sábado, 11 de octubre de 2008

Ayer que te perdí

Ayer que te perdí

Muchos sustos he vivido desde que te conocí, pero ninguno de ellos llegó a ser tan doloroso como saber que te perdí.

Miles de cosas, todas ellas terribles pasaron por mi mente en cuestión de segundos, incluso la posibilidad de no volverte a ver y eso acabó con mi entereza.

Le pedí a dios que cuidara de ti donde quiera que estuvieras y una vez más confirmé que el rezo de una madre es la voz que mueve a los ángeles en la tierra.

Poco después te encontré y mi alma volvió al cuerpo, quise regañarte por haberte apartado de mí, pero no pude y solamente te abracé.

Hoy me doy cuenta que no importa que ya no seas un bebé, todavía no es momento para que tu manita se suelte de la mía.

viernes, 10 de octubre de 2008

Cascarito

No ha sido fácil ser tu hija, siempre me has puesto la vara muy alta; aunque tampoco puedo decir que haya sido difícil, porque a pesar de tu carácter explosivo, has sido un gran maestro y, a tu modo, siempre me has demostrado tu cariño.
Hoy empiezo a ver, no sin una buena dosis de dolor, cómo el declive natural de los hombres después de los sesenta, empieza a dejarte su huella; hoy eres mucho más sereno, tanto que olvidas cosas importantes, (habrá que comprarte una agenda pequeña porque no creo que dejes de resistirte a las monerías tecnológicas como las Palms y las Blackberrys), pero sigues siendo un hombre fuerte y decidido, capaz de manejar ese mounstro que llamas ensiladora o de batirte los pies con la mierda de tus amados becerros mientras limpias los corrales enormes en donde los guardas.
Creo que nunca te lo he dicho, pero te admiro mucho y me hace muy feliz sentir que hoy estamos más cerca que nunca, que he aprendido a aceptarte así como eres, con todos tus fallos y tus aciertos, con todas esas manías tan tuyas, con toda esa necesidad de transgresión positiva que aún te habita como cuando tenías trece y fuiste a la gran ciudad en busca de fortuna.
Creo que pocas veces te lo he dicho pero también te agradezco todos los horizontes que me abriste con tu esfuerzo, con tu empeño, con tu tenacidad. Gracias a ti soy, poco o mucho, bueno o malo, pero esta mujer que ahora escribe con las lágrimas bailando en sus ojos, existe gracias a ti. Gracias por allanarme el camino y por por hacerme notar que a veces hay que alejarse de lo que duele para ser feliz en lugar de empeñarse en enfrentamientos inútiles. Gracias por lanzarme al mundo, por hacerme voltear al horizonte, por enseñarme que la vida es lucha, por haber puesto tu mano en mi espalda al cruzar alguna calle de San Francisco, por haber detenido mi furia en aquella otra de Assis, por haber sostenido mi cabeza con tu hombro cuando no era capaz de hacer otra cosa más que llorar por un amor perdido. Podría agradecer hasta la media noche, sin parar, pero creo que lo más importante ha sido dicho y tú sabes muy bien, pá, todo lo demás que quisiera decir. Te quiero.

jueves, 9 de octubre de 2008

San Francisco


Un sueño más cumplido, un sueño menos por cumplir.

El Golden Gate me abrazó en medio de la niebla, Union Square me regaló sus luces y escaparates, Fisherman´s Wharf me dio a probar sus sabores, Ghirardelli me endulzó el paladar, Muir Woods me hizo sentir pequeña y libre, me colgué del tranvía de subida y de bajada con la luna brillando sobre las casitas victorianas.
Una gran experiencia, típica, tal vez, incluso promedio. Nada espectacular pero sí entrañable, sí digna de grandes recuerdos.

Niebla

Amo entrar y salir de ella, sentir su humedad, respirarla, ver como engulle todo a su paso, como lo convierte todo en blanco.

jueves, 2 de octubre de 2008

Mis sueños al desnudo en YouTube

Sting, Fields of gold, sembradíos de girasoles, campos abiertos, hadas, estrellas, Raoul Bova. Quien sea que me conozca bien, relacionaría instantáneamente cualquiera de esos elementos con esta que escribe. Cada uno de ellos me ha inspirado admiración, bienestar, deseo, serenidad y un sinnúmero de sentimientos y sensaciones entrañables a lo largo de mis años.
Siempre creí que la frase "sueños hechos realidad" tomada de una manera literal, sólo se trataba de un lugar común de los más comunes, que en la generalidad de los casos los humanos debíamos conformarnos con aproximaciones, con algunos chispazos concedidos por Dios para animarnos a continuar con la dura existencia, pero nunca en su totalidad.
Sé que suena cursi, pero hoy por la mañana la vida me demostró que estaba equivocada, que los sueños más íntimos, con todos y cada uno de sus elementos por más bizarros que sean, pueden encontrarse un día en YouTube.
Sobra decir que lloré como magdalena y que todo el día he traído una sonrisa que el mismo Guasón envidiaría.
Cuando veas este clip estarás viendo dentro de mí.
¡SOY FELIZ!

¡Feliz cumpleaños, Sting!



No sé exactamente cuantos cumple. Mi fanatismo se reduce a la música que crea, a sus letras tan bellas y profundas, a esa voz terrosa y sexy que sale de su garganta. Sólo sé que hoy es el cumpleaños del hombre cuyas canciones han sido mis compañeras de vida durante los últimos veinte años.
Desert Rose, Why should I cry for you?, A thousand years, Ghost story, Be still my beating heart, Whenever I say your name, las gloriosas Every breath you take y Fields of gold... la lista es enorme y en cada una de esas rolas hay una parte de mi historia, cada una de ellas está ya impresa en mi código genético.
No sé exactamente cuantos cumple, pero no quiero que hoy termine sin gritarle desde aquí, desde mi anonimato, desde mi atareado día:

¡Feliz cumpleaños, Sting! Ojalá que vengan muchos más.

miércoles, 1 de octubre de 2008

El primer beso

La mejor amiga de mi hija tiene diez años. Ayer dio, le dieron, regaló o le robaron (cuestión de enfoque y de detalles que desconozco) su primer beso. Su madre no tiene idea, ¿cómo va a imaginarlo siquiera si se supone que esa no es una edad para andar por la vida regalando besos?
En mis tiempos, como decía mi abuela, nos tomábamos la vida con más calma. Claro que yo me la tomé con demasiada, porque el primer beso me sucedió a los dieciocho. Ya sé que rebacé con mucho la media de la población adolescente de mi generación, pero ¿qué le vamos a hacer?, en ese entonces yo tenía la ideología de la Criada Bien Criada, o sea que necesitaba escuchar campanitas para dejarme besar.
Las niñas de hoy van muy a prisa, deseosas de comerse el mundo (y a los muchachos) a edades en las que aún no son capaces de lavar sus calzones.
¿Qué podemos hacer las madres al respecto? ¿Será suficiente mantener abiertos los canales de comunicación? ¿Explicarles que depende de ellas el recuerdo que ese momento, que debiera ser mágico y maravilloso, les deje para el resto de sus vidas? Yo espero que sí. Por lo pronto, es lo único que tengo a la mano para tratar de mostrarle a mi puberta que no hay prisa, que como mujeres debemos regalarnos experiencias bellas y no dejarnos llevar por la moda o por la curiosidad a una edad demasiado temprana.