Con la bonita sorpresa que nuestra amiga Raelana Dsagan, escritora española y autora en el blog Escrito en Agua, nos ha otorgado el premio Liebster Blog.
¿De qué se trata Liebster Blog?
Son una iniciativa destinada a promocionar pequeños blogs, en cuanto al número de visitas se refiere, a través de una cadena de premios simbólicos que los propios bloggers otorgan. Es decir, cada blogger que recibe el premio en reconocimiento a su blog debe, a su vez, otorgar u nombramiento igual a otros cinco blogs de su elección.
Sólo debe cumplir unas simples normas:
1. Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.
2. Premiar a tus cinco blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario en sus entradas para notificarles que han ganado el premio.
3. Confiar en que continúen la cadena premiando a su vez a sus cinco blogs preferidos.
Aprovechando la ocasión, agradecemos a Raelana que sea seguidora de este blog donde mi tocaya y su servidora, compartimos nuestra forma de ver la vida y las experiencias que mojan la tierra.
Gracias a l@s lectores que nos honran con su compañia en esta maravillosa aventura que ha sido escribir en este blog.
Ahora, a buscar a los blogs para otorgarles el premio. En una futura entrada los verán por aquí.
Un abrazo con aprecio.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Premios Liebster Blog
lunes, 23 de abril de 2012
Rocío...
Cuando era niña odiaba mi nombre. Las niñas del pueblo se llamaban Juana, María, Enriqueta, Gabriela, Silvia, Rosa, Josefina. Anabel era algo extraño, algo distinto, algo que sonaba como a caricatura, como a Sandybell o algo por el estilo. Anabel no estaba en el calendario de Galván que mi abuelita compraba religiosamente cada enero, en ese librito estaban escritos todos los nombres del santoral; así, cada niño que nacía debía llevar el nombre del santo que se festejaba ese día. Un año sí y otro también lo leía completo con la esperanza de que ocurriera una especie de milagro y de pronto mi nombre apareciera en alguna de sus páginas, otorgándome además de la sensación de que mi nombre no había salido de una caricatura, la bendición de tener "un día de mi santo". Todos tenían uno menos yo.
Mis papás me contaban que antes de decidir ponerme Anabel, les gustaba el nombre de Rocío. Rocío Cerón Cortés, repetía en un cuaderno viejo en el que jugaba a hacer planas (como en la escuela) con ese nombre que se festejaba el once de abril.
Los años me regalaron la reconciliación con mi nombre, no sin una buena dosis de frustración a lo largo del camino, sobre todo en la adolescencia. La adultez me enseñó que tener un nombre poco común no es tan malo como siempre creí, y que muchas más personas en el mundo se llaman Anabel además de mí, como siempre dudé. He tenido la oportunidad de conocer a varias tocayas, mujeres extraordinarias y bellas que llevan nuestro nombre con gran porte y dignidad. Hoy sé que Anabel proviene de Anna y Bella, del hebreo y del latín que fusionados consiguen un hermoso significado "La bella llena de gracia", o algo así.
Curiosamente hoy me volví a encontrar con Rocío, con Rocío Cerón. Con una Rocío Cerón escritora, poeta, artista. Con una Rocío Cerón que hace lo que, tarde descubrí, me habría gustado hacer. Me ha resultado dolorosa la coincidencia. Dice mi hermana Vianey que el universo es sabio, que pone a cada quien en el lugar que le corresponde. Tal vez tenga razón y por eso no me llamé Rocío. Tal vez dos Rocíos escritoras, poetizas y artistas habrían sido demasiadas. Tal vez por eso me llamé Anabel, porque no sería ni una ni la otra ni la otra, ni Rocío ni escritora ni poetiza ni artista.
Mis papás me contaban que antes de decidir ponerme Anabel, les gustaba el nombre de Rocío. Rocío Cerón Cortés, repetía en un cuaderno viejo en el que jugaba a hacer planas (como en la escuela) con ese nombre que se festejaba el once de abril.
Los años me regalaron la reconciliación con mi nombre, no sin una buena dosis de frustración a lo largo del camino, sobre todo en la adolescencia. La adultez me enseñó que tener un nombre poco común no es tan malo como siempre creí, y que muchas más personas en el mundo se llaman Anabel además de mí, como siempre dudé. He tenido la oportunidad de conocer a varias tocayas, mujeres extraordinarias y bellas que llevan nuestro nombre con gran porte y dignidad. Hoy sé que Anabel proviene de Anna y Bella, del hebreo y del latín que fusionados consiguen un hermoso significado "La bella llena de gracia", o algo así.
Curiosamente hoy me volví a encontrar con Rocío, con Rocío Cerón. Con una Rocío Cerón escritora, poeta, artista. Con una Rocío Cerón que hace lo que, tarde descubrí, me habría gustado hacer. Me ha resultado dolorosa la coincidencia. Dice mi hermana Vianey que el universo es sabio, que pone a cada quien en el lugar que le corresponde. Tal vez tenga razón y por eso no me llamé Rocío. Tal vez dos Rocíos escritoras, poetizas y artistas habrían sido demasiadas. Tal vez por eso me llamé Anabel, porque no sería ni una ni la otra ni la otra, ni Rocío ni escritora ni poetiza ni artista.
domingo, 8 de abril de 2012
El camino andado
Vuelvo la mirada hacia atrás, hacia el camino andado. Poco más de un año ha pasado desde que abrí los ojos y me hice consciente de mi propia existencia, de mi sitio en el mundo, de lo que puedo y no cambiar, de los costales de culpa que he cargado desde que di el primer paso de mi andar por esta vida que, a pesar de contar con treinta y ocho años en su haber, comienza apenas a ser mía.
Vuelvo los ojos y miro, los cadáveres de mi ceguera, los restos de mi me-considero-tan-poquita-cosa, la sombre de mi no-digo-lo-que-siento-y-pienso. Miro a mi yo-niña bastante recuperada, "mejorcita" como diría mi abuela materna; sonríe un poco y no puedo hacer menos que devolverle la sonrisa. Miro a mi yo-adolescente y por primera vez no es dolor y vergüenza lo que me acomete, se siente bien ese hálito de auto aprecio que le sale de los ojos, esa nueva mirada que se dirige a sí misma en el espejo que sostiene con su mano derecha. Varias de sus heridas han cerrado, ahora sí, de forma definitiva; otras siguen en proceso, pero ese proceso ha dejado de ser doloroso. Los amores truncos ya no duelen, ni los amigos que no quisieron quedarse.
No puedo hablar de una existencia de pura luz. Quedan sombras. Muchas. Quedan miedos y dolores y reproches y cientos de pequeños mounstros que seguirán al acecho, pero la vida también se compone de eso, y trato de enfrentarlos, he dejado de darles la vuelta. Supongo que es lo que seguiré haciedo cada uno de los días que me quedan. No puedo presumir de un optimismo a ultranza ni de falta de días nublandos. No puedo decir que no hay días en los que grito PORCA MISERIA más de la cuenta. No puedo decir que he aprendido a poner la otra mejilla. Pero sigo en el intento de encontrarme, de soltar lo que me duele, de procurarme una vida en la que la constante sean mis propias decisiones y el asumir las consecuencias, buenas o malas. Sigo en el intento de ejercer ese poder recién descubierto de decidir cómo quiero que me afecte lo que sucede afuera. Sigo aprendiendo.
Vuelvo los ojos de nuevo a mis pasos, hoy venturosamente más confiados.
Vuelvo los ojos y miro, los cadáveres de mi ceguera, los restos de mi me-considero-tan-poquita-cosa, la sombre de mi no-digo-lo-que-siento-y-pienso. Miro a mi yo-niña bastante recuperada, "mejorcita" como diría mi abuela materna; sonríe un poco y no puedo hacer menos que devolverle la sonrisa. Miro a mi yo-adolescente y por primera vez no es dolor y vergüenza lo que me acomete, se siente bien ese hálito de auto aprecio que le sale de los ojos, esa nueva mirada que se dirige a sí misma en el espejo que sostiene con su mano derecha. Varias de sus heridas han cerrado, ahora sí, de forma definitiva; otras siguen en proceso, pero ese proceso ha dejado de ser doloroso. Los amores truncos ya no duelen, ni los amigos que no quisieron quedarse.
No puedo hablar de una existencia de pura luz. Quedan sombras. Muchas. Quedan miedos y dolores y reproches y cientos de pequeños mounstros que seguirán al acecho, pero la vida también se compone de eso, y trato de enfrentarlos, he dejado de darles la vuelta. Supongo que es lo que seguiré haciedo cada uno de los días que me quedan. No puedo presumir de un optimismo a ultranza ni de falta de días nublandos. No puedo decir que no hay días en los que grito PORCA MISERIA más de la cuenta. No puedo decir que he aprendido a poner la otra mejilla. Pero sigo en el intento de encontrarme, de soltar lo que me duele, de procurarme una vida en la que la constante sean mis propias decisiones y el asumir las consecuencias, buenas o malas. Sigo en el intento de ejercer ese poder recién descubierto de decidir cómo quiero que me afecte lo que sucede afuera. Sigo aprendiendo.
Vuelvo los ojos de nuevo a mis pasos, hoy venturosamente más confiados.
lunes, 27 de febrero de 2012
Seguir corriendo
Corrí por tantos años
en tantos lugares distintos.
En el bosque.
En la playa.
En el río.
En las calles y avenidas.
En surcos de maizales.
Corrí por tantos sueños
sin alcanzar alguno,
sin saber siquiera que soñaba,
sin saber siquiera qué soñaba.
Corrí perseguida por mí misma
con el miedo colgando
siempre de mis piernas,
a contratiempo del tiempo,
a contraflujo del viento,
tocando mi rostro
con los dedos ciegos.
Corrí en las penumbras
de las soledades,
en las humedades de los humedales,
entre laberintos
sin más guía que la de mis pasos
rotos.
Corrí.
Corro.
Sigo corriendo.
Seguiré...
pero hoy es distinto.
Hoy es sólo un pasatiempo
el tiempo.
el tiempo.
martes, 7 de febrero de 2012
Para bien o para mal
Cuánto sufrimiento nos ahorraríamos si naciéramos sabiendo que cada persona es la única responsable de sí misma, si dejáramos de pretender saber lo que conviene al otro, lo que necesita, lo que es "mejor para él". Sin embargo no es así. La vida es la que te va enseñando, la que te va acomodando las ideas por el camino mediante métodos poco ortodoxos y, a veces, hasta salvajes. Aun así, la mayoría nos resistimos. Algunos vamos comprendiendo, otros no lo logran jamás y se mueren con la suya. No es sencillo. Me ha tomado casi cuarenta años entenderlo, pero, para variar, mis hijos entraron al quite y en plena adolescencia me enseñan minuto a minuto que no puedo ser la dueña de sus ideas y sueños y temores y metas, que tengo la obligación de respetarlos, de aceptarlos con el paquete completo y complejo que traen dentro, de guardar para mí misma lo que creo que es "lo mejor para alguien". Y es que hay tantas concepciones de "mejor" como personas en el planeta. ¿Cómo podríamos ser el oráculo que otorga sabiduría infinita y, con justicica salomónica, muestra a cada quien ese camino que "se debe seguir"? Imposible. Así que, con todo el trabajo que trae consigo esa decisión de respetar conductas o decisiones que no entiendo ni comparto, hoy asumo mi papel de espectadora, me bajo del púlpito y de la palestra, dejo de ser juez y me vuelvo parte. Porque cada uno de nosotros tiene la obligación de asumir su propia vida, para bien o para mal.
viernes, 3 de febrero de 2012
Debo decirlo
Debo decirlo. Te extraño. Me revienta la necesidad de saberme parte de ti, de tu vida. Me dueles, inevitable realidad. Me punza como daga en el vientre la inconsolable disparidad de tiempos y espacios, los que fueron por su existencia, los que no, por su inmaterialización. Es cíclico y alterno, en las instancias internas, las de mis sueños, y en las de afuera, las del mundo, las que se rigen por leyes newtonianas; y a la vez constante, perenne, interminable.
Te extraño. Debo decirlo. Debo gritarlo en silencio, en mi bolsa de pan de estraza.
lunes, 24 de octubre de 2011
Cambiando paradigmas
Hace poco más de diez años, tuve la enorme fortuna de toparme con un tipo que daba un curso que manejaba el concepto de romper paradigmas.
¿Por qué las cosas son de un modo determinado? Si me preguntan, existe mucho más de lo que vemos y seguramente en el futuro existirá mucho más de los que nuestros ojos alcanzarán a ver.
Hace cien años no había televisión y ahora ya existe una que transmite imágenes en 3ra. dimensión. Ya no sólo podemos ser testigos casi presenciales de hechos y sucesos que ocurren lejos de nuestro campo de acción físico, ahora podemos verlos como si estuviéramos ahí.
Confieso que cuando vi una televisión a colores, pensé que eso sería el final de la evolución del aparato. ¿Qué más se puede hacer con él? Hoy, algo así como treinta años después tengo la respuesta.
Nunca antes me había considerado una persona creativa porque yo creo que la gente creativa es la que innova y para innovar se necesita imaginación. Yo pertenezco más a los que colectan datos (buscan conocimiento) que a los que echan a volar la imaginación.
El paso del tiempo me ha hecho darme cuenta que mi creatividad está muy latente, lo único que debo hacer es dejarla fluir en aquello que me llama y me hace feliz.
Sin intentar señalar culpables, hoy me he topado con este video que compartiera un amigo en Facebook y que me ha dado un muy buen norte de por qué las cosas han sido como son y a dónde nos llevarán si seguimos en esa misma dirección.
Después de diez años de haber escuchado el concepto de romper paradigmas y pensar fuera de la caja, me ha caído el veinte y felizmente me veo en la posibilidad de explotar esta potencialidad antes de llegar a los cuarenta. ¿No es esto una maravilla?
Un abrazo con aprecio.
Ken Robinson - Cambiando Paradigmas.
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