viernes, 22 de enero de 2010

De música y televisión

El fin de semana pasado fueron los "Golden Globe Awards" y como me encantan este tipo de eventos, pensé en venir hablar al respecto (igual y lo hago más adelante), sin embargo de último minuto cambié de parecer y decidí hablar del teletón que organizó George Clooney: "Hope for Haiti Now".

Como siempre que un desastre mayor se presenta, las estrellas del mundo del cine, la televisión y la música, se reúnen para hacer grande eventos de caridad en busca de recursos para ayudar a quienes viven las tragedias.

Muchos pensarán que es un escaparate para lucirse como filántropos (y tal vez estén en lo cierto); que si viven en mansiones de varios millones de dólares, que si gastan en carros carísimos, que si son dueños de islas donde vacacionan, ¿por qué no dan su propio dinero para ayudar?

Evaluando las circunstancias pensaríamos que es un beneficio que trae detrás una ganancia. No cobran al trabajar en eventos de caridad, pero esos honorarios no recibidos se convierten en ventas de discos, boletos de conciertos, de cine y en cientos de otros artículos que los fans adquirimos porque fulanito nos cae re-bien y porque además es altruista.

No lo sé y la verdad no me importa porque los motivos por los que cada quien hace las cosas son asunto de ellos mismos y tal vez lo compartan con Dios.

Durante el 2009 aprendí que no importa lo que hay detrás, siempre que se haga el bien debe agradecerse.

Cada quien, de acuerdo a sus posibilidades, capacidades y deseos, hace lo que puede y eso, por grande o pequeño que sea puede hacer la diferencia.

Al principio del programa George preguntó: ¿Por qué ayudar ahora a un país donde la gente vive con menos de 10 dólares al día? Porque quien sea que pase por un momento como este, debe recibir la mano, es una cuestión de humanidad.

Cuando pasó el terremoto pensé si esto significaba que a los hermanos haitianos les habían matado la vaca. Si no se saben la historia de la vaca, la pueden encontrar aquí: http://bluenazgul.blogspot.com/2007/11/el-cuento-de-la-vaca.html

El caso es que tal vez esto tiene que pasar para que esta gente de un salto al progreso que tanta falta les hace. Tal vez lo mejor es empezar de cero.... por duro que pueda parecer, no están solos Dios está con ellos en la forma de cada uno de los que donan, buscan entre los escombros, curan, consuelan, alimentan, limpian y los que reconstruirán.

Gracias Dios porque estamos vivos y porque si algún día lo necesito, seguramente habrá alguien que me tienda la mano.

Esto es lo bonito de la tele que amo.

¡Gracias por ayudar a quienes lo necesita, aún si no se los piden!

http://www.hopeforhaitinow.org/default.htm

Transmitido en vivo por MTV, VH1 y por internet en Youtube.

miércoles, 20 de enero de 2010

El recuento tardío

Es costumbre hacer un recuento de experiencias al final de cada año, realizar un balance de las acciones, los avances, los retrocesos, los momentos felices y los desdichados, los poemas descubiertos y los olvidados, los libros leídos y las canciones escuchadas, las personas que llegaron y las que se fueron. Es costumbre, también, hacer una lista de propósitos cuando el nuevo año comienza, promesas, sueños a materializar, personas a dejar de odiar, malos hábitos que mandar por el caño, cremas que untarse contra las arrugas, dejar de envejecer.
Este fin e inicio de año no tuve tiempo ni para el recuento ni para los propósitos, es por ello que vengo hasta hoy a tratar de darle forma a lo que pienso que fue importante para mí en el 2009. Creo que lo más importante es que descubrí mi fuerza interior, vencí el añejo vicio de la victimización y mandé al carajo la eternidad de mis dolencias del alma. Sí. Sé que puede sonar contradictorio dadas mis últimas entradas en este espacio que suenan a una lamento sin fin hacia el pasado fundamentalmente, pero bueno, todos tenemos recaídas de vez en cuando ¿no? Creo también que aprendí a quererme un poco más, a gustarme, a verme en el espejo y encontrar puntos positivos (la juventud aún no me abandona del todo aunque amenace seriamente con hacerlo cada día), aprendí a entender que lo que para mí significa un defecto para alguien más que me mire puede ser una virtud. Dejé ir fantasmas de mi adolescencia y le di la bienvenida a otros de mi madurez, me di cuenta de que si sonrío en las fotos salgo más bonita y de que en las espontáneas no siempre salgo tan mal, descubrí que puede gustarme un hombre feo, sentí por primera vez una tensión sexual imposible de liberarse. Me enamoré más de mi marido y adquirí el hábito del ejercicio. Me volví madre de una adolescente y creo que no lo hice tan mal.
En fin, que parece que la lista es más larga de lo que pensaba. La dejaré hasta aquí y sobre los propósitos sólo diré que buscaré a toda costa ser mejor madre, esposa, hija, hermana, amiga, en resumidas cuentas, ser mejor mujer.
¡Feliz 2010!

De regreso

He vuelto de mi viaje y al leer mi entrada anterior me sorprende lo paranoica que puedo llegar a ser a veces. Fui y vine y ni el mundo se acabó ni la catástrofe financiera se nos echó encima ni ningún avión se cayó, y sí conocí un chorro de pueblos medievales hermosos, volví a Roma una vez más y a Venecia después de veintidós años, me atiborré de prosciutto, mozzarela, parmeggiana, biscoti, vin santo, limoncello, piadinas, café, latte makiato, tartuffo, crostinis, focaccias, cocoli, risoto, bisteca y un largo etcétera de delicias culinarias que sólo de acordarme me dan ganas de tomar un avión de regreso; conocí un poco más de cerca, y con una alta dosis de verdad, la realidad cotidiana de los florentinos, y descansé por tres semanas de los dos millones de broncas que me atacan cada día.
Aún no estoy lista para el recuento de las anécdotas, o tal vez sólo sea que soy floja y no encuentro cómo demonios resumir en unos cuántos párrafos una avalancha semejante de experiencias; lo más probable es que se las cuente a mis amigas por teléfono o si hay la ocasión de tomar un cafe (¡americano gracias a Dios!). Ya veremos. Lo importante por ahora es que estoy de regreso, sana, salva y feliz.

martes, 12 de enero de 2010

Para empezar el año, tiempo de soltar...

Hay ciertos puntos en la vida que son propicios para hacer a un lado la rutina y entregarse un instante a la paz que te lleva a la reflexión.

En uno de esos instantes llegué a la conclusión de que soy demasiado aprensiva y que este estado de constante preocupación de todo y por todo, es lo que más me desgasta. Sí, más incluso que los propios problemas o las dificultades de la vida.

Hace un par de semanas mi marido recogió a una gatita que estaba perdida y que los niños de mi cuadra estaban mojando (por consejo de una vecina) para que se fuera.

La secó y el animalito se quedó tan tranquilo y en paz, que mi marido pensó que sería bueno que la conserváramos hasta que apareciera su dueño. Hasta ahora nadie la ha reclamado y, aunque se ha salido un par de veces de la casa, la gatilla juega, se divierte, se acurruca, corre y maúlla por todos lados. Pareciera como que la vida en la casa le ha sentado bien.

Me gusta hacer el bien a los animales porque siento que son los que más se merecen de nuestro respeto y compasión porque están muy por debajo de nuestra inteligencia y capacidades, pero como por cada animal que recoges, hay mil o millones en desamparo y/o peligro, prefiero mantenerme al margen. Ya saben aquello de "Ojos que no ven, corazón que no siente".

Si algo importante aprendí en el 2009 es que no es cerrando los ojos como los males desaparecen y que, por increíble que parezca, los males son necesarios para que no se pierdan ciertos bienes que sólo pueden darse a raíz de su contra parte.

Así pues, he decidido hacer algo por quien pueda o por lo que pueda...

Hace más o menos un mes o mes y medio, el perrillo que vivía a tres casas de la mía fue atropellado. Siempre pensé que algo así pasaría porque el animalito constantemente se salía de la casa y andaba por todo el fraccionamiento, y hay que reconocer que no toda la gente respeta a los animales, si ni siquiera tiene conciencia para manejar con prudencia por las calles de un lugar lleno de niños que juegan con sus bicicletas y patinetas.

De pronto ves que este mundo está lleno de peligros y temes por las mascotas, pero también temes por los hijos. Esos chiquitos inocentes que no saben la cantidad de maldad que los rodea hasta que la vida los empieza a hacer víctimas de ella.

Qué difícil es entender que todos tenemos una vida para vivirla y que nadie puede vivirla por nosotros. Que los problemas y los males son inherentes a la vida misma y que si la mascota se va y sufre los riesgos propios de la vida en la calle, si los hijos sufren y se caen, no es algo que puedas evitar del todo.

Hay que enseñar, dar amor y dejar que cada quien viva de acuerdo a sus capacidades... después de todo, tú ya has vivido con las tuyas.

Hoy aprendí que no puedes vivir preocupado permanentemente por las cosas que están fuera de tu control, en cambio sí debes disfrutar lo que tienes, mientras lo tienes. Ellos estarán algún tiempo bajo tu responsabilidad, es cierto, pero no son de tu propiedad.

No tengas miedo... es momento de soltar.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Los abandonados

"¡Cómo me dan pena las abandonadas,
que amaron creyendo ser también amadas,
y van por la vida llorando un cariño,
recordando un hombre y arrastrando un niño!..."

Recuerdo que así rezaba el poema de Julio Sexto que mi madre solía escuchar en la voz de Manuel Bernal cuando yo era niña.

Mi marido dice que en mi familia somos tirados al drama porque nuestra vida ha sido material digno de una película de Emilio el Indio Fernández, protagonizada por una Dolores del Río, una Marga López o una Libertad Lamarque en compañía de alguno de los hermanos Soler o de Joaquín Pardavé.

Sí, seguramente por eso me dan pena las abandonadas... y los abandonados también.

Muchas veces me he sentado a pensar en cuál es la verdadera razón por la que vengo aquí a vaciar el sentimiento, la reflexión, el dolor, la alegría, el coraje, la desolación, la emoción y todas las cosas de las que suelo hablar.

Aquí casi nadie me conoce y por esa razón creo que no siempre tienen sentido mis palabras más que para mí misma, para la amiga con la que comparto este espacio y para una o dos amigas que sé que de vez en cuando vienen a leer.

¿Compartir? Durante algún tiempo pensé que este espacio servía para compartir pero, ¿realmente tengo algo qué compartir?

La verdad es que no lo sé. Hablo porque tengo algo qué decir y creo que a estas alturas de la vida no necesito justificación para hacerlo. Simplemente ahí está para el que quiera tomar algo si le sirve y lo que no, pues que lo pase de largo.

De repente miro mis propios proyectos y veo que en algún momento los he abandonado. Casi siempre porque siento que no tiene caso seguir adelante con sueños que a nadie le importan.

En el recuento de lo que hice durante el 2009 me encuentro con que dejé pasar mucho tiempo antes de venir a dejar alguna entrada en este espacio. Siempre tengo algo qué decir, pero a veces no tengo tiempo, a veces no tengo ánimo y en ocasiones no tengo seso para expresar correctamente las ideas.

En fin... ¡Qué importa si lo que digo son tonterías o cosas sin sentido! Para mí, expresar lo que siento es comolanzar al viento la voz de la persona que vive aquí adentro y que es más que una hija, una esposa, una madre, una amiga o una trabajadora.

Que no sea yo, la primera en abandonar mis sueños.

martes, 29 de diciembre de 2009

No basta ser bien portada...

Una de las cosas que más recuerdo de mi difunta abuela Ana María es que siempre hizo énfasis en que deberíamos ser bien portados porque la gente que se porta bien, siempre es bienvenida en todas partes y por todo el mundo.


Crecí bajo este precepto y al final me hice una persona de bien, aunque nunca he sido capaz de dejar de lado mis defectos. ¿Quién puede?


Han tenido que pasar 37 años para que aprendiera que no basta con ser bien portada para que el mundo te acepte. Muchos sinsabores tuve pasar para darme cuenta de que no es mi culpa si no soy bienvenida en todos lados, el mundo y la vida son así. Bien lo dice el dicho: "No somos monedita de oro para caerle bien a todos".


Sé que esto es una tontería porque, ¿quién diablos en este mundo vive deseando ser querido por todos a su alrededor?


"Meet that fool."



Para mí, tener la aceptación de la gente es importante porque habla de que he hecho un buen trabajo en la vida; en cierto sentido minimiza mis defectos y me hace sentir mejor conmigo misma.


Si hubiera tenido hermanos, tal vez hubiera aprendido desde pequeña que el cariño, la aceptación, el respeto y muchas otras cosas no necesariamente se reciben por méritos; existe una opinión y una forma de ser y de pensar del otro lado que definen qué te dan (si te dan) y en qué medida, y que no necesitas que el mundo te quiera o acepte porque lo que vales no está definido por el número de personas que te quieren.


He luchado mucho por quitarme de encima la tristeza que me invade cuando siento que la gente no me quiere o no me acepta. La cabeza sabe bien que eso no es importante, pero el corazón se empeña en llorar por el cariño no recibido.


Eso sí, nunca me quedo donde no soy bien recibida y eso es algo que tiene que cambiar.


¿Por qué? Porque la única persona que define quien soy, soy yo misma. Retirarse es aceptar que son otros los que dictan quién soy y cómo me muevo. Eso eventualmente te lleva al resentimiento y bueno, ese es un sentimiento que deberíamos combatir porque corroe el alma.



Terminas por no quererte porque te crees estúpida, porque seguramente por eso la gente te da la espalda (incluso aquella que alguna vez te dijo que te quería) o te ignora y al final sólo puedes "ver Moros con tranchete".



¿Qué se siente que te valga madre lo que el mundo piense de ti? Bueno, eso es algo que estoy por averiguar.



Nunca es tarde para hacer las cosas por las razones correctas.

lunes, 28 de diciembre de 2009

A punto

Estoy a unas horas de subirme a un avión rumbo a Europa. Hay mucho dentro pero poca claridad para expresarlo. En general temo a los aviones (nunca tanto como para uno subirme a uno) así que no empezaré a disfrutar del viaje hasta que esté finalmente en Florencia y pise de nuevo tierra firme.
No ha sido fácil, la decisión de viajar no la tomé yo pero mi marido me ha visto tan estresada a últimas fechas que decidió que era un buen momento para alejarme de todo y despejar mi atribulada mente por unos días. Tiempo, distancia, frío y escenarios nuevos es una mezcla que ayuda a la mayoría; espero sinceramente que funcione conmigo.