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jueves, 24 de octubre de 2013
Piel y mundo
Tu piel es partidaria del mar,
del mar que canta entre las manos del cielo,
del mar que sacude sus ramas en la playa
para aligerarse de espumas y adioses.
Tu piel es el mar que transparenta,
es el mundo que suena en los labios igual que la lluvia.
Tu piel es partidaria de la espuma
donde el amor encuentra demolida la tarde.
Tu piel es lo que se reúne para volar
cuando la luna es la piedra de toque del alba
y la caricia se oscurece por lo fatal del océano,
por la profundidad de las aguas besadas.
Tú eres la que se desnuda para que el verano tenga vientos propicios,
la que canta amartillando su corazón como el cielo que piensa la tormenta,
y en ti el trópico guarda lluvia y pantanos,
panteras que me acechan tras la liana de un gesto.
Eres el ademán de una selva con luna,
calor cuyos acordes de brillo me salpican,
soltura de una nube que casi dice al viento que la sueñe,
que le bese su forma de ángel que no nace.
Y yo he descubierto la espada que tu indolencia emplea,
esa mirada súbita que recuerda a los puertos,
esa sonrisa que de pronto se oscurece por el peso de un animal poderoso,
ese corazón arreglando sus nubes.
¿Qué locura detiene su estribillo de astros en la mirada triste?
Sólo tu cuerpo puede iluminar la noche,
sangrar por los cuatro costados de la oscuridad que pregunta,
sólo tu piel con intención de océano.
Eres la que se tiende en el mediodía silbante del bosque,
eres la que empuña los remos del poniente,
eres el corazón que devoran los puertos.
Es tu piel donde la noche viene a extender sus mapas,
es tu piel donde el mar brilla como unos labios.
-JOSÉ CARLOS BECERRA -
lunes, 29 de octubre de 2012
Sin razón III
Entrar y salir de un sueño al ritmo de Alina de Arvo Pärt.
Soñar que el sueño es sueño y no pesadilla.
Desear que los nudos en la garganta
y el estómago
y el corazón
y la fe
se deshagan al despertar.
Anhelar que la vigilia diga entre susurros que no es verdad, que el sueño mentía, que sólo hacía una broma de pésimo gusto.
Querer que la voz rastrera en el teléfono se convierta en canto de pájaros, en susurro de árboles a mitad del bosque.
Rogar a los cielos, al universo, al Dios Todopoderoso que la sangre de aquel de dónde vengo no se derrame, que su carne no se mancille, que su espíritu no se doblegue.
Soportar con alma estóica la pesadumbre de la decepción, del abandono de dos de los que debían ser pilares y se convirtieron en la más dolorosa soledad.
Contener el agua dentro de los ojos, luchar por no permitir ni una grieta más, sellar las existentes con tierra, sangre y saliva.
Limpiar el lodo que todo lo cubre.
Mantener a raya la ansiedad
y el miedo
y el temblor de manos y piernas.
Mentir.
Decir que todo está bien
y sonreír.
Necesitar que Pahuatlán sea de nuevo un lindo recuerdo de infancia, una reminiscencia de cuentos y novelas entrañables.
Pero, sobre todo
olvidar
recuperar
perder el miedo a soñar de nuevo.
Soñar que el sueño es sueño y no pesadilla.
Desear que los nudos en la garganta
y el estómago
y el corazón
y la fe
se deshagan al despertar.
Anhelar que la vigilia diga entre susurros que no es verdad, que el sueño mentía, que sólo hacía una broma de pésimo gusto.
Querer que la voz rastrera en el teléfono se convierta en canto de pájaros, en susurro de árboles a mitad del bosque.
Rogar a los cielos, al universo, al Dios Todopoderoso que la sangre de aquel de dónde vengo no se derrame, que su carne no se mancille, que su espíritu no se doblegue.
Soportar con alma estóica la pesadumbre de la decepción, del abandono de dos de los que debían ser pilares y se convirtieron en la más dolorosa soledad.
Contener el agua dentro de los ojos, luchar por no permitir ni una grieta más, sellar las existentes con tierra, sangre y saliva.
Limpiar el lodo que todo lo cubre.
Mantener a raya la ansiedad
y el miedo
y el temblor de manos y piernas.
Mentir.
Decir que todo está bien
y sonreír.
Necesitar que Pahuatlán sea de nuevo un lindo recuerdo de infancia, una reminiscencia de cuentos y novelas entrañables.
Pero, sobre todo
olvidar
recuperar
perder el miedo a soñar de nuevo.
domingo, 8 de julio de 2012
Preocuparse...
¿De dónde vienen las preocupaciones?
Tengo un rato dedicando mi vida a
quitarme de encima los pesos innecesarios. Un día comencé por viajar ligera,
con la firme convicción de que nada que pudiera hacerme falta estaría ausente
de mi vida.
Después me fui quitando poco a
poco las responsabilidades que no son mías y aquí me encontré con algo muy
interesante: ¿cuáles son mis responsabilidades en la vida y cuáles no?
No es fácil determinar de todo
aquello que cargamos, qué tanto lo cargamos porque nos corresponde y qué tanto
lo traemos porque alguien nos lo dio o porque vimos que otros lo cargaban y era
virtuoso hacer lo propio; algunas otras veces lo cargamos porque creemos que si
no lo cargamos nosotros mismos, nadie lo hará y será el fin del mundo si
alguien no toma responsabilidad de ello. Cargamos porque cargando, justificamos
la razón de nuestra existencia… al menos así he justificado la mía.
¿Es necesario que justifique mi
existencia? Creo que lo haría sí y solo sí tuviera que pagar un precio por el
aire que respiro. ¿De cuánto es la cuota para que el corazón lata y los otros órganos
del cuerpo cumplan con su función?
Si no tengo que pagar cuotas por
las cosas más básicas y elementales de mi vida, ¿por qué tengo tantas
preocupaciones?
Si lo primordial y más básico de
mi vida es gratuito, seguramente mi trabajo en este mundo es conseguirme todo
lo demás con sangre, sudor y lágrimas…
Y aquí es donde entran los
benditos problemas, las cosas que tengo que resolver, las cosas que me
preocupan porque el éxito de mi supervivencia depende del que sepa sortear los
obstáculos y encontrar la solución a mis problemas.
Conforme fui quitándome cosas de
encima, me di cuenta que la vida es mucho más simple si dejo deliberadamente que
las cosas fluyan en lugar de hacer que sucedan.
Y es que la vida es acción, pero
acción adecuada, en el momento preciso y en el lugar indicado.
¿Se preocupa un átomo por unirse a otros de su clase o similares porque si no lo hace, algo dejará de existir o se construirá con un defecto?
No es necesario que abarque todo
el mundo, ni tampoco es necesario que lo sepa todo. Si este mundo está lleno de
diversidad… ¿Por qué habría de preocuparme por lo que pasa o por lo que pudiera
no pasar?
Un abrazo con aprecio:
Anabell
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Preguntas con respuesta,
Reflexiones,
Vivencias
viernes, 23 de septiembre de 2011
Cuándo y por qué
Siguiendo pistas voy, busco
lo que antes de hoy había
porque hoy entender me gustaría
cuando mi corazón se volvió brusco.
Cuando y por qué
¿cuáles razones?
¿Por qué se rompieron los versos, las canciones?
¿Algún día volveré,
como la lluvia, a mis muy olvidadas oraciones?
Cuando y por qué,
sigo buscando
respuestas y mapas y caminos
que me lleven a buen puerto
a buen destino,
de regreso a mis adentros,
a mi origen,
a volver a escuchar el suave trino
del pájaro que fui,
de aquella virgen
que en puta del estrés se ha convertido.
lo que antes de hoy había
porque hoy entender me gustaría
cuando mi corazón se volvió brusco.
Cuando y por qué
¿cuáles razones?
¿Por qué se rompieron los versos, las canciones?
¿Algún día volveré,
como la lluvia, a mis muy olvidadas oraciones?
Cuando y por qué,
sigo buscando
respuestas y mapas y caminos
que me lleven a buen puerto
a buen destino,
de regreso a mis adentros,
a mi origen,
a volver a escuchar el suave trino
del pájaro que fui,
de aquella virgen
que en puta del estrés se ha convertido.
martes, 2 de agosto de 2011
Viajar ligero
Nunca me ha gustado la incomodidad, así que cuando salgo de casa, cargo hasta con el perico; no vaya hacer que lo necesite. Ya sabes, más vale tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo.
En este momento me encuentro de viaje y cuando preparé mi maleta dejé en casa algunas cosas con la intención de viajar ligera. Fueron pocas cosas, pero hicieron la diferencia, no en la cantidad de equipaje, sino en el peso de mi diario vivir.
Sé que nada que pueda necesitar me hará falta mientras sea capaz de disfrutar del viaje precisamente porque voy ligera.
Un abrazo con aprecio desde el bellísimo Puerto Vallarta.
lunes, 1 de agosto de 2011
Buscando luz
Busco luz
a tientas
entre tinieblas
entre recuerdos
y culpas
y miedos
en el seno de mi madre
casi siempre cálido
y el ceño de mi padre
casi siempre fruncido.
La he encontrado a veces
felicidad
plenitud momentánea
convertida de inmediato en nueva incertidumbre
estrella demasiado fugaz para guiarme en el camino
y me pierdo
otra vez
mil veces
y lloro
y vuelvo a buscar
y de nuevo
busco...
busco...
busco luz.
a tientas
entre tinieblas
entre recuerdos
y culpas
y miedos
en el seno de mi madre
casi siempre cálido
y el ceño de mi padre
casi siempre fruncido.
La he encontrado a veces
felicidad
plenitud momentánea
convertida de inmediato en nueva incertidumbre
estrella demasiado fugaz para guiarme en el camino
y me pierdo
otra vez
mil veces
y lloro
y vuelvo a buscar
y de nuevo
busco...
busco...
busco luz.
jueves, 16 de junio de 2011
Extrañar
Extrañar no es como el canto de los pájaros ni el color de las flores, menos como la mañana fresca y clara de la vacación rural que tanto amo. Extrañar no es como la sombra de un árbol de mango ni el sabor de una caña recién cortada, mucho menos como el aroma del romero o una tarde de elotada. Extrañar, como diría mi hija, no está padre. Duele. Cala. Extrañar es una ausencia constante y creciente, un nudo en todo el pecho, no sólo en la garganta. Extrañar es un vacío denso, un hoyo negro.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Para Cerrar el 2010
Con el tiempo contado vengo a dejar esta entrada porque no quise dejar pasar el momento para expresar, aunque sea de manera resumida, lo que siento al cerrar el 2010.
El 2010 fue un año extraordinario y creo que nunca lo olvidaré mientras viva.
Hoy más que antes, sé que Dios me ama y que debe amarme mucho porque me ha dado tanto sin yo merecerlo.
Escuché su voz y me dejé conducir por sus caminos.
Lo único que le pido es que no me suelte la mano y sobre todo que no me deje estorbarle en el cumplimiento de su voluntad.
Hoy que muchas vendas han caído, me doy cuenta cuan libre soy y cuan esclava fui de mis miedos, rencores y desconfianzas.
Procuraré ya no dolerme por lo que no valga la pena y cuidaré eso que aunque por momentos pueda doler, sí sirve para crecer.
Valoraré cada momento como si fuera el último y me prepararé constantemente para el día en que me llame a cuentas.
En pocas palabras: ¡VIVIRE!
¡FELIZ 2011!
jueves, 11 de noviembre de 2010
Correr y desnudarse
Empecé a correr hace poco menos de dos años. No es que haya logrado mucho en cuanto a distancias pero el correr, hoy por hoy, cinco kilómetros tres veces por semana me hace sentir, más allá de los innumerables beneficios físicos, algo así como poderosa.
A lo largo de mis años he sido básicamente sedentaria, salvo breves y esporádicos períodos en los que he estado inscrita en algún gym; pero desde que una mañana de sábado sentí la libertad estrellarse en mi cara mientras corría, no he vuelto a ser la misma. Mis piernas han adelgazado, mi estrés ha disminuído, mi cintura mide menos, mi mente se ha liberado, los problemas parecen más pequeños, el bikini me viene bien en la playa, mis pulmones se han saneado un poco y cada vez le cuesta más al tabaco convencerlos de aceptar más de dos cigarrillos, los leggins y los jeans entubados forman parte de mis atuendos diarios, me siento capaz de nuevas metas, empiezo a preocuparme más por mi alimentación, me gusta mucho más lo que veo cuando miro al espejo, mi desnudez ya no me asusta.
Como dice Anabell en la entrada previa, como te ven te tratan; pero un poco más allá de eso, creo que como te ves te sientes y te tratas tú misma; el trato de los demás es entonces consecuencia de lo que proyectas, de esa seguridad que te da salir de casa por la mañana y caminar por la calle sintiéndote una reina, guapa, segura. Es entonces cuando los demás empiezan a voltear, a mirarte e incluso a propinarte algún piropo. El círculo virtuoso se abre y los resultados positivos se van desgranando a lo largo del día en el resto de los momentos de interacción social y en cada uno de tus encuentros con el espejo.
Ayer noche vi en la tele un programa de la BBC que se llama "How to look good naked". La finalidad de cada episodio es hacer que la protagonista en turno aprenda a aceptar y a amar su cuerpo de tal forma que al término del mismo se permita fotografiarse desnuda y caminar por una pasarela en ropa íntima. La fulanita de anoche era una inglesa rubia simplona, pasada de peso, desaliñada y con un pésimo sentido de la moda, una mujer que odiaba su cuerpo al extremo de no atreverse a mirar su reflejo desnuda. Me impactó el proceso por el que la fueron llevando para que se diera cuenta gradualmente de que ni sus bubbs eran tan enormes como ella pensaba ni su cuerpo tan repulsivo como se había acostumbrado a creer, y todo sin hacerla bajar un gramo de su peso. La aceptación llegó finalmente y se atrevió a posar frente a la cámara sin nada más que un peinado glamoroso y un maquillaje divinamente profesional. El resultado fueron las fotos espectaculares de una mujer que se siente hermosa y lo proyecta. No hubo cirugías ni lipos ni implantes ni nada, todo el trabajo fue a nivel mental y emocional.
Cuando el programa terminó me quedé pensando en mí, en todo eso que he detestado de mi cuerpo a lo largo de los años, y en cómo el correr me ha ido cambiando sistemáticamente esos rencores, en cómo ha ido transformándolos en orgullo por mí y en una reconciliación con mis chaparreras (por cierto, cada vez más pequeñas). La conclusión es una súbita comprensión de que el resto está en mi mente.
A lo largo de mis años he sido básicamente sedentaria, salvo breves y esporádicos períodos en los que he estado inscrita en algún gym; pero desde que una mañana de sábado sentí la libertad estrellarse en mi cara mientras corría, no he vuelto a ser la misma. Mis piernas han adelgazado, mi estrés ha disminuído, mi cintura mide menos, mi mente se ha liberado, los problemas parecen más pequeños, el bikini me viene bien en la playa, mis pulmones se han saneado un poco y cada vez le cuesta más al tabaco convencerlos de aceptar más de dos cigarrillos, los leggins y los jeans entubados forman parte de mis atuendos diarios, me siento capaz de nuevas metas, empiezo a preocuparme más por mi alimentación, me gusta mucho más lo que veo cuando miro al espejo, mi desnudez ya no me asusta.
Como dice Anabell en la entrada previa, como te ven te tratan; pero un poco más allá de eso, creo que como te ves te sientes y te tratas tú misma; el trato de los demás es entonces consecuencia de lo que proyectas, de esa seguridad que te da salir de casa por la mañana y caminar por la calle sintiéndote una reina, guapa, segura. Es entonces cuando los demás empiezan a voltear, a mirarte e incluso a propinarte algún piropo. El círculo virtuoso se abre y los resultados positivos se van desgranando a lo largo del día en el resto de los momentos de interacción social y en cada uno de tus encuentros con el espejo.
Ayer noche vi en la tele un programa de la BBC que se llama "How to look good naked". La finalidad de cada episodio es hacer que la protagonista en turno aprenda a aceptar y a amar su cuerpo de tal forma que al término del mismo se permita fotografiarse desnuda y caminar por una pasarela en ropa íntima. La fulanita de anoche era una inglesa rubia simplona, pasada de peso, desaliñada y con un pésimo sentido de la moda, una mujer que odiaba su cuerpo al extremo de no atreverse a mirar su reflejo desnuda. Me impactó el proceso por el que la fueron llevando para que se diera cuenta gradualmente de que ni sus bubbs eran tan enormes como ella pensaba ni su cuerpo tan repulsivo como se había acostumbrado a creer, y todo sin hacerla bajar un gramo de su peso. La aceptación llegó finalmente y se atrevió a posar frente a la cámara sin nada más que un peinado glamoroso y un maquillaje divinamente profesional. El resultado fueron las fotos espectaculares de una mujer que se siente hermosa y lo proyecta. No hubo cirugías ni lipos ni implantes ni nada, todo el trabajo fue a nivel mental y emocional.
Cuando el programa terminó me quedé pensando en mí, en todo eso que he detestado de mi cuerpo a lo largo de los años, y en cómo el correr me ha ido cambiando sistemáticamente esos rencores, en cómo ha ido transformándolos en orgullo por mí y en una reconciliación con mis chaparreras (por cierto, cada vez más pequeñas). La conclusión es una súbita comprensión de que el resto está en mi mente.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Como te ven, te tratan
Nunca me ha gustado darle más importancia a la apariencia de las personas que a cualquier otra característica de su personalidad. Por alguna razón siempre he estado muy consciente de que el aspecto exterior, por muy bonito que pueda ser a los ojos, con el paso del tiempo se marchita sin remedio (aun en aquellos que desafían al paso del tiempo con cirugías y tratamientos de diversos tipos).
Hace muchos años mi esposo tuvo un desafortunado accidente donde perdió el ojo izquierdo. Cuando yo lo conocí no usaba prótesis y aunque su aspecto llamaba la atención a primera vista, los lentes que siempre ha usado terminaban por desviarla la mayor parte del tiempo.
Después del accidente, el doctor que lo atendió le dijo que tenía que ponerse de inmediato una prótesis porque su aspecto era monstruoso. Él, como buen adolescente de 14 años se indignó ante semejante comentario y le dijo que ese aspecto no sería impedimento para que él siguiera con su vida y lograra todo lo que se le diera la gana.
Años más tarde decidió que era momento de hacer algo por él y su apariencia. Se preguntó si aquel aspecto no sería factor para no alcanzar algunos propósitos (sobre todo profesionales) y llegó a la conclusión de que como te ven, te tratan.
"¿Que pensarías de un cuate que trae su carro chocado por mucho tiempo?" Me decía. "Da la impresión de que no le importa, de que es descuidado o desidioso."
Y advertí que tenía razón y que el aspecto exterior cuenta mucho para el mundo porque es la puerta de entrada a todo lo demás.
Después de que nacieron mis hijos me quedé con diez kilos de más que no hice nada por bajar. El comentario de toda la gente que por alguna razón veía mis fotos de antes de que nacieran mis hijos era el mismo: "¡Ay, qué delgadita que eras!"
Hace poco más de dos años me hicieron una histerectomía y un año más tarde me encontré con otros quince kilos de sobre peso, producto quizá de un desbalance hormonal, o tal vez porque en lugar de limitarme con la comida, comí y comí de más.
Con tantos kilos de más me sentía muy mal física y emocionalmente, así que me determiné a bajarlos antes de que se me desatara una diabetes o algún otro mal relacionado con el sobre peso.
Me costó mucho trabajo pero al cabo de ocho meses ya había perdido veinte de los veinticinco kilos que traía de más y el cambio fue bastante notorio. Al principio me sentí muy bien porque todo el esfuerzo y sacrificio que había implicado cambiar de hábitos alimenticios pagaron su precio con los comentarios de la gente que me decía que me veía muy bien, así que no me detuve hasta bajar los otros cinco kilos que todavía me sobraban.
Noté también que el trato de la gente para conmigo cambió a partir de que me vieron sin toda esa bola de kilos que traía encima y aunque por un lado fue halagador, por otro fue decepcionante porque es triste ver que algo que se va a acabar eventualmente, tenga más peso que lo que nunca envejece.
Los que me conocieron gorda y que entonces no me hablaban, hoy me hablan y quieren pasar tiempo conmigo, me buscan y me invitan a sus eventos.

Y bueno, nada en este mundo pasa sin dejarte algo por aprender. Si bien es cierto que la apariencia no debe pesar más que otras características de las personas, tampoco debe relegarse a último plano por el simple hecho de que algún día se acabará.
Es como el portón de entrada a un jardín que reverdecerá todos los años. Si no lo pintas, le arreglas las farolas que iluminan el camino y le barres las hojas secas que el otoño dejó, nadie se acercará para admirar lo que tiene dentro.
Pues sí, como te ven te tratan y está en ti cómo quieres que te vean y por lo tanto, cómo quieras que te traten.
Hace muchos años mi esposo tuvo un desafortunado accidente donde perdió el ojo izquierdo. Cuando yo lo conocí no usaba prótesis y aunque su aspecto llamaba la atención a primera vista, los lentes que siempre ha usado terminaban por desviarla la mayor parte del tiempo.
Después del accidente, el doctor que lo atendió le dijo que tenía que ponerse de inmediato una prótesis porque su aspecto era monstruoso. Él, como buen adolescente de 14 años se indignó ante semejante comentario y le dijo que ese aspecto no sería impedimento para que él siguiera con su vida y lograra todo lo que se le diera la gana.
Años más tarde decidió que era momento de hacer algo por él y su apariencia. Se preguntó si aquel aspecto no sería factor para no alcanzar algunos propósitos (sobre todo profesionales) y llegó a la conclusión de que como te ven, te tratan.
"¿Que pensarías de un cuate que trae su carro chocado por mucho tiempo?" Me decía. "Da la impresión de que no le importa, de que es descuidado o desidioso."
Y advertí que tenía razón y que el aspecto exterior cuenta mucho para el mundo porque es la puerta de entrada a todo lo demás.
Después de que nacieron mis hijos me quedé con diez kilos de más que no hice nada por bajar. El comentario de toda la gente que por alguna razón veía mis fotos de antes de que nacieran mis hijos era el mismo: "¡Ay, qué delgadita que eras!"
Hace poco más de dos años me hicieron una histerectomía y un año más tarde me encontré con otros quince kilos de sobre peso, producto quizá de un desbalance hormonal, o tal vez porque en lugar de limitarme con la comida, comí y comí de más.
Con tantos kilos de más me sentía muy mal física y emocionalmente, así que me determiné a bajarlos antes de que se me desatara una diabetes o algún otro mal relacionado con el sobre peso.Me costó mucho trabajo pero al cabo de ocho meses ya había perdido veinte de los veinticinco kilos que traía de más y el cambio fue bastante notorio. Al principio me sentí muy bien porque todo el esfuerzo y sacrificio que había implicado cambiar de hábitos alimenticios pagaron su precio con los comentarios de la gente que me decía que me veía muy bien, así que no me detuve hasta bajar los otros cinco kilos que todavía me sobraban.
Noté también que el trato de la gente para conmigo cambió a partir de que me vieron sin toda esa bola de kilos que traía encima y aunque por un lado fue halagador, por otro fue decepcionante porque es triste ver que algo que se va a acabar eventualmente, tenga más peso que lo que nunca envejece.
Los que me conocieron gorda y que entonces no me hablaban, hoy me hablan y quieren pasar tiempo conmigo, me buscan y me invitan a sus eventos.

Y bueno, nada en este mundo pasa sin dejarte algo por aprender. Si bien es cierto que la apariencia no debe pesar más que otras características de las personas, tampoco debe relegarse a último plano por el simple hecho de que algún día se acabará.
Es como el portón de entrada a un jardín que reverdecerá todos los años. Si no lo pintas, le arreglas las farolas que iluminan el camino y le barres las hojas secas que el otoño dejó, nadie se acercará para admirar lo que tiene dentro.
Pues sí, como te ven te tratan y está en ti cómo quieres que te vean y por lo tanto, cómo quieras que te traten.
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sábado, 30 de octubre de 2010
De Humanidades
Sin lugar a dudas, las bodas son de los eventos donde mejor se puede apreciar la vasta gama de peculiaridades que conforma nuestra humanidad. El ambiente festivo, la emotividad a la que nos conduce estar en la presencia del amor en una de sus más puras expresiones, en conjunto con cantidades industriales de alcohol corriendo por las venas, nos lleva irremediablemente a manifestar, con o sin intención, algunos de los más profundos sentimientos que guarda nuestra alma.
Hoy amanecí cruda pero no por el alcohol. Un par de semanas de mucha tensión que concluyeron en una noche de total vela tras asistir a dos bodas que coincidieron en día y hora, me dejaron en un estado extraño que se parece un poco a la cruda aunque pensándolo bien, creo que el término "indigestión del corazón" suena más apropiado.
Y es que es exactamente lo mismo que cuando te llenas la barriga de comida. Es probable que tengas tanta hambre (o antojo) que no distingues el momento en que ya has sobre pasado el límite con el que el cuerpo queda satisfecho.
Anoche por primera vez en mi vida estuve en presencia de los sentimientos más sinceros de un grupo de personas que yo siempre pensé que no los tenía porque no los conocía. ERROR... uno de los muchos que he cometido: asumir sin conocer.
Es que somos tan dados a esconder nuestra humanidad para que quienes nos rodean siempre vean la cara bonita de nuestra alma, que llega un punto del camino en el que los convencionalismos sociales te impiden mostrar quien realmente eres por temor a ser criticado, juzgado y condenado por todo aquello que no encaja con la manera de ser y de pensar de terceros.
Dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, así que daré por sentado que esos que estaban más "alegres" expresaron en medio de su felicidad, su verdadero yo; cosa que vale la pena reconocer.
Cuando te acostumbras a recibir tan poquitas muestras de cariño de parte de un grupo de personas, llegas a pensar que de ese mismo tamaño es el afecto que les inspiras. Por eso cuando aquello se desborda un buen día, te cuesta trabajo asimilar la dimensión y profundidad con la que tu presencia ha marcado sus vidas.
Han habido cosas buenas y cosas que podríamos considerar no tan buenas o incluso malas, pero el día de hoy las acepto como parte de nuestra humanidad porque después de todo, mi familia es tan humana como todas las familias en el mundo.
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miércoles, 8 de septiembre de 2010
Ocho de Septiembre

La maternidad me llegó por vez primera hace once años, un día como hoy.
Me tomó por sorpresa porque se suponía que mi hijo llegaría hasta noviembre y como en muchas otras ocasiones, no estaba preparada para que eso sucediera.
La noche de anoche de hace once años, mi hijo comenzó a tener sufrimiento fetal, indicativo inequívoco de que mi embarazo definitivamente tendría que ver el fin en ese momento. Cobarde como soy para el dolor, hice de tripas corazón y me aguanté los horrores de una cesárea para la cual tampoco estaba preparada.
Recuerdo que cuando niña pensaba en el momento en que sería mamá, pero aquello era tan lejano que nunca me preparé realmente para la llegada de una experiencia de ese tamaño.
No sufrí para cuidar a mi hijo porque tuve muuuchos años de entrenamiento con mis muñecos. Incluso mi mamá me dio un bebé que mi papá le había regalado cuando yo nací. Era un güerito de ojos azules que atrás tenía una perilla para darle cuerda. Él heredó mis pañales de tela y alguna otra ropa que yo guardaba en una maleta vieja que mi mamá me había dado para jugar.
Pero ser mamá no es saber cuidar bebés... esa es la parte más sencilla de todo el asunto. Lo complicado viene el día que tienes que moldearlos y hacer de ellos, personas de bien.
Con mi hijo mayor cometí muchos errores (como muchos los cometen con sus primogénitos), porque no fui capaz de hacer un lazo entre su inocencia infantil y la adultez que he vivido desde que tengo algo así como once años.
Hoy, esa etapa se ha terminado y no hay marcha atrás. Hoy empieza la etapa de la pre adolescencia, esa donde mi marido dice que seré una extraordinaria madre porque finalmente mi hijo y yo, nos podremos entender.
Ojalá que así sea...
¡FELIZ CUMPLEAÑOS HIJO MIO!
Con amor: Tu mamá.
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viernes, 27 de agosto de 2010
Los sueños que sueñan con volverse realidad

Podría decirse que a la vida le gusta jugar a hacer mis sueños inalcanzables.
Bueno sí, estoy exagerando un poco porque en realidad mis sueños más importantes sí han visto la luz del día.
Lo que pasa es que hay algunos muy largamente anhelados que de pronto se ven al alcance de la mano y tal como cuando despiertas, se han desvanecido.
Peeeeero.... como todo en la vida, depende de la actitud con la que quieras interpretar lo sucedido.
En otro momento hubiera hecho rabieta, pero hoy me doy cuenta que mi tiempo no ha llegado pero llegará.
Hoy estoy en el lugar en el que debo estar haciendo lo que debo hacer y no es más un sacrificio o un estancamiento, es la preparación de la mente y del espíritu para lo que vendrá.
Porque los que hoy me necesitan, mañana no estarán y entonces sólo entonces podré volar.
Bueno sí, estoy exagerando un poco porque en realidad mis sueños más importantes sí han visto la luz del día.
Lo que pasa es que hay algunos muy largamente anhelados que de pronto se ven al alcance de la mano y tal como cuando despiertas, se han desvanecido.
Peeeeero.... como todo en la vida, depende de la actitud con la que quieras interpretar lo sucedido.
En otro momento hubiera hecho rabieta, pero hoy me doy cuenta que mi tiempo no ha llegado pero llegará.
Hoy estoy en el lugar en el que debo estar haciendo lo que debo hacer y no es más un sacrificio o un estancamiento, es la preparación de la mente y del espíritu para lo que vendrá.
Porque los que hoy me necesitan, mañana no estarán y entonces sólo entonces podré volar.
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sábado, 14 de agosto de 2010
Celebrando el amor

Me ha llegado otro momento de revivir aquello que se selló una tarde de verano y no puedo más que sentirme la mujer más afortunada sobre la faz de este viejo y maravilloso planeta.
He vivido cosas buenas y otras con tintes decadentes pero lo que hace la diferencia es haberlas vivido a tu lado.
Hoy más que nunca estoy convencida de que mi lugar en el mundo es junto a ti, y me siento feliz de no haber dejado pasar la oportunidad de vivir esta aventura, pensando en los temores y en los fantasmas del pasado.
No es por nada pero de aquello que pudiera creer que me hace falta, la verdad ni me acuerdo.
Tú todo lo llenas y a todo le das balance.
¡Gracias por estos maravillosos once años de amor y crecimiento, amado esposo mío!
Anabell
14 de Agosto de 2010
Entre la lucha y la aceptación de una realidad que no se puede cambiar
Hace una semana me comunicaron que mi abuela paterna ha sido diagnosticada con cáncer de colón.
La noticia me vino mal y no he sido capaz de abstraerme por completo del sentimiento de tristeza que me embarga desde ese día, aunque he hecho lo posible por superarlo.
Me queda claro que es una persona muy mayor y que su momento de partir está tal vez más cerca que el de muchos otros miembros de la familia, pero no es fácil aceptar que ese último recorrido será doloroso y por demás penoso.
Yo nunca he sido persona de mimos y apapachos, pero eso sí, siempre me he preocupado y me he dolido por mis seres queridos y sus pesares.
Confieso que me gustaría poderles resolver la vida para que cada quien pudiera seguir su camino con un horizonte amplio, pero sé que eso no está a mi alcance aunque lo quiera.
En esta vida nada pasa por casualidad y todo tiene un objetivo. Hasta las enfermedades... incluso esas que son terminales.
Hoy va a haber un evento aquí en mi ciudad con una persona que se dedica a sanar enfermos de nombre Rene Mey.
Personalmente nunca había oído hablar de él hasta esta semana en donde me dijo una amiga muy querida que llevara a mi abuela para que la sanara.
Y bueno, con mucho respeto a las buenas intenciones del señor Mey y de todos los que creen en su poder sanador, pero creo que hay ciertas cosas en la vida que no se pueden revertir aunque lo desees de todo corazón.
Sé que irán a verlo varias personas a quienes tengo en muy grande estima y que padecen de enfermedades que van desde las serias, hasta las que son terminales.
También sé que el poder de la mente es tremendo y que igual que enferma, es capaz de curar.
Me pregunto si hago mal en no intentarlo con mi abuela.
Me pregunto si esta es una de esas cosas en las que hay que ver para creer.
martes, 3 de agosto de 2010
Previo
En el pequeño instante que representa el antes y después, quiero detener el tiempo y agradecer por todo lo recibido y lo vivido.
Quiero devocionarte porque es gracias a ti, que mi mundo ha girado.
Perdóname por no entenderte a plenitud y por seguir caminos que me alejan de ti. Por eso es que debo aprender a abrazar más mi fe en ti, que en intentar comprender el por qué de tus designios.
Gracias por darme tantas y tantas oportunidades para palpar tu amor y tu misericordia; gracias por no dejarme en el abandono aun cuando el dolor y los problemas me hacen olvidarme de tu presencia; gracias por invitarme a ser partícipe de tus obras aun cuando creo no tener las habilidades necesarias para llevarlas a cabo.
Porque tú crees más en mí de lo que yo creo en mí, es que he podido seguir por este camino a pesar de lo inclinada de la cuesta.
¿Y cómo no vas a saber más de mí que nadie, si tú me creaste?
Por eso hoy, en el instante previo de otro aniversario en el que se selló nuestro primer pacto, vengo a reconocer ante ti mi pequeñez, a dejar mi vida en tus manos y disponerme a ser un instrumento de tu voluntad.
¡Ayúdame Señor! Porque sin ti no llegaré a ningún lado, ni seré capaz de dar a tu obra nada trascendente.
Y que sea por ti, sólo por ti. Porque lo que yo valgo radica en el centro de tu amor y en ningún otro lugar.
Anabell
3 de Agosto de 2010
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miércoles, 21 de julio de 2010
Las mujeres que no se soportan
Los opuestos se atraen y los iguales se rechazan.
Esta no es una conclusión a la que puedas llegar con mucha facilidad, ni siquiera si te remites a las leyes de la física.
Si tomas dos imanes, por un lado se atraerán y por el otro se repelerán, pero físicamente ¿qué los hace iguales por un lado y diferentes por el otro? El campo magnético, claro está; ese que se esconde a tus ojos pero que ahí está sin lugar a dudas.
Pero todo en la vida tiene sus "bemoles". Es posible que el género opuesto te atraiga porque la naturaleza nos empuja a ello, pero ¿qué pasa con todo aquello que nos hace diferentes? ¿no sientes de pronto la necesidad de que alguien te entienda porque tal vez ha vivido las mismas circunstancias?
Hacer amistades en general ha sido relativamente fácil para mí, a pesar de mi conducta fuertemente antisocial. Lo que sí ha sido complicado es lograr mantener una línea estable en mis relaciones con otras mujeres.
Sé que influyen muchos factores para que esto sea de esta manera, así que tomo esta parte de la vida como algo natural y hago mi mejor esfuerzo para que las cosas fluyan de la mejor forma posible y cuando esto no es así, pues también lo acepto y sigo adelante.
Pero dejando un poco de lado esta parte me encuentro con las mujeres que no se soportan en absoluto. Claro que en este vasto mundo hay cientos de personas de cualquier género con las que no nos llevamos por las razones que sean, pero el comportamiento entre hombres y mujeres que no se soportan no es el mismo cuando se trata de un "contrario" del mismo género.
Cuando estudiaba en la universidad, mis dos mejores amigas no se soportaban la una a la otra. Aquella relación era una especie de familia separada por un divorcio en donde yo tenía que elegir cuanto tiempo convivía con una y con la otra sin que hubiera sentimientos de alguna de las partes.
En su momento comprendí por qué no podían llevarse bien, sin embargo siempre deseé que fueran capaces de hacer a un lado sus diferencias para encontrar puntos de unión mucho más fuertes en sus similitudes, pero eso nunca se dio, aunque un día "hicieron las paces" y llevaron la fiesta en paz hasta que ya no estuvieron juntas en la escuela.
Vivencias como esta he tenido varias a lo largo de mi vida. Nada menos ayer me enteré de que una amiga de hace muchos años tampoco soporta a otra de mis amigas y pareciera que esto es mucho más común de lo que creía.
Hasta donde mi memoria alcanza a recordar, yo no había estado en lado de la amiga que no soporta a otra amiga de una amiga, hasta hace poco tiempo y esto es lo que la experiencia me ha dejado:
1. En verdad es muy complicado verle el lado bueno a las personas (¡porque claro que lo tienen!), cuando no hay muchos puntos de encuentro.
2. Generalmente eso que aborrecemos de ellas, nosotros también lo ostentamos como defecto.
3. Nos preguntamos por qué todo lo bueno les pasa a ellas si no hacen nada para merecerlo (o al menos eso parece).
La lista podría ser tan extensa como un pliego petitorio sindical, pero creo que en estos tres puntos se resumen las razones por las cuales no soportamos a equis o zeta mujer.
No es por darme baños de grandeza o de pureza pero la verdad es que a pesar de que la amiga de una amiga no me cae, nunca he puesto a mi amiga en el predicamento de elegir entre ella y yo. Creo que la vida va mucho más allá de los gustos y las opiniones personales de cada quien, y que para nada tienen que ser las mismas, vaya, ni siquiera similares.
Lo que sí ha sucedido es que la convivencia se ha tornado medio pesada cuando estamos todas juntas (incluyendo a las otras amigas). O bien hay muchos silencios, o de plano se han externado opiniones con un apasionamiento que deja mucho que desear sobre la capacidad de razonamiento de quien la expresa (naturalmente ella).
El caso y el cuento es que la vida ya nos puso en este camino y tenemos dos opciones: seguir ignorándonos por el resto de la eternidad, o tratar de encontrar un punto de encuentro que tal vez conduzca al nacimiento de una amistad que nos deje muchas cosas positivas a ambas.
Y como diría Cantinflas (QEPD): "Ahí está el detalle".
Sé que es posible hacer a un lado las diferencias sin perder nuestra identidad y sin dejar de lado nuestros ideales; por eso estoy determinada a darle una oportunidad a la persona.
Independientemente de si las cosas se dan o no, al final habré ganado mucho. Tal vez en cosas que no sean tangibles, pero sí sensibles y muy comprensibles.
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domingo, 9 de mayo de 2010
Sting y la noche de la magia
En mi vida hay, generalmente, pocos momentos de explosión, pocas oportunidades de que la adrenalina se me manifieste con esa intensidad estremecedora que hace falta, a veces, para ponerle sazón a la existencia. Ayer por la noche tuve un derrame de todo ello, ayer noche volví a ser testigo del milagro de las rolas de Sting en mi vida... ayer noche más que nunca.
El telón de fondo fue muy distinto a cualquiera anterior. He estado presente en cada uno de los conciertos de cada una de las giras que ha traido al músico de Newcastle a México: en 1991 con el Soul Cages, en 1994 con el Ten Summoner's Tales, en 2001 con el Brand New Day, en 2004 con el Sacred Love y en 2007 con el tour de reencuentro con The Police. Cada uno tuvo en su momento un impacto fuerte en mí, cada uno me trae recuerdos de momentos distintos de mi vida, de etapas dolorosas y felices, pero siempre en el clásico ambiente de fiesta de los conciertos masivos... en el Auditorio Nacional, en el Palacio de los Deportes, en el Foro Sol. Ayer noche todo fue distinto. El escenario fue un claustro maravillosamente engalanado, lleno de una extraña mezcla de individuos de la alta sociedad con fans de cepa con "artistas" de la farándula mexicana con gente que quién sabe por qué estaba ahí si no conocía más que una o dos de las maravillas musicales de Sting. Evidentemente para muchos fue una oportunidad de ver y dejarse ver, de caminar por la alfombra roja y aparecer luego en las revistas del corazón como personas altruistas y "comprometidas" con la causa de la educación en México. Mi naturaleza simple y la condición clasemediera de los últimos veinte años de mi vida me habían impedido verme en un ambiente similar en el pasado, digamos que fue la primera vez que estuve en un mismo lugar tanta "gente bonita", en un ambiente tan distinto y tan distante a lo que es mi vida cotidiana.
Siempre he dicho que las canciones de Sting y de The Police son como mi casa y ayer noche en eso consistió la magia: en corroborarlo, en darme cuenta de cómo en cuanto sonó el primer acorde de If I ever lose my faith in you todo lo distinto y lo distante se convirtió en territorio conocido, confortable y amado. La magia empezó a fluír, mi cuerpo a moverse, mi garganta a desgarrarse y mis pies, ampulados por los tacones necesarios para la ocasión y por las horas de espera en pie, a no sentir nada que no fuera una necesidad imperiosa de pegar de brincos. Una mezcla equilibrada de canciones de Police y de Sting en solitario me fue llevando de la mano por lugares, momentos y personas de mi vida, por euforias y felicidades, por mis amores y desamores. A diez metros de distancia pude ver que su rostro muestra las señales (que hace treinta meses no estaban ahí tan descaradamente) de unos sesenta años que se le acercan cada vez más y el bajo café descascarado que le acompaña desde hace tanta vida. El colofón de Roxanne me regaló el momento apoteósico de la noche, la piel de gallina y las ganas desesperadas de llorar mientras no podía parar de saltar con las manos en alto; Wrapped around your finger, Tea in the Sahara, The shape of my heart y Fields of gold me regalaron una deliciosa calma melódica y atiborrada de recuerdos; Every breath you take y King of pain, mis dos más grandes amores musicales "policiacos", fueron pura felicidad. Esos momentos hacen que valga la pena pagar el precio de cualquier boleto.
Cuando Fragile cerró la noche, las manos me dolieron de aplaudir, mis pies retomaron la conciencia de sus ampollas y del dolor por el atrevimiento de haber brincado dos horas con los zapatos inadecuados, mi garganta estaba seca, mis ojitos llenos de lágrimas felices y mi corazón eufórico. El camino al auto fue tortuoso, tanto que lo terminé descalsa. El regreso a casa fue en medio de ese silencio necesario para asimilar una experiencia musical que espero con toda el alma, se repita algún día.
El telón de fondo fue muy distinto a cualquiera anterior. He estado presente en cada uno de los conciertos de cada una de las giras que ha traido al músico de Newcastle a México: en 1991 con el Soul Cages, en 1994 con el Ten Summoner's Tales, en 2001 con el Brand New Day, en 2004 con el Sacred Love y en 2007 con el tour de reencuentro con The Police. Cada uno tuvo en su momento un impacto fuerte en mí, cada uno me trae recuerdos de momentos distintos de mi vida, de etapas dolorosas y felices, pero siempre en el clásico ambiente de fiesta de los conciertos masivos... en el Auditorio Nacional, en el Palacio de los Deportes, en el Foro Sol. Ayer noche todo fue distinto. El escenario fue un claustro maravillosamente engalanado, lleno de una extraña mezcla de individuos de la alta sociedad con fans de cepa con "artistas" de la farándula mexicana con gente que quién sabe por qué estaba ahí si no conocía más que una o dos de las maravillas musicales de Sting. Evidentemente para muchos fue una oportunidad de ver y dejarse ver, de caminar por la alfombra roja y aparecer luego en las revistas del corazón como personas altruistas y "comprometidas" con la causa de la educación en México. Mi naturaleza simple y la condición clasemediera de los últimos veinte años de mi vida me habían impedido verme en un ambiente similar en el pasado, digamos que fue la primera vez que estuve en un mismo lugar tanta "gente bonita", en un ambiente tan distinto y tan distante a lo que es mi vida cotidiana.
Siempre he dicho que las canciones de Sting y de The Police son como mi casa y ayer noche en eso consistió la magia: en corroborarlo, en darme cuenta de cómo en cuanto sonó el primer acorde de If I ever lose my faith in you todo lo distinto y lo distante se convirtió en territorio conocido, confortable y amado. La magia empezó a fluír, mi cuerpo a moverse, mi garganta a desgarrarse y mis pies, ampulados por los tacones necesarios para la ocasión y por las horas de espera en pie, a no sentir nada que no fuera una necesidad imperiosa de pegar de brincos. Una mezcla equilibrada de canciones de Police y de Sting en solitario me fue llevando de la mano por lugares, momentos y personas de mi vida, por euforias y felicidades, por mis amores y desamores. A diez metros de distancia pude ver que su rostro muestra las señales (que hace treinta meses no estaban ahí tan descaradamente) de unos sesenta años que se le acercan cada vez más y el bajo café descascarado que le acompaña desde hace tanta vida. El colofón de Roxanne me regaló el momento apoteósico de la noche, la piel de gallina y las ganas desesperadas de llorar mientras no podía parar de saltar con las manos en alto; Wrapped around your finger, Tea in the Sahara, The shape of my heart y Fields of gold me regalaron una deliciosa calma melódica y atiborrada de recuerdos; Every breath you take y King of pain, mis dos más grandes amores musicales "policiacos", fueron pura felicidad. Esos momentos hacen que valga la pena pagar el precio de cualquier boleto.
Cuando Fragile cerró la noche, las manos me dolieron de aplaudir, mis pies retomaron la conciencia de sus ampollas y del dolor por el atrevimiento de haber brincado dos horas con los zapatos inadecuados, mi garganta estaba seca, mis ojitos llenos de lágrimas felices y mi corazón eufórico. El camino al auto fue tortuoso, tanto que lo terminé descalsa. El regreso a casa fue en medio de ese silencio necesario para asimilar una experiencia musical que espero con toda el alma, se repita algún día.
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lunes, 26 de abril de 2010
Ya supe dónde estuvo el error...
Después de algo así como treinta y tres años, descubrí el origen de muchas de mis inconformidades, miedos, frustraciones y resentimientos.Me pasé esos mismos treinta y tres años pensando en que el problema estaba en otros cuando en realidad estaba en mí misma.
Había escuchado mucho decir aquello de "No juzguéis para que no seáis juzgados", pero creo que me tardé mucho en entender plenamente este concepto.
Ayer, Dios me dio un regalo. Como todas las cosas que él suele dar, llegó de sorpresa y fue algo que ni en mis más locos sueños pensé que se daría.
La venda se me ha caído de los ojos. No son las cosas que pasan a mi alrededor las que me lastiman sino la manera en que las miro… o mejor dicho, la manera en la que las he juzgado. Y no está mal; la justicia debe buscarse y defenderse a toda costa, el problema está cuando juzgas a las personas en lugar de juzgar sólo sus actos.
¡Gravísimo error!
Ya me lo había dicho mi maestro pero no le entendí.
Supongo que tienen que pasar muchas cosas antes de que puedas aceptar plenamente las realidades.
Hoy que lo sé y lo entiendo, me arrepiento de haber juzgado y no por miedo a ser juzgada pues es obvio que lo merezco. Me arrepiento porque juzgando alejé a mucha gente de mi vida porque no supe lidiar con los fantasmas que nublan la razón y el entendimiento.
Somos y estamos por una razón, no por casualidad, no por accidente, no por coincidencia y hay que buscar siempre estar bien durante el tiempo que dure nuestra vida.
¡De todo corazón, te pido perdón por haberte juzgado!
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lunes, 5 de abril de 2010
El Puerto...

Anoche soñé con el Puerto. No puedo recordar el lugar exacto pero desperté llena de esa humedad (a veces fría) tan de aquellos años de mi vida, y de golpe se me vinieron las memorias de las cosas vividas frente a ese mar que recuerdo más gris que azul. Me vi escribiendo poemas frente al mar agitado, luchando contra el viento que me volvía palomas las hojas y garrapatas la caligrafía, pero que nunca pudo acomodarme los sentimientos (bueno, al final sí); me vi convertida en la princesa de los cuentos de hadas encerrada en una torre , tejiéndome el cabello en cientos de trenzas para destejerlas luego en la carretera de regreso a casa; recorriendo las calles en moto, sin casco y con miedo; gritando vestida de rojo en las gradas del Pirata Fuente un sábado sí y otro también (siempre que la localía coincidiera con mis vacaciones); topándome a cada paso con el amor inconcluso, con el dolor constante de mi pérdida. En el Puerto cambió mi vida, allí descubrí un diciembre que podía amar de nuevo o por lo menos intentarlo; también allí viví mi primer y único acostón post-antro de una sola noche, del que guardo un gratísimo recuerdo porque ahí supe lo que es que los anhelos más locos se te vuelvan realidad. Entre las notas de las marimbas en los portales viví de todo, encuentros inesperados, huídas espectaculares, tensión, ansiedad, pero la constante más constante eran las tripas encogidas, todo el tiempo. El Malecón me regaló uno de los recuerdos más queridos de mi papá, uno de los más graciosos de mi mamá, la más dulce de las revanchas que puedo recordar y las espectaculares noches de Año Nuevo envueltas en los aullidos de los barcos. Mi paladar no olvida los lecheros con canilla de La Parroquia, ni las "vacas voladoras" clandestinas que comprábamos Adriana y yo de noche para tomarlas de a poquito frente al mar antes de que los edificios nuevos lo llenaran todo, los Faros de Don Nachito, las papas fritas del KFC, las primeras cervezas micheladas con música de marimba.
Los recuerdos me visitan en marabunta y ya soy incapaz de seguir enumerando las experiencias vividas en el mágico Puerto de Veracruz, un lugar que me late dentro, que amo y que es parte inevitable de mis primeros años.
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