
jueves, 3 de enero de 2013
La Teoría de la Felicidad

sábado, 21 de julio de 2012
En mi vida...
"Hay lugares que recordaré
Toda mi vida, aunque algunos hayan cambiado.
Algunos para siempre no para bien,
Algunos han pasado y algunos permanecen.
Todos estos lugares tienen sus momentos,
Con amores y amigos, que sigo recordando.
Algunos están muertos y algunos viven.
En mi vida, los he amado a todos."
viernes, 13 de julio de 2012
En un mundo de percepciones
miércoles, 11 de julio de 2012
Desde la muerte
Cada vez que estoy en un funeral, veo al viudo o viuda y se me parte el corazón al pensar en lo que será para él o ella llegar a su habitación, a esa que compartió equis años con su pareja y donde se dieron los momentos más íntimos y personales de la vida que se acaba de terminar.
El dolor y la soledad deben pesar mucho en esa primera noche amarga.
A veces me pregunto cómo sería para mí el tener que vivir todo eso y cuando la cosa se torna más oscura y profunda, opto por pensar que yo me iré primero que él.
¿Me gustaría que él tuviera que vivir todo eso? ¡No! Por gusto no... pero sé que él sabría manejarlo... incluso sé que le tomaría menos tiempo que a mí, recuperarse y aceptar su nueva condición hasta el día en que también entre en el rincón de los graduados.
Tengo un boleto y de pronto no sé qué tan proximamente pudiera hacer uso de él. No, no es que tenga pensamientos ni intenciones suicidas, simplemente hablo del boleto que me dieron el día que nací... el mismo boleto que les han dado a todos los seres vivos desde que este mundo es mundo y que eventualmente todos, queriéndolo o no, terminamos por usarlo.
Y bueno, no es que tenga miedo de morir... al menos no por mí. Lo que me da miedo de morir es saber que va a ser triste para mis amados y que no estaré en posibilidades de confortarlos.
No he conocido a alguien que al día de hoy sea capaz de decir un adiós a algo significativo en la vida sin derramar una lágrima.
Un abrazo con aprecio:
Anabell
lunes, 24 de octubre de 2011
Cambiando paradigmas
viernes, 7 de octubre de 2011
Guadalajara: La Ciudad de los Panamericanos 2011
Un abrazo con aprecio.
sábado, 1 de octubre de 2011
La opinión que importa
Para evitar los comentarios, siempre procuré tenerlo corto y cuando decidí tenerlo largo, hice lo posible por traerlo agarrado con broches y cientos de pasadores. Una vez que logré tenerlo largo de nuevo, no volví a dejar que me lo cortaran más que de las puntitas para darle forma. Mi papá decía que ir a la estética era tirar el dinero a la basura.
Supongo que lo mejor que puedo hacer es que, ahora que he visto la luz del otro lado del túnel, dejar que él descubra eventualmente lo que esto significa... con un poco de suerte, se dará cuenta antes de llegar a los cuarenta; tal como me pasó a mí.lunes, 26 de septiembre de 2011
Disfrutar no resulta tan complicado después de todo
viernes, 9 de septiembre de 2011
Once
El proceso no debió implicar mayor impacto en mi vida, después de todo yo seguía teniendo papás, no es que me hubiera quedado huérfana ni nada por el estilo, pero la realidad es que mi súbito contacto con el mundo de afuera donde no había mamá que me protegiera o que estuviera pendiente de mí y de lo que pasaba conmigo durante el día, se convirtió en un parte aguas que determinó la forma en la que vi el mundo durante los siguientes veinticinco años. Por principio de cuentas me convertí en la señora de la casa. Yo hacía las compras diarias (en aquellos años ni las carnicerías, ni las verdulerías o tortillerías funcionaban después de las 3:00 de la tarde y le ayudaba a mi mamá con la comida y la limpieza de la casa). Llegar a una casa sola donde no hay qué comer si no lo preparas, me pesó mucho durante el primer año del cambio. Esperar a que llegara mi mamá por la noche para decirle que tenía que salir corriendo antes de que cerraran la papelería para comprar las láminas y cosas extras que me pedían en la escuela para hacer mi tarea fue una experiencia hasta cierto punto desgastante y desmotivador. Mis vecinitos llegaban a su casa y le contaban a su mamá todo lo que les había pasado durante el día, se lavaban y se sentaban a comer sopa caliente que seguramente sabía muy buena porque no estaba quemada ni cruda, ni salada, ni insípida. Cuando mis amigos de la escuela me invitaban a sus casas a comer y a pasar la tarde para estudiar y hacer tareas, era un día de fiesta porque comería rico y pasaría la tarde en familia, con los papás y hermanos de mis amigos. La secundaria fue una época particularmente difícil porque mi ingenuidad me jugó malas pasadas con maestros y compañeros que tomaron ventaja de mi inocencia y falta de autoestima.
Admito que durante años guardé mucho resentimiento hacía las personas y circunstancias que "me hicieron" sufrir en aquel tiempo. Los maestros que me exprimieron hasta que lograron que reventara, los compañeros que se burlaban de mí porque era flaquita y usaba zapatos ortopédicos, los niños que me gustaban y que nunca me hicieron en el mundo o cuando me notaban, lo hacían para maltratarme; la compañeríta que me cuestionaba el por qué yo leía libros de auto ayuda si había compañeras con desempeño brillante que no necesitaban hacer cosas raras como pedir ayuda de ningún tipo, los niños que físicamente me agredieron (oh sí, el bullying no es un asunto nuevo), las niñas que me invitaban a hacerme la pinta o a salirme de mi casa sin permiso, las que no podías contarles que te gustaba ver caricaturas cuando a ellas les gustaba ver telenovelas.
Mi bajo desempeño académico minó mi ánimo al punto de decidir no esforzarme más por cosas que estaban más allá de mí; estaba claro que no importaba cuánto me esforzara, nunca volvería a ser la alumna brillante que fui en mis años de primaria (que fue una de las razones por las que me pasaron de tercero a quinto en la primaria). Fue un tiempo que viví con miedo, tristeza y en el que aunque traté de comunicarles a mis papás lo que sentía, ellos no pudieron hacer mucho por mí más que escucharme y tratar de darme un consejo, aunque generalmente no era el consejo que esperaba. Así es la vida cuando dejas de ser niño pero no eres todavía un adulto. Estás verde y tu visión del mundo no va más allá del día a día y de las paredes de tu casa o barrio y escuela.
La parte buena de aquellos años fue que aunque tuve muchos compañeros que me agredieron, también tuve muy buenos amigos. Gente que quise mucho y que llenó esos dias de cariño, comprensión, diversión y apoyo. Fueron los primeros amigos estables que tuve (en mis años de primaria cambié de escuela varias veces), y con ellos viví las primeras experiencias de lo que significaba ser amigo y compañero. Con ellos compartí: risas, llantos, corajes, sustos (aquel temblor de 1985), travesuras, miedos, esperanzas, ilusiones y muchas otras cosas que por el momento se escapan de mi memoria.
Cuando mi mamá abandonó este mundo, yo volví a sentirme como cuando tenía once años. La diferencia ahora es que mi mamá no regresará a casa a las 8 de la noche.
El proceso no debió implicar mayor impacto en mi vida, después de todo yo seguía teniendo a mi papá, era una mujer adulta con una vida propia e independiente y con una famila. La muerte es un proceso natural por el que todos tenemos que pasar y aunque fuera sopresivo que mi mamá partiera porque ocurrió de pronto y sin previo aviso, no hay razón que justifique no aceptar las cosas como son y seguir la vida de la mejor manera posible. Después de todo mi mamá y yo ya no teníamos cosas en común más allá del nombre y el hecho de que éramos familia y nos teníamos el amor propio de los padres a los hijos y viceversa. Y aunque el tiempo y las circunstancias me hicieron decidir que para no sufrir lo mejor era poner una barrera, hoy me queda claro que no importa cuan alto y extenso hayas construido el muro, el dolor de las separaciones es inevitable y más cuando el vínculo que se ha roto es el que tenías con quien te dio la vida. Extraño mucho a mi mamá pero en aras de "saber" vivir mi nueva condición, me tragué muchas cosas que terminaron por lastimarme más de lo que me hubiera lastimado decepcionar a quienes admiraban mi forma adulta y madura de tomar las cosas.
Viví ocho meses de depresión que culminaron el día de mi cumpleaños número treinta y nueve como el día más triste de mi vida. Sí, estaba muy agradecida por tener la maravillosa familia que tengo a mi lado, sí, estuve frente al mar en compañía de mi marido y mi hijo mayor, sintiendo la brisa fresca en mi rostro, pero también sufría el hecho de que mi mamá ya no me llamaría para felicitarme, ya no volería a recordar lo que significó mi presencia en su vida. Sí, estaba triste y no era capaz de decirme a mí misma: Estoy triste, acéptame, porque no tiene nada de malo estar triste, aun cuando en la vida tienes muchas cosas por las cuales estar feliz y agradecida. Regresé de Vallarta y caí en cama con una infección renal, producto de mi mal cuidado estado general de salud. En esos días, el perro que había sobrevivido a mi mamá y que mi papá cuidaba, se salió de casa y murió atropellado. Son cosas que pasan. Habrá gente que las pueda asimilar con mayor facilidad. Habrá gente que no tenga necesidad de llorar y pueda superar los momentos que implican tristeza o preocupación sin mayor aspaviento. No es mi caso y por primera vez lo acepto y hago la paz con ello.
Sí, todo esto sucedió para que yo pasara de tenerle miedo a la vida, a disfrutarla con todo lo que trae. Y bueno, no volví a los once años nada más por eso. Curiosamente unos días después de que regresé de Vallarta, me encontré rodeada por mis excompañeros de secundaria. Muchos han vuelto de golpe, alguna de ellas para acompañarme en mi duelo y otros más para hacerme recordar todo aquello que borré de mi mente porque consideré que no valía la pena; también me han servido para volver a mirar sin condenar, los métodos con los que fui instruida por parte de los que fueron nuestros maestros.
miércoles, 6 de julio de 2011
Lo inesperado
Hace unos días tuve la fortuna de recibír una muy grata sorpresa.
Inesperada y por lo tanto inimaginada, sirvió para dejarme claras algunas cosas que venía reflexionando y otras que apenas acababa de conocer.
Vi la abundancia proveniente de un lugar de donde siempre supe que había miseria.
Presencié la alegría que da hacer felices a los demás sin esperar lo mismo a cambio. No todo es un sacrificio y un constante sufrir, para que otros gocen de una alegría.
Me di cuenta que aunque la vida no nos depare lo que en algún momento soñamos, de cualquier manera es posible ser feliz. Basta con que aceptes las cosas y sigas tu camino con una sonrisa para dar a los demás.
Las cosas sencillas son las que más valen y generalmente cuestan muy poco... En ocasiones, nada.
Gracias a don Luis y a Fer, por haber venido a traer amor, esperanza y alegría, desde un lugar del que sólo he esperado soledad, indiferencia, miseria, rencor y mentira.
En verdad no hay nada realmente malo, cuando sabes que al final lo único que queda es Dios y Él es BUENO.
Un abrazo con todo mi aprecio.
jueves, 9 de junio de 2011
El Café de los Cuentistas
El caso es que vivir en esta ciudad tiene su lado muy oscuro pero también otro que vale la pena poner en perspectiva a la hora de evaluar la experiencia de ser su habitante, uno que hace que valga la pena aguantar vara, como dicen en mi pueblo.
Me gusta escribir. Seguramente no lo hago de manera virtuosa o especialmente artística, pero me gusta contar y, por ende, que me cuenten; me entusiasma la idea de saber quién está detrás de las letras, cómo son físicamente los responsables de generar las historias que leo, saber en qué se inspiran, cómo, cuándo.
El primer martes de cada mes se lleva a cabo El Café de los Cuentistas en el Péndulo de la colonia Roma. A las 7:30 comienza la experiencia de escuchar de viva voz de sus creadores una serie de cuentos, o bien un cuento algo más largo, para después iniciar una sesión de participación por parte del público en la que puedes preguntar lo que quieras. Me resulta enriquecedor ver de frente a cada escritor, observar la simplicidad que los acompaña; no parecen diferentes a los que estamos sentados de este lado del foro, no tienen una cabeza descomunal en la que sea evidente que generan millones de ideas más que nosotros, o un rostro de infinita belleza que sea el reflejo de lo que son capaces de regalarle a las letras y palabras acomodadas de tal o cual manera. De niña creía que quien era capaz de escribir un libro seguramente sería una persona excepcionalmente inteligente, fuera de cualquier parámetro conocido por mí en aquel entorno rural en el que el único libro que existía en las casas era la Biblia. Imaginaba a Louise May Alcott, a Edmundo De Amicis, a Antoine de Saint-Exupéry como seres mágicos, poseedores de talento y conocimiento absoluto, y sentía una envidia que trataba de esconder hasta de mis mismos pensamientos, envidia por la absoluta certeza de que yo jamás sería capaz de semejante hazaña.
Haber tenido la oportunidad de mirar de cerca a Ana García Bergua, a Rafael Pérez Gay, a Paola Tinoco y a Alberto Chimal, me ha hecho sacudirme esas creencias infantiles que de alguna manera habían permanecido en mi memoria actualizándose con cada autor nuevo que he leído hasta la fecha, para ceder su lugar a una humanización del escritor ante mis ojos. La conclusión obligada es: si en apariencia son tan comunes como yo, seguro que dentro sucede algo similar; así que tal vez, si me esfuerzo, algún día yo también podría...
Una experiencia que dificilmente viviendo fuera de este caos llamado Ciudad de México, podría haber tenido la fortuna de vivir.
miércoles, 30 de marzo de 2011
Las Limitaciones.... ¡Están en tu cabeza!
jueves, 24 de febrero de 2011
Del amor al prójimo
Esta entrada era para el 14 de febrero, pero la vida no me dio el tiempo suficiente para sentarme a escribirla.
Pero bueno, el mes del amor no ha terminado aún, así que estoy a tiempo.
Una constante en los años de mi infancia fue: "Los hijos únicos son por definición egoístas porque todo se les da y nada comparten"
No fue difícil para mí creerlo. En verdad todo se me daba y no me gustaba compartir porque notaba que la gente no tenía el mismo cuidado que yo le ponía a mis cosas.
A los once años me "enamoré" de un chico y a los trece me "enamoré" de otro. El problema fue que el primero se enamoró de una de mis mejores amigas y el segundo le gustaba a otra amiga así que nunca me animé a tener algo con él por no traicionar una amistad. O a la mera a él no le gustaba tanto en realidad y por eso tampoco hizo nada por conseguirme.
A los dieciséis me volví a enamorar y el sentimiento me duró varios años. Fue una época muy feliz que pensé me duraría toda la vida.
No sé exactamente en qué punto se me terminó el amor. Estaba dispuesta a casarme con él por una serie de razones que por ahora no vienen al caso mencionar, pero me quedaba claro que aquello ya no era amor y me pregunté si algún día realmente lo fue.
Hace doce años que me volví a enamorar y hoy con gran alegría puedo decir que me siento mucho más feliz y plena que cuando el sentimiento me envolvió por primera vez en aquel entonces. Ya las mariposas en el estómago no son la constante, pero tampoco lo es el agobio que te cubre gracias a la rutina. Hoy estoy segura de que amo y amo de verdad.
Y es que amar en realidad no cuesta trabajo. El amor representa un reto cuando anteponemos nuestra comodidad (porque ni siquiera podemos llamarlo bienestar), por encima de los demás y su bienestar.
La parte que todavía me cuesta es aquella de amar a los enemigos; o al menos eso creo.
Ayer pasé u
na tarde increíble en compañía de mi maestro, y entre muchas otras cosas discutimos respecto al amor al prójmo. Yo le comentaba que me sentía fatal con Dios porque me había mandado amar a mis hermanos (incluyendo a los que me persiguen y me odian) y la verdad es que yo les pago con la misma moneda.
Bueno, tal vez llamar a esa gente "enemigos", es un término dramático que no va con mi realidad, pero para efectos de distinguirlos de los amigos, los llamaré de esa manera.
Y he pensado mucho en lo que significa realmente amar al prójimo y llegué a la conclusión de que amarlos significa desearles el bien y yo se los deseo aunque me caigan gordos.
Puede ser que alguien me caiga muy mal, puede ser que no lo soporte o puede ser que me haya lastimado profundamente, pero a pesar de todo, en ningún momento le deseo un mal y eso es verdadero amor.
Y es que en mi mundo el amor estaba representado en gran medida por la cantidad de cosas que haces para beneficio de los demás y yo siempre he sentido que hago demasiado por algunos que ni se molestan en hacer algo con eso que les doy, y no hago nada o casi nada por aquellos que sí merecieran toda mi atención. Como no hago nada por los que me caen gordos, seguramente es que no los amo como Dios me mandó que los amara.
Esa misma forma de ver el mundo me hizo preguntarme por qué recibo tan poquito de los que más les he dado, y por qué recibo tanto de los que les he dado tan poquito. Como que no hay mucho balance en este mundo ¿no? Yo creería que la justicia estaría en no recibir nada de mis enemigos y mucho de mis amigos y no siempre es así. ¿Por qué habría de serlo si yo tampoco soy pareja con mis amigos?
La razón es que el amor no tiene medidas de cambio. Puedes demostrarlo con hechos, pero éstos jamás estarán a la altura de lo que realmente representa el sentimiento.
Por ejemplo yo siento que mi maestro ha hecho demasiado por mí y yo, fuera de ayudarlo con sus broncas computacionales, no le aporto nada trascendente a su vida. Ayer me sacó del error.
La verdad es que en esta vida hay millones de formas de hacer que el amor llegue y siempre será rebosante si lo haces con sinceridad y desde el corazón. Puede ser compartiendo el conocimiento más complicado y profundo de la filosofía o simplemente dando la oportunidad a otro de usar sus conocimiento y herramientas para darte una luz.
Lo que me deja esta experiencia es la seguridad de que lo que sea que doy, lo doy con verdadero amor y sólo por eso, tiene un valor inconmensurable.
Me falta trabajar con los que me caen gordos, pero estoy segura de que eventualmente superaré el sentimiento y podré hacer más que desearles un bien desde lejos.
lunes, 24 de enero de 2011
Mis huellas en la arena
Me avergüenza un poco reconocer este súbito conocimiento de mi misma a mis treinta-y-casi-cuarenta, sin embargo prefiero aplicar el eterno lugar común de más vale tarde que nunca. Entonces me llegan otras revelaciones. Entre ellas el significado de la madurez y la certeza de que, si es que no he llegado a ella, estoy más cerca que nunca; y también la sana diferenciación entre ésta y la vejez.
Lo mejor del asunto es que esta avalancha de súbitas "caídas de veinte" me ha puesto en una perspectiva en la que me siento mucho más optimista y positiva que nunca.
viernes, 24 de diciembre de 2010
¡FELIZ NAVIDAD!
Muchas cosas pueden ser dichas en una noche como esta: que haya amor, paz, salud, dinero, trabajo, un techo, etc.Aunque le de muchas vueltas sé que no encontraré nada diferente qué decir, así que simple y sencillamente iré al grano.
Que esta Navidad nos traiga a todos lo que nos sea necesario y que en nuestro corazón, guardemos un sentimiento de agradecimiento por todas las bendiciones que tenemos.
Que en cada crisis encontremos una oportunidad.
Que en cada decepción encontremos consuelo.
Que en cada alegría reafirmemos lo mucho que nuestro Padre Eterno nos ama, para que llegado el momento del dolor, entendamos que somos capaces de hacer algo bueno que nos lleve de regreso a Él.
Pero sobre todo... pidamos que nunca estorbemos su voluntad porque lo único que Él quiere, es nuestro bien.
¡Tengan todos una EXTRAORDINARIA NAVIDAD!
sábado, 28 de agosto de 2010
Satisfacción
Así como me gusta llorar mis fracasos, me gusta celebrar mis triunfos.Acabo de tener uno muy grande que significó un esfuerzo no tan grande.
Sí, suena raro pero la verdad es que todo fluyó. Me pregunto qué hay diferente en mí y sólo puedo decir que un poco más de madurez.
Y lo mejor de todo es que esta madurez me llegó en la juventud.
¿Verdad que vale la pena celebrar la madurez cuando aún eres joven?
sábado, 14 de agosto de 2010
Celebrando el amor

jueves, 12 de agosto de 2010
Hoy... sin la venda en los ojos.
Varias veces he hablado aquí sobre ese amor de juventud que me marcó por años y años. Con bombo y platillo puedo decir hoy que nada de eso queda ya. Parece que el tiempo se encargó de hacer eso que todos te dicen cuando traes mal de amores: todo lo cura, todo lo borra. Sé que puede parecer estúpido que venga a decir esto hoy, a casi veinte años de distancia; entonces sólo hay que recordar que soy un ser de pasados, que los atesoro y no los dejo ir tan fácilmente. Hace un par de semanas dejé en un par de fotos que me encontré en Facebook, todos los recuerdos: los buenos, los malos, los más o menos, los dolorosos, los eufóricos. Por primera vez en mi vida entendí lo que mis amigas se cansaban de decirme. La venda se me cayó de los ojos y pude percibir aquello que siempre me negué a mirar. Empecé a preguntarme entonces: ¿De quién estuve enamorada?, ¿a quién le permití mostrarme el amor con sus encantos y desencantos?, ¿a quién le regalé la primicia de mi piel?... ¿A él? ¿Al que aparece en esas fotos recientes? ¡No quiero! Preferiría seguir pensando que era un tipo simpático, guapo, sencillo y sensible, con ojos y boca de niño, con sonrisa de campo y manos de alquimista. La realidad me desagrada porque por primera vez lo veo como todos los demás lo vieron siempre... como era su esencia, sin todos esos oropeles que mis ojos nuevos y enamorados le adjudicaban en cada mirada.
Hoy puedo agradecer el sentirme finalmente liberada de él, pero ha empezado a dolerme la crudeza de la realidad, el fin del sueño, la caída de las murallas de ese recordar selectivo que tuve que construírme en torno a él para no sentir que mis primeras veces fueron un desperdicio porque las deposité en la persona incorrecta. Finalmente no sería yo si la historia tuviera un final feliz... esos no son para mí.
viernes, 21 de mayo de 2010
Ella...
viernes, 30 de abril de 2010
Para ese niñ@ que llevamos en el corazón
No me acuerdo cuándo fue que dejé de ser niña porque empecé a cargar con ciertas responsabilidades a temprana edad, que me hicieron dejar de lado los juegos para enfrentar la vida con más madurez.