Me ha costado trabajo pensar en esto. Creo que lo he venido evitando sistemáticamente desde que me enteré de la noticia, y más aún desde que vi el video de lo sucedido en el estadio Territorio Santos Modelo. Me duele mucho. Me enfrenta a una realidad que me aterra, a la violencia como parte de la vida cotidiana de cada uno de los habitantes de este país, y específicamente, de la de mis hijos y gente querida. Y es que cada vez se cierra más el cerco, cada vez existen menos escenarios en los que puedes sentir cierta seguridad; las balas son, cada vez más, invitados recurrentes al día a día de todos nosotros.
El futbol es parte importante de mi vida desde la infancia. Conservo recuerdos y experiencias de gran intensidad relacionados con el "deporte de las patadas", y aunque con el paso de los años esa pasión ha ido menguando, no ha desaparecido ni lo hará. Siempre preferiré ver en televisión un juego de fut a cualquier otro programa. Así las cosas, el que la violencia desbordada del crimen organizado haya golpeado directamente al deporte que amo, hace que el asunto me duela por partida doble. No sé muy bien cómo explicarlo, es como si algo muy querido hubiera sido mancillado, como si hubiera recibido una grave ofensa personal. El ver a los jugadores tirándose al suelo unos, corriendo hacia los vestidores otros, en medio del estruendo de las balas, fue desgarrador, lo mismo que ver el pánico y la tristeza en los ojos de los padres que protegían con sus propios cuerpos a sus pequeños, el llanto en el rostro de chicos y grandes y hombres y mujeres, el miedo y la desesperanza en las personas tiradas entre las butacas buscando algo de protección.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde? ¿Quién? ¿Cómo? Son muchas la preguntas que vienen a mi cabeza cada que pienso en lo lejos que se ve la salida de este túnel en el que estamos metidos como país y sociedad. ¿Llegará el momento en el que sea igual de peligroso asistir a un partido de futbol que atravesar un campo minado en Afganistán? ¡No quiero! ¡Me resisto! ¡Me duele! No quiero pensar en que mis hijos vivirán su juventud y adultez en un país en el que su vida esté en juego a cada minuto, en el que no podrán tener la mínima oportunidad de una existencia pacífica y tranquila, que no podrán repetir con sus hijos las experiencias que hemos podido regalarles hasta ahora en un estadio de futbol.
Sé que el problema va mucho más allá de la cuestión futbolera, pero hoy quise hablar de esto, de los dos grandes amores que me duelen en este momento de triste y violenta convergencia: México y el futbol.
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lunes, 22 de agosto de 2011
martes, 6 de julio de 2010
Alemania y los mundiales
Mucha gente me ha preguntado a lo largo de los años por qué le voy a Alemania en los mundiales de fútbol si soy mexicana.
Bueno, creo que mucho tiene que ver, en primera instancia, la influencia de mi papá, quien ha sido un fiel seguidor de Alemania en el fútbol desde que tengo uso de razón.
¿Por qué?
Porque la selección alemana de fútbol se ha caracterizado a través del tiempo por ser un equipo disciplinado, inteligente, organizado y con una estabilidad mental como pocos equipos pueden presumir.
Lo que más me gusta es su presencia constante en las líneas que luchan por los primeros lugares de los eventos en los que participan; prueba irrefutable de que la dedicación, la concentración y el trabajo en equipo (entre otras cosas) son elementos indispensables para alcanzar muchas metas en la vida. Pienso que son un buen ejemplo a seguir.
Por mi cuenta los empecé a seguir en el mundial del 86 y sufrí y lloré cuando perdieron aquella final contra Argentina y Diego A. Maradona.
En el 90 me regodeé en su triunfo contra Argentina y después del corajón que hice en el 86, este campeonato me supo a gloria.
En el 94 y 98 los seguí hasta los cuartos de final, con la esperanza de que para el siguiente mundial llegaran más lejos y lo hicieron en el 2002 cuando quedaron otra vez como subcampeones.
Recuerdo que en el 2006 llegaron hasta las semi pero no pudieron pasar sobre Italia así que se tuvieron que conformar con el nada despreciable 3er. puesto.
Hoy Alemania la tiene complicada porque va contra una España que ha venido de menos a más y si lograra ganarle, iría contra una "Naranja Mecánica" que lleva invicta 2 años.
Por mi parte, mis muchachitos (como les digo porque son chavos en su mayoría) ya hicieron su trabajo este mundial al echar fuera a Argentina con Diego A. Maradona ¡Y de qué manera! ¡Con 4 golecitos nada más!, así que me quedaré contenta pase lo que pase con ellos de aquí en adelante.
Desde mi perspectiva, la selección alemana es digna de reconocimiento porque ha venido de un país aniquilado (2 veces) y dividido por más de 45 años en el siglo que hace poco terminó. Creo que la situación económica, política y social de Alemania no ha sido muy favorecedora, sin embargo siempre ha procurado tener un equipo de primer nivel que se muere en la raya por defender la camiseta del país al que representa.
Algo digno de admiración sin duda.
Bueno, creo que mucho tiene que ver, en primera instancia, la influencia de mi papá, quien ha sido un fiel seguidor de Alemania en el fútbol desde que tengo uso de razón.
¿Por qué?
Porque la selección alemana de fútbol se ha caracterizado a través del tiempo por ser un equipo disciplinado, inteligente, organizado y con una estabilidad mental como pocos equipos pueden presumir.
Lo que más me gusta es su presencia constante en las líneas que luchan por los primeros lugares de los eventos en los que participan; prueba irrefutable de que la dedicación, la concentración y el trabajo en equipo (entre otras cosas) son elementos indispensables para alcanzar muchas metas en la vida. Pienso que son un buen ejemplo a seguir.
Por mi cuenta los empecé a seguir en el mundial del 86 y sufrí y lloré cuando perdieron aquella final contra Argentina y Diego A. Maradona.
En el 90 me regodeé en su triunfo contra Argentina y después del corajón que hice en el 86, este campeonato me supo a gloria.
En el 94 y 98 los seguí hasta los cuartos de final, con la esperanza de que para el siguiente mundial llegaran más lejos y lo hicieron en el 2002 cuando quedaron otra vez como subcampeones.
Recuerdo que en el 2006 llegaron hasta las semi pero no pudieron pasar sobre Italia así que se tuvieron que conformar con el nada despreciable 3er. puesto.
Hoy Alemania la tiene complicada porque va contra una España que ha venido de menos a más y si lograra ganarle, iría contra una "Naranja Mecánica" que lleva invicta 2 años.
Por mi parte, mis muchachitos (como les digo porque son chavos en su mayoría) ya hicieron su trabajo este mundial al echar fuera a Argentina con Diego A. Maradona ¡Y de qué manera! ¡Con 4 golecitos nada más!, así que me quedaré contenta pase lo que pase con ellos de aquí en adelante.
Desde mi perspectiva, la selección alemana es digna de reconocimiento porque ha venido de un país aniquilado (2 veces) y dividido por más de 45 años en el siglo que hace poco terminó. Creo que la situación económica, política y social de Alemania no ha sido muy favorecedora, sin embargo siempre ha procurado tener un equipo de primer nivel que se muere en la raya por defender la camiseta del país al que representa.
Algo digno de admiración sin duda.
¡Vamos mis muchachitos,
la copa Sudáfrica 2010
los espera! =D
la copa Sudáfrica 2010
los espera! =D
viernes, 25 de junio de 2010
El sueño de la victoria
Leipzig, Alemania. Veinticuatro de junio de dos mil seis. Octavos de final de la copa del mundo. México realiza un juego casi perfecto contra Argentina. Maradona sufre como condenado a muerte desde su palco, se come las uñas, se mesa los cabellos, implora a los cielos que el dominio y la brillantez del juego mexicano no rindan frutos, que no rompan en favor azteca el empate que pende de un hilo. El casi fue un golazo inspiración de Maxi Rodríguez, el casi volvió a ser verde y volvió a caer sobre nosotros en forma de la eterna lápida que termina por aplastar nuestros sueños futboleros... casi siempre... más siempre que casi. La miel se nos cayó de los labios cuando estábamos a punto de saborearla, su lugar lo ocupó la hiel de la derrota, la impotencia de no tener argumentos para taparle la boca a los que se proclaman superiores entre burlas y cantos ofensivos, el dolor del ya merito, del jugamos como nunca y perdimos como siempre. La eterna pregunta flotaba en el aire: ¿qué demonios nos falta para dar ese último paso hacia la victoria?, mientras los más llorones buscábamos algún rincón para limpiar las inevitables lágrimas de frustración.
Johanesburgo, Sudáfrica. Veintisiete de junio de dos mil diez. Octavos de final de la copa del mundo. México debe realizar un juego perfecto, esta vez sin el casi, ante una de las mejores Argentinas de todos los tiempos. La lógica indica que no tenemos oportunidad. En la comparación hombre por hombre salimos perdiendo. En los registros históricos, también. Los sudamericanos proclaman la victoria por adelantado, seguros de su superioridad, ufanos, sobrados. Nosotros sucumbimos ante nuestros fantasmas, ante la aplastante realidad de nuestra historia. Nos duele el anhelo y al mismo tiempo pensamos que podemos alcanzarlo, sólo para instantes después reirnos de nosotros mismos ante tal atrevimiento. Algunos son más optimistas y se atreven a mantener el sueño de la victoria y a hacerlo público, la mayoría somos más precavidos, soñamos en silencio y con cierta precaución (ya hemos sufrido tantas decepciones) pero no dejamos de hacerlo, no dejamos de desear que esta vez el destino le dé a cada uno lo que necesita con desesperación: a ellos un baño de humildad, a nosotros, uno de gloria.
La mesa está puesta para la revancha. Lo más difícil ya ha ocurrido, el destino nos pone cara a cara de nuevo en la misma instancia que hace cuatro años, con el mismo rival. Estamos ante una situación inmejorable para romper con nuestros miedos, para construirnos de nuevo, para comenzar a cantar victorias en lugar de derrotas.
¡VAMOS, MEXICOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Johanesburgo, Sudáfrica. Veintisiete de junio de dos mil diez. Octavos de final de la copa del mundo. México debe realizar un juego perfecto, esta vez sin el casi, ante una de las mejores Argentinas de todos los tiempos. La lógica indica que no tenemos oportunidad. En la comparación hombre por hombre salimos perdiendo. En los registros históricos, también. Los sudamericanos proclaman la victoria por adelantado, seguros de su superioridad, ufanos, sobrados. Nosotros sucumbimos ante nuestros fantasmas, ante la aplastante realidad de nuestra historia. Nos duele el anhelo y al mismo tiempo pensamos que podemos alcanzarlo, sólo para instantes después reirnos de nosotros mismos ante tal atrevimiento. Algunos son más optimistas y se atreven a mantener el sueño de la victoria y a hacerlo público, la mayoría somos más precavidos, soñamos en silencio y con cierta precaución (ya hemos sufrido tantas decepciones) pero no dejamos de hacerlo, no dejamos de desear que esta vez el destino le dé a cada uno lo que necesita con desesperación: a ellos un baño de humildad, a nosotros, uno de gloria.
La mesa está puesta para la revancha. Lo más difícil ya ha ocurrido, el destino nos pone cara a cara de nuevo en la misma instancia que hace cuatro años, con el mismo rival. Estamos ante una situación inmejorable para romper con nuestros miedos, para construirnos de nuevo, para comenzar a cantar victorias en lugar de derrotas.
¡VAMOS, MEXICOOOOOOOOOOOOOOOOO!
jueves, 10 de junio de 2010
El día antes de mañana
La fiebre futbolera es la epidemia del momento. Resulta imposible resistirse al contagio, el virus está en todos lados, se respira, se come, se escucha, se siente.
Creo que nunca antes me había tocado vivir un previo tan intenso, parece que en esta ocasión juegan más elementos que nunca antes, desde la localía del primer rival, los ojos del mundo entero puestos en un "nosotros" (entendamos "mexicanos") representado por once jugadores que teóricamente son, en conjunto, los mejores de todos los tiempos para nuestra realidad medianera en el ranking mundial.
Hoy es el día previo a ese juego inaugural en el que se resumen los sueños futboleros de los más de cien millones que somos, la ansiedad es palpable en las redes sociales, en el radio, en la tele, todos hablamos sobre el juego de mañana. Hoy todos pertenecemos, todos sentimos el verde.
Un ¡Vamos México! resuena dentro de cada uno, mañana explotará en la victoria.
Creo que nunca antes me había tocado vivir un previo tan intenso, parece que en esta ocasión juegan más elementos que nunca antes, desde la localía del primer rival, los ojos del mundo entero puestos en un "nosotros" (entendamos "mexicanos") representado por once jugadores que teóricamente son, en conjunto, los mejores de todos los tiempos para nuestra realidad medianera en el ranking mundial.
Hoy es el día previo a ese juego inaugural en el que se resumen los sueños futboleros de los más de cien millones que somos, la ansiedad es palpable en las redes sociales, en el radio, en la tele, todos hablamos sobre el juego de mañana. Hoy todos pertenecemos, todos sentimos el verde.
Un ¡Vamos México! resuena dentro de cada uno, mañana explotará en la victoria.
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