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martes, 14 de junio de 2011

jueves, 31 de marzo de 2011

Nubes


Nubes. Negras. De lluvia. De algodón. De tormenta. De borreguito. De Dios. Barridas por el viento como hilos. De plata brillante (como de Figueroa). Creadoras de sombra como árboles frondosos. Cirros. Estratos. Naranjas y violetas de crepúsculo. Doradas de amanecer. Viajeras no siempre con prisa, no siempre con destino. Dadoras de agua. Dadoras de vida y de muerte. Oasis. Niebla densa. Niebla etérea. "Agrisadoras". Violentas de granizo. Espesas de nieve. Heraldos del frío y del invierno. Cómplices de la imaginación. Formas caprichosas de significados individuales. Casa del trueno. Lugar común de sueños infantiles.

¿Huelen las nubes?

jueves, 24 de marzo de 2011

Noche


Me cuelgo de la alta noche, me pierdo en sus oscuridades de terciopelo. Soy noche. Soy de la noche. Mi sueño sube y baja entre sus cavernas húmedas, salitrosas. La plata que la salpica fascina a mis sentidos despiertos... los dormidos nunca, los dormidos buscan el silencio rasposo del negro y el gris fusionados, convertidos en el todo más absoluto. La noche que soy no tiene luces amarillentas de ciudad, acaso algún farol perdido en un recuerdo, sólo eso. La noche que soy es un manto de ausencia de luz pero plagado de ruidos de grillo y alguna que otra luciérnaga rompiendola a momentos; noche de campo, de hierbillas cerradas, de pájaros que duermen.

jueves, 26 de agosto de 2010

Lo que soy ahora

Mi muy escaso sentido de pertenencia está seriamente afectado en este momento. Por más que trato de racionalizarlo es mucho más grande el vacío en el estómago. Entiendo perfecto que el pasado no puede cambiarse y que lo que soy ahora mismo es una consecuencia irreversible de esa lógica. Creo que ese es justamente el problema: lo que soy ahora. O lo que no soy ahora. O lo que no fui antes... o lo que si. O ese "nadie" que me persigue siempre.

jueves, 12 de agosto de 2010

Hoy... sin la venda en los ojos.

De un mes a la fecha me he estado reencontrando con gente de antes, con antiguos compañeros de vida. Fugaces unos, otros no tanto. De frente en una mesa de café, por teléfono, por Messenger, por Facebook. En general todos ellos fueron gratificantes. Todos menos uno.

Varias veces he hablado aquí sobre ese amor de juventud que me marcó por años y años. Con bombo y platillo puedo decir hoy que nada de eso queda ya. Parece que el tiempo se encargó de hacer eso que todos te dicen cuando traes mal de amores: todo lo cura, todo lo borra. Sé que puede parecer estúpido que venga a decir esto hoy, a casi veinte años de distancia; entonces sólo hay que recordar que soy un ser de pasados, que los atesoro y no los dejo ir tan fácilmente. Hace un par de semanas dejé en un par de fotos que me encontré en Facebook, todos los recuerdos: los buenos, los malos, los más o menos, los dolorosos, los eufóricos. Por primera vez en mi vida entendí lo que mis amigas se cansaban de decirme. La venda se me cayó de los ojos y pude percibir aquello que siempre me negué a mirar. Empecé a preguntarme entonces: ¿De quién estuve enamorada?, ¿a quién le permití mostrarme el amor con sus encantos y desencantos?, ¿a quién le regalé la primicia de mi piel?... ¿A él? ¿Al que aparece en esas fotos recientes? ¡No quiero! Preferiría seguir pensando que era un tipo simpático, guapo, sencillo y sensible, con ojos y boca de niño, con sonrisa de campo y manos de alquimista. La realidad me desagrada porque por primera vez lo veo como todos los demás lo vieron siempre... como era su esencia, sin todos esos oropeles que mis ojos nuevos y enamorados le adjudicaban en cada mirada.

Hoy puedo agradecer el sentirme finalmente liberada de él, pero ha empezado a dolerme la crudeza de la realidad, el fin del sueño, la caída de las murallas de ese recordar selectivo que tuve que construírme en torno a él para no sentir que mis primeras veces fueron un desperdicio porque las deposité en la persona incorrecta. Finalmente no sería yo si la historia tuviera un final feliz... esos no son para mí.

domingo, 25 de julio de 2010

Charcos

Llueve afuera. Estás en casa o en la oficina. Generalmente buscas cubrirte si es que debes salir. Un paraguas, un impermeable, botas, el auto. El problema es cuando llueve afuera y estás afuera y no tienes paraguas ni botas ni impermeable ni auto. Si te mojas te da frío, se te deshace el peinado, se te corre el maquilllaje, la ropa se maltrata y qué decir de los zapatos que pueden terminar en el bote de la basura después del mojado suceso, amén de la alta probabilidad de pescar un buen resfriado. La mayoría de la gente corre, se resguarda bajo el toldo de lona de algún comercio, entra a una tienda o cafetería, toma un taxi, se sube al micro o al autobús. Hay una amplia gama de opciones pero la constante es tratar de evitar a toda costa que el agua del cielo haga de las suyas sobre nosotros. Sin embargo, existen momentos en los que es imposible abstraerse a pesar de todos los esfuerzos, en los que no queda más camino que la resignación. Sufres un poco al principio, las primeras gotas son siempre más frías que las siguientes, mientas madres y maldices tu suerte más de una vez, lamentas tu falta de previsión y juras por las once mil vírgenes que no volverás a salir de casa sin paraguas aunque te choque cargarlo por todas partes. Ya medio mojado dejas de sentir tan gacho. En algún punto te ríes de ti mismo pero al tiempo que odias a los afortunados que van dentro de sus coches, sobre todo a aquellos que en alguna esquina te miran con lástima. Una vez que te encuentras empapado es cuando la magia sucede. En medio del irremediable "ensopamiento" y de la comprensión de que no vale la pena resistirse, te llega la liberación y de un momento a otro dejan de importar todos los detalles banales que te hicieron buscar el resguardo inalcanzable, vuelves la cara al cielo para sentir la frialdad inicial de las gotas cayéndote encima. Te sientes niño de nuevo. Abres los brazos y deja de importar la lástima de los automovilistas desde su refugio seco y abrigado (finalmente son ellos los que se pierden la diversión). Una vez que te abandonas a la libertad del agua es complicadísimo reprimirte. Es una sensación maravillosa, como de transgresión positiva, como de volver al origen; cuyo climax es el momento justo en el que miras el primer charco y decides, con toda intención, brincar sobre él y sobre los cinco siguientes, arrastrar los pies en el sexto para "hacer olitas", buscarlos en lugar de evitarlos. Llegas a casa mojado hasta el alma pero extrañamente feliz y liberado, como después de un largo día de juegos en la infancia.

martes, 20 de julio de 2010

¿Terapia?

Estoy terriblemente consumista. ¿Algún hueco demasiado hueco? Seguro que sí. Me resulta preocupante pero a últimas fechas no sé bien a bien por dónde empezar a reconstruírme, no logro encontrar lo bueno de mi ser. ¿Terapia urgente? Tal vez... intensiva. ¿Soledad?... de cama.

jueves, 10 de junio de 2010

El día antes de mañana

La fiebre futbolera es la epidemia del momento. Resulta imposible resistirse al contagio, el virus está en todos lados, se respira, se come, se escucha, se siente.
Creo que nunca antes me había tocado vivir un previo tan intenso, parece que en esta ocasión juegan más elementos que nunca antes, desde la localía del primer rival, los ojos del mundo entero puestos en un "nosotros" (entendamos "mexicanos") representado por once jugadores que teóricamente son, en conjunto, los mejores de todos los tiempos para nuestra realidad medianera en el ranking mundial.
Hoy es el día previo a ese juego inaugural en el que se resumen los sueños futboleros de los más de cien millones que somos, la ansiedad es palpable en las redes sociales, en el radio, en la tele, todos hablamos sobre el juego de mañana. Hoy todos pertenecemos, todos sentimos el verde.
Un ¡Vamos México! resuena dentro de cada uno, mañana explotará en la victoria.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Espejismos

Un día despiertas y sientes que nada encaja, que te pones vieja y fea y aguada, que tus hijos no te pelan y tu marido te da flojera. Un día la vida te pone pruebas y sientes que no tienes la fuerza para superarlas, entonces buscas estímulos o la vida misma te los pone en el camino y encuentras espejismos baratos, paraísos efímeros, te embotas con ellos y lo que te sostiene (tu familia) es lo único que no observas ni sientes ni comprendes.
Siempre he dicho que Dios me ha protegido miles de veces de mí misma, mi umbral de estupidez es tan alto que de haberme permitido tomar decisiones habría hecho un muladar de mi propia existencia; así que históricamente me ha quitado de encima las tentaciones para que no pueda, aunque quiera, joderme los días que me quedan. Así, sin darme cuenta, y aunque mentando madres al inicio, todo vuelve a su lugar, las sonrisas de siempre regresan, los amores que no se van nunca son vistos de nuevo, el protagonista de mis sueños brilla otra vez sobre su escenario, regresan a casa los soles y las lunas y yo misma. Sé que suena extraño pero ese día, el del retorno, el de la vuelta a casa, y las semanas que le siguen son tan placenteros que hacen que valga la pena el efímero extravío, después de todo dicen que lo mejor de los pleitos son las reconciliaciones ¿no?, pues en este caso aplica con sus asegunes: lo mejor de mis espejismos es cuando desaparecen tras la barba de tres días de mi marido.

martes, 1 de septiembre de 2009

Puede que

Puede que llegue o que no, que al final decida, en el umbral, que no es esta casa la que desea visitar para quedarse un tiempo y apiadarse de su habitante solitaria.
Puede que una vez dentro cambie de opinión al ver la austeridad del contenido y su dignidad decida que no, que no soportaría estar rodeada de semejante pobreza.
Pero también puede que se pueda, que encuentre detalles, destellos, alguna mota de color fantástico, algo que le haga pensar que si se ordena y limpia un poco, ese espacio puede generar belleza; tal vez no ahora, tal vez ni siquiera mañana, pero sí algún día en el futuro.

viernes, 31 de julio de 2009

Nunca es tarde

Empecemos con un dicho popular: "Nunca es tarde".
Vaya, parece que no empiezo con el pie derecho en mi intento de rescatar de la muerte mi músculo de la capacidad creativa, escribiendo por lo menos una cosa al día. Un dicho popular jamás sería un buen comienzo salvo que estés tan desesperado por contar lo que hay dentro que decidas exponer, en su más resumida expresión, tus intentos por sacar a tu matrimonio del maldito limbo en el que lleva metido los últimos seis meses.
Nunca es tarde para volver a intentar, para retomar las promesas y los compromisos.
Nunca es tarde para mirarle de nuevo a los ojos, con luna llena o sin ella (al fin que a él le importa un carajo la luna), ni para redescubrir todas sus cualidades.
Nunca es tarde para la seducción (me cae que trato de hacer que no lo sea antes de que la gravedad termine con lo que lamentablemente ha iniciado hace un par de años sobre mi cuerpo y sus "encantos").
Nunca es tarde para volver al origen (tal vez acomode una vieja caja de cartón a la mitad de la sala y compre un par de hamburguesas de McDonalds para comerlas sobre ella, como cuando llegamos por primera vez a nuestro nuevo hogar tras la luna de miel y no teníamos nada más que un refri, un micro pequeñito y un colchón sin base ni colcha).
Nunca es tarde para descubrir, después de una larga plática de días de duración con una gran amiga, que a pesar de todo lo que parezca estar funcionando mal, a pesar de las telarañas, las idas y las vueltas mías y de otros, a pesar de los sueños húmedos con luisjavieres enfundados en camisas rojas estilo Raoul Bova, de las decisiones mal tomadas y los acuerdos rotos, a pesar de todo eso y de lo que no me atrevo a teclear ahora mismo, a pesar de los pesares... sigo siendo una mujer enamorada y comprometida con el hombre que escogió para compañero de vida.
Simple, ¿verdad?

jueves, 28 de mayo de 2009

¿Soy libre?

Hoy desperté preguntándome hasta dónde llega mi libertad e incluso si esta realmente existe, hasta dónde decido yo la vida que llevo, por qué si no me gusta no hago nada para cambiarla. Cada vez que veo un paisaje boscoso me entra la melancolía de la vida que anhelo y que por ahora sólo puedo abrazar en mis planes de retiro cuando cumpla cincuenta (si llego). Y así cada cosa, cada deseo, cada sueño debe ser postergado. ¿Será que sueño con imposibles? El futuro de los hijos pesa mucho y el mundo indica que es obligación de los padres proveerles una educación privada para que puedan alcanzar el éxito. Me pregunto también si ese éxito es algo real o sólo un cliché viejo y gastado al que nos aferramos con los ojos cerrados. El caso es que, en pos del cumplimiento de ese mandato universal, me sumerjo día a día en una vida cargada de estrés y muy lejana a lo que es mi ideal.
Entonces... ¿soy libre? El tiempo me dará la respuesta, pero la mía en este instante es un rotundo no.

martes, 12 de mayo de 2009

Indigente cibernética

Desde hace algún tiempo me siento como indigente cibernética. Por elección propia he dejado los espacios en los que alguna vez fui participante activa, en los que descubrí mi pasión por las letras y otros en los que me divertí formando parte de un grupo. Hoy no pertenezco a nada y a ratos me siento rodeada de una especie de horfandad. Necesito encontrarme un sitio, de preferencia fuera de los límites de la red. Algunas veces me atacan los deseos de no volver a encender una computadora, ojalá que mi trabajo me lo permitiera.
Creo que todo se reduce a que hace tres años que carezco de pertenencia social. Mucho trabajo y poco tiempo libre, mucho cansancio y poca disposición. El problema está identificado, la complicación viene cuando intento trazar un curso de acción... ¿a qué hora? Tal vez si el día tuviera treinta y seis horas alcanzaría para algo, pero no es así y las veinticuatro de que dispongo apenas dan para lo básico: trabajar en la oficina, trabajar en la casa, atender familia, comer y dormir PUNTO. Pero ya me desvié. El caso es que mi horfandad cibernética y social en la realidad, me ha pegado fuerte hoy. Mañana será otro día.

viernes, 17 de abril de 2009

Necesito. Quiero.

Necesito y quiero volver al origen, pedir poco, abrazar mucho, olvidar el pasado en su escaño doloroso. Quiero abrir mi ventana y encontrar árboles, que me despierte el canto de un gallo, ir caminando al establo con cubeta en mano a comprar la leche cada tarde. Necesito alejarme de mis obsesiones, abrir los brazos y dejar que se vayan de mí los espejismos de felicidad efímera. Quiero nunca más preocuparme por el color de moda o porque no tengo una bolsa que combine con mi blusa o porque una arruga se instale cada día más en mi entrecejo. Necesito alejarme de todo por unas horas, caminar sin rumbo, tomar fotografías donde sea, dejar de pensar un minuto. Quiero vestirme hippie. Necesito no encender mi laptop en semanas, no saber, no escuchar, no leer, no llorar. Quiero no escuchar las canciones que me llevan a ese pantano emocional del que no puedo escapar. Necesito dormir días enteros. Quiero quererme. Necesito respirar de nuevo.

martes, 7 de abril de 2009

¿Allá?

En la tierra de los que extrañan no hay ayeres ni mañanas, todo se reduce a un hoy eterno que se traga las esperanzas y acumula recuerdos de momentos mejores pero idos.
En la tierra de los que extrañan el dolor manda, la ausencia aniquila y da vida al unísono.
En la tierra de los que extrañan todos tienen el cabello largo y se lo trenzan a cada hora, derramando una lágrima por cada hebra y emitiendo un suspiro por cada gajo que anudan.
En la tierra de los que extrañan no hay sonidos nuevos ni sonrisas ni juegos de futbol.

viernes, 27 de marzo de 2009

Martini

Tomas un martini en la barra de un hotel de lujo mientras mezclas en tu mirada la perversión y la inocencia. Tiras el anzuelo envuelto en un sexy atuendo nocturno. Seguramente algún especimen masculino caerá en la trampa y tendrás una buena sesión de sexo de ocasión. Esto sucede en los cuentillos que hacen de colofón a las revistas de moda quincenales o en películas o en series o en telenovelas, pero... ¿le puede suceder a alguien en la vida real? ¿Me puede suceder a mí? Anoche tomé un martini en la barra de un hotel de lujo (¡Diablos! ¿Por qué ya no se puede fumar en lugares cerrados?). Lo demás lo dejo a la imaginación del que lea...

domingo, 22 de marzo de 2009

Lo de siempre

Un nudo en la garganta. Otro en el estómago. Una buena rola sonando a tope en el estéreo del coche. El acelerador a fondo. Un cigarrillo en los dedos. El aire entrando por las ventanillas abiertas y enmarañándome el cabello. La incertidumbre haciendo un ruido insoportable en mi cabeza. Las eternas ganas de llorar, de escuchar, de saber, de dormir hasta finales de noviembre... hasta que esto que siento se haya desvanecido. Nada raro. Lo de siempre. This is me.

viernes, 20 de febrero de 2009

La primera lluvia del año

Nunca falla. Lavo mi camioneta y llueve. Incluso he pensado en patentar la fórmula, llevarla a África y hacerme millonaria, pero no me gustan las cosas tan sencillas. El caso es que ayer cayó, por mi rumbo, la primera lluvia del año y con ella llegó a mi nariz el primer aroma a tierra mojada con sus melancolías, recuerdos y glorias; y lo mejor de todo, sin las inundaciones y caos vial que normalmente provocan las lluvias en esta ciudad de locos. ¡Qué rico!

lunes, 16 de febrero de 2009

None

¿Ir o venir? ¿Sí o no? ¿Hoy o mañana? ¡Demonios! ¿Por qué es tan difícil pensar con dolor de cabeza?

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un poco de frío

Quiero un poco de frío, uno sin sol, uno absolutamente gris.

Quiero sacar del armario bufandas, gorros, abrigos y guantes; mirar la nubecilla de mi aliento, agradecer un trago de café caliente, buscar la tibieza de tu abrazo y encontrar mucho más dentro de él.

Quiero un frío como ese de cuando era niña y acompañaba a mi abuela a la misa de cinco de la mañana, uno como el de Central Park, uno como el del día que vi la nieve caer.

Solamente frío... un poco de frío.