viernes, 31 de julio de 2009

Nunca es tarde

Empecemos con un dicho popular: "Nunca es tarde".
Vaya, parece que no empiezo con el pie derecho en mi intento de rescatar de la muerte mi músculo de la capacidad creativa, escribiendo por lo menos una cosa al día. Un dicho popular jamás sería un buen comienzo salvo que estés tan desesperado por contar lo que hay dentro que decidas exponer, en su más resumida expresión, tus intentos por sacar a tu matrimonio del maldito limbo en el que lleva metido los últimos seis meses.
Nunca es tarde para volver a intentar, para retomar las promesas y los compromisos.
Nunca es tarde para mirarle de nuevo a los ojos, con luna llena o sin ella (al fin que a él le importa un carajo la luna), ni para redescubrir todas sus cualidades.
Nunca es tarde para la seducción (me cae que trato de hacer que no lo sea antes de que la gravedad termine con lo que lamentablemente ha iniciado hace un par de años sobre mi cuerpo y sus "encantos").
Nunca es tarde para volver al origen (tal vez acomode una vieja caja de cartón a la mitad de la sala y compre un par de hamburguesas de McDonalds para comerlas sobre ella, como cuando llegamos por primera vez a nuestro nuevo hogar tras la luna de miel y no teníamos nada más que un refri, un micro pequeñito y un colchón sin base ni colcha).
Nunca es tarde para descubrir, después de una larga plática de días de duración con una gran amiga, que a pesar de todo lo que parezca estar funcionando mal, a pesar de las telarañas, las idas y las vueltas mías y de otros, a pesar de los sueños húmedos con luisjavieres enfundados en camisas rojas estilo Raoul Bova, de las decisiones mal tomadas y los acuerdos rotos, a pesar de todo eso y de lo que no me atrevo a teclear ahora mismo, a pesar de los pesares... sigo siendo una mujer enamorada y comprometida con el hombre que escogió para compañero de vida.
Simple, ¿verdad?

jueves, 30 de julio de 2009

Sueño húmedo

Me miras de frente, desde tu camisa roja, con tus ojos de niño que esconden los del hombre desalmado que el tiempo me enseñaría, eres en realidad; me hablas, sonríes, miro las arruguitas que se forman al rededor de tus ojos (esas que tanto me gustaron siempre). Mi corazón presiente su propia explosión si continúa latiendo a esa velocidad pero no sabe cómo revertir el efecto que causas en él. Finalmente sucede, me besas, y el vientre me explota junto con mis arterias y mis neuronas y mi entrepierna. Intensidad roja. Orgasmo inevitable.
Suena el despertador y todo se vuelve blanco. Hace decenas de meses que no soñaba contigo. ¿Por qué volviste?

viernes, 24 de julio de 2009

Sonrisas

Las sonrisas son desobedientes y voluntariosas. No les importa lo que tú quieras o debas, si les da la gana salir a tu boca lo hacen con descaro, sin que puedas hacer nada por evitarlo. Son primas hermanas de las lágrimas que también tienen lo suyo, pero las sonrisas son contagiosas y te rejuvenecen, te alegran la mirada y te quitan años de encima, mientras que sus primas no ofrecen tantas ventajas.
Las sonrisas muestran al mundo la alegría del alma, la euforia de un sentimiento que se te sale de la entraña y que no encuentra otro camino mas que hacerte enseñar la mazorca a cada paso que das.
Creo que es genial que la gente te mire mientras caminas sonriendo, brillando desde dentro.

miércoles, 17 de junio de 2009

Ceguera paterna

¿Por qué los padres tendemos a la ceguera cuando se trata de nuestros hijos? Siempre me he jactado de ser objetiva en cuanto a las virtudes y defectos de mis pequeños. No dudo un instante en reconocer que son hermosos porque en realidad lo son, sin embargo también puedo decir que Ana es un fiasco para cualquier actividad física, que tiende con peligrosidad al egoísmo y que hay que trabajar para mantener su vanidad a raya. Lo mismo pasa con Ger, entiendo que le cuesta concentrarse y que las ondas intelectuales no son lo suyo, pero es muy bueno para todo lo que se trate de usar el cuerpo en movimiento. El caso es que, como cualquier ser humano, tienen de todo.
Ayer me enteré de que los papás de su mejor amiga, han empezado a considerar a Ana una mala influencia para su hija porque "desde que se junta con ella es más amiguera, habla más por teléfono y ha empezado a pedir permisos que antes no" . Entiendo que están en su derecho y me pregunto si esos cambios no serán más producto de una evolución natural (porque, por si no se han dado cuenta, su bebé ya tiene doce años) que de las "malas influencias" que la "malvada de mi hija" pueda ejercer sobre ella; pero no puedo dejar de sentir rabia ante el malestar que esto le ha casuado a Ana, sobre todo porque estoy segura de que es injusto. ¿Por qué no simplemente aceptan que su hija está creciendo y que ha llegado el momento de empezar a soltar algunas amarras? ¿Por qué no dejan de buscar culpables afuera y se concentran en trabajar para ganarse la confianza que su niña NO les tiene?
Todo esto, además de enfurecerme, me ha puesto en alerta para no dejarme seducir por la ceguera aunque sea lo más cómodo.

A veces me pregunto

A veces me pregunto si la vida es complicada por sí misma o si somos nosotros los que nos la complicamos.
Anoche llovió en mi pueblo y como siempre que pasa, los chocados y los "quedados" no pudieron faltar haciendo el tráfico más y más pesado esta mañana. Me estresé cuando vi que eran las 7:43 y el tráfico estaba parado a un kilómetro de distancia del colegio de mis hijos que tienen que estar dentro de edificio a las 7:55 para el primer toque, o a más tardar a las 8:00 para el cierre de la puerta.
Pude haber tomado una salida antes pero corría el riesgo de que la lateral estuviera igual de congestionada y con el inconveniente del semáforo, así que me apegué a mi ruta de siempre y conforme fui avanzando me di cuenta que la lateral no solo no estaba congestionada, estaba VACIA. ¡Plop!
Después de darme de topes contra el parabrisas por no haberme animado a salir, llamé al colegio y les dije que estaba atrapada en el tráfico, que me dejaran entrar a mis hijos aun si ya habían dado el segundo toque de las 8:00.
Muy amablemente la recepcionista me tomó los nombres de mis hijos y me dijo que me quedara sin pendiente.
Después de la llamada, el tráfico (casi casi como por arte de magia) se empezó a mover y recorrí ese último kilómetro en un tiempo razonable. Atravesamos la puerta del colegio a las 8:00 en punto, di las bendiciones a mil por hora, dejé la bendita cooperación para la convivencia familiar del sábado y hablé con la maestra de mi hijo mayor sobre su ansiedad porque su papá está de viaje y en menos de 3 minutos pude volver a respirar de camino a la oficina.
Antes de salir de la escuela pasé a recepción para avisar que sí alcanzamos a entrar y que ya no era necesario que los esperaran en la puerta así que me fui al trabajo con una loza menos de peso de encima.
Esto no es el pan nuestro de cada día porque generalmente mi marido y yo hacemos un muy buen equipo y entre los dos podemos sacar la rutina adelante pero cuando uno falta, el trabajo parece duplicarse para el que se queda y encima de eso, el imponderable siempre hace su aparición. Como bien dicen por ahí: "Murphy no falla" (por aquello de la ley de Murphy que dice que si algo tiene posibilidades de salir mal, saldrá mal).
Habrá quien después de esto diga: "pobre mujer" y habrá quien diga: "ésta se ahoga en un vaso con agua", pero la verdad de las cosas es que con todas las anécdotas de cosas que me han pasado mientras mi marido está de viaje, podría escribir un libro de cuentos llorosos y jocosos para amas de casa.
Lo único que espero es que este año no se me inunde la casa mientras mis hijos estén en cama con alguna infección extraña y afuera esté cayendo un aguacero que me haga sacar un "kayac" para ir a la farmacia a conseguir medicina.
Si algo parecido a esto no pasa, entonces estaré del otro lado. Jajajajajajaja.

domingo, 7 de junio de 2009

Celebra el amor

Celebra que ya pasaste los primeros 9 y él todavía te mueve. ¿Te había pasado antes?

Celebra que aunque el pasado fue doloroso porque pensaste que sería para toda la vida, tuviste la oportunidad de unirte al verdadero amor de tu vida.

Celebra que cuando tienes una cita con él, todavía sientes mariposas por todo el cuerpo en las horas previas.

Celebra que lo extrañas cuando está lejos y que sólo piensas en el instante en que volverá a tus brazos y te dirá: te amo.

Celebra que en tus vástagos ves el reflejo de sus ojos, sus actitudes, sus sueños y lo feliz y segura que te sientes de haber hecho la mejor elección.

Celebra que en las buenas y en las malas estás a su lado siempre sintiéndote la mujer más afortunada.

Celebra que tienes un hogar, un refugio, un lugar de alegrías y que no importa si allá afuera no hay cariño o aceptación, aquí lo tienes todo.

Celebra el amor, ¡celebra al amor de tu vida!