miércoles, 17 de junio de 2009

Ceguera paterna

¿Por qué los padres tendemos a la ceguera cuando se trata de nuestros hijos? Siempre me he jactado de ser objetiva en cuanto a las virtudes y defectos de mis pequeños. No dudo un instante en reconocer que son hermosos porque en realidad lo son, sin embargo también puedo decir que Ana es un fiasco para cualquier actividad física, que tiende con peligrosidad al egoísmo y que hay que trabajar para mantener su vanidad a raya. Lo mismo pasa con Ger, entiendo que le cuesta concentrarse y que las ondas intelectuales no son lo suyo, pero es muy bueno para todo lo que se trate de usar el cuerpo en movimiento. El caso es que, como cualquier ser humano, tienen de todo.
Ayer me enteré de que los papás de su mejor amiga, han empezado a considerar a Ana una mala influencia para su hija porque "desde que se junta con ella es más amiguera, habla más por teléfono y ha empezado a pedir permisos que antes no" . Entiendo que están en su derecho y me pregunto si esos cambios no serán más producto de una evolución natural (porque, por si no se han dado cuenta, su bebé ya tiene doce años) que de las "malas influencias" que la "malvada de mi hija" pueda ejercer sobre ella; pero no puedo dejar de sentir rabia ante el malestar que esto le ha casuado a Ana, sobre todo porque estoy segura de que es injusto. ¿Por qué no simplemente aceptan que su hija está creciendo y que ha llegado el momento de empezar a soltar algunas amarras? ¿Por qué no dejan de buscar culpables afuera y se concentran en trabajar para ganarse la confianza que su niña NO les tiene?
Todo esto, además de enfurecerme, me ha puesto en alerta para no dejarme seducir por la ceguera aunque sea lo más cómodo.

A veces me pregunto

A veces me pregunto si la vida es complicada por sí misma o si somos nosotros los que nos la complicamos.
Anoche llovió en mi pueblo y como siempre que pasa, los chocados y los "quedados" no pudieron faltar haciendo el tráfico más y más pesado esta mañana. Me estresé cuando vi que eran las 7:43 y el tráfico estaba parado a un kilómetro de distancia del colegio de mis hijos que tienen que estar dentro de edificio a las 7:55 para el primer toque, o a más tardar a las 8:00 para el cierre de la puerta.
Pude haber tomado una salida antes pero corría el riesgo de que la lateral estuviera igual de congestionada y con el inconveniente del semáforo, así que me apegué a mi ruta de siempre y conforme fui avanzando me di cuenta que la lateral no solo no estaba congestionada, estaba VACIA. ¡Plop!
Después de darme de topes contra el parabrisas por no haberme animado a salir, llamé al colegio y les dije que estaba atrapada en el tráfico, que me dejaran entrar a mis hijos aun si ya habían dado el segundo toque de las 8:00.
Muy amablemente la recepcionista me tomó los nombres de mis hijos y me dijo que me quedara sin pendiente.
Después de la llamada, el tráfico (casi casi como por arte de magia) se empezó a mover y recorrí ese último kilómetro en un tiempo razonable. Atravesamos la puerta del colegio a las 8:00 en punto, di las bendiciones a mil por hora, dejé la bendita cooperación para la convivencia familiar del sábado y hablé con la maestra de mi hijo mayor sobre su ansiedad porque su papá está de viaje y en menos de 3 minutos pude volver a respirar de camino a la oficina.
Antes de salir de la escuela pasé a recepción para avisar que sí alcanzamos a entrar y que ya no era necesario que los esperaran en la puerta así que me fui al trabajo con una loza menos de peso de encima.
Esto no es el pan nuestro de cada día porque generalmente mi marido y yo hacemos un muy buen equipo y entre los dos podemos sacar la rutina adelante pero cuando uno falta, el trabajo parece duplicarse para el que se queda y encima de eso, el imponderable siempre hace su aparición. Como bien dicen por ahí: "Murphy no falla" (por aquello de la ley de Murphy que dice que si algo tiene posibilidades de salir mal, saldrá mal).
Habrá quien después de esto diga: "pobre mujer" y habrá quien diga: "ésta se ahoga en un vaso con agua", pero la verdad de las cosas es que con todas las anécdotas de cosas que me han pasado mientras mi marido está de viaje, podría escribir un libro de cuentos llorosos y jocosos para amas de casa.
Lo único que espero es que este año no se me inunde la casa mientras mis hijos estén en cama con alguna infección extraña y afuera esté cayendo un aguacero que me haga sacar un "kayac" para ir a la farmacia a conseguir medicina.
Si algo parecido a esto no pasa, entonces estaré del otro lado. Jajajajajajaja.

domingo, 7 de junio de 2009

Celebra el amor

Celebra que ya pasaste los primeros 9 y él todavía te mueve. ¿Te había pasado antes?

Celebra que aunque el pasado fue doloroso porque pensaste que sería para toda la vida, tuviste la oportunidad de unirte al verdadero amor de tu vida.

Celebra que cuando tienes una cita con él, todavía sientes mariposas por todo el cuerpo en las horas previas.

Celebra que lo extrañas cuando está lejos y que sólo piensas en el instante en que volverá a tus brazos y te dirá: te amo.

Celebra que en tus vástagos ves el reflejo de sus ojos, sus actitudes, sus sueños y lo feliz y segura que te sientes de haber hecho la mejor elección.

Celebra que en las buenas y en las malas estás a su lado siempre sintiéndote la mujer más afortunada.

Celebra que tienes un hogar, un refugio, un lugar de alegrías y que no importa si allá afuera no hay cariño o aceptación, aquí lo tienes todo.

Celebra el amor, ¡celebra al amor de tu vida!

miércoles, 3 de junio de 2009

La vida empieza a los...

Cuando era niña me gustaba soñar con aquellas cosas que vendrían en el futuro y me acuerdo muy bien que solía pensar que en el 2000 (si es que antes no se acababa el mundo), tendría 28 años y me preguntaba si para entonces estaría casada o si tendría hijos. Todo ese tren de pensamiento me enviaba irremediablamente a pensar en "ese hombre" que no tenía rostro ni forma física definida pero que sabía que estaba en alguna parte esperando cruzarse en mi camino para pedirme que fuera el amor de su vida.
"Ese hombre" tuvo rostro una mañana de agosto de 1998 y una tarde de agosto de 1999 se convirtió en mi esposo.
Hoy celebramos otro cumpleaños y no uno cualquiera... hoy llega a los 40 y claro que no puedo decir que lo veo como ayer pero sí puedo decir que lo veo mucho mejor porque ha sabido aprovechar el tiempo para ser cada día una mejor persona.
Lo he dicho antes y lo diré siempre: "Lo mejor que pude haber hecho con mi vida es haberme casado con él" y por eso, el 3 de junio siempre traerá consigo un motivo muy grande de celebración.
Un día como hoy nació el hombre que me cambió la perspectiva, el que me dio amor y protección, el que me hizo madre de dos maravillosos niños, el que se ha convertido en compañero de mi vida y por eso digo: ¡SALUD! ¡Feliz cumpleaños papito!
Gracias Dios por tantas bendiciones que has tenido a bien darme a través de su presencia en mi vida.

martes, 2 de junio de 2009

Un adiós anaranjado

Tarde de junio. Cielo anaranjado. Tú al final del sendero, yo al inicio, mirándote por última vez antes de mi partida. Nunca más tus besos, nunca más los míos, nunca más los nuestros.
Las palabras y las intenciones se me revuelven en la garganta. Quiero hablarte, despedirme, decirte.
¿Qué?
No lo sé, sólo quiero un instante de tus ojos en los míos, la vibración de una única palabra tuya en mis oídos.
Miento.
Quiero un beso nuevo, largo, intenso, en el que se borren el dolor y el abandono; quiero tus manos en mis rincones, tu piel salada en mi boca.
Imposible.
Perteneces a otra por voluntad, a esa que estaba antes de mí. No hay nada para mí en tu corazón.
¡Voltea por favor!
Suplico en silencio al pasar a tu lado despacio en el auto, mientras en el estéreo suena "Against all odds" de Phil Collins. ¿Recuerdas los cientos de veces que la escuchamos juntos?
Silencio.
Afuera el silencio comparte con nosotros una mirada pequeña y dolorida.
Adiós.
Un adiós anaranjado, mirándote de frente, sin palabras, sin lágrimas.