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jueves, 3 de enero de 2013

La Teoría de la Felicidad

Existen en el mundo millones de teorías, algunas son muy fáciles de entender y otras no tanto, pero a final de cuentas lo que hace la diferencia es el interés que le pongas a cada teoría.

Yo siempre he sido muy buena con la teoría. Me gustan los conceptos y me encanta la sensación maravillosa  de piel de gallina cuando me cae el veinte de alguno de ellos, sobre todo, de aquellos que no entendí a la primera.

Lo que debo admitir que me cuesta un poco de trabajo es la práctica. Roma no se hizo en un día y yo no sé de dónde saqué la idea de que si ya sabes la teoría y cuentas con las capacidades físicas y mentales para poner en práctica lo que has aprendido, tienes la vida resuelta.

Entiendo que este mundo es de presencia y ausencia.

Que el mal o el odio es en realidad el nombre que le damos a la falta de amor, así como llamamos frío a la falta de calor u oscuridad a la falta de luz.

Me queda claro que Dios, el Creador, el Origen o como sea que se le quiera llamar, permanece en un estado constante de felicidad y de aprecio.

Me queda claro que yo tengo esa misma capacidad en proporción a mi condición humana.

También me queda claro que yo decido en qué dirección me muevo en esa escala entre la ausencia y la presencia. 

¡Diablos! Me siento como aquel hombre que ante la inundación le llegaron diferentes personas con diferentes medios a rescatarlo y a todos les dijo: "¡No gracias! Dios va a venir a salvarme". Y cuando Dios lo recibió en el cielo (después de muerto) y le preguntó: "¿Por qué no me salvaste?", el Señor le contestó: "¿Por qué no aceptaste la ayuda de toda la gente que te mandé?".

Es absurdo que lo diga pero a veces me gustaría que mejor Dios viniera a vivir mi vida... al menos Él sabría qué hacer con ella en cada momento.

Sí, también sé que la vida no se trata de eso. Que el estado de perfección de Dios es una cosa y nosotros somos otra; que los conceptos son los que en realidad nos tienen separados y que no es tan complicado vivir en estrecha comunión con Él; que no es necesario que hagas tu transición para que sientas y vibres en esa dimensión de éxtasis eterno, con esas ganas de crear, con esas ganas de amar.


¡Oh sí! La teoría dice que la felicidad no es una meta, sino el camino. Que el gozo viene dentro de uno mismo, que la dicha está en el viaje y que todo lo que quiero en la vida lo quiero porque creo que en el tenerlo me sentiré feliz. En resumen, lo único que quiero es sentirme feliz.


También sé que aunque sé la teoría, si hoy fuera capaz de llegar al punto final de la felicidad total, (por obvias razones) no me quedaría nada más por ser ni hacer.

Un abrazo con aprecio.

¡Feliz 2013!

lunes, 29 de octubre de 2012

Sin razón III

Entrar y salir de un sueño al ritmo de Alina de Arvo Pärt.
Soñar que el sueño es sueño y no pesadilla.
Desear que los nudos en la garganta
y el estómago
y el corazón
y la fe
se deshagan al despertar.
Anhelar que la vigilia diga entre susurros que no es verdad, que el sueño mentía, que sólo hacía una broma de pésimo gusto.
Querer que la voz rastrera en el teléfono se convierta en canto de pájaros, en susurro de árboles a mitad del bosque.
Rogar a los cielos, al universo, al Dios Todopoderoso que la sangre de aquel de dónde vengo no se derrame, que su carne no se mancille, que su espíritu no se doblegue.
Soportar con alma estóica la pesadumbre de la decepción, del abandono de dos de los que debían ser pilares y se convirtieron en la más dolorosa soledad.
Contener el agua dentro de los ojos, luchar por no permitir ni una grieta más, sellar las existentes con tierra, sangre y saliva.
Limpiar el lodo que todo lo cubre.
Mantener a raya la ansiedad
y el miedo
y el temblor de manos y piernas.
Mentir.
Decir que todo está bien
y sonreír.
Necesitar que Pahuatlán sea de nuevo un lindo recuerdo de infancia, una reminiscencia de cuentos y novelas entrañables.
Pero, sobre todo
olvidar
recuperar
perder el miedo a soñar de nuevo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Viajar ligero

Vivir muchos años aferrado a algo/alguien hace que se vuelva pesada la existencia, que se vuelva denso el aire y espesa hasta la propia luz. Sin embargo, soltar tampoco es sencillo. Pasado el momento de descubrir los costales llenos de inútiles cargas, llega el de deshacerse de ellos, cosa bastante compleja. Uno se acostumbra a su peso, a arrastrar los pies, a sentir que el esfuerzo es sofocante. ¿Será parte de la misma miseria del alma, de la misma incapacidad de auto apreciarse como un ser valioso?
Viajar ligero es un arte que aún no aprendo a dominar a pesar de mis intentos. Suelto y trato de asir de nueva cuenta, tal vez no al mismo sentimiento o a la misma persona, tal vez no de inmediato, tal vez con flores y no con mierda, quizá con justificaciones y no con culpas; pero a final del día si el costal va ligero me siento vacía, y empiezo a extrañar. Y extraño.

domingo, 8 de julio de 2012

Preocuparse...


¿De dónde vienen las preocupaciones?

Tengo un rato dedicando mi vida a quitarme de encima los pesos innecesarios. Un día comencé por viajar ligera, con la firme convicción de que nada que pudiera hacerme falta estaría ausente de mi vida.

Después me fui quitando poco a poco las responsabilidades que no son mías y aquí me encontré con algo muy interesante: ¿cuáles son mis responsabilidades en la vida y cuáles no?

No es fácil determinar de todo aquello que cargamos, qué tanto lo cargamos porque nos corresponde y qué tanto lo traemos porque alguien nos lo dio o porque vimos que otros lo cargaban y era virtuoso hacer lo propio; algunas otras veces lo cargamos porque creemos que si no lo cargamos nosotros mismos, nadie lo hará y será el fin del mundo si alguien no toma responsabilidad de ello. Cargamos porque cargando, justificamos la razón de nuestra existencia… al menos así he justificado la mía.

¿Es necesario que justifique mi existencia? Creo que lo haría sí y solo sí tuviera que pagar un precio por el aire que respiro. ¿De cuánto es la cuota  para que el corazón lata y los otros órganos del cuerpo cumplan con su función?

Si no tengo que pagar cuotas por las cosas más básicas y elementales de mi vida, ¿por qué tengo tantas preocupaciones?

Si lo primordial y más básico de mi vida es gratuito, seguramente mi trabajo en este mundo es conseguirme todo lo demás con sangre, sudor y lágrimas…

Y aquí es donde entran los benditos problemas, las cosas que tengo que resolver, las cosas que me preocupan porque el éxito de mi supervivencia depende del que sepa sortear los obstáculos y encontrar la solución a mis problemas.

Conforme fui quitándome cosas de encima, me di cuenta que la vida es mucho más simple si dejo deliberadamente que las cosas fluyan en lugar de hacer que sucedan.

Y es que la vida es acción, pero acción adecuada, en el momento preciso y en el lugar indicado.

¿Se preocupa un átomo por unirse a otros de su clase o similares porque si no lo hace, algo dejará de existir o se construirá con un defecto?
 
No es necesario que abarque todo el mundo, ni tampoco es necesario que lo sepa todo. Si este mundo está lleno de diversidad… ¿Por qué habría de preocuparme por lo que pasa o por lo que pudiera no pasar?

Un abrazo con aprecio:
Anabell

martes, 6 de septiembre de 2011

Incendios

El viernes pasado fui al teatro. Incendios de Wajdi Mouawad. Hasta ese día mi experiencia como expectador de teatro había sido elemental, tradicional; reducida a sentarme en la butaca y observar el desarrollo de la obra, tal vez fijarme en la escenografía, en el vestuario, en algún otro detalle, pero nada más. Ni siquiera en aquella célebre Romeo y Julieta montada en el Claustro del Teatro Helénico hace veinte años, tuve una experiencia tan intensa. Incendios me enfrentó a una de las vivencias más fuertes de mi vida, me llevó de viaje por "la casa" que soy por dentro. "Somos casas habitadas por un inquilino del que no sabemos nada. Nuestras fachadas son muy bonitas pero, ¿quién es ese loco, presa del insomnio, que en el interior pasa las horas dando vueltas, apagando y prendiendo luces?", se lee en el programa de mano que te entregan a la entrada del teatro. Leer tal texto antes de ver la obra no dice mucho, pero después de embarcarte en el viaje al que te invita la puesta en escena en su conjunto, toma un sentido de absoluta relevancia. ¿Qué, quién soy en realidad? ¿Quién es ese inquilino que me habita y del que sé tan poco? He comenzado a creer en las coincidencias. No puedo dilucidar si somos nosotros quienes las buscamos para luego sorprendernos de que lo que más necesitas se te atraviese en el camino en el momento adecuado, o si son ellas las que te salen al paso para moverte la entraña. El caso es que esta obra se me puso en frente justo cuando había comenzado el camino hacia mis pasillos y sótanos y alacenas y recámaras... internos. La fuerza de la obra es avasalladora, el tema es potente, desgarrador a ratos, sublime, humano, cruel, incestuoso; pero creo que no entraría por cada poro del espectador sin la enorme capacidad de los actores de adentrarse en el personaje y hacerle sentir al espectador como si no estuviera presenciando una puesta en escena sino un episodio real en el entorno doloroso e inhumano de la injusta separación de una madre y su hijo en el inicio de una guerra, cruenta como todas. Karina Gidi logra llevarte y traerte, subirte y bajarte, llorar como un niño y sonreír con ternura, sumirte en la desesperación y llenarte de esperanza con su interpretación de Nawal Marwan, y todo al mismo tiempo. Nunca antes una actuación me había dejado tan desnuda, tan con los poros abiertos y la piel mojada. Los ojos de todos los que mirábamos permanecieron inundados durante las dos horas y media que duró la función. Mujeres y hombres, jóvenes y viejos, todos y cada uno sumidos en el obligado viaje interno de la mano de Nawal y Sauda (personaje secundario). Todos en un llanto común pero individual porque a cada uno se nos obligaba a ir hacia adentro, hacia nuestros propios pasillos y habitaciones. El final es el climax, el punto más conmovedor, el encuentro definitivo contigo mismo. La oscuridad y silencio absolutos que regala el director justo después de la última palabra de Nawal es como un oasis en el que puedes descargar el llanto entre sollozos, el estremecimiento de todo tu cuerpo soltando las emociones contenidas durante toda la obra. Puedes sentir cómo el de a lado llora igual que tú. Y te dejas ir. Cuando la luz regresa todo es aplausos, agradecimiento, catarsis. Miras a los actores y no puedes dejar de ovacionar, mientras te secas las lágrimas y te limpias la nariz. El aplauso dura varios minutos, y notas como los actores sonríen satisfechos, como poco a poco van dejando de ser los personajes para volver a ser las personas, cómo se recuperan del desgastante esfuerzo físico y emocional recién realizado. Nunca antes había sentido tal admiración por actor alguno. Incendios más que una obra de teatro resulta una experiencia de vida, de esos puntos de inflexión a los que llegas en el momento justo, cuando más lo necesitas.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Nacer en el entorno equivocado

Ayer terminó el mundial de atletismo en Daegu, Corea del Sur. No es que sea fan purista de esa rama del deporte (salvo de las disciplinas de fondo), pero ayer, en la final de los relevos 4x100 varonil, Usain Bolt llamó poderosamente mi atención. Entiendo que es un tipo que llamaría la atención de cualquiera con su sola presencia, pero lo que me movió ayer fue comprender un par de cosas. Uno. El tipo es un dotado, está fisiológicamente diseñado para las disciplinas atléticas que practica. Sus 1.98 metros de estatura y larguísimas piernas lo avalan. Dos. Evidentemente el tipo disfruta lo que hace, goza al ser el centro de atención de las multitudes, es un exhibicionista. Hace justamente aquello para lo que fue "diseñado". Mi punto al verlo festejar el triunfo junto con sus compañeros el día de ayer, era la pregunta de cómo habría hecho para descubrir ese talento y enfocar todos sus esfuerzos en eso que lo ha llevado a ser campeón del mundo y olímpico y todo lo demás. Entiendo que todos nacemos con algún don especial. Entiendo también que para algunos es sencillo, que se les presenta con absoluta claridad desde edades muy tempranas y que a los ocho o nueve años tienen ya definido el rumbo de sus vidas en cuanto al camino a seguir y van por ello contra viento y marea. Entiendo también que hay otro conjunto, el de aquellos que tienen la suerte de nacer con el don adecuado en el entorno adecuado. Ejemplos sobran: Isabella Rosellini, Sofía Coppola, Gael García Bernal, Diego Luna, Benny Ibarra y un largo etcétera. Está un cuarto grupo, el de aquellos que nacen y crecen sin idea de lo que son o quieren o aspiran, y en un entorno en el que tampoco se favorece el que en algún momento tales dones se hagan visibles o se definan. Un quinto bloque sería el de los que saben lo que quieren pero nacen en un entorno adverso. Aquí cabe el típico ejemplo del hijo-nieto-bisnieto de médico y que por ende no puede aspirar a ser más que lo mismo... médico, porque así lo marca la tradición familiar e independientemente de sus deseos o aptitudes. Después del tedioso recuento vuelvo a mi punto, a mi descubrimiento del sábado, previo a la final de los relevos 4x100 varonil en el mundial de atletismo de Daegu, Corea del Sur: Nací con aptitudes desconocidas y equivocadas en el entorno equivocado, y eso me ha generado un sentimiento de culpa exacerbado que me oprime el alma desde que era una niña. ¡Cuánto trabajo me ha costado comprenderlo! ¡Cuánto peso he debido cargar desde entonces! Y que conste que no me hago a víctima (ese proceso lo trabajo día con día, sin descanso), simplemente creo que al fin comprendo la raíz de todos esos miedos que me paralizan y me impiden apreciar con claridad lo que la vida me ofrece. Un ser sensible, con marcada tendencia a la introspección, a la lectura, a la escritura, estaba fuera de lugar en un mundo rural en el que sólo contaban el trabajo duro, lo práctico, lo tangible. ¿Por qué perdía tanto tiempo leyendo la Biblia o la colección de Selecciones del Readers Digest de mi abuela (que era lo único legible a cincuenta kilómetros a la redonda)? Me preguntaba papá con molestia, desilusionado por esa hija suya a la que tanto amaba pero a la que seguramente habría cambiado para convertirla en lo que él deseaba. El sábado entendí de súbito que sí era visible la naturaleza de mi espíritu, pero sólo a ojos que hubieran podido observar las señales que mi yo niña lanzaba al mundo con tanta energía. Lamentablemente mis padres no tuvieron esos ojos y no cumplieron con su parte del trato. No juzgo, sólo hago un recuento de hechos históricos, de verdades innegables. Ahora viene la parte más compleja. Ya descubrí la raíz del problema, ¿cómo diablos le hago para resolverlo? Al tiempo...

lunes, 22 de agosto de 2011

Balas y futbol

Me ha costado trabajo pensar en esto. Creo que lo he venido evitando sistemáticamente desde que me enteré de la noticia, y más aún desde que vi el video de lo sucedido en el estadio Territorio Santos Modelo. Me duele mucho. Me enfrenta a una realidad que me aterra, a la violencia como parte de la vida cotidiana de cada uno de los habitantes de este país, y específicamente, de la de mis hijos y gente querida. Y es que cada vez se cierra más el cerco, cada vez existen menos escenarios en los que puedes sentir cierta seguridad; las balas son, cada vez más, invitados recurrentes al día a día de todos nosotros.
El futbol es parte importante de mi vida desde la infancia. Conservo recuerdos y experiencias de gran intensidad relacionados con el "deporte de las patadas", y aunque con el paso de los años esa pasión ha ido menguando, no ha desaparecido ni lo hará. Siempre preferiré ver en televisión un juego de fut a cualquier otro programa. Así las cosas, el que la violencia desbordada del crimen organizado haya golpeado directamente al deporte que amo, hace que el asunto me duela por partida doble. No sé muy bien cómo explicarlo, es como si algo muy querido hubiera sido mancillado, como si hubiera recibido una grave ofensa personal. El ver a los jugadores tirándose al suelo unos, corriendo hacia los vestidores otros, en medio del estruendo de las balas, fue desgarrador, lo mismo que ver el pánico y la tristeza en los ojos de los padres que protegían con sus propios cuerpos a sus pequeños, el llanto en el rostro de chicos y grandes y hombres y mujeres, el miedo y la desesperanza en las personas tiradas entre las butacas buscando algo de protección.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde? ¿Quién? ¿Cómo? Son muchas la preguntas que vienen a mi cabeza cada que pienso en lo lejos que se ve la salida de este túnel en el que estamos metidos como país y sociedad. ¿Llegará el momento en el que sea igual de peligroso asistir a un partido de futbol que atravesar un campo minado en Afganistán? ¡No quiero! ¡Me resisto! ¡Me duele! No quiero pensar en que mis hijos vivirán su juventud y adultez en un país en el que su vida esté en juego a cada minuto, en el que no podrán tener la mínima oportunidad de una existencia pacífica y tranquila, que no podrán repetir con sus hijos las experiencias que hemos podido regalarles hasta ahora en un estadio de futbol.
Sé que el problema va mucho más allá de la cuestión futbolera, pero hoy quise hablar de esto, de los dos grandes amores que me duelen en este momento de triste y violenta convergencia: México y el futbol.


lunes, 11 de julio de 2011

Expectativas

Hace un rato que estoy entrenándome para no vivir de expectativas hacía los demás y de paso, desligarme también de las expectativas que otros pudieran tener de mí.

Hace unos meses viví un incidente desagradable que tiene que ver con esto y fue el punto de partida que me movió a tomar esta decisión.

Podríamos decir que es fácil no tener expectativas de los demás, y que es aún más fácil no vivir cumpliendo las expectativas de otros porque de entrada desconoces gran parte de ellas, pero mi experiencia en el ramo me ha dicho que ésta es la parte más difícil del trato.

Es parte de ser "buena persona", viene con el paquete. También podría decir que me vale sorbete ser una buena persona, pero la verdad de las cosas es que mi programación neuronal nació con éste como principio en el kernel (núcleo de un sistema operativo) y pues es no sólo difícil, sino imposible de sacar.

Está bien... las cosas son como son por una buena razón. Podría sacarle mejor provecho a esta circunstancia... el detalle está en encontrar la forma.

Ya no más justificaciones, ya no más explicaciones... esto es lo que soy, lo que ves es lo que tienes.

Es una buena forma de comenzar, ¿no?

Un abrazo con aprecio.

martes, 5 de julio de 2011

Postergando

Postergar cosas es algo tan natural en mí como respirar.

Sé que no soy la única persona que padece de éste mal, pero eso no es consuelo; tampoco una justificación.

Analizo las cosas que postergo y no todas son desagradables, simplemente pareciera que no tengo cabeza o la fuerza para tomar la acción.

Albert Einstein decía: "Nada sucede hasta que algo se mueve." ¡Y claro que tenía razón!

Pero luego viene la pregunta: ¿Y qué muevo? Y luego: ¿Cómo lo muevo? Y a todo esto puedo agregar:¿ Y quiero moverlo?

A veces quisiera que la vida hiciera un pequeño alto, uno en el que pudiera simplemente contemplar el universo.

Pero el tiempo no se detiene y sé que al final diría:¿Por qué no hice...?

En fin, supongo que esto es temporal, que es algo en lo que me conviene trabajar si al llegar al final de mi camino por este mundo, lo que quiero es decir: "¡Lo hice!"

domingo, 24 de abril de 2011

En el regreso

Todos los regresos tienen cosas maravillosas; la riqueza de una nueva experiencia, el amor compatido con quienes viviste el viaje y claro está, la renovación interior que sólo puede dar la humanidad que carga con todas sus imperfecciones pero que está siempre decidida a buscar la perfección.

Hoy, aunque físicamente muy cansada, estoy convencida de que este viaje en particular, ha sido una de las experiencias más maravillosas que he podido vivir.

En este viaje he conocido que aunque la humanidad puede manifestar miles de imperfecciones, su esencia es perfecta porque viene de quien la creo.

También descubrí que hay mucho más por amar y anhelar de lo que mis ojos ven, lo que mis oídos escuchan y mis manos sienten.

Todavía me pesa el mundo... pero sé que estoy en camino a dejarlo ir para que así yo pueda partir de él, cuando sea mi hora.

"Descendí a los campos debajo de la tierra, al encuentro de las personas del pasado, pero levantaste mi vida del foso, Señor, mi Dios."
Jesus of Nazareth - Franco Zefirelli

miércoles, 30 de marzo de 2011

Las Limitaciones.... ¡Están en tu cabeza!

En cierto modo siempre he estado consciente de que mi mundo es pequeño, pero no me había dado cuenta plena de que su pequeñez ha ido en directa proporción con lo que yo he pensado son mis limitaciones.


Y bueno, no es que de la noche a la mañana crea que puedo desafiar las leyes que rigen a este universo... no se trata de eso, se trata de que en lugar de tenerlas como una barrera o de querer ir en su contra, las uses a tu favor.


Pienso en lo que tienen que hacer por ejemplo las personas que en algún momento llamamos discapacitados (después se llamaron "con capacidades diferentes", pero el término murió porque toooodos tenemos capacidades diferentes). El caso es que las personas que han padecido alguna enfermedad que les ha obligado a llevar una vida distinta a la de la mayoría, por falta de algún miembro o parte de su cuerpo, o aquellos que por un accidente han quedado en las mismas circunstancias, son un ejemplo muy palpable de que en verdad, las limitaciones están sólo en tu cabeza.


Aquí en México es bien sabido que los atletas paralímpicos están mucho más comprometidos y aman más la camiseta que los otros atletas. Sin querer entrar en controversias simplemente señalaré que mientras los atletas mexicanos que participan en las olimpiadas traen dos o tres medallas (si bien les va), los paralímpicos se traen decenas y cada uno por lo menos trae dos o tres. ¿A qué se debe esto? No sé en otros países pero aquí en México el mundo es tremendamente hostil con personas en estas condiciones y sin embargo muchos de ellos salen adelante con mucha más dignidad de lo que lo hacemos los que tenemos el paquete completo.

Y el secreto no es tan secreto en realidad. La razón por la que ellos no sólo salen adelante con más dignidad sino que además brillan en lo que sueñan, es porque están acostumbrados a hacer el esfuerzo que sea necesario para alcanzar lo que anhelan.

Hablando de forma personal diré que es irónico que alguien que no tiene que esforzarse tanto como quien no tiene piernas o manos o que es ciego, se limite tanto en cosas tan elementales como la felicidad.

Digo, no dudo que hay gente infeliz y amargada por su condición de vida (con o sin discapacidad), pero veo con admiración y gusto que son más las personas con capacidades especiales que buscan su felicidad y se abrazan a ella sin importar sus condiciones de vida (o por encima de lo que ellas representan), que los que lo tenemos todo.

Por ejemplo, a partir de mi crisis existencial sobre mi postura como empleada y mamá, descubrí que no es posible brillar en ambas facetas porque por su naturaleza se contraponen. Al principio me frustré, lloré y me emberrinché porque me parecía injusto que este mundo estuviera mejor diseñado para los hombres, que ellos gozaran de todas las ventajas y que nosotras cargáramos más con las responsabilidades, que con la realización de nuestros proyectos porque "alguien" tiene que quedarse a cuidar a los niños.

Estoy muy agradecida de mi trabajo de medio tiempo y no lo cambiaría por nada, pero al ver que no tendría un desarrollo como yo lo imaginaba debía ser, me resigné a vivir una existencia laboral tirando a la mediocridad. Y no es que sea chambona y haga mal mi trabajo. Una cosa siempre me ha quedado clara, si vas a hacer las cosas hazlas bien o mejor dedícate a algo más, pero me quedaba claro que por ejemplo los cursos de capacitación, los proyectos especiales y los viajes no eran algo que cabía en mi universo.

Hace unos días descubrí que estaba en un error. Que el crecimiento y el desarrollo no se limitan a tu concepción de éxito; que el universo es infinito y que por lo tanto está en constante expansión y por ende también lo están las cosas que lo componen.

No, no me volví loca y de pronto creo que todo se expande por mi gusto. Como dije al principio, no creo que en este mundo haya una sola cosa que se haga realidad en contra de las leyes que rigen el universo (muy inteligentemente creadas, por cierto), lo que sí creo es que el espectro es mucho más grande y de mayor alcance de lo que podemos ver.

Puesto en otras palabras y usando mi situación para dar marco en particular a este caso, yo no podré físicamente expandirme, pero existen partes de mí que están fuera de esa "limitación" física, y que sí se pueden expandir para trabajar a mi favor si así lo deseo.

¿Quién diablos dice que mi empresa se va a quedar toda la vida como está y que por lo tanto no tengo cabida en otros marcos funcionales?

Eso es algo en lo que no había pensado hasta que mi jefe me invitó a participar en un par de proyectos que me tienen muy entusiasmada por el reto que implican, y por el desarrollo profesional y personal que sin duda ofrecen a los involucrados.

Ahí me di cuenta de que puedo crecer aun cuando no tenga un cambio de puesto hacía arriba en mi organización.

¿Cuántas otras cosas he limitado en mi vida porque no encajan con mi manera de ver las cosas?

¡Puuuuuuf! Cientos, tal vez miles.

Lo que sí creo es que todo camino requiere de un esfuerzo, tal vez uno extraordinario, pero de que se puede, se puede.

¿Y tú, a dónde quieres llegar y qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo?

Nos vemos en la próxima.

martes, 8 de marzo de 2011

¿Hija de Eva?

Celebrando el día de la mujer me puse a reflexionar la forma en la que ha cambiado mi percepción sobre mi propia condición de mujer.

Hasta hace algunos años, pensé y sentí sin lugar a dudas, que el haber nacido mujer era más una maldición que otra cosa, y es que pareciera que todo está en nuestra contra.

Las mujeres de antes vivían para su hogar, su marido y sus hijos. Ellas no cargaban con el peso de salir a ganarse el pan para la mesa, una condición bastante cómoda, pero que tristemente se veía ensombrecida por una lista interminable de contras que se resumen en: vivir sojuzgada al machismo del marido y no tener voz ni voto en la toma de decisiones que afectan a la familia.

Si la mujer tenía marido y éste ganaba buen dinero, tal vez podría vivir bien, pero lo más probable sería que el señor tuviera por ahí un par de "casas chicas" o "segundos frentes" y por lo tanto, que gran parte del dinero que él ganara con el sudor de su frente nunca se vería en la casa ni en los hijos.

¿Es vida soportar a un hombre que te ningunea, te engaña emocional y sexualmente, no te da libertad ni siquiera para salir a hacer tus pendientes en la calle con tranquilidad y aparte te atosiga con que tú eres la que le pone el cuerno? ¡Definitivamente no!

Y bueno, también estaban los que dejaban abandonada a la mujer después de haberla llenado de hijos; los que no la abandonaban pero que padecían de alcoholismo u otras adicciones que les quitaban la cordura.

¿Y qué hay de la mujer que se quedaba sola y no estaba capacitada más que para trabajar en las labores de la casa?

Sé que muchas familias se sostuvieron de una madre que lavaba, planchaba o cosía ajeno, pero estos trabajos nunca fueron bien remunerados porque dicen que hay quien los hace gratis: "el ama de casa", "la esposa".

Mi bisabuela materna decía que no podías darte el lujo de ser una "mantenida", que había que estudiar y prepararse porque nunca sabías lo que podría depararte el destino.

Agradezco a mi bisabuela haber tenido esa visión porque gracias a mi preparación, hoy puedo proveer a mi hogar lo que con tanto gusto gano en mi trabajo, y no le temo a la adversidad en la forma que se llegara a presentar, pero la verdad de las cosas es que durante mucho tiempo esta visión de la vida se contrapuso con lo que yo deseaba y me costó trabajo encontrar un equilibrio entre mis anhelos profesionales y mis deberes para con la familia.

Por si esta lista de inconvenientes fuera poca cosa, tenemos los "maravillosos" vaivenes de nuestra condición física. Los hombres dicen que religiosamente una vez al mes, las mujeres nos volvemos locas... ¿será?

Hace ya tres años que me hicieron una histerectomía y la verdad es que no puedo decir que mi vida ha sido ciento por ciento mejor sin la marabunta de problemas que me aquejaban, pero reconozco que por lo menos soy mucho más feliz porque lo que más aborrecía de esta condición, ya se fue. Claro que ahora que ya me libré de los cólicos menstruales, las fuertes pérdidas de sangre en cada periodo y el tener que estar en la zozobra de si menstruaré o no, han influido para que me sienta muy bien pero también me he dado cuenta de que al haber perdido todo esto, otras cosas que antes estaban bien se descompusieron y para vida de medio componerlas, pues hay que tomarse religiosamente una serie de medicinas. No hay manera de tener el pastel y comérselo, ¿cierto?

Los únicos dolores de parto que tuve fueron de mi segundo hijo y la verdad es que no me dieron tan fuertes como a algunas mujeres. Me acuerdo que tuve un chorro de horas de contracciones pero hasta me di el lujo de ir a hacer súper (compras de mercado) por aquello de que después no podría hacerlo.

Sí, mis dos hijos nacieron por cesárea y en lugar de recuperarme en tres días, me tardé como tres semanas.

Recuerdo que mi madre (QEPD), me dijo cuando me quitaron la matriz que si estos problemas no serían ocasionados por mi constante y eterna renegadera de vivir con esta condición de mujer y en su momento me disgusté con ella, pero después llegué a la conclusión de que tal vez tenía razón.

Otra cosa que me molestaba de ser mujer era el hecho de vivir a expensas de un hombre que con la mano en la cintura, podría engañarte con otras mujeres (o peor, con hombres).

Una amiga de la familia se fue con su hija recién nacida de viaje, en el camino se le puso mal de salud y optó por regresar. Al llegar a su casa, se encontró a su marido encamado con otro hombre. ¡Plop!

Ah, pero la infidelidad no se da nada más en el aspecto sexual y sin embargo, pareciera que es lo único que nos importa. "¡Puedes estar enamorado de ella, pero no la toques!"

Y claro, la otra cara de la moneda, el hombre que no pone en riesgo sus sentimientos ni sus emociones así que no ve que haga nada malo al compartir la cama con otra que no es su mujer.

Definitivamente es mucho más terrible vivir con un hombre que ama a otra (o a muchas otras) mujeres, pero pese a lo que digan, no me trago todavía aquello de que no importa que él se acueste con otras puesto que no le importan. Creo que la sexualidad es mucho más que sólo placer corporal y que dentro del matrimonio, debería ser exclusivo de los esposos.

Volviendo un poco al punto de la mujer que se prepara para salir a trabajar, nos encontramos con el hecho de que si quieres brillar en tu profesión tienes que dejar de lado el aspecto familiar o si quieres enfocarte en el aspecto familiar, debes resignarte a que tu profesión nunca llegará a relucir. Y aquí caben muy bien las palabras de Jesús: "No puedes servir a dos amos. Quien sirve a dos amos, amará a uno y despreciará al otro. Atenderá a uno y descuidará al otro". ¿Qué hacer entonces cuando ya tu vida está compuesta por estos dos aspectos?

Alguna vez me contaron que una ejecutiva de grupo Pepsico, llegó un día y dijo: "Seguramente en el mundo hay quien haga igual de bien o mejor mi trabajo, pero para criar a mis hijos y atender a mi marido no hay quien lo haga como yo". La mujer renunció a su brillante puesto de directivo y se fue a su casa.

Buscando citas sobre la mujer me encontré esta que reza:

"Mujer, de nada te serviría ser una profesional exitosa, una ejecutiva triunfadora y una mujer destacada, si no logras ser mejor señora de tu casa, mejor compañera de tu marido ¡y mejor madre de tus hijos!"

Zenaida Bacardí de Argamasilla.

¿Y quién es Doña Zanaida Bacardí de Argamasilla? Pues lo único que sé es que es una autora de poemas, cartas y pensamientos y que además es católica.

La verdad es que su frase hace sentido en mi cabeza y en mi corazón porque algún día tratando de encontrar el éxito profesional, vi ensombrecida mi vida familiar y la verdad es que fue en ese punto en el que decidí que en mis prioridades estaba la familia antes que el trabajo. ¡Bendito Dios que puedo hacerlo!

Y luego están las mujeres que mi abuela llama “cariñosamente” "prófugas del lavadero". Esas que botaron todo lo que les estorbaba para ir en pos de su satisfacción disfrazada de felicidad. Recuerdo con qué rabia las miraba porque me parecía una injusticia que ellas gozaran de todos los bienes y no tuvieran ninguna responsabilidad. ¿De verdad? ¡Igual y era envidia!

Hoy podemos ver que estas mujeres tenían una "vida secreta" y que estaba plagada de miedos, frustraciones, resentimientos e insatisfacciones. Muchas de ellas se han entregado al alcohol, a las drogas, al sexo promiscuo y algunas de ellas en el camino, se toparon con la enfermedad y eventualmente con la muerte.

¿Y a quién le debemos toda esta cadena de sufrimientos? ¡Pues a nuestra querida EVA! Esa que por mensa le dio a Adán de comer el fruto que Dios le prohibió.

¿Será realmente que la condenación de nuestra especie está basada en nuestras debilidades?

Si es así, creo que debo empezar por hacer algo si quiero dejar de ser infeliz por todos los contras que pueden rodear mi vida como mujer.

Es verdad que para mí no son los puestos rimbombantes y las oficinas a todo lujo que en la puerta dicen: "CEO", pero soy muy feliz en mi trabajo porque hago lo que amo y me queda mucho tiempo para dedicarme a mis prioridades en la vida.

Es verdad que para mí no será el reconocimiento de una profesionista destacada, pero me llena más de satisfacción hacer algo que le haga la vida más fácil a quienes trabajan conmigo.

Es verdad que para mí no son los viajes de negocios por Europa, Estados Unidos o Asia, pero sé que el día que viaje a estos lugares, será maravilloso porque iré por placer.

Es verdad que las mujeres nos volvemos locas una vez al mes, pero un mundo lleno de mujeres cuerdas sería muy aburrido.

Es verdad que hay hombres que engañan en todos los aspectos, pero la verdad es que el mío no y eso me hace muy feliz.

Es verdad que no puedo darme el lujo de ser una "mantenida", pero sé que si quiero, puedo encontrar tiempo para dedicarle al jardín de mi corazón y de mis anhelos.

Es verdad que me dan envidia las mujeres que se liberan más allá de lo razonable, pero no cambiaría mi vida por la de ellas.

Es verdad que por muchos años me sentí infeliz hija de Eva, ¡pero ya no más!

Hoy mi forma de percibir el mundo femenino ha cambiado porque decidí enfocarme en lo mejor y no en lo peor.

Aquí en México somos muy devotos de la Virgen María en muchas de sus advocaciones. Para todo México está La Guadalupana y para nosotros los tapatíos además está la Virgen de Zapopan.

Personalmente María no significó para mí nada más allá de ser la madre de Jesús. En los últimos meses me he encontrado con que su significado es mucho más grande y enriquecedor de lo que yo creía, pero que como su participación en la obra de su hijo pareciera no trascender más allá de haberle dado a luz y de haberle llorado a los pies de la cruz, nunca le di la importancia que tiene.

Haciendo a un lado la polémica de si es o no la madre virgen de Dios hecho hombre, creo que María es un buen ejemplo de mujer que vive con dignidad y que se entrega a quien le dio la vida, es decir, a Dios.

Finalmente cada quien es la persona que puede ser. Habrá quienes estén llamados a la vida religiosa, habrá quienes estén llamados a brillar en lo profesional, habrá quienes estén destinados a ser padres extraordinarios y habrá quienes estén destinados a cambiar al mundo 180 grados con su creatividad. Habrá bueno y habrá malo; en uno está decidir de qué lado quieres vivir y de quien quieres seguir su ejemplo. ¡El chiste es ser FELIZ en el proceso!


¡FELIZ DIA DE LA MUJER!




Y si creen que todo el rollo mareador del principio es obra de una imaginación fértil pero fatalista, vean aquella película mexicana de nombre: "¿Por qué nací mujer?", del año 1970. Muuuucho de lo que les cuento me tocó verlo en las familias de mis padres y otro tanto en las mujeres que se me han atravesado en el camino. La escritora Myriam Salinas, supo retratar muy bien en esta historia la vida de la mujer mexicana.




viernes, 31 de diciembre de 2010

Para Cerrar el 2010

Con el tiempo contado vengo a dejar esta entrada porque no quise dejar pasar el momento para expresar, aunque sea de manera resumida, lo que siento al cerrar el 2010.
El 2010 fue un año extraordinario y creo que nunca lo olvidaré mientras viva.
Hoy más que antes, sé que Dios me ama y que debe amarme mucho porque me ha dado tanto sin yo merecerlo.
Escuché su voz y me dejé conducir por sus caminos.
Lo único que le pido es que no me suelte la mano y sobre todo que no me deje estorbarle en el cumplimiento de su voluntad.
Hoy que muchas vendas han caído, me doy cuenta cuan libre soy y cuan esclava fui de mis miedos, rencores y desconfianzas.
Procuraré ya no dolerme por lo que no valga la pena y cuidaré eso que aunque por momentos pueda doler, sí sirve para crecer.
Valoraré cada momento como si fuera el último y me prepararé constantemente para el día en que me llame a cuentas.
En pocas palabras: ¡VIVIRE!
¡FELIZ 2011!

jueves, 2 de diciembre de 2010

Para superar el dolor

Para superar el dolor tienes que vivirlo día a día y sentir su trago amargo correrte por las venas para darte cuenta de que nada es como parece.
Es una prueba irrefutable de que tu sentir está en el lugar equivocado y de que necesitas que venga la razón a rescatarte.
¿Dónde está la verdad?
¿Qué vale la pena en la vida?
¿A dónde te va a llevar este recorrido?
Algún día lo viviré, lloraré un momento y luego pasaré a otra cosa.
Quien puede saberlo, tal vez hoy es el día...

viernes, 26 de noviembre de 2010

Manejando Emociones


Creo que una de las cosas que más trabajo nos cuesta manejar a las mujeres son las emociones.



Esta semana he vivido en un torbellino de ellas y aunque esto es algo de la vida cotidiana, creo que estoy aprendiendo a no dejar que las emociones dominen mi razón.



Ha sido de lo más complicado pero ahí la llevo.



No sé si envidiar al sexo masculino porque su naturaleza les permite tener un mejor manejo de sus emociones, pero como he visto mujeres que lo han logrado, no pierdo la esperanza de contarme algún día entre ellas.



Creo que debo empezar por no envidiarlos... ¿verdad?



¡Bonito día y fin de semana!

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Como te ven, te tratan

Nunca me ha gustado darle más importancia a la apariencia de las personas que a cualquier otra característica de su personalidad. Por alguna razón siempre he estado muy consciente de que el aspecto exterior, por muy bonito que pueda ser a los ojos, con el paso del tiempo se marchita sin remedio (aun en aquellos que desafían al paso del tiempo con cirugías y tratamientos de diversos tipos).

Hace muchos años mi esposo tuvo un desafortunado accidente donde perdió el ojo izquierdo. Cuando yo lo conocí no usaba prótesis y aunque su aspecto llamaba la atención a primera vista, los lentes que siempre ha usado terminaban por desviarla la mayor parte del tiempo.

Después del accidente, el doctor que lo atendió le dijo que tenía que ponerse de inmediato una prótesis porque su aspecto era monstruoso. Él, como buen adolescente de 14 años se indignó ante semejante comentario y le dijo que ese aspecto no sería impedimento para que él siguiera con su vida y lograra todo lo que se le diera la gana.

Años más tarde decidió que era momento de hacer algo por él y su apariencia. Se preguntó si aquel aspecto no sería factor para no alcanzar algunos propósitos (sobre todo profesionales) y llegó a la conclusión de que como te ven, te tratan.

"¿Que pensarías de un cuate que trae su carro chocado por mucho tiempo?" Me decía. "Da la impresión de que no le importa, de que es descuidado o desidioso."

Y advertí que tenía razón y que el aspecto exterior cuenta mucho para el mundo porque es la puerta de entrada a todo lo demás.

Después de que nacieron mis hijos me quedé con diez kilos de más que no hice nada por bajar. El comentario de toda la gente que por alguna razón veía mis fotos de antes de que nacieran mis hijos era el mismo: "¡Ay, qué delgadita que eras!"

Hace poco más de dos años me hicieron una histerectomía y un año más tarde me encontré con otros quince kilos de sobre peso, producto quizá de un desbalance hormonal, o tal vez porque en lugar de limitarme con la comida, comí y comí de más.

Con tantos kilos de más me sentía muy mal física y emocionalmente, así que me determiné a bajarlos antes de que se me desatara una diabetes o algún otro mal relacionado con el sobre peso.

Me costó mucho trabajo pero al cabo de ocho meses ya había perdido veinte de los veinticinco kilos que traía de más y el cambio fue bastante notorio. Al principio me sentí muy bien porque todo el esfuerzo y sacrificio que había implicado cambiar de hábitos alimenticios pagaron su precio con los comentarios de la gente que me decía que me veía muy bien, así que no me detuve hasta bajar los otros cinco kilos que todavía me sobraban.

Noté también que el trato de la gente para conmigo cambió a partir de que me vieron sin toda esa bola de kilos que traía encima y aunque por un lado fue halagador, por otro fue decepcionante porque es triste ver que algo que se va a acabar eventualmente, tenga más peso que lo que nunca envejece.

Los que me conocieron gorda y que entonces no me hablaban, hoy me hablan y quieren pasar tiempo conmigo, me buscan y me invitan a sus eventos.

Y bueno, nada en este mundo pasa sin dejarte algo por aprender. Si bien es cierto que la apariencia no debe pesar más que otras características de las personas, tampoco debe relegarse a último plano por el simple hecho de que algún día se acabará.

Es como el portón de entrada a un jardín que reverdecerá todos los años. Si no lo pintas, le arreglas las farolas que iluminan el camino y le barres las hojas secas que el otoño dejó, nadie se acercará para admirar lo que tiene dentro.

Pues sí, como te ven te tratan y está en ti cómo quieres que te vean y por lo tanto, cómo quieras que te traten.

martes, 9 de noviembre de 2010

Gracias a la vida

La chilena Violeta Parra tuvo a bien componer esta maravilla de canción hace cuarenta y tantos años, varios antes de que yo naciera. Hoy se la quiero pedir prestada porque siento la obligación de agradecer este día en que llego a los 37.
Siempre me ha gustado mucho la totalidad de su letra, tan humanista, tan idealista, tan amorosa; pero lo que más me mueve es la manera en que va del individualismo en las primeras líneas de cada estrofa a la mención y presencia constante del hombre a quien ama, en la última. Pasa del yo al tú de una manera sutil pero encerrando en esa transición el tributo a esa persona que siempre está, el agradecimiento, el amor absoluto, el gusto, la devoción.
Hay muchísimo por lo que podría agradecer, pero hoy quiero hacerlo especialmente por el hombre que camina la vida a mi lado; porque él es el origen de mucho de lo agradecible de mi vida; porque está siempre, porque me acompaña y me cuida y me mima y me calienta los pies en las noches de frío, porque no necesito más que su sonrisa para sonreír, porque nunca más seré nómada mientras me abrace, porque conoce mis cicatrices y las acepta, porque su amor es el perfecto contrapeso de mi perenne egoísmo, porque siempre me saca de las peores pesadillas en el momento oportuno.
Gracias a la vida que me ha dado tanto en un solo hombre, en un sólo amor.
Y gracias también a los que han leído y han contenido la risilla irónica que provoca lo cursi. Quienes me conocen saben que lo soy irremediablemente, sólo que hoy me di permiso de un poco más. Es lo menos que merezco en mi cumpleaños ¿no? ;)

jueves, 30 de septiembre de 2010

Adolescencias

Mis capacidades son limitadas. Las de cualquiera. Nada nuevo bajo el sol. Hablo de esto porque no he sido capaz, a últimas fechas, de salirme de la espiral de sentimientos que mis nuevas realidades generan, mantienen y acrecentan cada día, y enfocarme en otros asuntos. Los que sean.
El caso es que mis hijos, mi adolescente y mi puberto, me ponen a prueba en todos sentidos en todo momento. El descubrimiento de que nada de lo que sobre esta etapa haya imaginado mientras eran sólo un par de niños pequeños se acerca ni remotamente a lo que hoy me cubre y me revuelca como avalancha, me vuelve a cubrir y me vuelve a revolcar. Son muchos los miedos, demasiados los gritos de mi propia etapa adolescente que debo callar constantemente para no permitir que mis frustraciones tomen las riendas de la madre que soy ni empañen la que deseo llegar a ser dentro de un lustro o dos o tres. En eso se me va el ochenta por ciento de mis energías. El veinte restante se diluye entre el resto de mis responsabilidades. Entiendo que no debe ser así y empiezo a buscar salidas para los sueños inconclusos, para los kilómetros que me esperan, para los ríos de tinta que guardan las palabras que algún día lograré disponer en orden sobre una hoja de papel. Entiendo, también, que no debo dejar de trabajar en mi yo adolescente, que debo buscarme, quererme, perdonarme y aceptarme, dejar de sentirme víctima y mirarme en el espejo nuevo de los recuerdos de mis recién reencontrados compañeros de preparatoria (sobre esto vendré a escribir pronto); en resumen: sanar. Nada que no tenga puedo entregarle a mis hijos, nada que no sea.

jueves, 16 de septiembre de 2010

México lindo y querido

Personalmente me esperaría al 27 de septiembre del 2021 para celebrar el Bicentenario de la Independencia de México, pero dicen que todo viaje comienza por el primer paso y se supone que anoche, hace doscientos años los mexicanos lo dimos.

Y aquí estamos, doscientos años después gritando: "¡Viva México!", "¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!". Y después ¿Qué?

A seguir la vida, supongo. A vivir a todo pulmón en este México lindo y querido que ha estado rodeado por intereses individuales que nos han llevado a la desunión y a la falta de consideración para con el próximo.

Celebro que haya vuelto a nuestras escuelas la clase de "Civismo", esa que no debió desaparecer nunca porque gracias a ella aprendemos a verdaderamente amar a nuestra patria, dando lo mejor de nosotros mismos y anteponiendo los intereses de la comunidad por encima de los personales; esa clase donde aprendimos a ser respetuosos de las autoridades porque son autoridades para darnos una estructura civilizada en la cual podamos desenvolvernos mejor y podamos desarrollar nuestro potencial.

Veo con tristeza que después de doscientos años, los mexicanos no hemos aprendido a luchar por lo que verdaderamente representa un bien para todos; que preferimos la comodidad inmediata aunque no sea duradera, por encima de cualquier sacrificio que nos lleve a un verdadero crecimiento.

Y es una pena que siendo un país tan grande y con tantas ventajas que no se dan en otras partes del mundo, estemos luchando por salir de aquí a cualquier costo porque la calidad de vida puede ser tan miserable como lo era para aquellos que iniciaron el movimiento independentista o para aquellos que iniciaron la revolución.

Se que es complicado para los mexicanos que sí deseamos de corazón que este sea un país donde todos tengamos oportunidades de crecimiento y de trabajo honesto y bien remunerado, porque es nadar contra la corriente, es encontrarnos con muchos mexicanos flojos, aprovechados y trinqueteros que hacen lo que se les da la gana con tal de llevar al pie de la letra la ley del mínimo esfuerzo.

Y no, no estoy en contra de buscar formas que nos den más por menos, eso se llama optimizar recursos y creo que es muy positivo en todos los sentidos, en lo que estoy en total desacuerdo es cuando esa ley del mínimo esfuerzo sirve para pisotear los derechos de otros compatriotas que se parten el alma para darle de comer a su familia y una calidad de vida más o menos decente.

¿Hasta cuándo vamos a darnos cuenta de que el bien común es directamente proporcional a nuestro bien personal?

Recordemos lo que Ramón López Velarde escribió con mucho tino en su poema "Suave Patria": "la Patria es impecable y diamantina". Somos nosotros con nuestro proceder, los que la manchamos y la tiramos al suelo a rodar como si fuera un pedazo de carbón que no vale nada.

Quiero pensar que es cierto que el eterno destino de México, por el dedo de Dios se escribió, y que no es sólo una frase conmovedora dentro de las estrofas de un Himno Nacional que cantamos con mucho orgullo el día que un compatriota gana algo en algún evento internacional o cuando es 16 de septiembre, 20 de noviembre o 5 de mayo.

Porque si es cierto que el destino de México ha sido escrito por Dios mismo, entonces podremos guardar esperanzas de que algún día, esos soldados que en cada hijo el cielo le dio, se levantarán para luchar por su patria con sus mejores armas: la buena voluntad, el trabajo para todos, la honestidad y la rectitud.

Y ojalá que no pasen otros doscientos años para verlo...

¡Que viva México! Y sus mexicanos también...


sábado, 28 de agosto de 2010

Satisfacción

Así como me gusta llorar mis fracasos, me gusta celebrar mis triunfos.

Acabo de tener uno muy grande que significó un esfuerzo no tan grande.

Sí, suena raro pero la verdad es que todo fluyó. Me pregunto qué hay diferente en mí y sólo puedo decir que un poco más de madurez.

Y lo mejor de todo es que esta madurez me llegó en la juventud.

¿Verdad que vale la pena celebrar la madurez cuando aún eres joven?