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martes, 9 de octubre de 2012
Priceless
Que uno de tus escritores favoritos te invite un café, no tiene precio. Faltan varios meses pero el compromiso está hecho y no puedo estar más eufórica.
viernes, 3 de agosto de 2012
La edad del aprecio...
Dicen que los terribles dos
desaparecen en el minuto en el que el niño cumple tres y creo que es muy
cierto. Al menos a mí me tocó vivirlo con mis hijos, aunque debo decir que en
realidad no fueron tan terribles porque los dos siempre han sido muy tranquilos
y en general de buen carácter.
Yo acabo de cumplir cuarenta y
aunque el cambio no se dio de un día para otro, sí puedo decir que he entrado a
la edad del aprecio.
Aprecio mi vida porque ha sido
privilegiada. Nací en una buena familia y fui educada por dos buenas personas
que hicieron todo cuanto estuvo en sus manos por hacerme una persona de
bien. No conocí el hambre y tampoco viví
el miedo de no tener un techo que me cobijara. Si bien, para una niña o jovencita nunca es
suficiente, puedo decir que en realidad nada me faltó. Mis padres me quisieron
y siempre me trataron con amor y sobre todo con respeto.
Tuve con ellos muchas
diferencias, no lo niego, pero agradezco que mi temor de la infancia de
quedarme sin padres nunca se hiciera realidad.
Aceptar la transición de mi madre
no fue fácil y puedo decir sin temor a equivocarme que ésa fue una de las
épocas más difíciles y dolorosas de mi vida, pero aquí estoy, entendiendo que
esto es parte de la vida, que eventualmente todos iremos por el mismo camino y
que tal vez todavía tenga que vivir la transición de mi padre y la de otros
seres amados.
¿Por qué considero mis cuarenta
la edad del aprecio?
Porque aunque pasé mis treinta
sintiéndome afortunada por tener la vida que tenía, me queda claro que no supe
que apreciarme a mí misma, era parte importante del proceso y que eso era lo
que me faltaba para sentirme realmente plena.
Crecí con la creencia de que por
ser hija única, en mi naturaleza estaba intrínseco el gen egoísta y que eso me
hacía, si no una mala persona, una no muy buena, una no muy digna del aire que
respira.
Hace diez años aprendí a apreciar
mi vida con todas sus altas y sus bajas y hoy también aprecio las decisiones,
benéficas o perjudiciales, que he tomado a lo largo del camino, entendiendo que
he hecho lo mejor que he podido y con la mejor de las intenciones, porque
aunque a veces sienta muchas ganas de hacerle daño a alguien por alguna razón,
nunca en la vida me he atrevido a pasar del sentimiento momentáneo o no tan
momentáneo, a la acción de hacer daño. Hoy me acepto como soy y estoy en el
proceso de no competir con nadie en ningún sentido. Estoy soltando la necesidad
de tener la razón y me estoy moviendo en función de lo que quiero, de lo que
creo que es correcto para mí y no en función de si a los demás les gustará o no,
si me apreciarán o no, o si me aprobarán o no. Antes de ver el punto negro en
la hoja blanca, ahora agradezco la blancura del lienzo donde puedo pintar con
los colores que yo quiera y aprecio que el punto negro exista porque
seguramente a partir de ahí, trazaré una línea que me ayudará a complementar mi
obra de arte. No soy mejor ni peor que otros, simplemente soy diferente y está
bien que así sea. Camino por el sendero en donde antes de criticar por qué el
paisaje es como es, primero pienso que debe tener una buena razón, aunque no me
guste. En pocas palabras, le he dado
rienda suelta a mi gen egoísta y no me siento ni mal ni culpable por ello
porque he entendido que para dar lo mejor de mí, primero tiene que pasar todo
lo anterior.
No puedo decir que ahora todo lo
veo con ojos que nada más miran las bendiciones a mi alrededor, pero sí puedo
seguir diciendo que me siento afortunada de llegar a los años que tengo, con la
experiencia y sobre todo con los principios y valores que supe traerme de casa
de mis papás.
Tengo cuarenta años y creo que ya
voy entendiendo de qué se trata mi vida y la importancia que tiene estar en el
aquí y en el ahora, apreciando la maravillosa experiencia de ver el mundo con
estos ojos.
Hoy, después de cuatro décadas,
empiezo a sentirme libre y me gusta.
Gracias por leer.
Un abrazo con aprecio:
Anabelldomingo, 8 de abril de 2012
El camino andado
Vuelvo la mirada hacia atrás, hacia el camino andado. Poco más de un año ha pasado desde que abrí los ojos y me hice consciente de mi propia existencia, de mi sitio en el mundo, de lo que puedo y no cambiar, de los costales de culpa que he cargado desde que di el primer paso de mi andar por esta vida que, a pesar de contar con treinta y ocho años en su haber, comienza apenas a ser mía.
Vuelvo los ojos y miro, los cadáveres de mi ceguera, los restos de mi me-considero-tan-poquita-cosa, la sombre de mi no-digo-lo-que-siento-y-pienso. Miro a mi yo-niña bastante recuperada, "mejorcita" como diría mi abuela materna; sonríe un poco y no puedo hacer menos que devolverle la sonrisa. Miro a mi yo-adolescente y por primera vez no es dolor y vergüenza lo que me acomete, se siente bien ese hálito de auto aprecio que le sale de los ojos, esa nueva mirada que se dirige a sí misma en el espejo que sostiene con su mano derecha. Varias de sus heridas han cerrado, ahora sí, de forma definitiva; otras siguen en proceso, pero ese proceso ha dejado de ser doloroso. Los amores truncos ya no duelen, ni los amigos que no quisieron quedarse.
No puedo hablar de una existencia de pura luz. Quedan sombras. Muchas. Quedan miedos y dolores y reproches y cientos de pequeños mounstros que seguirán al acecho, pero la vida también se compone de eso, y trato de enfrentarlos, he dejado de darles la vuelta. Supongo que es lo que seguiré haciedo cada uno de los días que me quedan. No puedo presumir de un optimismo a ultranza ni de falta de días nublandos. No puedo decir que no hay días en los que grito PORCA MISERIA más de la cuenta. No puedo decir que he aprendido a poner la otra mejilla. Pero sigo en el intento de encontrarme, de soltar lo que me duele, de procurarme una vida en la que la constante sean mis propias decisiones y el asumir las consecuencias, buenas o malas. Sigo en el intento de ejercer ese poder recién descubierto de decidir cómo quiero que me afecte lo que sucede afuera. Sigo aprendiendo.
Vuelvo los ojos de nuevo a mis pasos, hoy venturosamente más confiados.
Vuelvo los ojos y miro, los cadáveres de mi ceguera, los restos de mi me-considero-tan-poquita-cosa, la sombre de mi no-digo-lo-que-siento-y-pienso. Miro a mi yo-niña bastante recuperada, "mejorcita" como diría mi abuela materna; sonríe un poco y no puedo hacer menos que devolverle la sonrisa. Miro a mi yo-adolescente y por primera vez no es dolor y vergüenza lo que me acomete, se siente bien ese hálito de auto aprecio que le sale de los ojos, esa nueva mirada que se dirige a sí misma en el espejo que sostiene con su mano derecha. Varias de sus heridas han cerrado, ahora sí, de forma definitiva; otras siguen en proceso, pero ese proceso ha dejado de ser doloroso. Los amores truncos ya no duelen, ni los amigos que no quisieron quedarse.
No puedo hablar de una existencia de pura luz. Quedan sombras. Muchas. Quedan miedos y dolores y reproches y cientos de pequeños mounstros que seguirán al acecho, pero la vida también se compone de eso, y trato de enfrentarlos, he dejado de darles la vuelta. Supongo que es lo que seguiré haciedo cada uno de los días que me quedan. No puedo presumir de un optimismo a ultranza ni de falta de días nublandos. No puedo decir que no hay días en los que grito PORCA MISERIA más de la cuenta. No puedo decir que he aprendido a poner la otra mejilla. Pero sigo en el intento de encontrarme, de soltar lo que me duele, de procurarme una vida en la que la constante sean mis propias decisiones y el asumir las consecuencias, buenas o malas. Sigo en el intento de ejercer ese poder recién descubierto de decidir cómo quiero que me afecte lo que sucede afuera. Sigo aprendiendo.
Vuelvo los ojos de nuevo a mis pasos, hoy venturosamente más confiados.
domingo, 9 de octubre de 2011
Detrás de un F1
Por los pasados venticinco años he sido una aficionada de la F1. La única en mi familia hasta que me casé con un fan de la F1 =P
Durante ese tiempo he visto correr a grandes figuras como: Alain Prost, Ayrton Senna, Nelson Piquet, Nigel Mansell, Gerhard Berger, Damond Hill, Jacques Villenueve, Michael Schumacher, Mika Häkkinen y Kimi Räikönen hasta llegar a estos tiempos donde sobresalen fuertemente: el actual campeón (bi campeón para estas fechas) Sebastian Vettel, Fernando Alonso, Jason Button y Lewis Hamilton, por mencionar sólo a los que han sido campeones en los últimos tiempos después de la era Schumacher y que aún compiten.
Pero de todos estos grandes pilotos, mi favorito es uno que nunca vi correr, pero que me sorprendió con sus resultados y es el señor Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón del mundo; record que sostuvo hasta que Schumacher lo superara a mediados de la primera década del 2000. Juan Manuel corrió durante ocho años, cuando los vehículos de F1 no tenían asistencias técnicas que mejoraran su desempeño desde la distancia y logró ganar el 47% de las carreras en las que participó.
Sus cinco títulos los ganó en las escuderías: Alfa Romeo (1951), Maserati/Mercedes (cambió de escudería en el cuarto gran premio de la temporada en 1954), Mercedes (1955), Ferrari (1956) y Maserati (1957).
Cuarenta años le tomó a otro hombre superar sus esfuerzos y en gran medida, no se pueden siquiera comparar porque las condiciones son totalmente distintas de la Fórmula 1 de los años 50's a la de principios de este siglo.
Y para que no se note que sólo yo opino lo mismo, aquí les dejo una cita hecha por el propio Michael Schumacher que reza: «Fangio está en un nivel más alto del que yo me veo a mí mismo. Sus
logros son muy importantes... Yo respeto mucho éstos. No se puede tomar a
personalidades como Fangio y compararlas con los acontecimientos
actuales de Fórmula 1. Tal comparación no es posible en absoluto.»
México ha dado al automovilismo deportivo a algunos pilotos reconocidos de forma internacional como los hermanos Pedro y Ricardo Rodríguez y más recientemente al piloto de la IndyCar (ahora llamada Champ Car World Series: Adrián Fernández.
En fin... el paso del tiempo y la evolución misma de las cosas, hacen que las condiciones de los juegos cambien y se agreguen otros componentes, destinados a seguir dándole el sabor indicado a la competencia.
Pero bueno, ya me extendí mucho en los recuerdos y en la admiración de glorias pasadas. Ahora es momento de ver al frente y lo que tenemos es que el 2011 nos trajo el debut de Sergio Pérez Mendoza, piloto de origen tapatío y que corre en F1 con la escudería Sauber Ferrari.
Sí, ya sé que la temporada empezó desde marzo pasado, pero no me había dado la oportunidad de escribir sobre este tema hasta ahora que están en puerta los Juegos Panamericanos, y que Checo es embajador deportivo que ha promocionado este evento con un sobresaliente desempeño en su disciplina.
Hoy se corrió el Gran Premio de Japón y Checo logró el 8vo. lugar, no su mejor puesto que fue en Canadá (7mo.), pero sí su mejor carrera de la temporada.
Con una tremenda tos y una fiebre de casi cuarenta grados centígrados, Checo salió a trabajar este fin de semana consiguiendo el lugar 17 de la grilla de partida.
Si subir nueve posiciones en un circuito donde compiten otros 23 pilotos que también están interesados en ganar les parece poco, resaltaré que hoy Checo por poco y se queda con el record de vuelta más rápida de 1:36.569 segundos en la vuelta 39, solamente superada por Jason Button con un tiempo de 1:36.568 segundos en la vuelta 52 de las 53 que se corrieron.
Para ser un piloto novato, creo que Sergio Pérez ha sabido hacerla hasta el momento en el máximo círculo del automovilismo mundial.
Definitivamente hay que seguirle la pista... a él y a todos los pilotos mexicanos que corren en las diferentes categorías del automovilismo y que no son pocas por cierto.
¡Gracias por venir!
Un abrazo con aprecio.
Etiquetas:
Alegrías,
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viernes, 7 de octubre de 2011
Time to say goodnight
Ger tiene once años. Está en plena pubertad. Ya debe usar desodorante y una pelusilla negra se asoma encima de su labio superior. Ger ha sido siempre puras sonrisas. Cuando era bebé sonreía el noventa por ciento del tiempo, su pediatra decía que pocas veces había visto un niño que pareciera tan feliz, y eso no ha cambiado mucho hasta la fecha. Ger es un chavo de buen corazón, empático, siempre preocupado por el bienestar de los demás, compartido. Ger es activísimo, tiene piernas largas y fuertes como una piedra, es alocado y tierno, le gusta bailar y hacer locuras. Ger, a últimas fechas, se compromete en serio, trae excelentes notas a casa y entrena cada día con toda su fuerza. Ha decidido que quiere ser campeón nacional y está trabajando duro para lograrlo.
A pesar de sus once, Ger me sigue pidiendo que lo acompañe a su cama cada noche, que lo tape, le dé un beso y la bendición, que me quede un rato y platiquemos de la vida. Es una costumbre que tiene desde que era muy pequeño. Hace unos días un amigo compartió un video en Facebook que me hizo recordar esos momentos previos a la hora de dormir que durante tantos años han sido momentos emotivos y llenos de aprendizaje para los dos, sobra decir que se me salieron las de cocodrilo por lo que fue y lo que será, por los recuerdos y por esa costumbre que deberá terminar, por fuerza, en muy poco tiempo, en cuanto Ger abandone la niñez y entre de lleno en la adolescencia.
A pesar de sus once, Ger me sigue pidiendo que lo acompañe a su cama cada noche, que lo tape, le dé un beso y la bendición, que me quede un rato y platiquemos de la vida. Es una costumbre que tiene desde que era muy pequeño. Hace unos días un amigo compartió un video en Facebook que me hizo recordar esos momentos previos a la hora de dormir que durante tantos años han sido momentos emotivos y llenos de aprendizaje para los dos, sobra decir que se me salieron las de cocodrilo por lo que fue y lo que será, por los recuerdos y por esa costumbre que deberá terminar, por fuerza, en muy poco tiempo, en cuanto Ger abandone la niñez y entre de lleno en la adolescencia.
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