domingo, 9 de mayo de 2010
Sting y la noche de la magia
El telón de fondo fue muy distinto a cualquiera anterior. He estado presente en cada uno de los conciertos de cada una de las giras que ha traido al músico de Newcastle a México: en 1991 con el Soul Cages, en 1994 con el Ten Summoner's Tales, en 2001 con el Brand New Day, en 2004 con el Sacred Love y en 2007 con el tour de reencuentro con The Police. Cada uno tuvo en su momento un impacto fuerte en mí, cada uno me trae recuerdos de momentos distintos de mi vida, de etapas dolorosas y felices, pero siempre en el clásico ambiente de fiesta de los conciertos masivos... en el Auditorio Nacional, en el Palacio de los Deportes, en el Foro Sol. Ayer noche todo fue distinto. El escenario fue un claustro maravillosamente engalanado, lleno de una extraña mezcla de individuos de la alta sociedad con fans de cepa con "artistas" de la farándula mexicana con gente que quién sabe por qué estaba ahí si no conocía más que una o dos de las maravillas musicales de Sting. Evidentemente para muchos fue una oportunidad de ver y dejarse ver, de caminar por la alfombra roja y aparecer luego en las revistas del corazón como personas altruistas y "comprometidas" con la causa de la educación en México. Mi naturaleza simple y la condición clasemediera de los últimos veinte años de mi vida me habían impedido verme en un ambiente similar en el pasado, digamos que fue la primera vez que estuve en un mismo lugar tanta "gente bonita", en un ambiente tan distinto y tan distante a lo que es mi vida cotidiana.
Siempre he dicho que las canciones de Sting y de The Police son como mi casa y ayer noche en eso consistió la magia: en corroborarlo, en darme cuenta de cómo en cuanto sonó el primer acorde de If I ever lose my faith in you todo lo distinto y lo distante se convirtió en territorio conocido, confortable y amado. La magia empezó a fluír, mi cuerpo a moverse, mi garganta a desgarrarse y mis pies, ampulados por los tacones necesarios para la ocasión y por las horas de espera en pie, a no sentir nada que no fuera una necesidad imperiosa de pegar de brincos. Una mezcla equilibrada de canciones de Police y de Sting en solitario me fue llevando de la mano por lugares, momentos y personas de mi vida, por euforias y felicidades, por mis amores y desamores. A diez metros de distancia pude ver que su rostro muestra las señales (que hace treinta meses no estaban ahí tan descaradamente) de unos sesenta años que se le acercan cada vez más y el bajo café descascarado que le acompaña desde hace tanta vida. El colofón de Roxanne me regaló el momento apoteósico de la noche, la piel de gallina y las ganas desesperadas de llorar mientras no podía parar de saltar con las manos en alto; Wrapped around your finger, Tea in the Sahara, The shape of my heart y Fields of gold me regalaron una deliciosa calma melódica y atiborrada de recuerdos; Every breath you take y King of pain, mis dos más grandes amores musicales "policiacos", fueron pura felicidad. Esos momentos hacen que valga la pena pagar el precio de cualquier boleto.
Cuando Fragile cerró la noche, las manos me dolieron de aplaudir, mis pies retomaron la conciencia de sus ampollas y del dolor por el atrevimiento de haber brincado dos horas con los zapatos inadecuados, mi garganta estaba seca, mis ojitos llenos de lágrimas felices y mi corazón eufórico. El camino al auto fue tortuoso, tanto que lo terminé descalsa. El regreso a casa fue en medio de ese silencio necesario para asimilar una experiencia musical que espero con toda el alma, se repita algún día.
martes, 10 de marzo de 2009
Iron Maiden y mi historia de amor
Como muchas historias, la mía vio la luz gracias a un pequeño momento de determinación. Esos que se presentan con frecuencia pero que generalmente no hacen la diferencia porque nosotros mismos no hacemos algo al respecto.
Era agosto de 1998 y yo estaba recién llegada a una reconocida empresa del ramo de la tecnología, rodeada de desconocidos que poco a poco dejaron de serlo.
“La Banda” es un grupo de compañeros de trabajo que empezaron a reunirse a la hora de la comida y que, a fuerza de convivir todos los días, llevaron la relación amistosa fuera de los muros de la empresa.
Yo que nunca antes fui un ente social, traté de mantenerme al margen de sus actividades y eventos, aunque sí los acompañaba a comer y me enteraba de todo cuanto hacían y de lo divertido que lo pasaban. Fue durante una de esas comidas que se afinaron los detalles para la reunión en donde despedirían a mi mejor amiga de la universidad (una de las dos personas que conocía de tiempo atrás), ya que dejaba la empresa para irse a vivir un tiempo a Florencia, Italia.
Nunca antes había ido a una reunión sin mi novio (de aquel entonces) así que les dije que haría lo posible por asistir aunque por dentro sabía que no iría porque mi novio no me acompañaría.
Esa noche llovió a cántaros, cosa que me dio el pretexto perfecto para justificar mi ausencia en aquella reunión, pero mientras veía la televisión me debatí entre la posibilidad de seguir con mi plan de quedarme en casa o animarme a hacer algo distinto.
¡Qué diablos! ¿Por qué no?
Tomé las llaves de mi coche y salí de casa sin saber que aquella noche se dispararía la aventura de mi vida.
Lo difícil para mí siempre ha sido dar el primer paso, iniciar el contacto pero una vez superada la primera resistencia, generalmente me muevo como pez en el agua.
-¿Y eso?- le pregunté a Alex señalando un disco que le mostraba a Toño- ¿Quiénes son?- Pregunté interesada al ver algo familiar en esa macabra portada.
-Iced Earth, pero no los conoces- respondió sin darle importancia a mi pregunta-. Es metal.
-¿Son como Iron Maiden?
-¿Conoces a Iron Maiden? – preguntó sorprendido por mi comentario.
-Pues sé que existen y que tocan metal.
Había dicho las palabras mágicas, definitivamente había atraído su atención.
A partir de ese momento, Alex y yo comenzamos a compartir nuestros gustos musicales y con singular alegría descubrimos que nos interesaba lo mismo: Queen, The Police, Genesis, Peter Gabriel, The Beatles, Pink Floyd, Duran Duran, entre muchos otros que por el momento escapan de mi memoria.
Un año más tarde, Alex y yo nos casamos.
A medida que el tiempo pasó, fui conociendo el mundo del heavy metal y a sus representantes más icónicos. Confieso que no fue fácil, pues son sonidos difíciles de digerir y sus temas pueden ser complicados así que me fui por lo fácil. Los primeros temas que me gustaron de Iron Maiden fueron los instrumentales. De algún modo, desarrollé alguna antipatía por la voz de Bruce Dickinson porque me parecía innecesariamente gritona. Fue así que por principio de cuentas me hice fan de lo instrumental como “Transylvania” y “Losfer Words (Big 'Orra)”.
Llegado el 2001 Maiden hizo su gira “A Brave New World” con Bruce de regreso, evento al que por supuesto no podíamos faltar.
Inocentemente pregunté si tocarían Transylvania pero esa era una rola que no venía en el “set list” así que me limité a escuchar y a seguir la corriente a los metaleros que se reunieron a ver a Queensryshe, a Rob Haldford (del que conocía aquella rola “Breaking the Law” que cantaba con Judas Priest) y a Iron Maiden en el Foro Sol de la Ciudad de México.
A pesar de mi poco conocimiento de la música, la experiencia fue genial y en gran medida se lo debo a mis compañeros de concierto, mis amigos de la banda (por supuesto mi marido incluido). Salí de aquel concierto con una playera, una gorra, el poster de la gira y esta portada que me acompañó como "wall paper" de mi computadora por mucho, mucho tiempo.
Pasados los años me fui familiarizando con el tema y aprendí a apreciarlo en toda su extensión. Conocí a bandas de estilos inspirados en el metal como: Dream Theater con su metal progresivo y Rhapsody con su metal sinfónico y mientras más escuché, más me enamoré del género por la belleza de su música y por lo profundo de los temas que tratan en sus letras.
Y hablando de letras, mi más grande admiración en este rubro es para Steve Harris (bajista y fundador de Maiden), bueno, por eso y porque tiene una cabellera fenomenal!!!
Admiro su capacidad para tratar tan acertada y bellamente temas que hablan sobre lo que cualquiera puede sentir respecto el miedo a la obscuridad en “Fear of the Dark”, la emoción y el valor que vive un piloto de la Segunda Guerra Mundial en “Aces High”, la moraleja que deja la historia de terror del anciano marinero que mata a un albatros en “The Rime of the Ancient Mariner”, la batalla de la caballería inglesa contra la rusa en la guerra de Crimea en “The Trooper”, la pesadilla de Harris en “The Number of the Beast”, las vivencias de los habitantes blancos de Estados Unidos luchando por eliminar a los indios nativos americanos en “Run to the Hills”, las emociones encontradas y en algún punto esperanzadas del condenado a muerte en “Hallowed be thy Name”, la historia de Erik causando terror en el “Opera House” de París en “The Phantom of the Opera” entre otras muchas y maravillosas canciones que han salido de su ingenio, sensibilidad, creatividad y conocimiento de la historia universal.
¿Cómo no amar y admirar a Iron Maiden cuando me ha dado la oportunidad de experimentar tantas y tan variadas emociones que sin duda me han llevado a la reflexión sobre lo que mueve al género humano?
¿Cómo no amar a Iron Maiden cuando le ha dado tantos momentos de alegría y reflexión al hombre que se ha convertido en el compañero de mi vida?
¡Gracias Steve Harris, Bruce Dickinson, Dave Murray, Adrian Smith, Janick Gers y Nicko McBrain!
“And I screamed for you Iron Maiden, and I’ll do it again.”
sábado, 20 de diciembre de 2008
Oye mi canto
Esta semana fueron los conciertos de navidad en el colegio de mis hijos. Este fue el primer año que no estuvieron juntos porque ahora pertenecen a secciones diferentes del instituto.
El primer concierto, el de Andrés, fue como todos los que habíamos presenciado hasta entonces, sólo canto. El de Alejandro fue con la flauta como instrumento de interpretación además del tradicional canto.
Como siempre me emocioné y lloré. Sus dulces y tiernas voces transmiten tanta pureza y tanta paz, que pareciera que vivimos en el cielo cerca de Dios.
Este fue un concierto especial porque además del significado tradicional del momento, significó un logro en la vida de mis hijos, especialmente en la de Andrés.
Desde hace nueve meses que mi hijo ha asistido a terapia de lenguaje y este lunes fue dado de alta.
Todavía queda algo por trabajar con él para que pueda alcanzar el nivel que cualquier otro niño de su edad tiene al hablar, pero me siento feliz de sus logros y orgullosa de su esfuerzo por alcanzar la meta de poder expresarse con claridad. Estoy segura que pronto lo logrará y que seguiré escuchando su canto en todos los rincones del hogar.
lunes, 25 de febrero de 2008
"Somewhere Back in Time Tour": IRON MAIDEN

Dicen que la comida es el camino al corazón de un hombre. Para mí, el camino al corazón de un hombre estuvo marcado por la música, más específicamente por el metal, por Iron Maiden.
Este 21 de Febrero tuve la enorme fortuna de disfrutar desde casa (Guadalajara), uno de los mejores espectáculos que he visto. El concierto de la gira "Somewhere back in time" de Iron Maiden.
Yo ya había asistido a un concierto de Maiden en 2001, cuando se presentaron en el Foro Sol del D.F. en la gira "A Brave New World" (si mal no recuerdo), donde conocí a Rob Hallford (vocalista de "Judas Priest") y a Queensryshe, en aquel entonces no estaba muy empapada de su música, pero eso no fue impedimento para que pasara un gran momento al lado del hombre que amo y unos cuates más.
Hoy, después de 7 años, me reencuentro con ellos y la experiencia es mejor aún que la anterior, pues ahora estoy mucho más conectada con ellos y con su música.

La telorena en esta ocasión fue Lauren Harris (hija del genio creador de Maiden, Steve Harris).
Lauren resultó ser una chica de muy buena vibra, con gran talento vocal y energía descomunal sobre el escenario, además de ser muy linda y de cuerpo envidiable.
La entrada de Maiden fue genial. El espectáculo comenzó con un video de fragmentos de la gira con "Transylvania" (mi favorita) de fondo.
Después vino parte del discurso con el que Winston Churchill motivara a las fuerzas armadas inglesas el 4 de Junio de 1940 y que Maiden utiliza para entrada de "Aces High": "We shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender". No está por demás decir que la banda se prendió al máximo en espera de ver a sus ídolos salir a interpretar esta y otras 15 rolas fenomenales.
A pesar de que los años dejan huellas físicas, Iron Maiden es uno de los mejores ejemplos de que mantenerte concentrado en lo que te gusta, hace que conserves energía para hacer renacer cada noche, un repertorio musical que data de hace más de 20 años.
"2 Minutes to midnight", "Fear of the Dark", "Powerslave", "Wasted Years", "Can I play with Madness?", "Iron Maiden", "The rime of the ancient mariner" (mi segunda favorita después de "Transylvania"), "Revelations", "The Trooper", "Run to the hills", "The number of the beast", "Heaven can wait" (donde subieron al escenario a cantar los coros a miembros del fan club), "Moonchild", "Hallowed be thy name" y "The Clairvoyant", fueron las rolas que nos hicieron levantar los brazos y cantar a todo pulmón para acompañar a Bruce Dickinson en los coros.
Yo personalmente me pasé casi todo el concierto admirando a Steve Harris (mi favorito de todos, sin restarle puntos a otros miembros de la banda), pues me parece que es uno de los tipos más ubicados y geniales que el mundo de la música nos ha permitido conocer. Desde mi personal punto de vista, Harris ha sido el pegamento que ha mantenido a la agrupación en su lugar, haciendo lo que debe.
En segundo lugar admiré de la capacidad vocal y la energía que Bruce desprende. Se pasó gran parte del concierto corriendo de un lado a otro, usando gran cantidad de disfraces para darle a cada canción, su sello característico.
En un momento alguien le dio un sombrero charro con la cara de Eddie (la mascota), en la parte frontal. Él lo usó pero no advirtió este detalle hasta mucho tiempo después y fue entonces que hizo un comentario algo así como: "Este es el sombrero más cool que he usado en mucho tiempo". Obvio, la banda se prendió mucho más.
El escenario recordaba a aquel usado en la gira "Life after death" de 1985, en donde el tema principal era el arte egipcio del disco "Powerslave", con Eddie como protagonista, por supuesto.
A mí me gustó mucho más que el usado en la gira que vi hace 7 años. En este se podía ver un telón con "The Trooper", el barco de "The rime of the ancient mariner" y la ciudad cosmopolita para "Iron Maiden".
El buen Janick Gers hizo no solo despliegue de su talento con la guitarra, sino que mantuvo a la audiencia entretenida con sus piruetas con la guitarra y sus poses geniales.
Dave Murray siempre sonriente, de repente se le veía correr de un lado a otro, pero creo que de todos, fue el que menos corrió por el escenario.
Harris fue de aquí para allá moviendo a todo lo que da, su padrísima greña larga de toda la vida. Como le caracteriza, tocó apoyando un pie sobre los alta voces cantando con la gente de las primeras filas (¡¡¡Suertudotes!!!)
A Nicko McBrain también se le veía muy sonriente a través de la cámara que ubicaron a su izquierda, porque desde su lugar tras la batería en el centro del escenario, no se le alcanzaba a distinguir. Gran baterista, no cabe duda.
Adrian también estuvo genial aunque desde mi perspectiva se mantuvo un poco serio. Definitivamente un genio de la guitarra. Él, Murray y Janick, sin duda hacen una terna magnífica que le ha dado un sonido aún más espectacular y majestuoso a las rolas de Maiden.
Bueno, qué decir de Bruce Dickinson. Simplemente FENOMENAL. Recuerdo haberle escuchado decir alguna vez que para estar en este negocio necesitas un ego muy gordo y que él tenía uno obeso (no me cabe duda de ello). Levantar y mantener animada a una audiencia tan especial y exigente como la metalera, no es trabajo sencillo y él es uno de los mejores animadores que conozco en el ámbito musical.
Dueño de una gran calidad vocal (aunque no de mis favoritas), el tipo interpreta con gran energía y sentimiento cada una de las rolas que canta. Mis respetos para el señor Dickinson.
El que no puede faltar: Eddie, la mascota. Ese esqueleto al que se le puede ver en todas y cada una de las portadas de los discos de Iron Maiden, caracterizado del elemento usado en el momento.
La salida de Eddie (de casi 3 metros de alto) al escenario se dio durante "Iron Maiden", donde como siempre, fue a molestar a Janick para disfrute de los fans.
Mi momento favorito se dio durante "The rime of the ancient mariner". Donde de fondo se podía ver el barco en el que viajaba el marinero y su tripulación, a Bruce contando la historia y el extraordinario ambiente que dan las guitarras de Murray, Gers y Smith en los diferentes niveles de la canción. Creo que fueron los mejores 13 minutos y medio de todo el concierto. Si tienen oportunidad de escucharla, háganlo, no se van a arrepentir.
En otra ocasión prometo venir a hablarles del maravilloso poema de Samuel Taylor Coleridge que dio pie a esta extraordinaria canción escrita por Harris.
Sin duda me atrevo a decir que esta fue una de las mejores experiencias musicales que he tenido y miren que no han sido pocas. La banda (público) cada vez se comporta mejor y su respuesta hace que los intérpretes se sientan más felices y satisfechos, de haber hecho una parada en esta tierra de dios.
Ojalá esto de pie a que haya muchos más eventos de gran nivel, en donde Iron Maiden y otras grandes bandas de metal y rock, vengan a hacer despliegue de su enorme talento musical.
martes, 11 de diciembre de 2007
Soy viajero tanto de tiempo como de espacio, para estar donde he estado
La Arena O2 en Londres, fue el marco donde se escucharon temas como “Kashmir”, “Dazed and Confused”, “Black Dog” y la que nunca puede faltar “Stairway to Heaven”, entre otras.
Confirmo una vez más que estos tipos son unos genios musicales de nuestro tiempo y que verlos, gracias a las maravillas del mundo moderno, es una de las muchas grandes experiencias que me ha dejado este año que casi termina.
Mi historia con Led Zeppelin es muy reciente y se remonta a hace pocos, muy pocos años, tal vez un par. La rola que me atrapó fue “Kashmir” con su magnificencia y poder instrumental; confieso que me costó mucho trabajo “digerir” “Stairway to Heaven” y que esto fue lo que me hizo mantenerme ajena a Zappelin por muchos años, pero ahora que me he dado una oportunidad para apreciar su talento musical más allá de lo oscuro y denso que puede resultar su mundo, es que me divierto horrores escuchando rolas como “Misty Mountain Hop”.
Es sin duda un grupo para admirar porque vino a romper esquemas, a introducir en el rock de finales de los 60’s, los primeros sonidos de lo que hoy se conoce como “hard rock”. Sí, ya sé que muchos me aventarán un jitomatazo por decirlo, pero desde mi muy personal punto de vista, Led Zeppelin no era un grupo de “heavy metal”, pero de que influyó en este género, no hay duda alguna que lo hizo.
Otra de las cosas que admiro de los sonidos de Zeppelin, es precisamente esa extraña mezcla que hicieron del “rock” con el “jazz”, el “blues”, el “soul”, el “fonk”, la música clásica, celta, y hasta el “country”.
¿Qué decir de las letras? Extraordinarias y llenas de conceptos filosóficos encerrados en metáforas no muy fáciles de asimilar. Justo como siento que tiene que ser todo aquello que se transmite en letras, algo debe quedar oculto para que solo la mente y el corazón de cada persona que escucha (o lee), pueda descifrar.
Dejo en este pequeño escrito un video que subió a youtube, strummer356. ¿Qué mejor manera de resumir lo que Led Zeppelin es, que escuchándolos interpretar?
Gracias por leer.
Nota: El lugar de John Bonham (QEPD), baterista original, fue ocupado por su hijo Jason.
jueves, 29 de noviembre de 2007
De do do do, de da da da, es todo lo que quiero decirte
Words are hard to find
The only cheques I've left unsigned
From the banks of chaos in my mind
And when their eloquence escapes me
Their logic ties me up and rapes me
De do do do, de da da da
Is all I want to say to you
De do do do, de da da da
Their innocence will pull me through
De do do do, de da da da
Is all I want to say to you
De do do do, de da da da
They're meaningless and all that's true
Poets, priests and politicians
Have words to thank for their positions
Words that scream for your submission
And no one's jamming their transmission
'Cos when their eloquence escapes you
Their logic ties you up and rapes you
De do do do, de da da da
Is all I want to say to you
De do do do, de da da da
Their innocence will pull me through
De do do do, de da da da
Is all I want to say to you
De do do do, de da da da
They're meaningless and all that's true".
¿Cuánta gente dice miles de cosas que parecen coherentes sin que estas tengan realmente sentido?
Mentiría si dijera que fue esta la primer canción que escuché del trío británico “The Police”, pero recuerdo perfectamente que fue de las primeras porque cuando la escucho, la figura de mi abuela paterna, con algunos años menos, menos canas, su delantal de cuadritos azules y blancos y su pose de brazo derecho sobre la cintura en forma de jarra, se aparece frente a mis ojos diciendo: “¿De do do do, de da da da. Qué es eso? Lupe – dirigiéndose a mi tía la menor – apaga ese ruido”.
Como buen adulto mayor, mi abuela nunca le encontró sentido y mucho menos belleza a lo que sus hijos adolescentes escuchaban. Mi tía no apagaba la radio, solo bajaba un poco el volumen por un rato.
Yo era niña, tendría tal vez 9 o 10 años. Tampoco sabía lo que esas palabras querían decir, pero el ambiente de la canción me parecía divertido, tanto que lo tarareaba quedito desde mi cama en la parte baja de la litera para que mi abuela no me escuchara y se enfadara.
Nunca pasó por mi mente que algún día estaría de pie, a unos 35 metros de estos tres tipos geniales que enloquecidamente entonaban el “De do do do, de da da da”; mucho menos pensé que los vería bailar estas y otras canciones que con el paso del tiempo se agregarían al repertorio de mis recuerdos y que me contagiarían con su entusiasmo y buena vibra.
Sin duda fue todo un PRIVILEGIO haber podido ser testigo de la reunión de uno de los íconos más importantes y trascendentes que ha tenido el rock en lengua inglesa. Fue como vivir lo impensable, lo que solo ocurre en los confines de la imaginación de un cuenta cuentos.
Recorrí más de 560 kilómetros, con sus altas y bajas, estaba muy cansada por un día difícil en una ciudad ajena y complicada, pero cuando finalmente los vi, ese cansancio y fastidio comenzó a desvanecerse. Estaban tan cerca de mí que al cerrar mis ojos, mi mente todavía es capaz de reproducir los momentos vividos a su lado.
El clima fue benévolo, aunque por algún rato llovió, minutos más tarde, la luna se asomó por entre las nubes para regalarnos su esplendor en medio de las notas de “Roxanne” que entonaban Sting y los casi 50,000 admiradores que tuvimos la fortuna de estar ahí.
Es difícil poder transmitir todo lo que sentí la noche del 24 de noviembre de 2007, pues en unos instantes se conjuntaron: momentos de mi niñez “caminando en la luna”, el recuerdo de mi primer amor adolescente no correspondido mientras yo estaba pendiente de “cada respiro que daba”, mis brincos soñando que un chico dijera “todo lo que ella hace es mágico”, el instante en que conocí al “Rey del Dolor”, y el día que “me envolví en su dedo”. Fue como ver fragmentos de mi vida antes de morir y llegar al paraíso… sí, creo que eso fue, unas horas de éxtasis, éxtasis que sin duda experimentó cada corazón en aquel lugar, incluso aquellos que en principio no tenían idea de quien era “The Police”.
Además de momentos de ensoñación, esta experiencia me llevó de la mano a encontrarme con una nueva forma percibir la música de estos extraordinarios hombres. Durante mis años juveniles (más juveniles), mi fascinación se centraba solo en Sting; pues para mí, él era el genio que todo lo creaba, seguramente porque siempre lo que más llama la atención es ese timbre de voz tan peculiar que posee. Hoy que han pasado más de 20 años, puedo ver que “The Police” no es solo él y esto es maravilloso. Ahora soy capaz de darme cuenta que la magia no solo está en las letras que él haya escrito y que siempre me han parecido fascinantes e hipnotizadoras; definitivamente sin el sentimiento, la técnica y la creatividad que aportan Andy Summers en la guitarra y Stewart Copeland en la batería, mucho del encanto y majestuosidad de sus canciones estaría perdido en alguna dimensión desconocida.
Me encantó escuchar los arreglos en “Wrapped around your finger” y “King of Pain” y a Stewart luciéndose en lo que mejor sabe hacer: tocar percusiones.
Aprecié en toda su extensión la calidad musical y técnica de Andy, quien se pasó prácticamente todo el concierto frente a mí, me maravillé ante el virtuosismo y energía que transmitía Stewart y admiré todavía más, la calidad vocal de Sting a pesar de estar delicado de la garganta.
Eso se llama amor a lo que haces. Eso es lo que los hace grandes entre los grandes, porque a pesar de tener enormes diferencias entre ellos, han sabido enfrentarlas y superarlas para regalarnos un trozo más de sus vidas y dejarnos compartir con ellos, un poco de la nuestra.
Gracias chicos por hacerme escuchar “voces dentro de mi cabeza, ecos de cosas que ustedes dijeron”.
Con profunda admiración:
Anabell