lunes, 22 de marzo de 2010

Nunca como hoy

Nunca como hoy
el miedo
la penunmbra.
Nunca como hoy
perdidos el rumbo
la esperanza
el sentido.
Nunca como hoy
la tristeza en mi garganta
y en mis sueños
y en mis ojos,
las ganas de cerrarlos
de no sentir
ni pensar
ni existir como hoy
sino como ayer
o como tal vez un mañana
más incierto que nunca.
Nunca como hoy
el silencio
la soledad
la vida embarrada de mierda
la fragilidad de espíritu
la falta de fe.
Nunca como hoy
he sido tan poco
tan polvo
tan nada.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Las trampas del tiempo

En estos últimos días me he estado enfrentando al tiempo, en diferentes escenarios y con actores también distintos. Y es que es una verdad conocida pero pocas veces razonada. El tiempo corre como el agua del río, dice el lugar común; no he escuchado otro más acertado, no hay paralelo más real con ese tirano que rige nuestra estadía en el mundo desde el segundo en que llegamos hasta aquel en que nuestro cuerpo disminuye su peso en veintiun gramos.
Mis dos hijos son quienes más me exponen a la realidad de los años que se han ido; siempre me parece que "apenas ayer" eran unos bebés regordetes que hacían babitas y a duras penas balbuceaban "mamá". Hoy mi hija es físicamente una mujer (a pesar de que apenas va por los trece), hermosa por donde la veas, segura, inteligente y... con novio. Sí, cada que la veo en bikini o que me platica del tal noviecito siento que envejezco un lustro. Y es que en realidad no percibo que todos esos años que la han traído de mis brazos a este punto hayan pasado por mí también. Por supuesto que no prentendo que las arrugas y las canas no me delaten, pero tampoco siento que mis treinta y seis sean el titipuchal de años que, cuando miro a Ana, parecen ser. En realidad me siento como de veintiocho, más-menos; sí, culpen al optimismo.
Por otro lado, mis padres, cada vez con más achaques, un poquito más viejos igual que yo pero a ellos se les empieza a notar de manera acelerada. Los amigos que hace mucho que no ves y de repente te encuentras pelones o canosos o con los cachetes colgados; entonces pienso si ellos me verán igual y me entran las ganas de pegarle un tiro al tiempo.
Y es que siempre lo voy persiguiendo y al mismo tiempo huyéndole, tratando de encontrarle el chiste a esa persecusión dual e interminable, intentando vivirlo a tope pero casi siempre sumida en recuerdos o inventando presentes paralelos.
Ahora bien, si Dios me regalara la manivela para hacerlo avanzar o retroceder a mi antojo una sola vez, creo que tampoco sabría muy bien qué hacer. Hay momentos que desearía volver y volver y volver a vivir, pero tampoco quiero renunciar a lo que vivo ahora mismo por mucho que me queje y me sienta una estúpida mártir eterna de las circunstancias. Es complicado, pero todo en mí lo es, hasta el tiempo que es lineal y no tiene mayor chiste que un ayer, un hoy y un mañana todos los días de la vida.

El día que volví a nacer


Hoy se cumple otro año más de uno de mis muchos renacimientos. Un día como hoy, hace dos años, me despedí de una parte de mí con la que tuve muchos conflictos, pero que sin embargo, me dio dos de las experiencias más maravillosas que he tenido en esta vida.

Hace un par de años renací en la femineidad y le dije adiós a todo lo que me estorbaba. Le di la bienvenida a un estado físico, mental, emocional y hasta espiritual mucho más sano y aunque ha tenido sus altas y bajas, en resumen ha sido mucho mejor de lo que esperaba.

Es lindo ser mujer y mejor aún es sentirse plena.

Definitivamente hoy es un día para celebrar.

¡Gracias Dios por darme otra oportunidad de renacer!

sábado, 13 de marzo de 2010

Mujer de Paz

Una mujer de paz:
  • No es la que no tiene problemas e inquietudes (o pretende no tenerlos).
  • No es la que pone el mundo de cabeza con tal de que todo esté bien.
  • No es la que se desvive para que sus seres queridos tengan paz a su alrededor.
  • No es la que pretende no sentir cuando el mundo la lastima.

Para mí, la mujer de paz es:
  • Aquella que busca la ecuanimidad en medio de la tormenta.
  • La que acepta que el mundo vive en un constante vaivén entre lo bueno y lo malo.
  • La que entiende que el camino de la vida para cada ser es individual y sabe que a veces puede ayudar y en otros momentos, la paz les viene por medios distintos a los que ella pueda proveer.
  • La que se duele y llora, pero al final perdona porque ama.

jueves, 11 de marzo de 2010

When we dance

Una carretera serpenteante, oscuridad, clandestinidad. Huíamos de tu vida, de tus espacios, de tu mujer. Escucha esto, me dijiste, y pusiste play en el discman conectado a la casetera de tu auto, el último recurso tecnológico del momento. Las notas emergieron y tú buscaste mis ojos porque sabías que la humedad se les había colado en la segunda corchea.
Fue inevitable. La rola me cautivó por su belleza propia y también, quizá, porque decía lo que, también quizá, yo quería gritarte:

She won't love you like I love you, she won't care for you this way, she´ll mistreat you if you stay...




Las vueltas de la vida me pusieron del otro lado en otro tiempo y con otra persona.
La canción me regaló una pequeña revancha.

2012

Cuando tenía siete u ocho años hacía una y otra vez la cuenta de los que alcanzaría a cumplir antes del año dos mil. Veintiseis era la respuesta y en ese entonces me parecía una edad bastante razonable para morir en el "fin del mundo" anunciado para la llegada del nuevo milenio. Los años corrieron, la fecha llegó y ninguna catástrofe apocalíptica asomó las narices a pesar de todo lo que se dijo. Han pasado diez años y nuevamente los rumores sobre un armagedón empiezan a manifestarse. Que si las profesías de Nostradamus, que si el Libro del Apocalipsis, que si el calendario Maya, que si la alineación de la tierra con el sol y el centro de la galaxia, que si el calentamiento global, que si el tránsito de Venus, que si las visiones de Leonardo Da Vinci y un largo etcétera.
Cuando trato de analizarlo desde la práctica nulidad de mis conocimientos astrónomo/astrólogo/bíblico/alquimio/ecológicos (lo que me deja disponible únicamente el sentido común, las corazonadas y mis deseos personales), llego a dos mitades divergentes de conclusión.
Por un lado, creo que tiene mucho sentido toda esa onda de los mayas y su sabiduría astronómica probada y comprobada por la ciencia moderna; el que sabios antiguos hayan predicho con exactitud asombrosa eclipses y demás acontecimientos estelares a cientos de años en el pasado, y toda esa parafernalia de comprobación mediante métodos científicos actuales de la autoridad que los mayas poseían en esta materia, me hace creer que no es muy factible que sus calendarios comiencen a mentir justo ahora que empieza a vislumbrarse el solsticio de invierno del 2012. Eso por el lado de los mayas, pero esta cultura antigua no fue la única en predecir un final violento para los tiempos del hombre sobre la tierra. La Biblia propone antecedentes trágicos y cataclísmicos a la batalla final entre el bien y el mal, acontecimientos que parece que vemos noche a noche en los noticieros, y a los cuales tristemente nos hemos acostumbrado al punto de que ya no parecen tan extraordinarios (si cada dos días hay un terremoto con saldo de cientos de muertes, deja de ser un hecho aislado y sorprendente, igualito que los decapitados y encajuelados en Ciudad Juárez). No sé, todo esto me lleva a pensar que en realidad nos está tocando el cierre de un ciclo, por macabro que parezca.
Por otro lado pienso que nada de esto existirá en realidad, o por lo menos no tan pronto; quiero pensar que aún hay esperanza y que cuando abramos los ojos el 22 de diciembre del 2012 todo seguirá tan normal como el primero de enero del 2000, a pesar de tanta especulación y tanto programa apocalíptico en el History Channel
De cualqueir manera debo reconocer que este asunto me pone nerviosa y aún estoy definiendo mi postura final al respecto.

martes, 9 de marzo de 2010

Mujer

Durante muchos años ser mujer significó más un problema o un obstáculo, que una bendición. Vi atrás y me di cuenta que las vidas de mujeres cercanas en mi familia, empezando por mi madre, habían estado llenas de dificultades e injusticias.

Esa imagen de la mujer sufrida que representó tantas veces Marga López en las películas del cine de oro mexicano fue durante algún tiempo una especie de espejo de un probable futuro.

"El marido te va a dejar por otra más joven que tú o si bien te va, te pondrá el cuerno toda la vida con cuanta fulana se le ponga enfrente, esa es tu cruz".

"Te harás pedazos por tus hijos, sacrificarás por ellos tu juventud y salud y al final, ellos ni se acordarán que los pariste".


"En el trabajo se aprovecharán de ti porque eres mujer y eso significa que eres inferior".


"Si quieres conseguir el trabajo o la promoción, debes hacer algunos favores".


Por si esto fuera poco, también hay que cargar con las inestabilidades emocionales, físicas y mentales que traen los ciclos hormonales propios del género.

Cuando supe que tenían que hacerme una histerectomía mi mamá me dijo que seguramente yo misma me provoqué toda esa problemática porque nunca acepté haber nacido mujer con todo lo que aquello conllevaba. Al principio me enojé y después pensé que tal vez tenía razón.

¿Quién diablos quiere ser mujer si tiene que cargar con tantas desventajas?

Pero nada en este mundo sucede sin que obtengamos algo a cambio. Yo perdí mi útero pero finalmente entendí y acepté que ser mujer es una condición como cualquier otra, con cosas buenas y no tan buenas, con ventajas y desventajas, con similares y opuestos que ayudan a dar un poco de equilibrio al universo.

Y lo mejor de todo es que hasta el momento, las vidas de esas mujeres en mi pasado y las de aquellas que interpretó la buena y abnegada Marga López, no se parecen en nada a la mía.

Dios me puso en el camino a un buen hombre y uní mi vida a él por elección propia, con plena consciencia y por amor.

Elegí convertirme en madre, y Dios me prestó dos niños maravillosos.

Tengo un trabajo maravilloso con grandes compañeros y jefes, donde siempre tengo oportunidades para desarrollarme y de hacer las cosas que más me gustan sin descuidar otros aspectos de mi vida.

Tengo a mis padres y Dios me dio un par de maravillosos suegros que me han tomado bajo su ala como una hija más.

Tengo amigos y amigas extraordinarios que siempre que he necesitado, han estado para mí.

Tengo y he tenido mascotas extraordinarias y cariñosas que más que compañeros, han sido miembros de mi familia que han llenado mi vida con amor y
compasión.

Con estas capacidades propias del género femenino he sido capaz de hacer cosas extraordinarias y que no dejan de maravillarme.

Tengo un techo y vestido para protegerme.

Soy capaz de admirar la belleza del trabajo de otros.

Soy capaz de conmoverme hasta la médula cuando escucho a los niños, cantar canciones para Dios.

Y al final... también soy capaz de agradecerle a Dios haberme hecho mujer.

Nunca es tarde cuando todavía te queda un aliento en el pecho.