martes, 27 de mayo de 2008

¡Qué bien se siente!

Qué bien se siente desnudar el alma para dejar salir los fantasmas y también para mostrar aquello que se guarda como un tesoro en el corazón.

Qué bien se siente recibir el apoyo, la comprensión y el cariño que te puede dar un alma gemela en el rostro de la mejor amiga.

Qué bien se siente poder ser consejera, consuelo, recipiente de confidencias y emociones profundas que son vivencias que construyen vida.

Qué bien se siente mirar el mar y traer de su majestuosidad todo aquello que nos emociona y apasiona para compartirlo.

Qué bien se siente hablar del amor que sentimos por el hombre de nuestras vidas y de la forma en que este amor fue concebido.

Qué bien se siente evocar los días en los que los hijos han sido pieza clave de nuestras vidas.

Qué bien se siente saber que mientras nosotras hacemos más cercano el vínculo que nos une, también nuestros hijos comparten alegrías, sueños y cariño.

Qué bien se siente hacer un recuento de la amistad, de sus altas y sus bajas y ver con alegría que todavía hay mucho por ofrecer y muchas vivencias por construir.

Qué bien se siente hablar de "él", aquel que un día unió nuestras manos en el camino.

Qué bien se siente hacer del mundo, escenario de amor fraterno de dos mujeres que siendo tan iguales y tan distintas a la vez, han logrado sentirse y llamarse hermanas.

Gracias amiga, hermana del alma.

Te quiero mucho.

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