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lunes, 27 de febrero de 2012

Seguir corriendo

Corrí por tantos años
en tantos lugares distintos.
En el bosque.
En la playa.
En el río.
En las calles y avenidas.
En surcos de maizales.
Corrí por tantos sueños sin alcanzar alguno,
sin saber siquiera que soñaba,
sin saber siquiera qué soñaba.
Corrí perseguida por mí misma
con el miedo colgando siempre de mis piernas,
a contratiempo del tiempo,
a contraflujo del viento,
tocando mi rostro con los dedos ciegos.
Corrí en las penumbras de las soledades,
en las humedades de los humedales,
entre laberintos
sin más guía que la de mis pasos
rotos.
Corrí.
Corro.
Sigo corriendo.
Seguiré...
pero hoy es distinto.
Hoy es sólo un pasatiempo
el tiempo.

sábado, 28 de agosto de 2010

Satisfacción

Así como me gusta llorar mis fracasos, me gusta celebrar mis triunfos.

Acabo de tener uno muy grande que significó un esfuerzo no tan grande.

Sí, suena raro pero la verdad es que todo fluyó. Me pregunto qué hay diferente en mí y sólo puedo decir que un poco más de madurez.

Y lo mejor de todo es que esta madurez me llegó en la juventud.

¿Verdad que vale la pena celebrar la madurez cuando aún eres joven?

jueves, 12 de agosto de 2010

Hoy... sin la venda en los ojos.

De un mes a la fecha me he estado reencontrando con gente de antes, con antiguos compañeros de vida. Fugaces unos, otros no tanto. De frente en una mesa de café, por teléfono, por Messenger, por Facebook. En general todos ellos fueron gratificantes. Todos menos uno.

Varias veces he hablado aquí sobre ese amor de juventud que me marcó por años y años. Con bombo y platillo puedo decir hoy que nada de eso queda ya. Parece que el tiempo se encargó de hacer eso que todos te dicen cuando traes mal de amores: todo lo cura, todo lo borra. Sé que puede parecer estúpido que venga a decir esto hoy, a casi veinte años de distancia; entonces sólo hay que recordar que soy un ser de pasados, que los atesoro y no los dejo ir tan fácilmente. Hace un par de semanas dejé en un par de fotos que me encontré en Facebook, todos los recuerdos: los buenos, los malos, los más o menos, los dolorosos, los eufóricos. Por primera vez en mi vida entendí lo que mis amigas se cansaban de decirme. La venda se me cayó de los ojos y pude percibir aquello que siempre me negué a mirar. Empecé a preguntarme entonces: ¿De quién estuve enamorada?, ¿a quién le permití mostrarme el amor con sus encantos y desencantos?, ¿a quién le regalé la primicia de mi piel?... ¿A él? ¿Al que aparece en esas fotos recientes? ¡No quiero! Preferiría seguir pensando que era un tipo simpático, guapo, sencillo y sensible, con ojos y boca de niño, con sonrisa de campo y manos de alquimista. La realidad me desagrada porque por primera vez lo veo como todos los demás lo vieron siempre... como era su esencia, sin todos esos oropeles que mis ojos nuevos y enamorados le adjudicaban en cada mirada.

Hoy puedo agradecer el sentirme finalmente liberada de él, pero ha empezado a dolerme la crudeza de la realidad, el fin del sueño, la caída de las murallas de ese recordar selectivo que tuve que construírme en torno a él para no sentir que mis primeras veces fueron un desperdicio porque las deposité en la persona incorrecta. Finalmente no sería yo si la historia tuviera un final feliz... esos no son para mí.

domingo, 9 de mayo de 2010

Sting y la noche de la magia

En mi vida hay, generalmente, pocos momentos de explosión, pocas oportunidades de que la adrenalina se me manifieste con esa intensidad estremecedora que hace falta, a veces, para ponerle sazón a la existencia. Ayer por la noche tuve un derrame de todo ello, ayer noche volví a ser testigo del milagro de las rolas de Sting en mi vida... ayer noche más que nunca.
El telón de fondo fue muy distinto a cualquiera anterior. He estado presente en cada uno de los conciertos de cada una de las giras que ha traido al músico de Newcastle a México: en 1991 con el Soul Cages, en 1994 con el Ten Summoner's Tales, en 2001 con el Brand New Day, en 2004 con el Sacred Love y en 2007 con el tour de reencuentro con The Police. Cada uno tuvo en su momento un impacto fuerte en mí, cada uno me trae recuerdos de momentos distintos de mi vida, de etapas dolorosas y felices, pero siempre en el clásico ambiente de fiesta de los conciertos masivos... en el Auditorio Nacional, en el Palacio de los Deportes, en el Foro Sol. Ayer noche todo fue distinto. El escenario fue un claustro maravillosamente engalanado, lleno de una extraña mezcla de individuos de la alta sociedad con fans de cepa con "artistas" de la farándula mexicana con gente que quién sabe por qué estaba ahí si no conocía más que una o dos de las maravillas musicales de Sting. Evidentemente para muchos fue una oportunidad de ver y dejarse ver, de caminar por la alfombra roja y aparecer luego en las revistas del corazón como personas altruistas y "comprometidas" con la causa de la educación en México. Mi naturaleza simple y la condición clasemediera de los últimos veinte años de mi vida me habían impedido verme en un ambiente similar en el pasado, digamos que fue la primera vez que estuve en un mismo lugar tanta "gente bonita", en un ambiente tan distinto y tan distante a lo que es mi vida cotidiana.
Siempre he dicho que las canciones de Sting y de The Police son como mi casa y ayer noche en eso consistió la magia: en corroborarlo, en darme cuenta de cómo en cuanto sonó el primer acorde de If I ever lose my faith in you todo lo distinto y lo distante se convirtió en territorio conocido, confortable y amado. La magia empezó a fluír, mi cuerpo a moverse, mi garganta a desgarrarse y mis pies, ampulados por los tacones necesarios para la ocasión y por las horas de espera en pie, a no sentir nada que no fuera una necesidad imperiosa de pegar de brincos. Una mezcla equilibrada de canciones de Police y de Sting en solitario me fue llevando de la mano por lugares, momentos y personas de mi vida, por euforias y felicidades, por mis amores y desamores. A diez metros de distancia pude ver que su rostro muestra las señales (que hace treinta meses no estaban ahí tan descaradamente) de unos sesenta años que se le acercan cada vez más y el bajo café descascarado que le acompaña desde hace tanta vida. El colofón de Roxanne me regaló el momento apoteósico de la noche, la piel de gallina y las ganas desesperadas de llorar mientras no podía parar de saltar con las manos en alto; Wrapped around your finger, Tea in the Sahara, The shape of my heart y Fields of gold me regalaron una deliciosa calma melódica y atiborrada de recuerdos; Every breath you take y King of pain, mis dos más grandes amores musicales "policiacos", fueron pura felicidad. Esos momentos hacen que valga la pena pagar el precio de cualquier boleto.
Cuando Fragile cerró la noche, las manos me dolieron de aplaudir, mis pies retomaron la conciencia de sus ampollas y del dolor por el atrevimiento de haber brincado dos horas con los zapatos inadecuados, mi garganta estaba seca, mis ojitos llenos de lágrimas felices y mi corazón eufórico. El camino al auto fue tortuoso, tanto que lo terminé descalsa. El regreso a casa fue en medio de ese silencio necesario para asimilar una experiencia musical que espero con toda el alma, se repita algún día.

martes, 27 de abril de 2010

Más de cinco mil días

Parece que no hace tanto, pero han pasado más de cinco mil días despertando a tu lado. Seguro que es por eso que cuando no estás el mundo se vuelve extraño. No todo ha sido sencillo, incluso ahora mismo hay muchas cosas que no lo son, pero quien crea que el matrimonio sólo se compone de buenos momentos vive una ilusión barata. Tampoco todo ha sido complicado, amarte es muy fácil, entre miles de razones, porque eres un hombre estupendo, leal, divertido y amoroso; porque me amas, me entiendes y me respetas. Con hombres como tú es sencillo enfrentar la vida. ¡Gracias por estos catorce años de amor!

lunes, 26 de abril de 2010

Ya supe dónde estuvo el error...

Después de algo así como treinta y tres años, descubrí el origen de muchas de mis inconformidades, miedos, frustraciones y resentimientos.

Me pasé esos mismos treinta y tres años pensando en que el problema estaba en otros cuando en realidad estaba en mí misma.

Había escuchado mucho decir aquello de "No juzguéis para que no seáis juzgados", pero creo que me tardé mucho en entender plenamente este concepto.

Ayer, Dios me dio un regalo. Como todas las cosas que él suele dar, llegó de sorpresa y fue algo que ni en mis más locos sueños pensé que se daría.

La venda se me ha caído de los ojos. No son las cosas que pasan a mi alrededor las que me lastiman sino la manera en que las miro… o mejor dicho, la manera en la que las he juzgado. Y no está mal; la justicia debe buscarse y defenderse a toda costa, el problema está cuando juzgas a las personas en lugar de juzgar sólo sus actos.

¡Gravísimo error!

Ya me lo había dicho mi maestro pero no le entendí.

Supongo que tienen que pasar muchas cosas antes de que puedas aceptar plenamente las realidades.

Hoy que lo sé y lo entiendo, me arrepiento de haber juzgado y no por miedo a ser juzgada pues es obvio que lo merezco. Me arrepiento porque juzgando alejé a mucha gente de mi vida porque no supe lidiar con los fantasmas que nublan la razón y el entendimiento.

Somos y estamos por una razón, no por casualidad, no por accidente, no por coincidencia y hay que buscar siempre estar bien durante el tiempo que dure nuestra vida.

¡De todo corazón, te pido perdón por haberte juzgado!

jueves, 25 de marzo de 2010

Canciones desfazadas en el tiempo

Hoy me apetece hablar de canciones, de esas desfazadas en el tiempo, de las que no existían cuando las necesitaba o de las que existieron mucho antes que yo misma y que en un punto de mi vida parecieron estar inspiradas en mi situación personal de ese momento.

Comenzaré con Creep de Radiohead. Ya sé que está bien choteada pero para mi gusto es maravillosa. Básicamente me remite a la cafetería del Tec, era ritual que cada que iba a almorzar introdujera una moneda en la rockola y la pidiera para sentir su compañía. Años después le puse una atención especial a la letra y descubrí que describe a la perfección lo que sentía por ahí de los catorce o quince años, cuando la rola aún no se le ocurría ni a una sola de las neuronas de Tom Yorke:

When you were here before,
couldn't look you in the eye
you're just like an angel,
your skin makes me cry.
You float like a feather
in a beautiful world.
I wish I was special
you're so fuckin' special
but I'm a creep,
I'm a weirdo
What the hell am I doin' here?
I don't belong here

Increíble la similitud entre esta letra y lo que me pasaba por la entraña, el corazón y la cabeza en aquel tiempo. Por una parte, el amor no correspondido, la idealización del objeto de mis sentires pubertos... para mí él era justo como un ángel, como una pluma flotando en un mundo maravilloso, que sólo existía, claro, cuando lo miraba aparecer en el salón de clases. Por otra, el deseo eternamente frustrado de ser correspondida, de ser especial para él. Y por último, esa falta de pertenencia que siempre sentí a lo largo de esos años, el reconocimiento de ser distinta a todos, ajena, la eterna pregunta ¿qué demonios hago aquí? que siempre se quedó sin respuesta.

Hay otra rolita que pareciera haber cruzado el tiempo para llegar a mí en el momento preciso. De Hernaldo Zúñiga, No tengo más patria que tu corazón. Un título largo pero que da una idea muy clara de su contenido lírico. Hace varios años que es una especie de himno de pareja entre mi marido y yo, pero hoy más que nunca cobra para mí un sentido asombrosamente realista, porque justo ahora, en este momento en que tecleo, no hay nada que se parezca más a lo que siento por el hombre que camina conmigo desde hace quince años...

... en lo pasado...

No tengo más himno que aquel que es tu voz,
hallarte fue un gozo mi mapa cambió.
Lamiste mi herida sin saber
que en medio de un mundo que anda mal
me diste el vigor para sonreir,
promueves mi calma,
da gusto vivir


... lo presente...

De la geografía que hay en ti,
me viene el aliento de escribir
Me encanta escalar,
tus montes y arar
Me abrigan tus huecos,
cuando hay tempestad.

No tengo más patria que tu corazón,
en esa mirada me cabe hasta el sol.
Si todo es mentira lo tuyo es verdad, color.
No tengo más patria que tu corazón
si todo se cae me queda tu amor,
me queda tu nombre que grito a todo pulmón.

... y lo futuro...

Mi única bandera ondea por tí,
si miro al futuro me gusta creer
que envejeceremos piel con piel
rodeados de nietos y ojalá
queriéndonos más o al menos igual
viviendo una casa a orillas del mar.

No tengo más patria que tu corazón
en esa mirada me cabe hasta el sol.
Si todo es mentira lo tuyo es verdad, color.
No tengo más patria que tu corazón...

Y toda la esperanza que puedo guardar en mi corazón en estos momentos oscuros de mi vida parece resumirse en dos líneas:

si todo se cae me queda tu amor
me queda tu nombre que grito a todo pulmón

Escritas antes de que hubiera cruzado con mi amor ni una mirada siquiera.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Que alguien me despierte cuando diciembre termine

Una vez más llegó diciembre, en medio de una especie de embrujo de tiempo que nos hace percibir que un año transcurre en un par de semanas. Ya he dicho antes que para mí las luces, los árboles adornados y todos los etcéteras que adornan el mundo occidental (o por lo menos su hemisferio norte) no hacen más que provocarme una especie de mini depresión, y éste que transcurre no podía ser la excepción.

A lo largo de mi vida (desde que abandoné la niñez) los diciembres me han significado todo menos fiesta: a los once años me pegó la varicela y pasé gran parte de las posadas, y la Noche Buena misma, obligada a una cuarentena con toda la soledad y aislamiento que eso supone; a los quince tuve el doloroso deseo incumplido de recorrer el típico tianguis navideño de la Industrial (si remotamente alguien, que tenga o haya tenido que ver con la zona de la Basílica de Guadalupe, lee esta loquera, sabrá de lo que hablo) con un amorcito frustrado de juventud; a los dieciocho una amiga "aderezó" mi cena de Navidad con la noticia de que mi reciente ex novio había vuelto con la niña con la que tronó para andar conmigo durante seis meses; a los diecinueve, veinte y veintiuno me pasé toda la temporada navideña luchando con el fantasma de carne y hueso de ese mismo ex por todo el Puerto de Veracruz; a los veinticuatro comenzó el viacrucis (finalizado a mis treinta y tres) de las hospitalizaciones anuales recurrentes, sino de mi hijo, de mi hija, bien por neumonía, bien por bronquiolitis, bien por rotavirus, bien por apendicitis pero siempre en los últimos días de Diciembre; en ese mismo período la soledad era nuestra constante como familia, muchas noches de Navidad y Año nuevo la pasamos los cuatro solos, lejos del resto del clan a causa de la distancia y de que el trabajo de entonces no nos permitía el tiempo suficiente para trasladarnos a los lugares de reunión familiar; a mis treinta y cuatro, mi hija recién operada de mastoidectomía tuvo una complicación infecciosa y cada uno de los últimos días de diciembre lo pasamos inmersos en la angustia de las dolorosas curaciones y de la incertidumbre sobre si servirían de algo o si sería necesaria una nueva cirugía. El fin de año de mis treinta y cinco me dio una tregua pero éste que transcurre me ha mostrado su feo rostro desde su mismo comienzo, así que a pesar de mis intentos no logro contagiarme del espíritu festivo, por el contrario, quisiera dormir ahora mismo y, como dice la canción de Green Day, que alguien me despierte cuando diciembre termine (sí ya sé que la rola dice "septiembre", pero permítanme el beneficio de la "licencia literiaria").

viernes, 29 de mayo de 2009

La última y nos vamos

Como seguramente mucha gente en el mundo, yo conocí a mi hoy marido en el trabajo.
Recuerdo que fue hace casi 11 años cuando entré a la compañía a sustituir a una chica (mi mejor amiga) porque se iba a vivir a Italia por un tiempo.
Mi amiga no sólo me heredó el trabajo con sus responsabilidades y beneficios, también me heredó a su grupo de amigos entre los cuales estaba quien se convertiría en el hombre de mi vida.
Escribir sobre esa historia es largo así que me limitaré a decir que hoy se cierra un ciclo en nuestra vida sentimental porque ha llegado el momento de despedirnos del lugar que vio nacer nuestro amor.
Yo me fui de la empresa cuando nació nuestro segundo hijo hace poco más de 6 años, pero no me fui del todo porque estando él ahí, de alguna manera yo seguía presente. Asistía a todos los eventos de la compañía (pic nics, "open house", posadas, "halloween" y lo que se presentara) y de cuando en cuando lo acompañaba a comer después de recoger a los niños de la escuela.
Con el pasar de los años, mucha gente se fue y otra nueva llegó pero a pesar de los cambios, siempre encontré una cara amable y en algunos casos hasta una sonrisa, un apretón de manos o incluso un abrazo.
No puedo decir que nunca más recorreré esos rincones amados donde mi marido fumaba y yo lo acompañaba, pero sé que las probabilidades de estar ahí ya son muy escasas.
Por mucho que se amen las rutinas que nos dan seguridad, no podemos quedarnos anclados a nada ni a nadie. El amor por la camiseta existe y siempre existirá, además del agradecimiento porque todo lo que hemos hecho ha sido gracias al trabajo que ahí tuvimos.
Fuimos tocados por mucha gente a lo largo de todos estos años y eso es algo que por lo menos nosotros, no somos capaces de olvidar ni mucho menos de dejar de agradecer.
Hoy nos echamos la última antes de irnos a buscar nuevos horizontes y a vivir nuevos momentos en otra parte con otros retos, otras personas y otras ilusiones.
Hoy cerramos un ciclo que fue muy hermoso y al que recordaremos siempre con mucho cariño.
¡Gracias Bill H., gracias Dave P.!

lunes, 6 de abril de 2009

Un cuarto de siglo

Ya ha pasado un cuarto de siglo y cientos de cosas desde aquel día negro.

Yo no acostumbro a recordarlo. Es normal porque no me pasó a mí y porque estoy ciega a las huellas que te dejó el destino.

Quisiera ser hechicera para cambiar el rumbo de las cosas y ser capaz de devolverte lo que el infortunio te quitó... pero tristemente no puedo más que ser testigo de tus esfuerzos por vivir bien con esto.

Ojalá hubiera un remedio completo para resucitar ojos muertos.

sábado, 7 de marzo de 2009

De Sabines, rolas e interludios

Esta noche es de interludios empolvados que salen de los cajones y vuelven a sonar como antaño; de poemas de Sabines hace tanto no leídos, a los amorosos, a las mujeres desnudas envueltas en humo de cigarrillo después de follar hasta la locura, tan llenos de palabras crudas y coloquiales sumergidas en la meticulosa perfección de su sintaxis, una tras otra, de tal manera que tocan hasta la más esquiva de las emociones. Esta noche es de esas en las que viejas canciones vuelven con su embelezo y sus recuerdos para permitirme redescubrirlas y cantarlas de nuevo. Esta noche es de magia solitaria, de soledad escogida. Esta noche es mía.

viernes, 13 de febrero de 2009

La voz del pasado

Hace dos días irrumpiste de nuevo en mi vida, con todo y tu voz, con todo y la sorpresa enorme de un reencuentro jamás pensado ni esperado. Durante poco más de dos años fuiste el centro de mi vida, el eje de un anhelo doloroso por imposible, la razón de una sinrazón constante y giratoria que se tragaba todo lo que, a mis quince años, era capaz de sentir.
El caso es que hoy estás aquí de nuevo, derrumbándome la certeza de tu añeja indiferencia con una confesión sorpresiva y "encogetripas". Tú me gustabas, tú también, yo quería que fuéramos novios, yo también, nunca te lo dije, tampoco yo. Y así se nos fueron veinte años en los que cada quien encontró a su cada cual, en los que tú conseguiste tus sueños profesionales y yo me quedé a la mitad, en los que yo formé una familia sólida y tú has preferido la soledad, en los que uno siempre pensó que el otro nunca pensó ni sintió.
La consecuencia: una mezcla de rabia con la clásica melancolía del hubiera, una tarde de recuerdos y catarsis, un "lástima" por las lágrimas inútiles y los besos nunca dados, por las manos que nunca se juntaron. Y no me queda más que darte las gracias por permitirme cerrar el que siempre pensé mi ciclo y que ahora sé que fue, en algún punto de aquellos años preparatorianos, de los dos; pero sobre todo, mil gracias por haberme presentado a esos tres que a lo largo de este tiempo me han musicalizado la vida.
Gracias por haber convertido al pasado en presente por unos minutos en los que esas cicatrices dejaron de ser queloides para no volver a serlo nunca más.

martes, 20 de noviembre de 2007

Nuevas versiones

Un cigarrillo, no el mismo de entonces. "Nena", una diferente, nueva, actual... pero la misma en esencia, la misma que escuché cientos de veces. La carretera abriéndose ante mí en medio de la oscuridad, igual a la de hace quince porque me llevará al mismo destino, pero también nueva y diferente a la de entonces, a la que bañé con mis lágrimas de ida y de vuelta. Tu foto en el periódico, una que te muestra distinto pero no nuevo, una que me ha embarrado en la cara que el tiempo pasa para todos, y que ni tú, ángel idealizado tantas noches, puedes escapar de él. Seguramente tampoco yo y me pregunto, mientras hundo a fondo mi pie en el acelerador, si me veré igual, con todos los años del mundo a cuestas. Echo un vistazo al retrovisor y me devuelve una lozanía que comienza a dejar de serlo. Suspiro con algo de alivio y me lanzo a la oscuridad con las ventanillas abajo para dejar que el viento frío me congele. Esta noche he visto varias nuevas versiones de las cosas de antes.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Ocho tiempos

Ya Anabell ha hablado del tiempo, de la rapidez con la que se mueve y de su condición de tesoro no renovable.

Hoy quiero, por primera vez, que el tiempo pase rápido, que si cada día es un tiempo, los ocho tiempos que siguen a partir de ahora se vuelvan segundos para después detenerse un poco y volverse lentísimos por un par de horas. Sé que no puedo manipular el tiempo pero ¿quién ha pagado por desearlo?