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jueves, 25 de octubre de 2012

Los días que te cambian la vida

Los días que cambian la vida
suceden
te llegan de madrazo y te revuelcan
te ponen el cerebro en las entrañas
y te suben las tripas a la garganta.
Los días que cambian la vida 
no te avisan
no hacen cita ni llenan tu agenda
no llaman para anticiparte la bofetada de su visita
llegan así nomás
a volverte loco
a sacarte las lágrimas y el vómito
te saludan con la punta de su revólver en tu sien.
Los días que cambian la vida 
te transforman
hoy eres una persona normal
mañana un despojo
un ser que busca fuerza hasta para mantenerse en pie
una cucaracha que se tambalea entre charcos de insecticida.
Los días que te cambian la vida
te llenan de la mierda del mundo
te dejan vulnerable
te sumen en el deseo enfermo de hacerte daño
de fumar hasta morir
de morirte
hoy
y también mañana.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Premios Liebster Blog

Con la bonita sorpresa que nuestra amiga Raelana Dsagan, escritora española y autora en el blog Escrito en Agua, nos ha otorgado el premio Liebster Blog.

¿De qué se trata Liebster Blog?

Son una iniciativa destinada a promocionar pequeños blogs, en cuanto al número de visitas se refiere, a través de una cadena de premios simbólicos que los propios bloggers otorgan. Es decir, cada blogger que recibe el premio en reconocimiento a su blog debe, a su vez, otorgar u nombramiento igual a otros cinco blogs de su elección.

Sólo debe cumplir unas simples normas:

1. Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.

2. Premiar a tus cinco blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario en sus entradas para notificarles que han ganado el premio.

3. Confiar en que continúen la cadena premiando a su vez a sus cinco blogs preferidos.

Aprovechando la ocasión, agradecemos a Raelana que sea seguidora de este blog donde mi tocaya y su servidora, compartimos nuestra forma de ver la vida y las experiencias que mojan la tierra.

Gracias a l@s lectores que nos honran con su compañia en esta maravillosa aventura que ha sido escribir en este blog.

Ahora, a buscar a los blogs para otorgarles el premio. En una futura entrada los verán por aquí.

Un abrazo con aprecio.

sábado, 28 de agosto de 2010

Satisfacción

Así como me gusta llorar mis fracasos, me gusta celebrar mis triunfos.

Acabo de tener uno muy grande que significó un esfuerzo no tan grande.

Sí, suena raro pero la verdad es que todo fluyó. Me pregunto qué hay diferente en mí y sólo puedo decir que un poco más de madurez.

Y lo mejor de todo es que esta madurez me llegó en la juventud.

¿Verdad que vale la pena celebrar la madurez cuando aún eres joven?

domingo, 25 de julio de 2010

Charcos

Llueve afuera. Estás en casa o en la oficina. Generalmente buscas cubrirte si es que debes salir. Un paraguas, un impermeable, botas, el auto. El problema es cuando llueve afuera y estás afuera y no tienes paraguas ni botas ni impermeable ni auto. Si te mojas te da frío, se te deshace el peinado, se te corre el maquilllaje, la ropa se maltrata y qué decir de los zapatos que pueden terminar en el bote de la basura después del mojado suceso, amén de la alta probabilidad de pescar un buen resfriado. La mayoría de la gente corre, se resguarda bajo el toldo de lona de algún comercio, entra a una tienda o cafetería, toma un taxi, se sube al micro o al autobús. Hay una amplia gama de opciones pero la constante es tratar de evitar a toda costa que el agua del cielo haga de las suyas sobre nosotros. Sin embargo, existen momentos en los que es imposible abstraerse a pesar de todos los esfuerzos, en los que no queda más camino que la resignación. Sufres un poco al principio, las primeras gotas son siempre más frías que las siguientes, mientas madres y maldices tu suerte más de una vez, lamentas tu falta de previsión y juras por las once mil vírgenes que no volverás a salir de casa sin paraguas aunque te choque cargarlo por todas partes. Ya medio mojado dejas de sentir tan gacho. En algún punto te ríes de ti mismo pero al tiempo que odias a los afortunados que van dentro de sus coches, sobre todo a aquellos que en alguna esquina te miran con lástima. Una vez que te encuentras empapado es cuando la magia sucede. En medio del irremediable "ensopamiento" y de la comprensión de que no vale la pena resistirse, te llega la liberación y de un momento a otro dejan de importar todos los detalles banales que te hicieron buscar el resguardo inalcanzable, vuelves la cara al cielo para sentir la frialdad inicial de las gotas cayéndote encima. Te sientes niño de nuevo. Abres los brazos y deja de importar la lástima de los automovilistas desde su refugio seco y abrigado (finalmente son ellos los que se pierden la diversión). Una vez que te abandonas a la libertad del agua es complicadísimo reprimirte. Es una sensación maravillosa, como de transgresión positiva, como de volver al origen; cuyo climax es el momento justo en el que miras el primer charco y decides, con toda intención, brincar sobre él y sobre los cinco siguientes, arrastrar los pies en el sexto para "hacer olitas", buscarlos en lugar de evitarlos. Llegas a casa mojado hasta el alma pero extrañamente feliz y liberado, como después de un largo día de juegos en la infancia.

lunes, 24 de mayo de 2010

Cuando todo lo demás palidece...

No puedo evitar ser inmediatista. Si hubiera escrito esta entrada ayer seguro que habría hablado del desmoronamiento de mi vida, de la oscuridad y las sombras absolutas, del dolor cuando la venda se te cae de los ojos y ves que muy poco de lo que has creído en los últimos años era cierto, del doloroso despertar de las madres a la pubertad de los hijos y a las decepciones cuando empiezan a llegar una tras otra.
Hoy tengo una perspectiva más positiva a pesar de que la astilla sigue clavada en mi corazón y guardo un montón de miedos en el cajón del buró.
El sábado pasado la vida me enseñó que en realidad no se puede estar preparado para enfrentar los golpes que, inevitablemente, los hijos te propinarán en algún punto del camino. Lo único que se puede hacer es endurecer el corazón ante la adversidad, dejar de lado los sentimientos propios (que generalmente ante una crisis suelen ser del tipo negativo), apoyarlos y seguir amándolos a pesar de todo. Sé que no es fácil ni siquiera decirlo, que la angustia, la vergüenza, la incertidumbre, el dolor y el miedo se te instalan en mente y cuerpo, que las ganas de abandonarse a los impulsos primarios de contrarrestar el dolor propio con el del o los culpables del caos son enormes. Hoy sé muchas cosas que hace tres días desconocía, tal vez la más importante es que no importa cuán grande sea la falla de mi hijo, no importa cuán graves sean las consecuencias ni la inmensidad de mi propia tristeza, jamás lo dejaría solo.
El sábado pasado Gerardo y yo fuimos puestos a prueba, él en una trinchera, yo en la otra. Al final del día el balance, aunque pareciera un resultado imposible, es positivo. Hoy miro a mi esposo y me siento orgullosa e inmensamente agradecida por haberle enseñado a nuestro hijo cómo se enfrenta un hombre cabal a un problema, cómo hace un hombre valiente y digno para levantar la mirada aún en medio del entorno más adverso y en la más precaria de las condiciones. Hoy me siento orgullosa de mí misma por haber resistido a la tentación de descargar mi frustración y mi dolor en el alma de mi niño, de haber sido capaz de sostenerlo y demostrarle con hechos el tamaño de mi amor, y también siento orgullo de la entereza y la valentía que él demostró contra todos los pronósticos.
Ahora bien, mentiría si dijera que el orgullo ha desmaterializado al miedo junto con el dolor, la incertidumbre y la vergüenza, esos siguen comiéndome la entraña de a poco y haciéndo que las lágrimas salgan con una periodicidad mucho más breve de la normal. Lo que quiero decir es que a pesar de que haya momentos en los que incluso el punto de luz al final del túnel parece desaparecer, la fuerza del amor que une a nuestra familia hace que siga valiendo la pena seguir intentando encontrar el interruptor para encender de nuevo la luz.
Hoy mismo me siento abrumada, triste, fracasada y miedosa, pero no desesperanzada. Un ángel me ha tocado con su luz en el momento preciso y gracias a ello estoy en pie de guerra y sigo siendo el sostén emocional de mi familia. Hoy mismo siento una mezcla de sentimientos que desconocía, no sabía que era posible sentirse así. No cabe duda de que todos los días se aprende algo nuevo.

miércoles, 7 de abril de 2010

De círculos llenos de nada



"Sola yo estoy y llena de inquietudes;
cada día me interno más adentro;
mis defectos atraen a las virtudes;
de un misterioso círculo soy centro.
El cansancio que tengo es infinito;
todo el dolor del mundo lo he probado;
un laberinto de ansiedad habito
y a tientas me revuelvo en lo intrincado".
Pita Amor.


Círculo de angustia, 1948


Tú y yo nos encontramos en un punto de ese círculo de vacío. Él es nuestro común denominador, por quien buscamos las respuestas que rasgan el corazón.



Miedo a las tinieblas, miedo a la ignorancia hemos tenido y él de luz nos ha llenado.



Y hoy que te he conocido, también he conocido una parte de él que estaba perdida en el universo.



¡Gracias Pita, por decir tan magistralmente lo que atormenta a este corazón!
¡Gracias Pita, por haber existido!

martes, 21 de abril de 2009

Susan Boyle

Ver televisión no forma parte de mi rutina diaria. Si mi ánimo me permite soportar la miseria del mundo, miro el noticiero de la noche. Pasa de vez en cuando, pero una de esas pocas veces en que caí en las redes de Joaquín López Dóriga, me encontré con una extraña gema: una mujer madura era presentada en un programa inglés de búsqueda de talento (el tan llevado y traido formato en el que los aspirantes a la fama cantan y el tele espectador gasta su dinero en llamadas telefónicas de apoyo a su favorito), jamás me he sientido atraída por ese tipo de espectáculos pero esta mujer llamó mi atención desde el momento mismo en que la vi aparecer sobre el escenario, así que permanecí frente al televisor. Nada más lejano al estereotipo occidental de belleza: grandes cejas despeinadas, cabello canoso y alborotado, papada, cero maquillaje. Su apariencia provocó la suspicacia e ironía de todos los presentes y más cuando aseguró que su sueño era ser como Elaine Paige. Nadie esperaba lo que sucedería cuando la música comenzó a sonar y de la boca de Susan salieron los versos de "I dreamed a dream". El escepticismo se convirtió en sorpresa y poco a poco la cantante llevó a todos a un estado de euforia con su magistral interpretación. Al final las lágrimas habían llegado a los ojos de muchos y las bocas de otros tantos permanecían abiertas en medio del éxtasis. Los jueces calificaron su actuación maravillosamente mientras el público rugía. Susan salió del escenario visiblemente emocionada. Final feliz, digno de una película de Hollywood con moraleja incluída. Es el tipo de historias que nos enternece a la mayoría. Hasta aquí un viejo cliché. Tierno y emocional, pero gastado y que conste que no niego que a mí también me conmovió.
Lo que me parece interesantísimo es la reacción del mundo ante este hecho. El video de Susan arroja más de cien millones de visitas en Youtube. ¡Cien millones de visitas! ¿Cuántas personas pueden presumir de una cifra así?
Mi teoría es que esta manifestación se da porque el mundo necesita y busca con desesperación algo más profundo de lo que la occidentalidad le ofrece a diario desde su trinchera de perfección física, comodidad y vana modernidad. Susan nos ha cautivado porque nos devolvió al origen por instantes, porque nos mostró lo que hay en su interior mediante la magia de su voz, porque nos hizo escuchar la claridad de la esencia humana, sin todos los adornos que nos hemos empeñado en ponerle encima hasta opacarla. Susan proyecta autenticidad, seguridad y aplomo a pesar de que sabe que su aspecto no es lo que las masas esperan ver, y para su sorpresa, las masas la han encumbrado. ¡Salud por ella!