lunes, 12 de septiembre de 2011

Por aquello de las malditas culpas

¿La culpa tiene cura? ¿Será una infección? ¿Un síndrome? ¿Una degeneración crónica de la autoestima y el autoconcepto? ¿Una bacteria? ¿Un virus emocional? ¿Un tipo de miedo? ¿Una indigestión permanente? No sé, pero a últimas fechas me he obsesionado con la idea de deshacerme de ella. Me siento cansada de cargarla por cada sendero, de llevarla a cuestas cada segundo de mi vida. Y es que en el proceso de descubrir que me ha habitado desde el día en que nací, he ido haciendo conciencia de muchos otros vicios emocionales que me inyectaron en las venas en mi infancia y que, para bien o para mal, han definido la forma en la que he vivido mis casi treinta y ocho. Este proceso ha resultado mucho más doloroso de lo que jamás imaginé. A veces hasta me arrepiento de haber iniciado este camino hacia mi yo interno, hacia la recuperación de mi propia vida. Me siento como si hubiera abierto la caja de Pandora y no supiera cómo hacer para que el caos termine, para que la paz regrese. De hecho no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Siento que no tengo control sobre nada. Lo único que quiero es ya no sentir las fiebres e inflamaciónes de la culpa. No quiero nunca más sentir ese bulto en la garganta y en el estómago, esa parálisis del ser y del pensar y del sentir y del decir. Necesito encontrar esa libertad que siempre creí poseer y que, recién descubrí, sólo era un espejismo, un falso reflejo creado por mis padres y la estúpida avalancha de prejuicios en la que me educaron. En verdad necesito hallar algo que me haga volver a creer que no soy un fraude, una mentira, un maniquí, un zombie, una constante, andante y parlante hipocresía. Entiendo que no hay crecimiento sin dolor, y me queda claro que quiero crecer, así que también asumo el costo de ese crecimiento, es sólo que a veces la oscuridad es casi absoluta y parece engullirme y me desespero y quiero escapar, salir corriendo, gritar, dormir y despertar sólo hasta que la luz lo inunde todo, hasta volver a creer en mí, hasta sentir que soy real. Nunca antes me había sentido identificada con Pink Floyd. Supongo que para ello debes internarte en ti mismo y nunca antes de ahora había cubierto el requisito. Hoy lo hago y, aunque sé que es muy trillada, puedo decir sin emocionarme mucho que he caído en las inevitables redes de "Comfortably numb".

1 comentario:

Anabell dijo...

Si te parece trillada, se lo debes a la aferrada de tu tocaya =P.

Un abrazo amiga.

Besos.