Prefiero la duda a la certeza, dijo alguien alguna vez en algún lugar, y tenía razón.
jueves, 5 de diciembre de 2013
El miedo y yo
Llueve. Es jueves y llueve.
Noviembre se vino encima del mundo con
toda su nostalgia.
Edson Lechuga
Otoño.
1973.
Noviembre.
Jueves.
Nueve.
Afuera llueve.
Mi madre es una venada de
ojos limpios, tristes y asustados. No sabe
exactamente qué sucede. Nadie le dijo nunca
cómo se hacían los hijos ni cómo
se parían. Llegó ayer
al hospital del IMSS de
Gabriel Mancera a causa de algunas molestias
relacionadas con lo avanzado de su embarazo. Después de la revisión le dijeron
que debía quedarse, quedarse sola, sin mi padre y su consuelo, sin la maleta
que afanosamente preparó hace unos días, sin nada, sólo conmigo en su vientre,
con todo el peso de su ignorancia, de su fragilidad, de su inocencia. Desconoce
lo que está pasando, sólo sabe que algo le duele allá abajo, entre las piernas,
en la boca del estómago, en la base de su espalda, y que ese dolor se le va
regando por las venas y los nervios y los tendones y los huesos y los músculos
al resto del cuerpo hasta llegar a cada una de sus células, y que ese dolor es
tan intenso, tan sin principio ni fin, que quiere gritar pero la intención de
ese grito se le hace polvo en la garganta al recordar las continuas y severas
enseñanzas de mi abuela. Las señoritas decentes no se ríen. Las señoritas
decentes no estornudan ni tosen ni se echan pedos, mucho menos gritan. Nunca.
Jamás.
Así que mi madre se contiene, aprieta los puños y las
quijadas y los dientes y los ojos; y reza… padre nuestro que estás en los
cielos… Dios te salve reina y madre de misericordia… a ti llamamos gimiendo y
llorando en este valle de lágrimas…
Entre contracción y contracción la hacen caminar por
un pasillo frío, largo y mal iluminado. Está descalza, sus piernas y pies se
han hinchado tanto que los zapatos con los que llegó ya no le quedan. Soporta
como puede la humillación de andar por ese pasillo con lo poco que le cubre la
austera y desgastada bata de hospital sobre su cuerpo desnudo de parturienta.
Ella, tan pudorosa, tan pudibunda como mi abuela fue capaz de enseñarle, debe
pasear su descalcez y su desnudez para que yo pueda nacer.
No sabe qué le duele más, si las contracciones
cíclicas de ese útero terco que le hace un daño casi insoportable cada cinco
minutos, o la soledad y el desamparo que siente recorrerle la espina dorsal de
cabo a rabo. Nunca ha sido capaz de estar sola, sus miedos son grandes y muchos
de ellos, monstruosos, pero el peor de todos es el de sentirse abandonada, sola
en un ambiente ajeno.
Siempre pensó que cuando pariera, moriría.
Una noche cuando tenía nueve años se atrevió a
recorrer la sábana que hacía las veces de cortina que separaba la cama en la
que ella dormía de la que, en ese justo momento, mi abuela daba a luz a mi tía
La Chata. Sus ojos de niña quedaron irremediablemente marcados por la violencia
de la escena. Mi abuela abierta de piernas sin nada que la cubriera, la sangre
saliendo de su vagina expuesta, la cabecita de mi tía La Chata asomándose desde
ahí a la noche que la recibía, la partera susurrando “puje, Lupita, puje” y
Lupita pujando, con la frente llena de diminutas perlas de sudor y el rictus de
dolor atravesándole el rostro al rojo vivo, pero en silencio. Como siempre.
Desde siempre. Hasta siempre. Como si el silencio fuera el único sonido posible
en su universo.
Aterrada, mi madre volvió a su cama, convencida de
que se quedaría huérfana, de que Lupita, su madre, mi abuela, estaba muriendo.
¿Qué otra cosa podría significar el horror que acababa de presenciar si no la muerte misma? Hundida en su cobija de lana
esperaba, conteniendo el aliento, el momento final de su madre, hasta que en
algún momento, nunca supo cuánto tiempo después, el angustioso silencio fue
roto por el potente grito de mi tía La Chata anunciando su llegada al mundo. Al
escuchar el llanto inconfundible de un recién nacido, de una recién nacida, mi
madre salió lentamente de su escondite, las lágrimas humedecían sus ojos y
mejillas. Vio a la partera sostener a la bebé en sus brazos y a las comadres
solícitas que habían acudido al llamado ineludible del parto de una de las
suyas, afanosas en recoger el regadero de sábanas manchadas de sangre y
palanganas llenas de agua caliente, fluidos y trozos de placenta. Las piernas
de Lupita ya estaban cerradas y convenientemente cubiertas, su mirada había
vuelto a ser la misma, y lo más importante, respiraba, estaba viva. El alivio
le llegó de golpe, la llenó de euforia y le dio la fuerza necesaria para salir
violentamente de la cama y correr hacia su madre, aun a sabiendas de que ello
sería una desobediencia. Necesitaba abrazarla con fuerza, pegar su oreja a
aquel pecho tibio para escuchar el latido de ese corazón que conocía tan poco y
anhelaba tanto. Necesitaba agradecerle a “Dios nuestro Señor” el milagro de que
su madre no hubiera muerto después de semejante tortura. Necesitaba consolarla
y ser consolada.
—¡Niña condenada! ¿Qué crees que haces? —rugió mi
abuela en cuanto notó su presencia. —Te dije que por ningún motivo debías
asomar la cabeza— le espetó con ese característico tono autoritario que, la
niña bien sabía, no admitía cuestionamiento alguno. Los ojos de Lupita
centelleaban de un pudor convenientemente disfrazado de cólera. El golpe
devastador de aquel grito la hizo detenerse en seco, le llenó el corazón de
agua y la boca de un “perdone usted, mamita” que fue saliendo deshilachado de
sus labios mientras agachaba la cabeza, se daba la vuelta, regresaba a paso
lento hacia su cama, su corazón aliviado y roto a la vez, sus ojos
volviéndosele de venada.
Cuánto dolor entonces y ahora, cuánto miedo, cuánta
soledad.
El pasillo parece más largo, frío y oscuro cada vez. Las
contracciones son cada vez más intensas.
Piensa en mi padre, en esa última mirada que cruzaron,
en ese último abrazo mojado con sus lágrimas de miedo, en la indiferencia del
enfermero que la sentó casi por la fuerza en la silla de ruedas y los separó
lentamente mientras la conducía hacia la zona de ginecología del hospital, sin
misericordia, sin imaginar siquiera que el pánico se le movía en las entrañas
junto con la criatura que empezaba su lucha por nacer.
Empieza a hiperventilarse.
Alguien ayúdeme, acompáñeme, abráceme, ruega en
silencio. La respuesta a sus ruegos nunca llega.
La imagen de su madre pariendo a La Chata la tortura.
Se visualiza a sí misma con las piernas abiertas y todos esos médicos extraños
mirándola, auscultándola y otra vez, sí otra vez, siente miedo.
¿Y si me muero?, piensa y por primera vez la idea de
dejarse morir, así nomás, simple y llanamente, deja de ser opción. Esta vez no
hay escondite posible, esta vez no sólo se trata de ella, esta vez alguien depende
de su fuerza y valentía, alguien pequeño, indefenso y profundamente amado.
El momento de parir llega. La llevan a la sala de
expulsión. No le queda otra más que abrir las piernas, pujar y tragarse el puto
miedo.
Minutos después nacemos. El miedo y yo. Nos envuelven
en una sabanita gris y nos ponen en su pecho.
Los ojos de venada de mi madre sonríen por primera
vez en años.
lunes, 28 de octubre de 2013
Soy II
Soy una mezcla extraña
mitad querer ser, mitad
nunca serlo.
Soy una medianía,
una duda,
una extranjera en cualquier mundo.
No
pertenezco a ningún sitio,
a ningún entorno,
no coincido con el orden de las
cosas.
Voy siempre a contra flujo,
en sentido contrario,
en todas las
direcciones
y en la dirección opuesta.
Sólo me encuentro en los atardeceres,
en
los campos de cebada,
en medio de la llovizna,
del bosque,
de la niebla,
en las
páginas de un libro,
en la música de Sting,
en la Suite No.1 en sol mayor para
violonchelo de Bach,
en los interludios,
en los puentes peatonales,
en la brisa
que me despeina,
en la soledad de la contemplación de la milpa o de un campo de
flores,
en los pueblos mágicos, comiendo quesadillas de comal y tomando café de
olla,
en las calles empedradas,
en la playa sola con mis pies descalzos,
detrás
del lente de una cámara fotográfica,
en los poemas de Benedetti, de Becerra, de
Neruda, de Lechuga.
Soy llovizna.
Soy una luciérnaga que no sabe
que lo es,
lo que es.
jueves, 24 de octubre de 2013
Piel y mundo
Tu piel es partidaria del mar,
del mar que canta entre las manos del cielo,
del mar que sacude sus ramas en la playa
para aligerarse de espumas y adioses.
Tu piel es el mar que transparenta,
es el mundo que suena en los labios igual que la lluvia.
Tu piel es partidaria de la espuma
donde el amor encuentra demolida la tarde.
Tu piel es lo que se reúne para volar
cuando la luna es la piedra de toque del alba
y la caricia se oscurece por lo fatal del océano,
por la profundidad de las aguas besadas.
Tú eres la que se desnuda para que el verano tenga vientos propicios,
la que canta amartillando su corazón como el cielo que piensa la tormenta,
y en ti el trópico guarda lluvia y pantanos,
panteras que me acechan tras la liana de un gesto.
Eres el ademán de una selva con luna,
calor cuyos acordes de brillo me salpican,
soltura de una nube que casi dice al viento que la sueñe,
que le bese su forma de ángel que no nace.
Y yo he descubierto la espada que tu indolencia emplea,
esa mirada súbita que recuerda a los puertos,
esa sonrisa que de pronto se oscurece por el peso de un animal poderoso,
ese corazón arreglando sus nubes.
¿Qué locura detiene su estribillo de astros en la mirada triste?
Sólo tu cuerpo puede iluminar la noche,
sangrar por los cuatro costados de la oscuridad que pregunta,
sólo tu piel con intención de océano.
Eres la que se tiende en el mediodía silbante del bosque,
eres la que empuña los remos del poniente,
eres el corazón que devoran los puertos.
Es tu piel donde la noche viene a extender sus mapas,
es tu piel donde el mar brilla como unos labios.
-JOSÉ CARLOS BECERRA -
jueves, 17 de octubre de 2013
Siempre
Siempre
fuereña
golondrina
nómada
migrante
extraña
extranjera
distinta
bicho raro
mosca en leche
pelo en la sopa
peregrina.
Siempre.
fuereña
golondrina
nómada
migrante
extraña
extranjera
distinta
bicho raro
mosca en leche
pelo en la sopa
peregrina.
Siempre.
miércoles, 16 de octubre de 2013
El universo conspira a mi favor
Nunca antes sentí el poder del universo alinearse a mi favor, acomodar cosa tras cosa, paso por paso, persona tras persona, libro tras libro, poema tras poema, palabra tras palabra al servicio del cumplimiento de mis anhelos. Ayer fui golpeada por el avasallante poder de mi propia energía. Y es que se vuelve complejo entender tantas coincidencias en tan poco tiempo y espacio sin sentir la amenaza de la locura tocando a la puerta de mi entendimiento. No encuentro explicación lógica. Yo, que me paso la vida tratando de poner en pensamientos concretos y palabras correctas cada cosa que sucede a mi alrededor y en mi propio interior, hoy no sé dónde acomodar esta avalancha de sucesos, esta estampida de casualidades que me empujan a un solo derrotero... escribir, escribir, escribir, contar mi historia, esta historia que vivo ahora mismo, este torbellino que no ha dejado de revolcarme un instante las últimas tres semanas. La única certeza que tengo es que debo subirme al tren. Esta vez no debo dejar pasar la oportunidad de convertirme en lo que siempre he querido ser aún sin saberlo. Estoy frente al toro. Sus cuernos me apuntan. Esta vez no saldré corriendo. Lo juro.
jueves, 10 de octubre de 2013
Soy
Soy otoño
soy hojas que caen entre el canto del viento
soy brisa fría
soy en el espejo de tus ojos,
en el acantilado que escarbas frente a mí con tus palabras.
Soy el otoño que siempre he sido
pero hoy más tibio, más ocre, más delirante.
Soy la flor de latón de veinte pesos,
evanescente y traslúcida entre tus manos.
Soy mis letras despertando con las tuyas
y el silencio que quiere leerte eternamente,
el palpitar de mi entrepierna despierta desde tu caricia
lejana.
viernes, 4 de octubre de 2013
Norte y sur
Somos norte y sur, dices.
Somos norte y sur.
En el norte están los pensamientos, las
ideas, las estructuras, la razón.
En el sur están los sentimientos, el erotismo, los instintos, el deseo.
El norte
es la mente y su maquinaria.
El sur es el estómago y la entrepierna.
El norte
es civilizado.
El sur es salvaje.
El norte es la mesura.
El sur es caos.
El norte es la imaginación.
El sur es
la pasión.
El norte es azul.
El sur es rojo.
La venda se me cae de los ojos.
Descubro que soy puro norte.
Me dan ganas de llorar.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Espejo
Fuiste mi espejo un par de horas
fuiste un obús
un proyectil tele dirigido a mi entrepierna
un hongo alucinógeno
un sueño húmedo
un deseo seco y arenoso.
Me convertiste en
selva amazónica
siempre mojada
siempre llovida
espesa y frondosa.
Me enseñaste territorios nuevos
agrestes
abandonados dentro de mí
desde el inicio de mis tiempos.
Me aguijoneaste como un alacrán
furtivo
venenoso
rápido
directo.
Revolviste mi norte con mi sur
mi mar con los hielos de mi montaña
mi desierto con mis bosques de secuoyas.
Me novelaste
me escribiste
te escribí
me leíste.
Yo a ti no.
Yo ya te había leído antes.
viernes, 20 de septiembre de 2013
El que no arriesga no gana
El que no arriesga no gana, dicen. Nunca antes me había gustado arriesgar. Y no es que ahora me guste, es sólo que hoy estoy más dispuesta. Treinta y nueve años de experiencia me respaldan. Treinta y nueve años en los que he hecho de todo con tal de permanecer al cobijo de lo seguro, de lo "correcto", de lo bien visto, de lo socialmente aceptable, sin que al final del día el resultado fuera positivo. Ningún sueño fue nunca más importante que eso, así que casi todos duermen el sueño de los justos. Lo que tengo hoy no es un sueño, no propiamente; es más bien una experiencia que ansío vivir, un permiso que me quiero dar, un punto de fuga a esas inquietudes añejas y solas que se me esconden bajo la piel. La intención es empezarme a reconstruir sobre mis propias ruinas. Tengo miedo, como casi siempre. Miedo a no ser lo suficientemente buena o interesante o culta, miedo a no tener las armas de seducción intelectual necesarias para enfrentarme a quien si las tiene y además las domina a la perfección. La diferencia entre la yo de ahora y la de antes es que esta vez no pienso permitirle al mounstro que me devore, no sin antes intentarlo, no sin sentarme frente a esa mesa y a ese café y corroborar que lo que me paraliza es real, no hasta ver y sentir y sudar y paladear la amargura de la materialización de mis pavores; porque también puede que no sea cierto. Históricamente me he juzgado con una dureza implacable, he creído que soy menos de lo que otros creen que soy, hoy trato desesperadamente de revertir la tendencia. He decidido dar un paso hacia mi libertad. Iré. Me plantaré a las seis en punto en el kiosco de Coyoacán. El resto será ganancia.
jueves, 6 de junio de 2013
Tal vez
Hace mucho que no escribo nada más que lo necesario. Las citas, las llamadas pendientes, los costos, los correos de trabajo, las encuestas escolares. Hace mucho que no acomodo una letra tras otra con el único y sencillo sentido de vaciar el alma, de encontrar el sentido de la guerra que libro cada día. Muchas cosas han sucedido en los últimos meses, sucesos desgarradores, virajes brutales de la vida, bajadas permanentes en mi montaña rusa particular. He pensado seriamente en no volver a escribir jamás, pero hoy tuve el impulso de venir y dejar fluir lo que mis dedos desearan. Sin pensar. Sin corregir. Tal vez sea la mejor manera de enfrentar los retos y cambios que la vida me impone. Tal vez sea sólo ese impulso. Tal vez cuando ponga el punto final me sienta mejor.
martes, 23 de abril de 2013
La promesa de una MUJER con mayúsculas
Esta joven es hermosa.
Es fuerte, valiente y decidida.
Es la promesa de una MUJER con mayúsculas.
Esta joven sabe defender sus ideas; está dispuesta a soñar sus propios sueños, a pelear sus propias batallas.
Esta joven comete errores y cuando eso sucede, sabe que ello no la devalúa y sigue andando de frente, con los ojos fijos en el derrotero de su ideal de sí misma.
Esta joven tropieza como cualquiera pero se levanta y vuelve a andar.
Esta joven llora, ríe, canta, enfrenta sus miedos y los derrota.
Ella sabe cómo vivir y vive.
Esta joven es mi hija, mi fe, mi cielo, mi nudo en la garganta, mi lágrima Remi, mi mayor logro, mi más franca sonrisa, la diaria confirmación de que mi paso por este mundo ha valido la pena.
Aio Maio.
jueves, 3 de enero de 2013
La Teoría de la Felicidad
Existen en el mundo millones de teorías, algunas son muy fáciles de entender y otras no tanto, pero a final de cuentas lo que hace la diferencia es el interés que le pongas a cada teoría.
Yo siempre he sido muy buena con la teoría. Me gustan los conceptos y me encanta la sensación maravillosa de piel de gallina cuando me cae el veinte de alguno de ellos, sobre todo, de aquellos que no entendí a la primera.
Lo que debo admitir que me cuesta un poco de trabajo es la práctica. Roma no se hizo en un día y yo no sé de dónde saqué la idea de que si ya sabes la teoría y cuentas con las capacidades físicas y mentales para poner en práctica lo que has aprendido, tienes la vida resuelta.
Entiendo que este mundo es de presencia y ausencia.
Que el mal o el odio es en realidad el nombre que le damos a la falta de amor, así como llamamos frío a la falta de calor u oscuridad a la falta de luz.
Me queda claro que Dios, el Creador, el Origen o como sea que se le quiera llamar, permanece en un estado constante de felicidad y de aprecio.
Me queda claro que yo tengo esa misma capacidad en proporción a mi condición humana.
También me queda claro que yo decido en qué dirección me muevo en esa escala entre la ausencia y la presencia.
¡Diablos! Me siento como aquel hombre que ante la inundación le llegaron diferentes personas con diferentes medios a rescatarlo y a todos les dijo: "¡No gracias! Dios va a venir a salvarme". Y cuando Dios lo recibió en el cielo (después de muerto) y le preguntó: "¿Por qué no me salvaste?", el Señor le contestó: "¿Por qué no aceptaste la ayuda de toda la gente que te mandé?".
Es absurdo que lo diga pero a veces me gustaría que mejor Dios viniera a vivir mi vida... al menos Él sabría qué hacer con ella en cada momento.
Sí, también sé que la vida no se trata de eso. Que el estado de perfección de Dios es una cosa y nosotros somos otra; que los conceptos son los que en realidad nos tienen separados y que no es tan complicado vivir en estrecha comunión con Él; que no es necesario que hagas tu transición para que sientas y vibres en esa dimensión de éxtasis eterno, con esas ganas de crear, con esas ganas de amar.

¡Oh sí! La teoría dice que la felicidad no es una meta, sino el camino. Que el gozo viene dentro de uno mismo, que la dicha está en el viaje y que todo lo que quiero en la vida lo quiero porque creo que en el tenerlo me sentiré feliz. En resumen, lo único que quiero es sentirme feliz.
También sé que aunque sé la teoría, si hoy fuera capaz de llegar al punto final de la felicidad total, (por obvias razones) no me quedaría nada más por ser ni hacer.
Un abrazo con aprecio.
¡Feliz 2013!
martes, 30 de octubre de 2012
In my secret garden
She'll let you in her house
If you come knockin late at night
She'll let you in her mouth
If the words you say are right
If you pay the price
She'll let you deep inside
But there's a secret garden she hides
She'll let you in her car
To go drivin round
She'll let you into the parts of herself
That'll bring you down
She'll let you in her heart
If you got a hammer and a vise
But into her secret garden, don't think twice
You've gone a million miles
How far you get
To that place where you can't remember
And you can't forget
She'll lead you down a path
There'll be tenderness in the air
She'll let you come just far enough
So you know she's really there
She'll look at you and smile
And her eyes will say
She's got a secret garden
Where everything you want
Where everything you need
Will always stay
A million miles away
lunes, 29 de octubre de 2012
Sin razón III
Entrar y salir de un sueño al ritmo de Alina de Arvo Pärt.
Soñar que el sueño es sueño y no pesadilla.
Desear que los nudos en la garganta
y el estómago
y el corazón
y la fe
se deshagan al despertar.
Anhelar que la vigilia diga entre susurros que no es verdad, que el sueño mentía, que sólo hacía una broma de pésimo gusto.
Querer que la voz rastrera en el teléfono se convierta en canto de pájaros, en susurro de árboles a mitad del bosque.
Rogar a los cielos, al universo, al Dios Todopoderoso que la sangre de aquel de dónde vengo no se derrame, que su carne no se mancille, que su espíritu no se doblegue.
Soportar con alma estóica la pesadumbre de la decepción, del abandono de dos de los que debían ser pilares y se convirtieron en la más dolorosa soledad.
Contener el agua dentro de los ojos, luchar por no permitir ni una grieta más, sellar las existentes con tierra, sangre y saliva.
Limpiar el lodo que todo lo cubre.
Mantener a raya la ansiedad
y el miedo
y el temblor de manos y piernas.
Mentir.
Decir que todo está bien
y sonreír.
Necesitar que Pahuatlán sea de nuevo un lindo recuerdo de infancia, una reminiscencia de cuentos y novelas entrañables.
Pero, sobre todo
olvidar
recuperar
perder el miedo a soñar de nuevo.
Soñar que el sueño es sueño y no pesadilla.
Desear que los nudos en la garganta
y el estómago
y el corazón
y la fe
se deshagan al despertar.
Anhelar que la vigilia diga entre susurros que no es verdad, que el sueño mentía, que sólo hacía una broma de pésimo gusto.
Querer que la voz rastrera en el teléfono se convierta en canto de pájaros, en susurro de árboles a mitad del bosque.
Rogar a los cielos, al universo, al Dios Todopoderoso que la sangre de aquel de dónde vengo no se derrame, que su carne no se mancille, que su espíritu no se doblegue.
Soportar con alma estóica la pesadumbre de la decepción, del abandono de dos de los que debían ser pilares y se convirtieron en la más dolorosa soledad.
Contener el agua dentro de los ojos, luchar por no permitir ni una grieta más, sellar las existentes con tierra, sangre y saliva.
Limpiar el lodo que todo lo cubre.
Mantener a raya la ansiedad
y el miedo
y el temblor de manos y piernas.
Mentir.
Decir que todo está bien
y sonreír.
Necesitar que Pahuatlán sea de nuevo un lindo recuerdo de infancia, una reminiscencia de cuentos y novelas entrañables.
Pero, sobre todo
olvidar
recuperar
perder el miedo a soñar de nuevo.
jueves, 25 de octubre de 2012
Los días que te cambian la vida
Los días que cambian la vida
suceden
te llegan de madrazo y te revuelcan
te ponen el cerebro en las entrañas
y te suben las tripas a la garganta.
Los días que cambian la vida
no te avisan
no hacen cita ni llenan tu agenda
no llaman para anticiparte la bofetada de su visita
llegan así nomás
a volverte loco
a sacarte las lágrimas y el vómito
te saludan con la punta de su revólver en tu sien.
Los días que cambian la vida
te transforman
hoy eres una persona normal
mañana un despojo
un ser que busca fuerza hasta para mantenerse en pie
una cucaracha que se tambalea entre charcos de insecticida.
Los días que te cambian la vida
te llenan de la mierda del mundo
te dejan vulnerable
te sumen en el deseo enfermo de hacerte daño
de fumar hasta morir
de morirte
hoy
y también mañana.
Oveja negra
Lejos. Fuera. Aparte. Sola.
Soy especialista. Básicamente lo mío es el aislamiento. La luna de día. La nube gris en el cielo limpio. La ola en la caleta. Recurrente manía de sentimientos poco constructivos, nada favorables. Perfecta anfitriona de la duda eterna de mi pertenencia. Nunca se es demasiado buena, suficientemente interesante. Soy la perdedora recurrente de batallas pequeñas o grandes. La que siempre se queda esperando, la que suelta la última lágrima, la que ahoga los gritos en palabras para nunca hacer daño al otro, la que encuentra consuelo en los puentes peatonales y en el aroma de los pinos.
Lejos. Fuera. Aparte. Sola.
Llovizna entre tempestades. Loca que sonríe cuando no se supone correcto. Maga fracasada que no sabe la alquimia para convertir en dinero todo lo que toca. Oveja negra. Hija no pródiga.
Soy especialista. Básicamente lo mío es el aislamiento. La luna de día. La nube gris en el cielo limpio. La ola en la caleta. Recurrente manía de sentimientos poco constructivos, nada favorables. Perfecta anfitriona de la duda eterna de mi pertenencia. Nunca se es demasiado buena, suficientemente interesante. Soy la perdedora recurrente de batallas pequeñas o grandes. La que siempre se queda esperando, la que suelta la última lágrima, la que ahoga los gritos en palabras para nunca hacer daño al otro, la que encuentra consuelo en los puentes peatonales y en el aroma de los pinos.
Lejos. Fuera. Aparte. Sola.
Llovizna entre tempestades. Loca que sonríe cuando no se supone correcto. Maga fracasada que no sabe la alquimia para convertir en dinero todo lo que toca. Oveja negra. Hija no pródiga.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Sin razón II
Habían pasado muchos meses y seguía extrañándote. Seguía pendiente en mis entrañas de tus risas lejanas y ajenas, de tus manos de dedos cortos, de la forma en que depositas la ceniza del cigarro consumido en el cenicero lleno. Seguía buscando girones de tu voz en la red de mis recuerdos, en mis ojos. Llegó la desgracia a mi vida, a pintarla de tragedia, llegaron las horas de angustia, los golpes del miedo se incrustaron en mi abdomen, la maldad me alcanzó, me sometió. Me convertí en rehén de la ambición de los inescrupulosos, otra voz tomó el protagonismo en mi vida por tres largos días, una voz con sombrero y jeans sucios, una voz con botines, diente de casquillo de oro y revólver en el cinto. Mis manos temblaron, mis ojos se inflamaron, mi corazón se quemó. Seguían pasando las horas y en algún punto del túnel apareciste de nuevo, apareció tu risa corta y grave. Imaginé entonces la sonrisa que se esboza en tus labios cuando esa risa corta y grave sale de ellos, y no pude si no sonreír también. Habrán de pasar muchos meses, todos los del mundo, todos los de mi vida sin tus ojos en los míos. Seguiré extrañándote. Volveré a escribirlo una y mil veces, volveré a buscar los mendrugos de tu voz en los botes de basura sin encontrar nunca uno que diga mi nombre. Habré de vivir de la mano con la eterna presencia de tu ausencia. Habré de conformarme con los acordes de la vieja canción que será el único y delgado hilo que nos una hasta el último día.
martes, 9 de octubre de 2012
Priceless
Que uno de tus escritores favoritos te invite un café, no tiene precio. Faltan varios meses pero el compromiso está hecho y no puedo estar más eufórica.
lunes, 8 de octubre de 2012
Aprendiendo a mirarme
A lo largo de mi vida me he quedado con ganas de un montón de cosas porque siempre pensé que no las merecía, que no merecía siquiera intentar lograrlas o tenerlas. De un tiempo para acá he decidido comenzar a darme esas oportunidades, de una a una, sin prisas, esperando el momento correcto para disfrutarlo de la forma más intensa. Después de todo se supone que apenas estoy a la mitad de mis días.
Así las cosas, hace un par de semanas me puse en contacto con una fotógrafa cuyo trabajo me pareció interesante y la contraté para que me hiciera una sesión. Necesitaba mirarme a través de otros ojos, verme reflejada en el espejo del objetivo de una cámara, entender sin sesgos mi fealdad o mi belleza, interpretarla yo misma pero desde una ventana ajena.
Me animé y en el proceso se me revelaron ciertas cosas interesantes. Contrario a lo que siempre creí, me gusta la cámara, disfruté enormemente el momento de sentirme observada y fotografiada, las barreras de la falsa modestia se me cayeron y dejé salir esa mujer que no pensé que me habitara. La fotógrafa logro tomas hermosas que me dejaron en claro lo que poseo y lo que no. Descubrí que mi mirada puede ser dulce, muy; pero también, en circunstancias adecuadas, dura, incitante y, hasta cierto punto, provocadora. Descubrí que la arruga de mi entrecejo no es tan terrible y que puedo vivir con ella sin problemas, que la lozanía no se ha ido del todo y que las arrugas que me adornan el rostro son eso, adornos que la vida me ha ido regalando con el paso de cada día y cada experiencia. Descubrí un rostro común cuya belleza no es exterior sino que proviene de la esencia interna que poseo. Por primera vez fui capaz de verme así, de entenderme, de apreciarme.
Siempre he creído que la fotografía es una especie de magia. Hoy estoy más segura que nunca de ello.
¡Gracias, Zaba!
Así las cosas, hace un par de semanas me puse en contacto con una fotógrafa cuyo trabajo me pareció interesante y la contraté para que me hiciera una sesión. Necesitaba mirarme a través de otros ojos, verme reflejada en el espejo del objetivo de una cámara, entender sin sesgos mi fealdad o mi belleza, interpretarla yo misma pero desde una ventana ajena.
Me animé y en el proceso se me revelaron ciertas cosas interesantes. Contrario a lo que siempre creí, me gusta la cámara, disfruté enormemente el momento de sentirme observada y fotografiada, las barreras de la falsa modestia se me cayeron y dejé salir esa mujer que no pensé que me habitara. La fotógrafa logro tomas hermosas que me dejaron en claro lo que poseo y lo que no. Descubrí que mi mirada puede ser dulce, muy; pero también, en circunstancias adecuadas, dura, incitante y, hasta cierto punto, provocadora. Descubrí que la arruga de mi entrecejo no es tan terrible y que puedo vivir con ella sin problemas, que la lozanía no se ha ido del todo y que las arrugas que me adornan el rostro son eso, adornos que la vida me ha ido regalando con el paso de cada día y cada experiencia. Descubrí un rostro común cuya belleza no es exterior sino que proviene de la esencia interna que poseo. Por primera vez fui capaz de verme así, de entenderme, de apreciarme.
Siempre he creído que la fotografía es una especie de magia. Hoy estoy más segura que nunca de ello.
¡Gracias, Zaba!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

