuviera pendiente de mí y de lo que pasaba conmigo durante el día, se convirtió en un parte aguas que determinó la forma en la que vi el mundo durante los siguientes veinticinco años. Por principio de cuentas me convertí en la señora de la casa. Yo hacía las compras diarias (en aquellos años ni las carnicerías, ni las verdulerías o tortillerías funcionaban después de las 3:00 de la tarde y le ayudaba a mi mamá con la comida y la limpieza de la casa). Llegar a una casa sola donde no hay qué comer si no lo preparas, me pesó mucho durante el primer año del cambio. Esperar a que llegara mi mamá por la noche para decirle que tenía que salir corriendo antes de que cerraran la papelería para comprar las láminas y cosas extras que me pedían en la escuela para hacer mi tarea fue una experiencia hasta cierto punto desgastante y desmotivador. Mis vecinitos llegaban a su casa y le contaban a su mamá todo lo que les había pasado durante el día, se lavaban y se sentaban a comer sopa caliente que seguramente sabía muy buena porque no estaba quemada ni cruda, ni salada, ni insípida. Cuando mis amigos de la escuela me invitaban a sus casas a comer y a pasar la tarde para estudiar y hacer tareas, era un día de fiesta porque comería rico y pasaría la tarde en familia, con los papás y hermanos de mis amigos. La secundaria fue una época particularmente difícil porque mi ingenuidad me jugó malas pasadas con maestros y compañeros que tomaron ventaja de mi inocencia y falta de autoestima. 

Admito que durante años guardé mucho resentimiento hacía las personas y circunstancias que "me hicieron" sufrir en aquel tiempo. Los maestros que me exprimieron hasta que lograron que reventara, los compañeros que se burlaban de mí porque era flaquita y usaba zapatos ortopédicos, los niños que me gustaban y que nunca me hicieron en el mundo o cuando me notaban, lo hacían para maltratarme; la compañeríta que me cuestionaba el por qué yo leía libros de auto ayuda si había compañeras con desempeño brillante que no necesitaban hacer cosas raras como pedir ayuda de ningún tipo, los niños que físicamente me agredieron (oh sí, el bullying no es un asunto nuevo), las niñas que me invitaban a hacerme la pinta o a salirme de mi casa sin permiso, las que no podías contarles que te gustaba ver caricaturas cuando a ellas les gustaba ver telenovelas. 

Mi bajo desempeño académico minó mi ánimo al punto de decidir no esforzarme más por cosas que estaban más allá de mí; estaba claro que no importaba cuánto me esforzara, nunca volvería a ser la alumna brillante que fui en mis años de primaria (que fue una de las razones por las que me pasaron de tercero a quinto en la primaria). Fue un tiempo que viví con miedo, tristeza y en el que aunque traté de comunicarles a mis papás lo que sentía, ellos no pudieron hacer mucho por mí más que escucharme y tratar de darme un consejo, aunque generalmente no era el consejo que esperaba. Así es la vida cuando dejas de ser niño pero no eres todavía un adulto. Estás verde y tu visión del mundo no va más allá del día a día y de las paredes de tu casa o barrio y escuela. 

La parte buena de aquellos años fue que aunque tuve muchos compañeros que me agredieron, también tuve muy buenos amigos. Gente que quise mucho y que llenó esos dias de cariño, comprensión, diversión y apoyo. Fueron los primeros amigos estables que tuve (en mis años de primaria cambié de escuela varias veces), y con ellos viví las primeras experiencias de lo que significaba ser amigo y compañero. Con ellos compartí: risas, llantos, corajes, sustos (aquel temblor de 1985), travesuras, miedos, esperanzas, ilusiones y muchas otras cosas que por el momento se escapan de mi memoria.

Cuando mi mamá abandonó este mundo, yo volví a sentirme como cuando tenía once años. La diferencia ahora es que mi mamá no regresará a casa a las 8 de la noche. 

El proceso no debió implicar mayor impacto en mi vida, después de todo yo seguía teniendo a mi papá, era una mujer adulta con una vida propia e independiente y con una famila. La muerte es un proceso natural por el que todos tenemos que pasar y aunque fuera sopresivo que mi mamá partiera porque ocurrió de pronto y sin previo aviso, no hay razón que justifique no aceptar las cosas como son y seguir la vida de la mejor manera posible. Después de todo mi mamá y yo ya no teníamos cosas en común más allá del nombre y el hecho de que éramos familia y nos teníamos el amor propio de los padres a los hijos y viceversa. Y aunque el tiempo y las circunstancias me hicieron decidir que para no sufrir lo mejor era poner una barrera, hoy me queda claro que no importa cuan alto y extenso hayas construido el muro, el dolor de las separaciones es inevitable y más cuando el vínculo que se ha roto es el que tenías con quien te dio la vida. Extraño mucho a mi mamá pero en aras de "saber" vivir mi nueva condición, me tragué muchas cosas que terminaron por lastimarme más de lo que me hubiera lastimado decepcionar a quienes admiraban mi forma adulta y madura de tomar las cosas.

Viví ocho meses de depresión que culminaron el día de mi cumpleaños número treinta y nueve como el día más triste de mi vida. Sí, estaba muy agradecida por tener la maravillosa familia que tengo a mi lado, sí, estuve frente al mar en compañía de mi marido y mi hijo mayor, sintiendo la brisa fresca en mi rostro, pero también sufría el hecho de que mi mamá ya no me llamaría para felicitarme, ya no volería a recordar lo que significó mi presencia en su vida. Sí, estaba triste y no era capaz de decirme a mí misma: Estoy triste, acéptame, porque no tiene nada de malo estar triste, aun cuando en la vida tienes muchas cosas por las cuales estar feliz y agradecida. Regresé de Vallarta y caí en cama con una infección renal, producto de mi mal cuidado estado general de salud. En esos días, el perro que había sobrevivido a mi mamá y que mi papá cuidaba, se salió de casa y murió atropellado. Son cosas que pasan. Habrá gente que las pueda asimilar con mayor facilidad. Habrá gente que no tenga necesidad de llorar y pueda superar los momentos que implican tristeza o preocupación sin mayor aspaviento. No es mi caso y por primera vez lo acepto y hago la paz con ello.

Sí, todo esto sucedió para que yo pasara de tenerle miedo a la vida, a disfrutarla con todo lo que trae. Y bueno, no volví a los once años nada más por eso. Curiosamente unos días después de que regresé de Vallarta, me encontré rodeada por mis excompañeros de secundaria. Muchos han vuelto de golpe, alguna de ellas para acompañarme en mi duelo y otros más para hacerme recordar todo aquello que borré de mi mente porque consideré que no valía la pena; también me han servido para volver a mirar sin condenar, los métodos con los que fui instruida por parte de los que fueron nuestros  maestros. 

Ayer cumplí junto con mi hijo mayor, doce años. Mi duelo ha madurado y he dejado la depresión en el pasado. Curioso que todo esto haya pasado mientras él realmente tenía once años y vivía en carne propia, algunas de las experiencias que yo tuve a su edad.





miércoles, 6 de julio de 2011

Lo inesperado

Hace unos días tuve la fortuna de recibír una muy grata sorpresa.

Inesperada y por lo tanto inimaginada, sirvió para dejarme claras algunas cosas que venía reflexionando y otras que apenas acababa de conocer.

Vi la abundancia proveniente de un lugar de donde siempre supe que había miseria.

Presencié la alegría que da hacer felices a los demás sin esperar lo mismo a cambio. No todo es un sacrificio y un constante sufrir, para que otros gocen de una alegría.

Me di cuenta que aunque la vida no nos depare lo que en algún momento soñamos, de cualquier manera es posible ser feliz. Basta con que aceptes las cosas y sigas tu camino con una sonrisa para dar a los demás.

Las cosas sencillas son las que más valen y generalmente cuestan muy poco... En ocasiones, nada.

Gracias a don Luis y a Fer, por haber venido a traer amor, esperanza y alegría, desde un lugar del que sólo he esperado soledad, indiferencia, miseria, rencor y mentira.

En verdad no hay nada realmente malo, cuando sabes que al final lo único que queda es Dios y Él es BUENO.

Un abrazo con todo mi aprecio.

jueves, 9 de junio de 2011

El Café de los Cuentistas

La Cuidad de México tiene el estigma de inhabitable, de caótica, de sucia, de estresante, de insegura. Adjetivos todos ciertos pero tristemente no exclusivos de esta ciudad, todos cada vez más aplicables al resto de las ciudades de este pobrecito país al que se está llevando la chingada.
El caso es que vivir en esta ciudad tiene su lado muy oscuro pero también otro que vale la pena poner en perspectiva a la hora de evaluar la experiencia de ser su habitante, uno que hace que valga la pena aguantar vara, como dicen en mi pueblo.
Me gusta escribir. Seguramente no lo hago de manera virtuosa o especialmente artística, pero me gusta contar y, por ende, que me cuenten; me entusiasma la idea de saber quién está detrás de las letras, cómo son físicamente los responsables de generar las historias que leo, saber en qué se inspiran, cómo, cuándo.
El primer martes de cada mes se lleva a cabo El Café de los Cuentistas en el Péndulo de la colonia Roma. A las 7:30 comienza la experiencia de escuchar de viva voz de sus creadores una serie de cuentos, o bien un cuento algo más largo, para después iniciar una sesión de participación por parte del público en la que puedes preguntar lo que quieras. Me resulta enriquecedor ver de frente a cada escritor, observar la simplicidad que los acompaña; no parecen diferentes a los que estamos sentados de este lado del foro, no tienen una cabeza descomunal en la que sea evidente que generan millones de ideas más que nosotros, o un rostro de infinita belleza que sea el reflejo de lo que son capaces de regalarle a las letras y palabras acomodadas de tal o cual manera. De niña creía que quien era capaz de escribir un libro seguramente sería una persona excepcionalmente inteligente, fuera de cualquier parámetro conocido por mí en aquel entorno rural en el que el único libro que existía en las casas era la Biblia. Imaginaba a Louise May Alcott, a Edmundo De Amicis, a Antoine de Saint-Exupéry como seres mágicos, poseedores de talento y conocimiento absoluto, y sentía una envidia que trataba de esconder hasta de mis mismos pensamientos, envidia por la absoluta certeza de que yo jamás sería capaz de semejante hazaña.
Haber tenido la oportunidad de mirar de cerca a Ana García Bergua, a Rafael Pérez Gay, a Paola Tinoco y a Alberto Chimal, me ha hecho sacudirme esas creencias infantiles que de alguna manera habían permanecido en mi memoria actualizándose con cada autor nuevo que he leído hasta la fecha, para ceder su lugar a una humanización del escritor ante mis ojos. La conclusión obligada es: si en apariencia son tan comunes como yo, seguro que dentro sucede algo similar; así que tal vez, si me esfuerzo, algún día yo también podría...
Una experiencia que dificilmente viviendo fuera de este caos llamado Ciudad de México, podría haber tenido la fortuna de vivir.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Las Limitaciones.... ¡Están en tu cabeza!

En cierto modo siempre he estado consciente de que mi mundo es pequeño, pero no me había dado cuenta plena de que su pequeñez ha ido en directa proporción con lo que yo he pensado son mis limitaciones.


Y bueno, no es que de la noche a la mañana crea que puedo desafiar las leyes que rigen a este universo... no se trata de eso, se trata de que en lugar de tenerlas como una barrera o de querer ir en su contra, las uses a tu favor.


Pienso en lo que tienen que hacer por ejemplo las personas que en algún momento llamamos discapacitados (después se llamaron "con capacidades diferentes", pero el término murió porque toooodos tenemos capacidades diferentes). El caso es que las personas que han padecido alguna enfermedad que les ha obligado a llevar una vida distinta a la de la mayoría, por falta de algún miembro o parte de su cuerpo, o aquellos que por un accidente han quedado en las mismas circunstancias, son un ejemplo muy palpable de que en verdad, las limitaciones están sólo en tu cabeza.


Aquí en México es bien sabido que los atletas paralímpicos están mucho más comprometidos y aman más la camiseta que los otros atletas. Sin querer entrar en controversias simplemente señalaré que mientras los atletas mexicanos que participan en las olimpiadas traen dos o tres medallas (si bien les va), los paralímpicos se traen decenas y cada uno por lo menos trae dos o tres. ¿A qué se debe esto? No sé en otros países pero aquí en México el mundo es tremendamente hostil con personas en estas condiciones y sin embargo muchos de ellos salen adelante con mucha más dignidad de lo que lo hacemos los que tenemos el paquete completo.

Y el secreto no es tan secreto en realidad. La razón por la que ellos no sólo salen adelante con más dignidad sino que además brillan en lo que sueñan, es porque están acostumbrados a hacer el esfuerzo que sea necesario para alcanzar lo que anhelan.

Hablando de forma personal diré que es irónico que alguien que no tiene que esforzarse tanto como quien no tiene piernas o manos o que es ciego, se limite tanto en cosas tan elementales como la felicidad.

Digo, no dudo que hay gente infeliz y amargada por su condición de vida (con o sin discapacidad), pero veo con admiración y gusto que son más las personas con capacidades especiales que buscan su felicidad y se abrazan a ella sin importar sus condiciones de vida (o por encima de lo que ellas representan), que los que lo tenemos todo.

Por ejemplo, a partir de mi crisis existencial sobre mi postura como empleada y mamá, descubrí que no es posible brillar en ambas facetas porque por su naturaleza se contraponen. Al principio me frustré, lloré y me emberrinché porque me parecía injusto que este mundo estuviera mejor diseñado para los hombres, que ellos gozaran de todas las ventajas y que nosotras cargáramos más con las responsabilidades, que con la realización de nuestros proyectos porque "alguien" tiene que quedarse a cuidar a los niños.

Estoy muy agradecida de mi trabajo de medio tiempo y no lo cambiaría por nada, pero al ver que no tendría un desarrollo como yo lo imaginaba debía ser, me resigné a vivir una existencia laboral tirando a la mediocridad. Y no es que sea chambona y haga mal mi trabajo. Una cosa siempre me ha quedado clara, si vas a hacer las cosas hazlas bien o mejor dedícate a algo más, pero me quedaba claro que por ejemplo los cursos de capacitación, los proyectos especiales y los viajes no eran algo que cabía en mi universo.

Hace unos días descubrí que estaba en un error. Que el crecimiento y el desarrollo no se limitan a tu concepción de éxito; que el universo es infinito y que por lo tanto está en constante expansión y por ende también lo están las cosas que lo componen.

No, no me volví loca y de pronto creo que todo se expande por mi gusto. Como dije al principio, no creo que en este mundo haya una sola cosa que se haga realidad en contra de las leyes que rigen el universo (muy inteligentemente creadas, por cierto), lo que sí creo es que el espectro es mucho más grande y de mayor alcance de lo que podemos ver.

Puesto en otras palabras y usando mi situación para dar marco en particular a este caso, yo no podré físicamente expandirme, pero existen partes de mí que están fuera de esa "limitación" física, y que sí se pueden expandir para trabajar a mi favor si así lo deseo.

¿Quién diablos dice que mi empresa se va a quedar toda la vida como está y que por lo tanto no tengo cabida en otros marcos funcionales?

Eso es algo en lo que no había pensado hasta que mi jefe me invitó a participar en un par de proyectos que me tienen muy entusiasmada por el reto que implican, y por el desarrollo profesional y personal que sin duda ofrecen a los involucrados.

Ahí me di cuenta de que puedo crecer aun cuando no tenga un cambio de puesto hacía arriba en mi organización.

¿Cuántas otras cosas he limitado en mi vida porque no encajan con mi manera de ver las cosas?

¡Puuuuuuf! Cientos, tal vez miles.

Lo que sí creo es que todo camino requiere de un esfuerzo, tal vez uno extraordinario, pero de que se puede, se puede.

¿Y tú, a dónde quieres llegar y qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo?

Nos vemos en la próxima.

jueves, 24 de febrero de 2011

Del amor al prójimo

Esta entrada era para el 14 de febrero, pero la vida no me dio el tiempo suficiente para sentarme a escribirla.

Pero bueno, el mes del amor no ha terminado aún, así que estoy a tiempo.

Una constante en los años de mi infancia fue: "Los hijos únicos son por definición egoístas porque todo se les da y nada comparten"

No fue difícil para mí creerlo. En verdad todo se me daba y no me gustaba compartir porque notaba que la gente no tenía el mismo cuidado que yo le ponía a mis cosas.

A los once años me "enamoré" de un chico y a los trece me "enamoré" de otro. El problema fue que el primero se enamoró de una de mis mejores amigas y el segundo le gustaba a otra amiga así que nunca me animé a tener algo con él por no traicionar una amistad. O a la mera a él no le gustaba tanto en realidad y por eso tampoco hizo nada por conseguirme.

A los dieciséis me volví a enamorar y el sentimiento me duró varios años. Fue una época muy feliz que pensé me duraría toda la vida.

No sé exactamente en qué punto se me terminó el amor. Estaba dispuesta a casarme con él por una serie de razones que por ahora no vienen al caso mencionar, pero me quedaba claro que aquello ya no era amor y me pregunté si algún día realmente lo fue.

Hace doce años que me volví a enamorar y hoy con gran alegría puedo decir que me siento mucho más feliz y plena que cuando el sentimiento me envolvió por primera vez en aquel entonces. Ya las mariposas en el estómago no son la constante, pero tampoco lo es el agobio que te cubre gracias a la rutina. Hoy estoy segura de que amo y amo de verdad.

Y es que amar en realidad no cuesta trabajo. El amor representa un reto cuando anteponemos nuestra comodidad (porque ni siquiera podemos llamarlo bienestar), por encima de los demás y su bienestar.

La parte que todavía me cuesta es aquella de amar a los enemigos; o al menos eso creo.

Ayer pasé una tarde increíble en compañía de mi maestro, y entre muchas otras cosas discutimos respecto al amor al prójmo. Yo le comentaba que me sentía fatal con Dios porque me había mandado amar a mis hermanos (incluyendo a los que me persiguen y me odian) y la verdad es que yo les pago con la misma moneda.

Bueno, tal vez llamar a esa gente "enemigos", es un término dramático que no va con mi realidad, pero para efectos de distinguirlos de los amigos, los llamaré de esa manera.

Y he pensado mucho en lo que significa realmente amar al prójimo y llegué a la conclusión de que amarlos significa desearles el bien y yo se los deseo aunque me caigan gordos.

Puede ser que alguien me caiga muy mal, puede ser que no lo soporte o puede ser que me haya lastimado profundamente, pero a pesar de todo, en ningún momento le deseo un mal y eso es verdadero amor.

Y es que en mi mundo el amor estaba representado en gran medida por la cantidad de cosas que haces para beneficio de los demás y yo siempre he sentido que hago demasiado por algunos que ni se molestan en hacer algo con eso que les doy, y no hago nada o casi nada por aquellos que sí merecieran toda mi atención. Como no hago nada por los que me caen gordos, seguramente es que no los amo como Dios me mandó que los amara.

Esa misma forma de ver el mundo me hizo preguntarme por qué recibo tan poquito de los que más les he dado, y por qué recibo tanto de los que les he dado tan poquito. Como que no hay mucho balance en este mundo ¿no? Yo creería que la justicia estaría en no recibir nada de mis enemigos y mucho de mis amigos y no siempre es así. ¿Por qué habría de serlo si yo tampoco soy pareja con mis amigos?

La razón es que el amor no tiene medidas de cambio. Puedes demostrarlo con hechos, pero éstos jamás estarán a la altura de lo que realmente representa el sentimiento.

Por ejemplo yo siento que mi maestro ha hecho demasiado por mí y yo, fuera de ayudarlo con sus broncas computacionales, no le aporto nada trascendente a su vida. Ayer me sacó del error.

La verdad es que en esta vida hay millones de formas de hacer que el amor llegue y siempre será rebosante si lo haces con sinceridad y desde el corazón. Puede ser compartiendo el conocimiento más complicado y profundo de la filosofía o simplemente dando la oportunidad a otro de usar sus conocimiento y herramientas para darte una luz.

Lo que me deja esta experiencia es la seguridad de que lo que sea que doy, lo doy con verdadero amor y sólo por eso, tiene un valor inconmensurable.

Me falta trabajar con los que me caen gordos, pero estoy segura de que eventualmente superaré el sentimiento y podré hacer más que desearles un bien desde lejos
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lunes, 24 de enero de 2011

Mis huellas en la arena

Hace un par de semanas caí en la cuenta de que existo. Me explico: a lo largo de mi vida me ha resultado casi imposible comprender el papel que desempeño en el mundo de los que me rodean. Tengo claro lo que a mí toca, lo que percibo, lo que siento, lo que quiero y a quién lo aplico, pero no tengo mucha conciencia sobre aquello que tiene que ver con los demás y con la percepción que tienen de mí. Hace poco lo llamaba "síndrome de invisibilidad" (esta cosa extraña incluye la certeza de que la gente deja de recordarme cuando deja de mirarme) y se me estrelló en la cara una mañana en la arena de alguna playa de Los Cabos. Lo que más me gustó de esas playas fue su soledad, la falta de garnachas, vendimias de artesanía y ofertas de masajes con aceite de coco. Esa soledad me permitió observar mis huellas en la arena mientras descansaba sobre una saliente rocosa. El momento en que mi vista se posó en esa hilera de huecos que mis pies fueron dejando tras de sí fue revelador. Sólo eran mis huellas. Nada más. Nadie más. Era la prueba irrefutable de que existo, de que lo que hago, cualquier cosa, por insignificante que parezca, algo tan simple como caminar, cambia al mundo de alguna manera. Se me vino encima, entonces, una especie de pesada responsabilidad, y también me cayó en la cabeza la comprensión de cientos de situaciones en las que siempre me fue más cómodo aventar la culpa sobre alguien más.
Me avergüenza un poco reconocer este súbito conocimiento de mi misma a mis treinta-y-casi-cuarenta, sin embargo prefiero aplicar el eterno lugar común de más vale tarde que nunca. Entonces me llegan otras revelaciones. Entre ellas el significado de la madurez y la certeza de que, si es que no he llegado a ella, estoy más cerca que nunca; y también la sana diferenciación entre ésta y la vejez.
Lo mejor del asunto es que esta avalancha de súbitas "caídas de veinte" me ha puesto en una perspectiva en la que me siento mucho más optimista y positiva que nunca.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡FELIZ NAVIDAD!

Muchas cosas pueden ser dichas en una noche como esta: que haya amor, paz, salud, dinero, trabajo, un techo, etc.

Aunque le de muchas vueltas sé que no encontraré nada diferente qué decir, así que simple y sencillamente iré al grano.

Que esta Navidad nos traiga a todos lo que nos sea necesario y que en nuestro corazón, guardemos un sentimiento de agradecimiento por todas las bendiciones que tenemos.

Que en cada crisis encontremos una oportunidad.

Que en cada decepción encontremos consuelo.

Que en cada alegría reafirmemos lo mucho que nuestro Padre Eterno nos ama, para que llegado el momento del dolor, entendamos que somos capaces de hacer algo bueno que nos lleve de regreso a Él.

Pero sobre todo... pidamos que nunca estorbemos su voluntad porque lo único que Él quiere, es nuestro bien.

¡Tengan todos una EXTRAORDINARIA NAVIDAD!

sábado, 28 de agosto de 2010

Satisfacción

Así como me gusta llorar mis fracasos, me gusta celebrar mis triunfos.

Acabo de tener uno muy grande que significó un esfuerzo no tan grande.

Sí, suena raro pero la verdad es que todo fluyó. Me pregunto qué hay diferente en mí y sólo puedo decir que un poco más de madurez.

Y lo mejor de todo es que esta madurez me llegó en la juventud.

¿Verdad que vale la pena celebrar la madurez cuando aún eres joven?

sábado, 14 de agosto de 2010

Celebrando el amor


Me ha llegado otro momento de revivir aquello que se selló una tarde de verano y no puedo más que sentirme la mujer más afortunada sobre la faz de este viejo y maravilloso planeta.


He vivido cosas buenas y otras con tintes decadentes pero lo que hace la diferencia es haberlas vivido a tu lado.


Hoy más que nunca estoy convencida de que mi lugar en el mundo es junto a ti, y me siento feliz de no haber dejado pasar la oportunidad de vivir esta aventura, pensando en los temores y en los fantasmas del pasado.


No es por nada pero de aquello que pudiera creer que me hace falta, la verdad ni me acuerdo.


Tú todo lo llenas y a todo le das balance.


¡Gracias por estos maravillosos once años de amor y crecimiento, amado esposo mío!


Anabell

14 de Agosto de 2010


jueves, 12 de agosto de 2010

Hoy... sin la venda en los ojos.

De un mes a la fecha me he estado reencontrando con gente de antes, con antiguos compañeros de vida. Fugaces unos, otros no tanto. De frente en una mesa de café, por teléfono, por Messenger, por Facebook. En general todos ellos fueron gratificantes. Todos menos uno.

Varias veces he hablado aquí sobre ese amor de juventud que me marcó por años y años. Con bombo y platillo puedo decir hoy que nada de eso queda ya. Parece que el tiempo se encargó de hacer eso que todos te dicen cuando traes mal de amores: todo lo cura, todo lo borra. Sé que puede parecer estúpido que venga a decir esto hoy, a casi veinte años de distancia; entonces sólo hay que recordar que soy un ser de pasados, que los atesoro y no los dejo ir tan fácilmente. Hace un par de semanas dejé en un par de fotos que me encontré en Facebook, todos los recuerdos: los buenos, los malos, los más o menos, los dolorosos, los eufóricos. Por primera vez en mi vida entendí lo que mis amigas se cansaban de decirme. La venda se me cayó de los ojos y pude percibir aquello que siempre me negué a mirar. Empecé a preguntarme entonces: ¿De quién estuve enamorada?, ¿a quién le permití mostrarme el amor con sus encantos y desencantos?, ¿a quién le regalé la primicia de mi piel?... ¿A él? ¿Al que aparece en esas fotos recientes? ¡No quiero! Preferiría seguir pensando que era un tipo simpático, guapo, sencillo y sensible, con ojos y boca de niño, con sonrisa de campo y manos de alquimista. La realidad me desagrada porque por primera vez lo veo como todos los demás lo vieron siempre... como era su esencia, sin todos esos oropeles que mis ojos nuevos y enamorados le adjudicaban en cada mirada.

Hoy puedo agradecer el sentirme finalmente liberada de él, pero ha empezado a dolerme la crudeza de la realidad, el fin del sueño, la caída de las murallas de ese recordar selectivo que tuve que construírme en torno a él para no sentir que mis primeras veces fueron un desperdicio porque las deposité en la persona incorrecta. Finalmente no sería yo si la historia tuviera un final feliz... esos no son para mí.

viernes, 21 de mayo de 2010

Ella...

A una sola mujer he considerado, en algún punto de mi vida, una rival. En ese tiempo me parecía una mujer interesante, bonita, pero sobre todo, malvada. Durante varios años le colgué el milagrito de ser la bruja de la historia, la villana desalmada que hizo todo lo posible (incluídos pociones mágicas y artilugios ocultistas) para separarme del amor de mis amores y así poder tenerlo de nuevo para ella. No fui capaz de entender que el asunto era mucho más simple, que el fulano en cuestión había decidido, en plenitud de sus facultades, no seguir conmigo y sí regresar con ella para vivir a su lado el resto de sus días. Hoy lo entiendo, lo asumo y hasta me he perdonado por haber sido tan poco inteligente como para no comprenderlo desde el inicio; hoy, que me he topado con un par de fotos suyas en Facebook, la miro y no veo otra cosa que una mujer de cuarenta con todas las huellas que la vida te deja en el rostro como factura del privilegio de alcanzarlos, veo una mujer básica como yo misma, y apenas puedo creer que en algún momento tuvimos algo tan fuerte en común aunque ese algo haya sido el antítesis de la amistad; hoy hasta la admiro por no haberse rendido, a pesar de que el mundo entero estaba contra ella, hasta haber alcanzado su objetivo: llegar al altar con el amor de su vida. Esa mujer no era mala, simplemente luchó con todo lo que pudo para recuperar lo que siempre supo suyo. La bruja de su cuento de amor fui yo, la que llegó un día a su vida y le movió las entrañas a su novio de tres años fui yo, quien la miró derrotada enmedio de un charco de sus lágrimas tras haber sido mandada al demonio para que mis seis meses de gloria sucedieran... también fui yo. Y tampoco esto me convierte en una mala persona porque todo ello sucedió sin que lastimar a alguien fuera mi objetivo (¿cómo podría haber sido intencional si yo estaba tan bruta?), las cosas simplemente se dieron así y si hay un responsable ese fue el hombre que antepuso sus propios deseos y sentimientos a los de las dos. El caso es que hoy, por primera vez en mi vida, vi a Gaby con otros ojos y eso fue liberador.

viernes, 30 de abril de 2010

Para ese niñ@ que llevamos en el corazón

No me acuerdo cuándo fue que dejé de ser niña porque empecé a cargar con ciertas responsabilidades a temprana edad, que me hicieron dejar de lado los juegos para enfrentar la vida con más madurez.

No me quejo, gracias a eso soy una persona independiente a la que muuuy difícilmente se le atora la carreta.


Soy muy afortunada porque tengo cientos de tesoros de la infancia guardados en el corazón. Tristemente muchos no pueden decir lo mismo porque sus vidas fueron marcadas por la violencia intrafamiliar y la miseria económica.


Aun así, Dios siempre tendrá un regalo para nuestro tierno corazón. A falta de una mamá o un papá, te dará alguien más que te guie y te ame para hacerte una persona de bien.


Y ahora que nos ha tocado la gran fortuna de tener unos angelitos prestados, no nos olvidemos de que nosotros también fuimos niños como ellos. ¿Cómo me gustaría que fuera mi mamá conmigo si yo tuviera 7 o 10 años?


Caminaremos hacia adelante, pero nunca dejaremos en el pasado, a ese niño que fuimos.


¡FELIZ DIA DEL NIÑO!