domingo, 21 de febrero de 2010

Prueba no superada

Hace apenas unos días que terminé uno de los periodos más complicados que he tenido desde la segunda mitad del año pasado. Se supone que era un acto de caridad para alguien cercano y muy necesitado pero para mí significó: un castigo, una condena y una maldición.

Y es que en un mundo lleno de necesidades y de necesitados, es tan fácil decir: "Yo no puedo ayudar en este momento. Estoy lleno de necesidades, mejor que alguien venga y me ayude a mí".

¿Mezquino? Sí, seguramente lo es porque he visto a muchos que no tienen nada, salir a buscar y no para ellos sino para los que lo necesitan más.

Falle la prueba y me siento llena de vergüenza. Di mi ayuda sí, pero renegué a cada paso y todo el tiempo me sentí como Michael Corleone en The Godfather III cuando dice: "Just when I thought I was out... they pull me back in."

A veces pienso que la vida es una cadena eterna de pruebas que están predestinadas al fracaso, pero luego me pregunto si tendría algún sentido pasarla sin tener nada por mejorar o si todo fuera tan simple como subir o bajar un switch.

Lo que me queda de todo esto es que me hace mucha falta practicar el perdón y la caridad. Curiosamente ninguna de estas dos cosas estaban en mi lista de necesidades cuando me pidieron ayuda. Supongo que todo esto pasó para que me percatara de ello. ¡Vaya ironía! Quien no se merece nada por su corazón mezquino, al final hasta sale beneficiada.

Hoy lo único que le pido a Dios es que me ayude a procesar esos sentimientos que me impiden ver con claridad el verdadero objetivo dentro de la obra divina; que lo que pasa en la vida no es una condena aunque lo parezca, que todos tenemos nuestra dosis de lucha, de dolor y de necesidad y que la procesamos de muy variadas maneras.

Me esmeraré para revertir los efectos de este fracaso, se lo debo a mi padre eterno.

viernes, 12 de febrero de 2010

El poeta de Marina Nacional

Media tarde de un martes ajetreado; calor, tráfico, prisas. En el cruce de Marina Nacional y Circuito Interior me encuentro sus ojos claros, grandes, expresivos. Canto poemas por una moneda, me dice y empieza a recitar con aire de gran poeta, detrás del cubrebocas azul que combina con sus iris, algo que se parece más a un refrán, no de los trillados sino de los que la vida enseña a su paso lento y doloroso. ¿Cómo llegó a allí?, ¿qué hacía antes?, ¿qué miraron sus ojos en su lejana juventud?, ¿cuántos de sus poemas reciben monedas y cuántos muecas y vidrios cerrados?, ¿cuánto se debe pagar por sus versos? Tal vez veinte pesos no sean suficientes... seguramente no lo son pero supongo que significan un kilo de tortillas y un refresco, y supongo también que es mucho más de lo que está habituado a recibir.
Me siento miserable. Un poema no vale veinte pesos y lo sé; lo que no sé es qué otro precio pude haber pagado.

viernes, 22 de enero de 2010

De música y televisión

El fin de semana pasado fueron los "Golden Globe Awards" y como me encantan este tipo de eventos, pensé en venir hablar al respecto (igual y lo hago más adelante), sin embargo de último minuto cambié de parecer y decidí hablar del teletón que organizó George Clooney: "Hope for Haiti Now".

Como siempre que un desastre mayor se presenta, las estrellas del mundo del cine, la televisión y la música, se reúnen para hacer grande eventos de caridad en busca de recursos para ayudar a quienes viven las tragedias.

Muchos pensarán que es un escaparate para lucirse como filántropos (y tal vez estén en lo cierto); que si viven en mansiones de varios millones de dólares, que si gastan en carros carísimos, que si son dueños de islas donde vacacionan, ¿por qué no dan su propio dinero para ayudar?

Evaluando las circunstancias pensaríamos que es un beneficio que trae detrás una ganancia. No cobran al trabajar en eventos de caridad, pero esos honorarios no recibidos se convierten en ventas de discos, boletos de conciertos, de cine y en cientos de otros artículos que los fans adquirimos porque fulanito nos cae re-bien y porque además es altruista.

No lo sé y la verdad no me importa porque los motivos por los que cada quien hace las cosas son asunto de ellos mismos y tal vez lo compartan con Dios.

Durante el 2009 aprendí que no importa lo que hay detrás, siempre que se haga el bien debe agradecerse.

Cada quien, de acuerdo a sus posibilidades, capacidades y deseos, hace lo que puede y eso, por grande o pequeño que sea puede hacer la diferencia.

Al principio del programa George preguntó: ¿Por qué ayudar ahora a un país donde la gente vive con menos de 10 dólares al día? Porque quien sea que pase por un momento como este, debe recibir la mano, es una cuestión de humanidad.

Cuando pasó el terremoto pensé si esto significaba que a los hermanos haitianos les habían matado la vaca. Si no se saben la historia de la vaca, la pueden encontrar aquí: http://bluenazgul.blogspot.com/2007/11/el-cuento-de-la-vaca.html

El caso es que tal vez esto tiene que pasar para que esta gente de un salto al progreso que tanta falta les hace. Tal vez lo mejor es empezar de cero.... por duro que pueda parecer, no están solos Dios está con ellos en la forma de cada uno de los que donan, buscan entre los escombros, curan, consuelan, alimentan, limpian y los que reconstruirán.

Gracias Dios porque estamos vivos y porque si algún día lo necesito, seguramente habrá alguien que me tienda la mano.

Esto es lo bonito de la tele que amo.

¡Gracias por ayudar a quienes lo necesita, aún si no se los piden!

http://www.hopeforhaitinow.org/default.htm

Transmitido en vivo por MTV, VH1 y por internet en Youtube.

miércoles, 20 de enero de 2010

El recuento tardío

Es costumbre hacer un recuento de experiencias al final de cada año, realizar un balance de las acciones, los avances, los retrocesos, los momentos felices y los desdichados, los poemas descubiertos y los olvidados, los libros leídos y las canciones escuchadas, las personas que llegaron y las que se fueron. Es costumbre, también, hacer una lista de propósitos cuando el nuevo año comienza, promesas, sueños a materializar, personas a dejar de odiar, malos hábitos que mandar por el caño, cremas que untarse contra las arrugas, dejar de envejecer.
Este fin e inicio de año no tuve tiempo ni para el recuento ni para los propósitos, es por ello que vengo hasta hoy a tratar de darle forma a lo que pienso que fue importante para mí en el 2009. Creo que lo más importante es que descubrí mi fuerza interior, vencí el añejo vicio de la victimización y mandé al carajo la eternidad de mis dolencias del alma. Sí. Sé que puede sonar contradictorio dadas mis últimas entradas en este espacio que suenan a una lamento sin fin hacia el pasado fundamentalmente, pero bueno, todos tenemos recaídas de vez en cuando ¿no? Creo también que aprendí a quererme un poco más, a gustarme, a verme en el espejo y encontrar puntos positivos (la juventud aún no me abandona del todo aunque amenace seriamente con hacerlo cada día), aprendí a entender que lo que para mí significa un defecto para alguien más que me mire puede ser una virtud. Dejé ir fantasmas de mi adolescencia y le di la bienvenida a otros de mi madurez, me di cuenta de que si sonrío en las fotos salgo más bonita y de que en las espontáneas no siempre salgo tan mal, descubrí que puede gustarme un hombre feo, sentí por primera vez una tensión sexual imposible de liberarse. Me enamoré más de mi marido y adquirí el hábito del ejercicio. Me volví madre de una adolescente y creo que no lo hice tan mal.
En fin, que parece que la lista es más larga de lo que pensaba. La dejaré hasta aquí y sobre los propósitos sólo diré que buscaré a toda costa ser mejor madre, esposa, hija, hermana, amiga, en resumidas cuentas, ser mejor mujer.
¡Feliz 2010!

De regreso

He vuelto de mi viaje y al leer mi entrada anterior me sorprende lo paranoica que puedo llegar a ser a veces. Fui y vine y ni el mundo se acabó ni la catástrofe financiera se nos echó encima ni ningún avión se cayó, y sí conocí un chorro de pueblos medievales hermosos, volví a Roma una vez más y a Venecia después de veintidós años, me atiborré de prosciutto, mozzarela, parmeggiana, biscoti, vin santo, limoncello, piadinas, café, latte makiato, tartuffo, crostinis, focaccias, cocoli, risoto, bisteca y un largo etcétera de delicias culinarias que sólo de acordarme me dan ganas de tomar un avión de regreso; conocí un poco más de cerca, y con una alta dosis de verdad, la realidad cotidiana de los florentinos, y descansé por tres semanas de los dos millones de broncas que me atacan cada día.
Aún no estoy lista para el recuento de las anécdotas, o tal vez sólo sea que soy floja y no encuentro cómo demonios resumir en unos cuántos párrafos una avalancha semejante de experiencias; lo más probable es que se las cuente a mis amigas por teléfono o si hay la ocasión de tomar un cafe (¡americano gracias a Dios!). Ya veremos. Lo importante por ahora es que estoy de regreso, sana, salva y feliz.

martes, 12 de enero de 2010

Para empezar el año, tiempo de soltar...

Hay ciertos puntos en la vida que son propicios para hacer a un lado la rutina y entregarse un instante a la paz que te lleva a la reflexión.

En uno de esos instantes llegué a la conclusión de que soy demasiado aprensiva y que este estado de constante preocupación de todo y por todo, es lo que más me desgasta. Sí, más incluso que los propios problemas o las dificultades de la vida.

Hace un par de semanas mi marido recogió a una gatita que estaba perdida y que los niños de mi cuadra estaban mojando (por consejo de una vecina) para que se fuera.

La secó y el animalito se quedó tan tranquilo y en paz, que mi marido pensó que sería bueno que la conserváramos hasta que apareciera su dueño. Hasta ahora nadie la ha reclamado y, aunque se ha salido un par de veces de la casa, la gatilla juega, se divierte, se acurruca, corre y maúlla por todos lados. Pareciera como que la vida en la casa le ha sentado bien.

Me gusta hacer el bien a los animales porque siento que son los que más se merecen de nuestro respeto y compasión porque están muy por debajo de nuestra inteligencia y capacidades, pero como por cada animal que recoges, hay mil o millones en desamparo y/o peligro, prefiero mantenerme al margen. Ya saben aquello de "Ojos que no ven, corazón que no siente".

Si algo importante aprendí en el 2009 es que no es cerrando los ojos como los males desaparecen y que, por increíble que parezca, los males son necesarios para que no se pierdan ciertos bienes que sólo pueden darse a raíz de su contra parte.

Así pues, he decidido hacer algo por quien pueda o por lo que pueda...

Hace más o menos un mes o mes y medio, el perrillo que vivía a tres casas de la mía fue atropellado. Siempre pensé que algo así pasaría porque el animalito constantemente se salía de la casa y andaba por todo el fraccionamiento, y hay que reconocer que no toda la gente respeta a los animales, si ni siquiera tiene conciencia para manejar con prudencia por las calles de un lugar lleno de niños que juegan con sus bicicletas y patinetas.

De pronto ves que este mundo está lleno de peligros y temes por las mascotas, pero también temes por los hijos. Esos chiquitos inocentes que no saben la cantidad de maldad que los rodea hasta que la vida los empieza a hacer víctimas de ella.

Qué difícil es entender que todos tenemos una vida para vivirla y que nadie puede vivirla por nosotros. Que los problemas y los males son inherentes a la vida misma y que si la mascota se va y sufre los riesgos propios de la vida en la calle, si los hijos sufren y se caen, no es algo que puedas evitar del todo.

Hay que enseñar, dar amor y dejar que cada quien viva de acuerdo a sus capacidades... después de todo, tú ya has vivido con las tuyas.

Hoy aprendí que no puedes vivir preocupado permanentemente por las cosas que están fuera de tu control, en cambio sí debes disfrutar lo que tienes, mientras lo tienes. Ellos estarán algún tiempo bajo tu responsabilidad, es cierto, pero no son de tu propiedad.

No tengas miedo... es momento de soltar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Los abandonados

"¡Cómo me dan pena las abandonadas,
que amaron creyendo ser también amadas,
y van por la vida llorando un cariño,
recordando un hombre y arrastrando un niño!..."

Recuerdo que así rezaba el poema de Julio Sexto que mi madre solía escuchar en la voz de Manuel Bernal cuando yo era niña.

Mi marido dice que en mi familia somos tirados al drama porque nuestra vida ha sido material digno de una película de Emilio el Indio Fernández, protagonizada por una Dolores del Río, una Marga López o una Libertad Lamarque en compañía de alguno de los hermanos Soler o de Joaquín Pardavé.

Sí, seguramente por eso me dan pena las abandonadas... y los abandonados también.

Muchas veces me he sentado a pensar en cuál es la verdadera razón por la que vengo aquí a vaciar el sentimiento, la reflexión, el dolor, la alegría, el coraje, la desolación, la emoción y todas las cosas de las que suelo hablar.

Aquí casi nadie me conoce y por esa razón creo que no siempre tienen sentido mis palabras más que para mí misma, para la amiga con la que comparto este espacio y para una o dos amigas que sé que de vez en cuando vienen a leer.

¿Compartir? Durante algún tiempo pensé que este espacio servía para compartir pero, ¿realmente tengo algo qué compartir?

La verdad es que no lo sé. Hablo porque tengo algo qué decir y creo que a estas alturas de la vida no necesito justificación para hacerlo. Simplemente ahí está para el que quiera tomar algo si le sirve y lo que no, pues que lo pase de largo.

De repente miro mis propios proyectos y veo que en algún momento los he abandonado. Casi siempre porque siento que no tiene caso seguir adelante con sueños que a nadie le importan.

En el recuento de lo que hice durante el 2009 me encuentro con que dejé pasar mucho tiempo antes de venir a dejar alguna entrada en este espacio. Siempre tengo algo qué decir, pero a veces no tengo tiempo, a veces no tengo ánimo y en ocasiones no tengo seso para expresar correctamente las ideas.

En fin... ¡Qué importa si lo que digo son tonterías o cosas sin sentido! Para mí, expresar lo que siento es comolanzar al viento la voz de la persona que vive aquí adentro y que es más que una hija, una esposa, una madre, una amiga o una trabajadora.

Que no sea yo, la primera en abandonar mis sueños.