viernes, 27 de noviembre de 2009

Disyuntivas

He notado que cada determinado tiempo la vida me presenta disyuntivas de alto impacto. El viernes pasado fue uno de esos días en los que se siente en el aire la necesidad imperiosa de una redefinición, de un cambio de rumbo, de un nuevo derrotero. Parada en la fila del banco comencé a sentirme pequeñita, extraña, con la garganta hecha un nudo ciego, como años antes en tantas ocasiones: en la recámara de mis padres, exponiendo mi necesidad por alejarme del dolor, anhelando que se me permitiera volver a Ciudad de México para comenzar una vida nueva y sola. En el balcón de la casa de Veracruz, deseando con todas mis fuerzas estar al otro lado del teléfono con el hombre al que amaba y amo, inmersa en la ansiedad de verlo, de abrazarlo y decirle a los ojos que sí, que aceptaba pasar el resto de la vida a su lado. En mi oficina aceptando el trato de ir a vivir a León a comenzar una vida nueva en completa soledad de pareja. Empacando mis cosas y saliendo de casa de mis padres rumbo a los preparativos finales de mi boda, para nunca más volver como hija de familia. Frente a un predictor con dos rayas rosas y con mi incipiente matrimonio colapsando a mi alrededor. A doscientos metros de la casa qe siempre soñé y que construimos con tantos esfuerzos, caminando después de la comida en medio del frío sutil de finales del invierno leonés, aceptando el duro revés que significaba volver a Ciudad de México a pesar de haber jurado que nunca más.
La experiencia me dice que no debo dejarme intimidar porque la tempestad dura poco y depende de mi convicción el salir con más o menos respones; tantas idas y venidas deben haberme dejado algo bueno, las renuncias incomprensibles del pasado deben ahora ser mi acicate y mostrarme el camino; debo asimilar, aceptar y, una vez más, decidir, escojer el camino. Espero que esta vez también sea el correcto.

No hay comentarios: