Mostrando entradas con la etiqueta Tonterías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tonterías. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de febrero de 2011

Recaídas

Los médicos temen a las recaídas porque, por lo general, son mucho más graves y complejas de curar que la enfermedad original. Supongo que el mismo principio se aplica a los demás ámbitos de la vida y casi todos van por ella cuidándose de tan temibles réplicas de la desgracia. Sin embargo hay quienes se han acostumbrado a esos tropezones a tal grado que los han integrado a sus procesos, y en el extremo del espectro, habemos algunos locos que nos aferramos a ellos, que no los dejamos ir y los convertimos en una adicción que nos persigue tomando formas distintas a lo largo de los años. En lo personal acabo de descubrir que soy adicta a ellas, que mi existencia se justifica mediante esas pequeñas o grandes fugas de energía, de salud, de bienestar. Tristemente creo que padezco de una necesidad crónica de ansiar, de necesitar algo que no puedo ni podré alcanzar nunca, y todo ello se refleja en las recaídas que sufro con una constancia rigurosa y particularmente exacta. Lo más curioso es que, conforme pasan los años, la "sustancia" adictiva, la droga a la que le regalo mi devoción, va cambiando, de forma, de tamaño, de color... de ojos.
Cierto es que con los años me ha llegado una cierta capacidad para no entregarme de lleno a esos momentos de ansiedad extrema que enfrentamos los adictos, he llegado a controlarlos con bastante eficacia pero eso no significa que hayan desaparecido y que no se intensifiquen exponencialmente cuando algún estímulo me los dispara; lo único que ha cambiado es que hoy soy capaz de controlarlos o de encontrar alguna ruta de escape para que fluyan y no acabe yo convertida en una bomba molotov.
Hoy, a mis treintaymuchos no es particularmente halagador comprender que ese lado más oscuro de mi lado oscuro sigue existiendo y coexistiendo con las virtudes que tanto me esfuerzo en adquirir y conservar, pero si lo analizo con calma llego a la conclusión de que con mantenerlo a raya logro un buen dividendo. Tal vez suene a conformismo pero cuando llevas una vida entera recayendo una y otra y otra y otra vez, puedes sentirte agradecida de ahora llevar rodilleras, coderas y casco.
Por lo pronto hoy dejo acá el detonador de mi recaída de hoy, la piedra con la que me tropecé esta mañana y que ha hecho que no pare de sentir diez kilos de plomo atorados en el corazón.

"You Get Me"
Seal
You get me
If I say no,
if I resist
If I don't give in to this
Would it be a lesson or a loss?
Suddenly I know what it's about
Thoughts come in, and words come out
Suddenly I'm not killing timeIt's all over now
You get me
You get me
Like a beautiful song
You heard a million times
Like the rainbows end
You can never find
You get me
You get me
If I say yes, if I let go
And face the consequence
I'll knowWill it lead to living with regret?
Suddenly the walls are coming down
I wont be the same when I come around
Suddenly I am understood
It's all over now
You get me
You get me
Like a crimson sunset
Where the sky meets sea
Like no one alive
But lives in my dreams
You get me
You get me
You get me
You get me
Like a beautiful song
You heard a million times
Like the rainbows end
You can never find
It's hard to ignore
And undeniable, too
This feeling inside
When I look at you
You get me
You get me


miércoles, 3 de noviembre de 2010

El horror de mis cumpleaños

Ok. Sí. Tengo que admitirlo. ¡Odio que llegue mi cumpleaños! Y no tiene nada que ver el asunto de la edad, esa es otra historia. El punto es que siempre que se acerca la fecha en la que sumo un año más a mi existencia, me topo de frente con el inevitable tren de mi falta de pertenencia, de mis raíces no echadas en ningún lado, de la inexistencia de un motivo para celebrar en aquellos a quienes amo y, se supone, me aman; de un festejo sincero que nunca llega... ni llegará.
Los amigos que están lejos, jamás han venido ni vendrán. Los amigos que están cerca no tienen con quien dejar a sus hijos pequeños. Los familiares asisten siempre al festejo del tío Rubén (con el que estoy peleada a madres, por cierto) que cumple tres días antes que yo y siempre apaña el fin de semana más próximo. Así que todo siempre se resume a una comida equis en un restaurante equis. Supongo que es suficiente para un ente también equis.

jueves, 26 de agosto de 2010

Lo que soy ahora

Mi muy escaso sentido de pertenencia está seriamente afectado en este momento. Por más que trato de racionalizarlo es mucho más grande el vacío en el estómago. Entiendo perfecto que el pasado no puede cambiarse y que lo que soy ahora mismo es una consecuencia irreversible de esa lógica. Creo que ese es justamente el problema: lo que soy ahora. O lo que no soy ahora. O lo que no fui antes... o lo que si. O ese "nadie" que me persigue siempre.

miércoles, 21 de abril de 2010

Revistas de moda

No compro revistas de belleza, no porque me desagraden, todo lo contrario, me encanta enterarme de las tendencias de la moda, los cosméticos de última generación y los colores más actuales; en realidad a lo que huyo es a la certeza de mi adicción a esos menesteres porque eso va en absoluto contrasentido con mis intentos perpetuos, y generalmente fallidos, de ser una mujer austera. Antes era por pura convicción, hoy la jodidez es un factor de mucho más peso, pero, ya sea "por juana o por chana", es inevitable que después de hojear una revista tipo "Glamour" o "Elle" no me quede en las tripas un residuo de sentimiento devaluatorio del tipo "soy una pobre diabla", mismo que toma fuerza cuando me reúno con mi madre y mis hermanas que son la personificación misma de la moda en contraposición a la fodonga de la familia que siempre ha sido su servilleta. Sin embargo, debo confesar que en las vacaciones de Semana Santa caí en la tentación (¡vaya contradicción!) y compré uno de esos ejemplares. Difícil contenerse si estás echada en un camastro tomando el sol, olvidaste el libro en el depa y las llaves las tiene tu marido quien se fue al cine con los niños, y de repente se te presenta el señor de las revistas ofreciéndote la solución al aburrimiento que te trae en jaque desde hace una hora. El caso es que compré la revista y conforme iba hojeando mi mente volaba al escenario perfecto en el que, tarjeta en mano, me daba vuelo comprando cada una de las cosas que iban apareciendo ante mis ojos: los zapatos cafés de tacón altísimo, una bolsa de mano roja, el vestido naranja, la blusa blanca de estilo vintage, las sombras de Dior, el maquillaje de Lancome, el spray que le aporta volumen al pelo, el anticelulítico milagroso de Vichy, las gafas oscuras de Prada y una lista interminable de etcéteras que empecé a "necesitar" de inmediato. Después de todo ¿quién no quiere verse espectacular? La que lo niegue, miente... me digo para intentar convencerme de que en realidad no es tan malo el nuevo conflicto que me cargo; si le pasa a muchas no puede ser tan malo, vuelvo a decirme ya en el centro comercial a punto de dar el tarjetazo. A fin de cuentas alcanzo a reflexionar por un instante, justo antes de cometer la tontería de comprar algo que realmente no necesito y salgo casi corriendo al estacionamiento, sintiendo alivio por no haber caído y culpa por haber estado a punto de.
Como sea, hoy estoy aquí, luchando contra el materialismo que me abruma con la firma amenaza de ganarme la partida, y jurando que nunca más compraré una pendeja revista de modas. JUM. Pero por si acaso, ya escondí la tarjeta ;)

lunes, 22 de marzo de 2010

Un día perfecto

Hoy parece un día perfecto para olvidar los propósitos de año nuevo y mandarlo todo a la mierda, para dejar de ser la madre ejemplar y la hija perfecta, la esposa comprensiva y la jefa responsable. Hoy hace un lindo día y me apetece coger el auto, salir a las calles sin rumbo y no volver hasta que lo que me arde en las entrañas se haya extinguido, hasta haber encontrado las respuestas a esas preguntas inquisidoras y faltas de piedad que me acosan minuto a minuto desde que abro los ojos por la mañana hasta que los vuelvo a abrir a la siguiente. Sí. Hoy parece una buena tarde para perderse, y no digo para encontrarse porque sería mucho pedirle a esta vida que parece intentar extinguirme de a poco cada día.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Las trampas del tiempo

En estos últimos días me he estado enfrentando al tiempo, en diferentes escenarios y con actores también distintos. Y es que es una verdad conocida pero pocas veces razonada. El tiempo corre como el agua del río, dice el lugar común; no he escuchado otro más acertado, no hay paralelo más real con ese tirano que rige nuestra estadía en el mundo desde el segundo en que llegamos hasta aquel en que nuestro cuerpo disminuye su peso en veintiun gramos.
Mis dos hijos son quienes más me exponen a la realidad de los años que se han ido; siempre me parece que "apenas ayer" eran unos bebés regordetes que hacían babitas y a duras penas balbuceaban "mamá". Hoy mi hija es físicamente una mujer (a pesar de que apenas va por los trece), hermosa por donde la veas, segura, inteligente y... con novio. Sí, cada que la veo en bikini o que me platica del tal noviecito siento que envejezco un lustro. Y es que en realidad no percibo que todos esos años que la han traído de mis brazos a este punto hayan pasado por mí también. Por supuesto que no prentendo que las arrugas y las canas no me delaten, pero tampoco siento que mis treinta y seis sean el titipuchal de años que, cuando miro a Ana, parecen ser. En realidad me siento como de veintiocho, más-menos; sí, culpen al optimismo.
Por otro lado, mis padres, cada vez con más achaques, un poquito más viejos igual que yo pero a ellos se les empieza a notar de manera acelerada. Los amigos que hace mucho que no ves y de repente te encuentras pelones o canosos o con los cachetes colgados; entonces pienso si ellos me verán igual y me entran las ganas de pegarle un tiro al tiempo.
Y es que siempre lo voy persiguiendo y al mismo tiempo huyéndole, tratando de encontrarle el chiste a esa persecusión dual e interminable, intentando vivirlo a tope pero casi siempre sumida en recuerdos o inventando presentes paralelos.
Ahora bien, si Dios me regalara la manivela para hacerlo avanzar o retroceder a mi antojo una sola vez, creo que tampoco sabría muy bien qué hacer. Hay momentos que desearía volver y volver y volver a vivir, pero tampoco quiero renunciar a lo que vivo ahora mismo por mucho que me queje y me sienta una estúpida mártir eterna de las circunstancias. Es complicado, pero todo en mí lo es, hasta el tiempo que es lineal y no tiene mayor chiste que un ayer, un hoy y un mañana todos los días de la vida.

jueves, 11 de marzo de 2010

2012

Cuando tenía siete u ocho años hacía una y otra vez la cuenta de los que alcanzaría a cumplir antes del año dos mil. Veintiseis era la respuesta y en ese entonces me parecía una edad bastante razonable para morir en el "fin del mundo" anunciado para la llegada del nuevo milenio. Los años corrieron, la fecha llegó y ninguna catástrofe apocalíptica asomó las narices a pesar de todo lo que se dijo. Han pasado diez años y nuevamente los rumores sobre un armagedón empiezan a manifestarse. Que si las profesías de Nostradamus, que si el Libro del Apocalipsis, que si el calendario Maya, que si la alineación de la tierra con el sol y el centro de la galaxia, que si el calentamiento global, que si el tránsito de Venus, que si las visiones de Leonardo Da Vinci y un largo etcétera.
Cuando trato de analizarlo desde la práctica nulidad de mis conocimientos astrónomo/astrólogo/bíblico/alquimio/ecológicos (lo que me deja disponible únicamente el sentido común, las corazonadas y mis deseos personales), llego a dos mitades divergentes de conclusión.
Por un lado, creo que tiene mucho sentido toda esa onda de los mayas y su sabiduría astronómica probada y comprobada por la ciencia moderna; el que sabios antiguos hayan predicho con exactitud asombrosa eclipses y demás acontecimientos estelares a cientos de años en el pasado, y toda esa parafernalia de comprobación mediante métodos científicos actuales de la autoridad que los mayas poseían en esta materia, me hace creer que no es muy factible que sus calendarios comiencen a mentir justo ahora que empieza a vislumbrarse el solsticio de invierno del 2012. Eso por el lado de los mayas, pero esta cultura antigua no fue la única en predecir un final violento para los tiempos del hombre sobre la tierra. La Biblia propone antecedentes trágicos y cataclísmicos a la batalla final entre el bien y el mal, acontecimientos que parece que vemos noche a noche en los noticieros, y a los cuales tristemente nos hemos acostumbrado al punto de que ya no parecen tan extraordinarios (si cada dos días hay un terremoto con saldo de cientos de muertes, deja de ser un hecho aislado y sorprendente, igualito que los decapitados y encajuelados en Ciudad Juárez). No sé, todo esto me lleva a pensar que en realidad nos está tocando el cierre de un ciclo, por macabro que parezca.
Por otro lado pienso que nada de esto existirá en realidad, o por lo menos no tan pronto; quiero pensar que aún hay esperanza y que cuando abramos los ojos el 22 de diciembre del 2012 todo seguirá tan normal como el primero de enero del 2000, a pesar de tanta especulación y tanto programa apocalíptico en el History Channel
De cualqueir manera debo reconocer que este asunto me pone nerviosa y aún estoy definiendo mi postura final al respecto.

miércoles, 24 de febrero de 2010

De correos farsantes a vestidos rojos

El subject del mail era "Oye... este wey me está pidiendo tu cel, ¿se lo doy?". En cuanto leí se me encogió la tripa porque el remitente era Angélica, una amiga de mis tiempos en el Tec de Monterrey. Te preguntarás "¿y eso qué?", para responder debo explicar que Angélica fue por algún tiempo una gran amiga de Luis Javier quien fue por algún tiempo mi novio, el primero para ser exactos. El fulano en cuestión me dejó marcada de por vida como sucede por lo general a las ñoñas como yo con su primera relación, aunque en mi caso específico el final del romance haya sido bastante desafortunado, por no decir una completa pesadilla. El caso es que Angélica ha sido el único "vínculo" entre Luis y yo, entendiendo por vínculo el que los dos mantenemos contacto ocasional con ella. Una vez en contexto puedo explicar porque hasta la vista se me nubló cuando ví el tal correo en mi bandeja de entrada. Mil cosas me pasaron por la cabeza, "no mames, ¿para qué después de tantos años? (dieciocho para ser exactos)", "¡oh no! Ahí voy de nuevo a montarme a otra maldita montaña rusa", "no que no tronabas pistolita", "sabía que soy inolvidable" y toda una sarta de estupideces de ese tipo, mientras mi corazoncito latía al límite y la computadora se tardaba años en abrir el bendito mensaje. Finalmente y después de cinco largos minutos el contenido apareció en mi monitor únicamente para mostrarme lo estúpida que puedo llegar a ser a veces (entendiendo por "a veces" la mayor parte del tiempo que estoy despierta). El mensaje repetía el subject y un poco más abajo se abrieron varias fotos de un tipo mega guapo vistiendo un bóxer entalladito que mostraba sin pudor un "paquete" muy bien dotado. Cuando me di cuenta de que se trataba de una cadena comencé a reír como degenerada, escondiendo tras la carcajada una mezcla incomprensible de decepción con alivio. Finalmente las cosas son como deben de ser y mi ego debe quedarse quieto, concentrado en el reflejo que le devolvió el espejo el sábado pasado cuando la modista me entregó el vestido strapless rojo que vestiré en la boda de mi hermano el próximo fin de semana. Tal vez Luis Javier ya no se acuerda de mí pero seguro que dentro de tres noches luciré espectacular, o por lo menos eso espero.

domingo, 22 de marzo de 2009

Lo de siempre

Un nudo en la garganta. Otro en el estómago. Una buena rola sonando a tope en el estéreo del coche. El acelerador a fondo. Un cigarrillo en los dedos. El aire entrando por las ventanillas abiertas y enmarañándome el cabello. La incertidumbre haciendo un ruido insoportable en mi cabeza. Las eternas ganas de llorar, de escuchar, de saber, de dormir hasta finales de noviembre... hasta que esto que siento se haya desvanecido. Nada raro. Lo de siempre. This is me.

lunes, 23 de febrero de 2009

Palabras...

La más pura de las magias. Creadoras. Infinitas. Demoledoras. Capaces de llevarte y de traerte, de tirarte y levantarte, de enlodarte y enaltecerte. Escritas. Habladas. Soñadas. Poderosas. Tristes. Eufóricas. Amorosas. Llenas de recuerdos y generadoras de melancolía. Inspiradoras. Rápidas o lentas. Cantos. Gritos. Susurros. Poemas. ¿Tú?

miércoles, 18 de febrero de 2009